jueves, 19 de noviembre de 2015

GUILLERMO ANDREVE (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


Guillermo Andreve Icaza

Guillermo Andreve Icaza (1879-1940). Intelectual panameño que se destacó en el periodismo, la política y la diplomacia durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Nació en la ciudad de Panamá el 8 de agosto de 1879 en el hogar formado por Guillermo Andreve (padre) y Rita Icaza. Realizó sus primeros estudios en el Colegio Balboa, de su ciudad natal, dirigido por Abel Bravo. Por lo demás fue un autodidacta. Su padre murió el 9 de diciembre de 1895, en Nicaragua, cuando el joven Andreve tenía dieciséis años. Se vio entonces obligado a trabajar para ayudar a la economía familiar. Como su vocación era el periodismo, comenzó a colaborar en El Lápiz, periódico liberal, cuyo propietario era don José Sacrovir Mendoza. A la par, trabajó en talleres de tipografía para aprender el oficio. En esos años fundó la revista Cosmos (1896-1897) y se convirtió en capitán entusiasta de un pequeño grupo de escritores modernistas. En 1898 creó la revista Filatélica, para coleccionistas de sellos, y en el mismo año, El Demócrata, que tuvo escasa duración.
En 1900, como combatiente liberal, participó en la Guerra de los Mil Días, y dejó muy claro su credo liberal no solamente en sus escritos, sino en sus acciones. Al lado del General Manuel Antonio Noriega, se unió al sector revolucionario encabezado por el Dr. Belisario Porras, quien se proclamó Jefe Civil y Militar del Departamento de Panamá en Punta Burica, en marzo de 1900. Andreve tuvo una actuación destacada en los combates del Picacho de Olá, en donde conoció a Victoriano Lorenzo, y en La Línea, junto al General Domingo Díaz.

Después de firmado en 1902 el Tratado del Wisconsin, que impuso la paz tras la Guerra de los Mil Días, Andreve comenzó a trabajar como dependiente en la casa comercial de Maduro e Hijos, y poco después fue ascendido a contable. En ese año fue reducido a prisión por las autoridades colombianas, por haber protestado públicamente por la contravención del tratado del Wisconsin y el fusilamiento de Victoriano Lorenzo. En el proceso de separación de Panamá de Colombia actuó activamente, según testimonia su ensayo Mi actuación en el movimiento separatista de 1903, que no se conoció sino en 1950.

Como hombre de letras, se preocupó por la cultura de su país. Gestionó ayuda del Estado para la publicación de El Heraldo del Istmo, revista modernista de orientación artística y literaria, donde publicó sus primeros trabajos el poeta Ricardo Miró. El primer número salió en enero de 1904. En julio de 1906, se suspendió por tres meses el auxilio económico a la revista, por razones políticas. El último número de El Heraldo del Istmo salió en septiembre de ese año.

En 1906 Andreve fue elegido concejal y llegó a ser presidente del Concejo del Municipio de Panamá. En ese año realizó, junto al Dr. Carlos A. Mendoza, un programa de reconstrucción del partido liberal, en pro de la joven República. Promovió la fundación de la agrupación cultural El Ateneo de Panamá (1907), en la que participaron o Nicolás Victoria Jaén, Samuel Lewis, Alfonso Fábrega, Ofelia Hazera, Alfonso Preciado, Santiago de la Guardia, Ricardo J. Alfaro, Oscar Terán y otros. Por esos años fue también redactor de la revista Nuevos Ritos, fundada por Ricardo Miró.

En 1909 comenzó su carrera diplomática al ser nombrado Secretario de la Legación de Panamá en Costa Rica, y, al terminar el año, Agente Confidencial ante el mismo gobierno. Al morir en funciones el presidente José Domingo de Obaldía, ocupó el cargo D. Carlos A. Mendoza, segundo Designado, pues el primero, José Agustín Arango, había fallecido. Durante la administración de Mendoza, Andreve cooperó intensamente en el partido liberal.

En 1910 fue elegido Diputado a la Asamblea Nacional por la provincia de Panamá, dignidad que ostentó hasta 1912 en calidad de Presidente de la Cámara. Así, al subir en ese año al solio presidencial el Dr. Belisario Porras, correspondió a Andreve tomarle el juramento de rigor. Nombrado en la cartera de Instrucción Pública, continuó en el cargo durante los períodos presidenciales subsiguientes: en 1916, el de D. Ramón Valdés y, en 1918, el de D. Ciro Urriola. Miembro de la masonería, fue el primer Muy Venerable Gran Maestro de la Gran Logia de Panamá, fundada por un grupo de Respetables Logias de distintas jurisdicciones de América del Sur en 1916.

En 1917, Guillermo Andreve contrajo matrimonio con Delia María Robles. En esos días, todavía estaba cercana en el tiempo la separación de Colombia, y los panameños se enfrascaron en una polémica desgarradora, originada en el artículo 70 de la Constitución de 1904, por el cual estadistas eminentes como el Dr. Eusebio A. Morales, que había trabajado en el establecimiento de la República, quedaban imposibilitados de acceder a la Presidencia por haber nacido en territorio colombiano. El gobierno de Estados Unidos, basándose en el Tratado Hay-Buneau Varilla y según el artículo 136 de la Constitución de 1904 -bajo pretexto de vigilar las elecciones de 1918- instaló tropas norteamericanas en las ciudades de Panamá y Colón en el mes de julio. La Secretaría de Instrucción Pública, encabezada por Andreve, dictó una disposición inmediata por la cual se declaraba que la nacionalidad panameña estaba de duelo. Las elecciones se verificaron y la nueva Asamblea volvió a elegir al Dr. Belisario Porras, quien estaba fuera del país. Ocupó la Presidencia interinamente Domingo Díaz. Guillermo Andreve presentó su renuncia del cargo, dejando una estela de esfuerzos significativos: reformas y nuevos programas en la enseñanza y creación de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas y la Facultad Nacional de Derecho. Al quedar sin puesto oficial después de su renuncia, Andreve, que contaba con su trabajo para sostener a su familia, emprendió la tarea de publicar la Biblioteca de Cultura Nacional.

En 1919 fue nombrado Ministro en Francia e Inglaterra, cargo que ostentó por diez meses. Durante este período envió a Panamá artículos en los que daba a conocer sus impresiones de sus visitas a las dos Cámaras del Parlamento inglés, y de la organización de las asociaciones obreras, en particular el gremio de tipógrafos, vinculados a su propia experiencia juvenil. Volvió al Istmo en período de elecciones, y participó en pro de la causa liberal. El Dr. Porras triunfó, y Andreve fue elegido diputado y segundo Designado por la Asamblea Nacional.

En mayo de 1920 el Presidente recibió una notificación perentoria del gobierno de Estados Unidos para que se ejecutara el fallo White, sobre los límites entre Panamá y Costa Rica. Alentado el gobierno costarricense, ocupó militarmente la región istmeña de Coto el 21 de febrero de 1921. El gobierno panameño envió fuerzas para rechazar la invasión, y hubo un encuentro belicoso a orillas del río Coto. Parte del ejército costarricense invadió con cierto éxito la provincia de Bocas del Toro, con la ayuda de los barcos de la Compañía Frutera. El Dr. Porras hizo declaraciones a la prensa internacional que fueron publicadas en La Estrella de Panamá, y mal interpretadas por la población, de modo que fue organizada una manifestación de protesta, a pesar de los intentos de D. Domingo H. Turner para disuadir al público, y el pueblo asaltó la Presidencia. Como resultado, hubo muertos y heridos. El presidente Porras nombró una Junta de Defensa Nacional, presidida por Guillermo Andreve, cuyo fin era preparar el enrolamiento de los panameños llamados al servicio militar, y organizar pertrechos y armas. Terminados los disturbios de Coto, Andreve fue nombrado, en 1921, Ministro Plenipotenciario en Francia y España. En enero de 1926 terminó con éxito su gestión en las ciudades más importantes de Europa para dar a conocer a su país. Mientras, publicó obras de importancia para la cultura panameña.

A su regreso a Panamá, durante el gobierno de D. Rodolfo Chiari, fue nombrado Ministro Plenipotenciario en Colombia, donde los antiguos conservadores no olvidaban el movimiento de 1903. Tuvo que dejar estas funciones en 1926, para asistir como Delegado a la Asamblea de la Liga de las Naciones, en compañía del legislador Eusebio A. Morales. Sus funciones terminaron en noviembre de ese año. En 1928, bajo la presidencia de Florencio Harmodio Arosemena, se le designó Ministro Plenipotenciario en Cuba y México, donde gozaba de muchas simpatías.

En 1929 publicó su novela Una punta del velo, sobre el espiritismo. Mientras desempeñaba a conciencia su cargo diplomático, ocurrió en Panamá la Revolución del 2 de enero de 1931, convocada por el Movimiento de Acción Comunal. El presidente Arosemena renunció al cargo, y subió al solio presidencial el Dr. Harmodio Arias, en espera de que llegara al país el Dr. Ricardo J. Alfaro, Primer Designado, quien estaba en Washington. Alfaro tomó posesión el día 16 de enero de 1931. Andreve fue convocado para ocupar la Secretaría de Gobierno y Justicia, de la cual se hizo cargo el 23 de octubre. La ocupó durante once meses, en los que demostró sus aptitudes diplomaticas.

Nuevamente sin empleo oficial, reanudó la publicación de la Biblioteca de Cultura Nacional, para hacer frente a la educación de sus cuatro hijos. En 1934 publicó su Manual Electoral. Harmodio Arias lo nombró Suprintendente de Cedulación, cargo que desempeñó del 4 de septiembre de 1936 al 31 de agosto del año siguiente. En mayo de 1938 fue nombrado por el Dr. Juan Demóstenes Arosemena para ocupar el Consulado de Panamá en Los Ángeles, Estados Unidos. En esta época escribió Decretos y Resoluciones Vigentes, publicados con carácter oficial.

El  lo. de octubre de 1940 falleció en Los Ángeles Guillermo Andreve. Fue miembro fundador de la Academia Panameña de la Lengua, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, de la Asociación de Periodistas y de otras sociedades de tipo cultural. Llevan el nombre de este patricio, la máxima condecoración a los mejores estudiantes del país, una escuela y un círculo de lectores.

Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/guillermo-andreve-icaza/986

miércoles, 18 de noviembre de 2015

JOSÉ DOLORES MOSCOTE (ARTÍCULOS POR EL MES DE LA PATRIA)




José Dolores Moscote

Dr. José Dolores Moscote (Cartagena de Indias, Colombia, 4 de abril de 1879 - ciudad de Panamá, 4 de abril de 1956) fue gran educador, destacado jurista y constitucionalista panameño, quien sentó las bases de la doctrina nacional panameña en materia de derecho.

Estudios
Hace sus estudios universitarios en la Universidad de Bolívar (Cartagena de Indias), graduándose de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas en 1900.

Biografía Intelectual
Comienza su vida pública en 1902, un año antes del nacimiento de la República de Panamá. Su desarrollo intelectual concuerda con la consolidación de la nueva república. Le corresponde indicar y determinar las nuevas formas ideológicas del Estado panameño. Percibe la necesidad de erigir en Panamá, nuevas estructuras jurídicas, políticas y educativas.

Asiste a la República de Panamá a superar los estragos de la Guerra de los Mil Días y la acompaña en sus primeros pasos y en su lucha por la solidificación de la nacionalidad y la superación ideológica del nuevo Estado.

Su nombre queda vinculado al avance del Derecho Constitucional, no sólo por su intervención en las labores preparatorias de la Constitución de 1946 sino también por el aporte que significaron dos de sus obras fundamentales:
• Orientaciones hacia la reforma constitucional (1934)
• El derecho Constitucional Panameño (1943).

Matrimonio y Familia
En 1900 contrae matrimonio con Doña Ana Maria Brid Sotomayor, y juntos se radican en Panamá en el año 1902. Tienen cinco hijos: Graciela Adelaida (la mayor), Rafael Eutimio (1906-2001), Ana Luisa, Alicia Dolores, y Bertina (la menor).

Fueron numerosos los cargos públicos que llegó a ocupar, entre ellos:
Maestro de Primaria
Profesor de Enseñanza Secundaria y Universitaria
Inspector General de Enseñanza
Vicerrector y Rector del Instituto Nacional (1925-1931)
Co-fundador de la Universidad de Panamá
Director fundador de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá
Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá
Catedratico de Filosofía del Derecho, Derecho Constitucional y Derecho Administrativo
Decano General de la Universidad de Panamá

Escribió varios libros de carácter científico y educativo como:
Discursos y conferencias (1916),
Páginas idealistas (1917),
Renacimiento del derecho natural (traducción) (1920),
Motivos (1924),
Ideas e instituciones políticas americanas (traducción, 1931),
Introducción al estudio de la constitución (1929),
Una experiencia, seis años de rectorado en el Instituto Nacional (1931),
Orientaciones a la reforma constitucional (1934),
Actividades prácticas del maestro rural (1936),
Estudios constitucionales (1938),
Exposición de motivos y proyecto de ley de la jurisdicción contencioso administrativa (1943),
El derecho constitucional panameño (1943),
Anteproyecto de constitución en asocio de los doctores Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari (1945).
Con sus escritos colaboró y dirigió algunas revistas y periódicos como:
El diario de Panamá (1916-1918-1932),
El tiempo (1918-1920),
Cuasimodo (1919)
La revista nueva (1914-1918),
La educación nacional (1924),
Revista de instrucción pública (1912-1914),
La antena (1931),
Revista de la Universidad (1935-1940).

Por su labor cultural y educativa, fue distinguido por el gobierno panameño y otros países extranjeros.
Fue miembro fundador de la Academia panameña de la lengua, y destacado miembro de la Academia colombiana de jurisprudencia.

En reconocimiento de su labor en promover el acceso equitativo a la educación, en Panamá se han creado varias instituciones que llevan su nombre, entre ellas:

El Instituto José Dolores Moscote (Colegio secundario)
La biblioteca José Dolores Moscote y Narciso Garay, en el corregimiento de Bethania
El auditorio José D. Moscote en la Universidad de Panamá.

Fuente: Wikipedia.

martes, 17 de noviembre de 2015

LEÓN A. SOTO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


León A. Soto
(1874-1902)

 León A. Soto
Nació en la ciudad de Panamá, el 11 de abril de 1874. Fueron su padres el Señor Luciano Soto y la Señora Eva Urrutia. Circunstancias adversas le negaron la oportunidad de hacer estudios sistemáticos. No obstante, descolló temprano como poeta y periodista. Tuvo periódico propio: "Don Quijote" (1899), semanario que dedico espacio a la política y adhirió a la causa de Cuba.

Dotado de clara inteligencia y elevado numen, comenzaba a descollar en el campo de las letras, cuando se suscitó en el Congreso de Colombia la desaprobación del tratado Herran-Hay. Y desde esa fecha no dio tregua a sus actividades separatistas, que le acarrearon el martirio, que culminó con su fallecimiento. Murió un año antes de que Panamá entrara en la categoría de nación libre: Antes de que él pudiera ver convertido en realidad tangible un sueño que nunca dejó de soñar. Por los acontecimientos que le causaron la muerte, es considerado el Único Mártir de la emancipación Istmeña y el primero en hacer brillar la primera chispa de ese acto patriótico.

En efecto, no pudiendo arrancarle la dignidad, le quitaron la vida. Su victimario, un soldado cobarde y criminal de nombre Pío IV Cortés, le golpeó brutalmente pocos días después que él, a través de un discurso, había hecho un llamado patriótico al pueblo panameño. Como consecuencia de la brutal paliza murió el 22 de febrero de 1902.

Pero el llamado de Soto produjo su efecto, ya que al año siguiente, el pueblo entero, como un solo hombre, se aprestaba a la conquista de su libertad.

Soto fue un prócer anónimo, una víctima del ideal libertador a quien la patria en reconocimiento le otorgó el olvido. Fue un patriota valiente y desinteresado. No supo -ni lo ambicionó nunca- del reconocimiento justo ni de la recompensa que su actuación merecía. Nobleza de espíritu que debe perpetuarse en el recuerdo de todo panameño.

La obra de Soto, que cuidó mucho de la forma, denuncia un plausible afán de perfección. Cuentan - y sus versos lo corroboran - que sintió una grande e insatisfecha pasión amorosa. Espiritualmente fue un aristócrata, descontento de nuestra vulgaridad cotidiana, amigo de lo exótico y maravilloso.

León Antonio Soto fue un poeta sensorial afectivo en quien se dan en una combinación muy particular dos signos esenciales: anhelo de perfección formal y una carga romántica de potencia explosiva.
Hábil versificador, troqueló la mayoría de sus vivencias poéticas en el soneto de versos endecasílabos, escogimiento que correspondía a sus ansias de perfección. "Sublime emperador de la métrica", lo denomina Guillermo Andreve, su amigo y editor de su única obra en verso publicada, Eclécticas.

En el año 1963, mediante un resuelto Municipal, se crea el Premio Municipal León A. Soto. Gracias a la intervención del poeta y concejal en ese tiempo, Álvaro Menéndez Franco, con el objetivo de resaltar la personalidad de León A. Soto. El premio tenia, inicialmente, una única sección, que era la de Poesía y se realizaría todos los 28 de noviembre.

A Don Quijote, por
León A. Soto

I
La Salida

¡Oh noble caballero que en tu rucio,
viejo, mohíno, descarnado y reacio,
vas con la vista fija en el espacio
a riesgo de romperte el occipucio.

¿Quién que ha visto tu traje pobre y sucio;
quién que sabe que el mundo es tu palacio
creyera que hay un alma de topacio
tras de tu rostro demudado y lucio?

¡Oh noble caballero: el brazo recio
esgrimir contra el mal es pobre oficio
que a comprender no llega el vulgo necio;

Mas no estéril será tu sacrificio:
que al rostro han de escupirte su desprecio
los que escupirte no podrán su vicio!

II
Desencanto

Sigue siendo terror de los Merlines
y escarmiento de pillos y follones,
¡y cumple tantas nobles ambiciones
que olvidan los modernos paladines!

No te importen la envidia de los ruines
ni la burla de torpes corazones,
pues nunca el bueno encontrará razones
que le impidan cumplir sus nobles fines....

Pero ya corres, vuelas, vas y vienes....
¿Es que has visto quizás a cien rufianes
que a una doncella llevan en rehenes? ....

¡Corre, vuela a vengar tales desmanes!
Mas....¿qué ha sido señor, qué te detiene?
....¡Un molino, un rebaño, unos batanes!

III
Adelante!

Mas no importa! Tu fe te presta amparo
contra los desengaños, que el decoro
de tu noble misión es como el oro:
lo purifica el fuego y lo hace caro.

No reparas, por eso, en el descaro
ni en la burla de imbéciles que a coro
ríen de tí: tu audacia es un tesoro
para los malos y los necios raro.

No te importan, lo sé, porque seguro
estás de la Justicia, ¡oh noble ibero!
que es el Sol esplendente del futuro....

¡Y que te llame loco el Orbe entero!
que para el blando de alma o de alma duro
serás en todo tiempo ¡EL CABALLERO!

IV
Peccavit

Yo también como el héroe infortunado
que por tomar del débil la venganza
montó en su rucio, requirió su lanza
y fuese en busca de su bien soñado:

Yo también como él entusiasmado
y con el pecho henchido de esperanza,
ideando en el vulgo a Sancho Panza,
lancéme al mundo, en mi valor confiado.

Mas ay! que como el pobre Don Quijote
ví caer de las burlas el azote
con impiedad sobre mi augusta idea.

Y entre aventuras mil, en mi camino,
quebré mi lanza entre aspas de molino
!y a una Aldonza llamé mi Dulcinea!....

Del libro: Obra Selecta (Verso y Prosa)
Academia Panameña de la Lengua. 1974


Mariposas, por
León A. Soto

Yo no canto al precioso ropaje
que os envuelve - magnífico traje
que esmaltan los rayos ardientes del Sol-
más que al Iris, adoro ese vuelo
que en vosotras inspira el anhelo
de elevaros a la alta morada de Dios.

Qué me importas, azul mariposa?
Eres bella, lo sé, cual la hermosa
que un día ofreciónos amor y placer;
qué me importa tu hermana la blanca,
si el recuerdo que al alma le arranca
es manjar amasado con néctar y hiel?

Ya la roja no es bella promesa;
la amarilla recuerda la huesa
que nuestros despojos al fin guardará.
Ni la negra, la eterna enlutada,
causa espanto en la pobre morada
de un cadáver que aguarda la tumba no más.

Sé que el céfiro os sirve de barco,
sé que el Iris extiende su arco
por ver vuestros pasos por un cielo azul,
pero nada en vosotras me atrae
como el triste aletear con que cae
la que quema sus alas buscando la luz.

Ah! Yo os canto a vosotras que en premio
de elevaros, tenéis del bohemio
la dolorosísima muerte quizá.
Ah! Yo canto a la tribu errabunda
que la tierra y los aires inunda
con la triste nota del dolor triunfal.

La que fue de un capricho de niña
pobre víctima; aquella que ciña
corona invisible de martirio cruel,
a esa llegan mi afecto y mi canto
como llega a las penas el llanto
- a las penas ocultas que lo hacen verter.

Yo os adoro, volubles e inquietas,
pues tenéis cual los pobres poetas
por todas riquezas el aire y la luz.
Y al final de una efímera vida
olvidáis del destino la herida
disolviendo en el aire vuestro oro y azul.

Del libro: Obra Selecta (Verso y Prosa)
Academia Panameña de la Lengua. 1974

Fuente: Panamá Poesía

lunes, 16 de noviembre de 2015

POEMA: PAZ Y NO MÁS GUERRAS


PAZ Y NO MÁS GUERRAS

¿Porqué derramar sangre inocente
por una falsa creencia religiosa?
son muchos los muertos
muchos los heridos
sangre, luto y dolor
fuego y muerte
por culpa de un fanatismo religioso
de un grupo radical
que se cree que puede dominar al mundo
matando injustamente a pobres inocentes.

¿Pero quién dijo que la ley del ojo por ojo
y diente por diente es la adecuada?
sangre por sangre, fuego por fuego, muerte por muerte
no es la solución a los problemas
el mundo necesita paz
no guerras
el mundo necesita amor
no muerte
¿quién les dijo que la ley de sangre por sangre
dolor por dolor es justa?
¡No señoras y señores!
esa no es la solución.

Mientrás más guerras y respuestas sangrientas hacemos
más patrocinamos a los radicalistas
más destruímos a nuestro mundo
más daño causamos a los inocentes
niños, niñas, ancianos, mujeres y hombres
mueren por los actos de los hombres
hermanos y hermanas de la vida
que mueren por guerras y fanatismos injustos.

Paz es lo que añora los pueblos
paz y no más guerras.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Noviembre 16 2015.

STELLA SIERRA (NUEVO ARTÍCULO O VIDA POR EL MES DE LA PATRIA)

Stella Sierra
(1917-1997)

 Stella Sierra Stella Sierra nació en Panamá, el 5 de julio de 1917. Fueron sus padres; el Dr. Alejandro Tapia Escobar y la Sra. Antonia Sierra Jaén de Tapia. En el año 1922 se divorcian sus padres y se reconoce en la sentencia de divorcio, que la menor Stella Ma. Tapia Sierra queda bajo la guarda de la madre. A partir de este momento, la madre confiere a la hija el nombre de Stella Sierra.

Su infancia y parte de su adolescencia transcurrieron en Aguadulce, lugar de origen de su familia. De allí su acendrado amor a la tierra, al paisaje, a los seres humildes que se manifiestan a través de sus obras. Hizo estudios primarios en la Escuela Puerto Rico, de ese lugar, donde cosecha sus primeros triunfos literarios al participar en concursos escolares e interescolares. Obtuvo su título de Bachiller en Comercio, carrera que escoge su madre, pero que no es la de su vocación, en el Colegio María Inmaculada. En 1954 obtuvo el título de Profesora de Segunda Enseñanza, con especialización en Español, en la Universidad de Panamá. Su tesis de grado versa sobre la poetisa Nicolle Garay.

En 1942 obtuvo el Primer Premio de Poesía en el Primer Concurso Literario Ricardo Miró, auspiciado por el ayuntamiento de Panamá, con el libro Sinfonía Jubilosa en Doce Sonetos. Tiene libros editados en Bueno Aires y en México; y, en 1946, la Unión Nacional de mujeres de Panamá patrocinó el homenaje que se le hizo por haber ganado el Concurso Literario del Uruguay con su Himno para la glorificación de Franklin D. Roosevelt.

Grabaciones de la voz poética de la autora han sido registradas por el Archivo de Literatura Hispanoamericana de la Biblioteca del Congreso de Washington.

Fue, durante varios años, Subdirectora del Departamento de Cultura del Ministerio de Educación (1946-1951) y escribió una larga página en la docencia al ejercer como Profesora de Español en las Escuelas Secundarias de la capital: Escuela Profesional Isabel Herrera de Obaldía, Instituto Nacional, Liceo de Señoritas, Instituto de Enseñanza Superior, Instituto José D. Moscote (en este último colegio labora durante diez años consecutivos); durante su permanencia como profesora del Instituto Nacional funda el Círculo Estudiantil de Poesía Americana y lleva al Aula Máxima a escritores jóvenes, intelectuales y poetas. En el sendero del periodismo, sostuvo, por varios años, una columna literaria: "Marginalia", en Mundo Gráfico, y dirigió páginas literarias en este Semanario y en la Revista Épocas.

El Primer Ciclo América, ha fundado el Círculo Literario que lleva su nombre para estudiar, a través de él, a los poetas y escritores nacionales.

La Fundación Cultutal Signos ha organizado el concurso de poesía "Stella Sierra", como un merecido homenaje a la gran poetisa Stella Sierra
Fue jurado del Concurso Literario Ricardo Miró, sección Poesía, durante los años: 1951, 1958, 1972, 1974 y 1980. Murió en el año 1997.

Libre y Cautiva , por
Stella Sierra

Por sentirme despierta en la cautiva
morada oscura de tu sangre, llevo
este amargo laurel de gajo nuevo
y esta miel de cilicio rediviva.

Y no quiero saberme fugitiva
de la celda de amor en que me muevo:
porque el ángel te encuentre, yo renuevo
mis llamadas de intacta sensitiva.

Extenderás tu mano, que -impasible-
quiere lograr la flor indivisible:
su cauto aroma velará tu frente.

Como cierva te huí. ¡Qué te encadena
más ese afán de hallarme en la colmena,
carcelera celosa de tu mente!

Poema Del Mar En Tres Movimientos, por
Stella Sierra

I

Plenitud de tu nombre, mar. Tu ritmo,
ir y venir, llegar, saltar la cima
de tu propio elemento:
deshojar con tu fuerza la flor de sal y vértice de espuma
de tu risa de fósforo:
sacudirte
como una crin inmensa, brava, rota,
doblarte en equilibrio de serpiente:
¡tragarte el cielo en tu plumón de agua!
Tu ritmo, mar, tu ritmo de latido:
Golpe, dolor, que convirtió tu sexo
en abismo insondable.
¡Pleamar, pleamar! Corre la línea límpida en su mórbida
cavidad de horizonte:
brinca con fiebre al signo de la altura,
vertical en su encuentro: despunta en el trapecio de su longevidad,
rosa de esponja.
Horizontal se tiende en la flexible maraña de sus vértebras
y vuela, salta, corre -libre y ágil-,
para alcanzar la linde de la playa.

Lame tu lengua, punta del sentido,
la roca caracol.
Delgada rompe
la telaraña de la arena fija.
Raíz de yodo y sal, pulpo de histeria roja,
se desbarata el sexo.

¡Látigo del naufragio!
La ola se alza en arco hueco y duro;
choca el acero
de su espuma en el yunque;
silba cortada
por su matriz eléctrica.
Ruge en la altura,
explota su pulmón con sangre amarga,
flor enferma y caliente.
Se arroja al nacimiento de su fulgor relámpago:
abre de nuevo el ángulo del trueno
y se tiende desnuda y cristalina.

¡Bajamar, bajamar! Tiembla la ola
de movimiento en círculo.
Grita el viento enredado dentro del caracol.
Abre el pulpo los brazos y la rosa coral.
Y, jadeante la estrella, quiebra el cristal -de sol, de sal y luna-
para enlazar tu seno con el cielo.

Tu ritmo, mar, tu ritmo de latido:
¡Golpe, dolor, que convirtió tu sexo en abismo insondable!

II

Bailan, bailan y bailan
las estrellas del mar, blancas, grises y lilas en la noche sin ecos.
Bailan ebrias de sal, duras de yodo y sol, senos tensos de una
concha partida en cinco.
Danza la estrellamar con la flor de los vientos. Danza en la punta breve
de sus púas dolidas.
En su mundo de peces brinca el sol de visita con sus joyas de oro:
¡Todo es canto en la ronda!
La luna grande cuelga del árbol de coral.
Canta la ola tonta con su coro de voces
y en la flauta del viento se ríe el caracol.
¡La estrellamar, la estrellamar!
Danza desnuda y ágil, danza casta y liviana con su traje de calcio
y sus dedos de luz.
¡La estrellamar!
......................................................................

Para que naufragara mi canto de esperanza
-¿Hacia dónde encendiste, mar, tu ardor de neblina?-:
para que mi amargura se muriese a la vuelta
de tu ruido mágico,
miré tu carne gris -gris de alma y de angustia- y tu espuma de nube.
¡El ancla del mar! ¡Los brazos levantados en cruz!
Y me elevaste todo el pensamiento oscuro de tormenta en la noche,
a tu fulgor sin sombras.
¡A tu rostro de abismo...!
De frente, sí, de frente
para guardar tu imagen eterna en la pupila.
¡Que se cierren los párpados por el peso del sueño!
En el pétalo verde de tu flor que se rompe
a la hora del llanto
se abrirán las varillas de los largos caminos.
Soñé tu soledad despierta por la aurora indecisa y fugaz.
Tu soledad de hoja
plana: ¡Circunferencia del azul en tu alma!
¡Semicírculo abierto por tus dedos cristales
en una sola ruta!
Tu soledad de pájaros. ¿Dónde el pico de estrella y la voz de infinito?
¡Tu soledad desnuda y ardiente por mi cuerpo!
¡Desnuda soledad!
¿Para qué en la distancia va la vela dolida de tu fulgor relámpago?
¿Para qué rompe el viento tu voz ronca?
¿Por qué contra la roca, agria de sal y sol, ha de estrellarse el pez?
Remuevo lo insondable de tu entraña partida, mar inmenso. La abierta
herida de tu carne.
Por tu alma tan sola y por mi cuerpo pleno, la comunión de dicha.
Y mis brazos tendidos cabalgando ignorados en tu rosa de oro:
¡Tú y yo en la soledad!

III

Si tu sollozo, mar,
te vaciara hasta el alma en la infinita saloma de la estrella.
Si tu voz, hueca y honda,
de trueno en la distancia, daga virgen
que amenaza la noche,
despertara la luz.
Si tú, lejano y cerca -cuerpo, cárcel-
de la nube y la espuma,
rompieras el misterio.
Pero no. Que están contados ya todos tus pasos
uno a uno en la sombra
de tus caminos grises.
¡Corazón, corazón de mar,
tan dolido en lo alegre!
¡Con tu tristeza abierta para el goce
de la ola y el cielo!
¡Ríos, muertes, dolor,
sombras desnudas
cabalgando a su antojo por tu sangre!
El trompo de coral, la calavera
con su risa vacía
bailando por tu ser, eterno ser.
¡Tú, mar,
con soldados de luna que se pudren
en los guiños del tiempo!
¡Y quillas de cristal entrelazadas
al árbol verde!
¡Tú, y la concha partida en el martirio
de sus hijos redondos!
¡Tú, mar, con los cien sexos
de la mujer y el hombre
podridos en su afán de paz delgada!

Mar infinito. Solo.
Paz y humo
de corazón adentro y de la rosa.
Comunión de mi ser y tu honda imagen:
de mi alma y tu cuerpo.
¡Tú y yo, mar,
en esta paz rosada, sin sentido!
Mar pleno. Puro mar.

Del Libro Libre y Cautiva (1947)


Canción de Mar, por
Stella Sierra

Por el verde azul del mar
el armiño de la ola.
Por el verde azul del mar.

La leve cinta de espuma
hace un adiós espiral
y hay una sed de paisaje
por el verde azul del mar.

La ola finge un fino hoyuelo
empapadito de sal;
y un beso rima la ola
por el verde azul del mar.

Ondas de verde abanico
en la seda de cristal
ocultando su esperanza
entre los brazos del mar.

Palmeras verdes que tienden
los dedos de su humedad
para arrullar a las ondas
por el verde azul del mar.

Corolas la luna amarga
en la verde inmensidad:
la arena guardó sus oros
en estuche de coral.

Por el verde azul del mar
el armiño de la ola.
Por el verde azul del mar.

Del Libro Canciones de Mar y Luna (1944)

FUENTE: Panamá Poesía.

domingo, 15 de noviembre de 2015

DIANA MORÁN (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


Morán, Diana (1932-1987).

Poetisa, ensayista, filóloga y profesora universitaria panameña, nacida en la ciudad de Panamá el 17 de noviembre de 1932 y fallecida en Ciudad de México (México) el 10 de febrero de 1987. Autora de una brillante producción literaria que sobresale por su espíritu revolucionario y combativo, desplegó también una intensa labor como docente e investigadora que, por medio de su entusiasta acento patriótico, la convirtió en una de las figuras femeninas más destacadas de la intelectualidad panameña del siglo XX.

Inclinada desde su juventud hacia el conocimiento de los saberes humanísticos y el cultivo de la creación literaria, tras cursar estudios superiores de Letras orientó sus pasos profesionales por el sendero de la docencia; y así, durante casi toda su trayectoria laboral en Panamá ejerció como profesora en el Instituto Fermín Naudeau, de la capital del país, donde pronto se reveló como una de las maestras más queridas y admiradas por todas las promociones de estudiantes que pasaban por sus aulas. En efecto, Diana Morán no se limitó a transmitir a sus alumnos los vastos conocimientos filológicos que poseía (plasmados también en sus fecundos trabajos de ensayo e investigación), sino que utilizó la preeminencia que le otorgaba su cargo docente para forjar en sucesivas generaciones de jóvenes panameños la identidad cultural nacional, el amor a la patria y el respeto y la veneración por la literatura, el arte, la música y, en suma, todas las manifestaciones artísticas del conocimiento humano.
Por desgracia, esta fructífera labor docente se vio bruscamente interrumpida en 1968, a raíz del golpe de Estado que, protagonizado por la Guardia Nacional y el teniente coronel Omar Torrijos, arrebató la presidencia de la República a Arnulfo Arias Madrid y puso los designios del país centroamericano en manos del coronel José María Pinilla. Era, a la sazón, Diana Morán dirigente de la Asociación de Profesores, cargo desde el que se significó públicamente en contra del nuevo régimen dictatorial, lo que provocó su destitución como docente del Instituto Fermín Naudeau y, poco después, su detención y condena a destierro por parte de las nuevas autoridades del país. Ante el temor de que los partidarios de la dictadura militar pudieran atentar contra su vida, Diana Morán no retrasó su marcha de Panamá.
Rumbo al exilio, la animosa y combativa humanista se instaló en 1969 en la capital mexicana, en donde continuó desarrollando una intensa labor académica que la condujo hasta las aulas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), donde impartía clases en calidad de profesora titular en el momento de su muerte (1987). Previamente, la humanista panameña había obtenido en el Colegio de México el grado de doctora en Letras Hispánicas, merced a su tesis titulada Cien Años de Soledad: novela de la desmitificación (México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1988). Otro estudio filológico suyo de notable interés es el titulado Ficción e historia: la narrativa de José Emilio Pacheco (1979), escrito en colaboración con Ivette Jiménez de Baéz y Edith Negrín.

En su faceta de poetisa, Diana Morán difundió una voz sonora y personal que, clamando en todo momento por la insurgencia de las naciones hispanas, fue a alinearse con la lírica combativa de otros autores carismáticos del entorno geocultural centroamericano (como el salvadoreño Roque Dalton, el dominicano Pedro Mir o el nicaragüense Ernesto Cardenal). Entre las señas de identidad que personalizan su obra, conviene destacar que, a pesar de escribir en todo momento desde los postulados ideológicos del compromiso radical, Diana Morán no descuidó jamás la calidad estética de su trabajo, que defendió no sólo en la práctica, sino también desde la palestra académica. Esta constante búsqueda de la calidad y la perfección formal la indujo a permanecer en todo momento atenta a cuantas innovaciones pudieran servir para renovar los parámetros temáticos y estilísticos de la lírica tradicional escrita en lengua castellana; de ahí que, en uno de sus poemarios más célebres (el titulado Gaviota de cruz abierta, de 1965), la poetisa panameña recurriera de forma sorprendente a los registros léxicos y los recursos expresivos propios de los juegos infantiles, para denunciar a través de ellos un asunto tan grave como la intervención armada en Panamá de las fuerzas militares estadounidenses llevada a cabo el día 9 de enero de 1964. Por medio del violento choque entre la importancia del tema y la aparente futilidad del molde formal infantil que lo envuelve, Diana Morán conseguía llamar la atención sobre su denuncia y, al mismo tiempo, alcanzar una extrañeza de gran belleza y notable valor literario. El éxito cosechado por este poemario desde su aparición fue unánime entre críticos y lectores, y quedó refrendado con algún galardón tan digno de ser destacado como el prestigioso premio Ricardo Miró de poesía.

Otras obras suyas que vale la pena recordar son las tituladas Eva definida (1959), Soberana presencia de la Patria (1964), En el nombre del Hijo (1966) y Reflexiones junto a tu piel (1982). En este último título, Diana Morán extrema hasta límites insospechados su búsqueda transgresora de nuevos cauces formales, genéricos y temáticos, para acabar ofreciendo al sorprendido lector una escritura difícil de encasillar en las categorías poéticas tradicionales, ya que se apodera de recursos propios del lenguaje dramático y narrativo, indaga en las fórmulas típicas del colage (que hacían furor en las artes plásticas de la época), y se sirve de un registro coloquial que en nada recuerda al léxico habitual de los poetas de otras épocas.

Una obra de tal magnitud como la producida por Diana Morán ha rebasado las fronteras de su Panamá natal para ver la luz en su México adoptivo, pero también en otros muchos lugares del mundo, como Chile, Cuba, España, Estados Unidos de América y Guatemala.

Ascanio Condecorado por Un Golpe de Mar , por
Diana Morán

Al mártir Ascanio Arosemena

PALOMAR DE NUBES

Lluevan las palomas, lluevan,
que el girasol se va...
Ascanio va adelante,
los otros van detrás.

ALONDRA ENTRE SOLLOZOS

En fila los gorrioncitos,
cuando los vean pasar,
tiendan los jazmincitos
y la estrella de mar.

BAJA MAREA DE INCIENSO

Barco que va de flores,
barco que va de sal,
barco de cuatro albores
y un cordero de altar.

PALOMAR DE AURORAS

Arrullen las palomas
y vuelvan a arrullar:
Ascanio es la bandera,
escudos los de atrás.

ALONDRA ENTRE ALBOROZO

En rueda los gorrioncitos
que aquí está el girasol;
suelten arpas de trinos
y amapolas de amor.

ALTA MAREA DE ESTRELLAS

Barco que vuelve rojo,
barco en las olas de tul,
barco que vuelve blanco
con un cordero azul.

Del Libro Gaviotas de Cruz Abierta, 1965

Enero Condecorado por Un Golpe de Arterias , por
Diana Morán

A los mártires Gonzalo
Crance y Teófilo De la Torre

Un mes que tiene
nombre de escuela.
El mapa es su cuaderno,
campana, campanela.

Palabritas de esfinge
cruzan la cerca...
Enero es uniforme,
paso de estrellas.

Tréboles del rocío
la noche vela...

¿Quién te dejó
sin venas
lápiz de cera?

Espada o gavilán,
filo de fuego,
cabrito horizontal,
bajel del pueblo.

Medallita de sol,
medallita de sombra,
en el mástil
gaviota
en la carne
amapola,
la pájara pinta
le canta
y le llora.

Es un mes que tiene
nombre de escuela.
Enero es uniforme,
campana, campanela.

Del Libro Gaviotas de Cruz Abierta, 1965

Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán

Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!

FUENTES: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=moran-diana
http://panamapoesia.com/pt19.htm

sábado, 14 de noviembre de 2015

ESTHER MARÍA OSSES (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


Esther María Osses
(1916-1990)

 Esther María Osses, Pastel de José Aranda

Esther María Osses nació en la provincia de Chiriquí en 1916. Realizó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Institutoras de Panamá. Obtuvo el titulo de Profesora de Español en la Universidad de Panamá y realizó estudios de Literatura en Buenos Aires, Argentina, y en Guatemala. Fue Maestra de enseñanza primaria y profesora de la Universidad de Zulia, Venezuela.

Como periodista, colaboró en "La Nación", en "El Hogar", en "Critica", en "Clarín" y en otras revistas argentinas especialmente con poesía. Realizo giras por varios países latinoamericanos, en la Casa de la Cultura de Quito, en el Departamento de Extensión Cultural de Bogotá, en Uruguay, en Chile y en Perú ofreció conferencias por radio y recitales poéticos.

La Universidad de Zulia publico dos poemarios suyos. uno de ellos es "Crece y Camina", dedicado a los niños, está ilustrado por niños preescolares y de primaria del Colegio Cantaclaro, de Maracaibo. Basado en él se grabó un disco de canciones infantiles, "Canción del Barco Velero", cuya composición musical estuvo a cargo del músico Enrique Hidalgo.

Sus poemas, al decir de Miguel Amado, prologuista de Mensaje, "son los reflejos de un espíritu a veces aristocrático y a veces popular; regional y panameño; pragmático y lírico; místico y libertino; apasionado y glacial; profundo y liviano. Como en el agua clara de sus ríos, en esta sensibilidad politeísta reverbera la infinita variedad del mundo". Y agrega: "Sin recurrir a las frases más o menos sonoras; sin buscar jamás un efecto fácil o barato; sin tener siquiera que rechazar figuras más o menos artificiosas, ella representa, translúcido y tremendo, el enigma del mundo, valiéndose de expresiones y de insinuaciones que son una absoluta novedad en la poesía panameña".

Esther María Osses dejo obras inéditas como "El Rastro de Fuego", obra con la que obtiene el segundo lugar del Concurso Literario Ricardo Miró, en 1958; en esta obra presenta una poesía con el tema de cada uno de los países americanos incluyendo USA.. También nos dejó monografía como "investigación y Cibernética", trabajo de año sabático bien calificado por el jurado. Un ensayo "La novela del imperialismo en Centroamérica" y obras dispersas entre reseñas y artículos en diversos periódicos y revistas de América.

Al margen de su obra de creación, realizó una plausible tarea de animadora de jóvenes talentos fomentando la creación de grupos literarios, como el grupo Gaspar Octavio Hernández, y la publicación de revistas. Fue, asimismo, una esforzada divulgadora de nuestros valores literarios en el exterior.

La Lluvia y el Barco, por
Esther María Osses

Aquí nació la lluvia entre higuerones.
Nos trajo a los portales la alegría
en su potro de crines relucientes.
Iba por los barrancos, impetuosa,
iba por las llanuras, reposada;
iba dejando espigas en la loma,
en los rastrojos huella de alhelíes.

Trajo a la puerta un diminuto río
un río de juguete, navegable;
al son de las goteras ya crecía,
plantaba sitio en puertas y ventanas,
se enroscaba en la luz, bajo los mirtos,
¡ay, el cañaveral, cómo lo amaba!
La niña estaba allí. Rubias las trenzas.
Descalza. Con un sueño entre las manos.
Una temprana angustia por el sueño,
y suspenso, ese adiós entre los labios.
Pequeña diosa, de la nada un mundo
hizo bajo la lluvia, luminoso.

Soltó su sueño en el caudal efímero.
¿A dónde irá sin brújula en la noche?

Qué rápido, qué alegre entre las hojas,
sin boga retozaba, inverosímil;
única mariposa solitaria,
¡qué blancas alas nuevas para el viaje!
Así, jugando, un día y otro día,
este era un río, un puerto, nunca el mismo.
Siempre la misma niña entre los árboles.
Y con cada alborada repetida,
en sueños, con la lluvia, navegando,
este era un barco que jamás volvía,
un barco de papel en el que siempre
un viajero de niebla naufragaba.

Del libro: Poesía en Limpio

Liberación,
por Esther María Osses

Hoy haré cosas buenas.
Nadie está en casa.
Pondré a los prisioneros
en Libertad.
No me gustan los pájaros
entre rejas,
ni lo peces
en cárceles de cristal.

¡A volar pajaritos!
Dejad la jaula.
A nadar, pececitos.
¡Vamos! ¡Al mar!

Del libro: Crece y Camina

Fuente: Panamá Poesía.