miércoles, 15 de noviembre de 2017

BLASON POEMA DE RICARDO MIRÓ

Blason, por
Ricardo Miró

Apenas soy un pálido felibre,
y canto en claros versos lo que siento.
Ni cóndor, ni león: estoy contento
con saber que soy hombre y que soy libre.

Hasta mi torre de marfil, sagrada,
ni llega el cieno, ni salpica el lodo:
bajo el peldaño de mi torre, ¡todo!
Sobre el peldaño de mi torre, ¡nada!

Como el Jesús de los sagrados cuentos,
voy a cumplir sereno mi destino.
Como a El, los que erizan mi camino
mañana lamerán mis pies sangrientos.

Que alcancen otros la gloriosa palma
buscando sombras y siguiendo huellas,
porque yo, cuando quiero ver estrellas,
me asomo al infinito de mi alma.

Ni nunca el odio me dejó rencores,
ni el amor, con su halago, me domina,
pues sé que tras la flor está la espina
como tras de la espina están las flores.

Abierta el alma a toda primavera,
mi corazón, por dualidad gloriosa,
frente a frente al amor es una rosa,
y encarado al combate, una bandera.

Como nada a mi estirpe martiriza,
ni nada turba mi real decoro,
tengo, para el canalla, fusta de oro;
para el calumniador, una sonrisa.

En marcha imperturbable a un fijo oriente
desdeño el hombro de la muchedumbre,
porque aprendí hace tiempo que la cumbre
va conmigo a la altura de mi frente.

Así sé que al nacer a otros albores
y al disgregarme en átomos dispersos,
lo mismo que hoy de mi alma salen versos
saldrán mañana, de mi carne, flores.

SOBERANA PRESENCIA DE LA PATRIA DE DIANA MORÁN

Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán

Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!


martes, 14 de noviembre de 2017

QUISIERA PERO NO PUEDO MI MÁS RECIENTE POEMA

Imagen tomada de Internet

QUISIERA PERO NO PUEDO

Quisiera dejar de escribir
pero no puedo.

Quisiera dejar de soñar
pero no puedo.

Quisiera dejar de ser Yo
pero no puedo.

Quisiera ser diferente de lo que soy
pero no puedo.

Quisiera no ser un poeta
pero no puedo.

Quisiera acabar con todo
pero no puedo.

Son tantas cosas que quisiera hacer
pero No puedo.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Noviembre 2017

LIBERTAD Y PATRIA POEMA DE ENRIQUE GEENZIER

Libertad y Patria,
por Enrique Geenzier

                             LIBERTAD

Augusta Libertad, antorcha ardiente
cuyo esplendor el Universo alumbra!
tú guías al esclavo en la penumbra
mostrándole otra vida y otro oriente

Como un sol que se oculta en Occidente,
tinto en rojo, mi mente te vislumbra;
cometa indefinido que deslumbra
y deja por doquier su luz fulgente.

El hombre más cobarde, el más medroso,
si te pierde conviértese en atleta
y alegre lucha en la contienda horrible;

Pues tú alumbras cual faro esplendoroso
la inmensa multitud de este planeta
y en posible transformas lo imposible!

                             PATRIA

Soy de una patria donde altivo crece
el árbol Libertad con lozanía;
patria que tiene la razón por guía
que en su pecho de virgen resplandece.

Tendida entre dos mares se adormece
con la dulce y salvaje sinfonía
de las ondas; y una Venus se diría
surgiendo del abismo en que se mece.

Acariciada por las brisas, sueña,
bajo la glauca luz de sus montañas,
con un futuro resplandor de gloria;

Y, dando al aire fraternal enseña
desgarra, como madre, sus entrañas
y engalana con lauros nuestra Historia.

Quiero una patria cuyo nombre santo
repitan las lejanas potestades
y lleve a las dormidas soledades
de sus proezas el sonoro canto.

Quiero una patria que no inspire espanto
con infames oprobios y maldades;
una patria que aplaudan las edades
en la lengua del Manco de Lepanto.

Patria eternal cuyo baluarte sea
el verbo sacrosanto de la idea
que arrulla a las naciones con su beso;

Patria feliz por cuyas ricas venas
circule el gran torrente del progreso
y el triunfo evoque de la sabia Atenas!

Tal es la Patria que en mis sueños miro
fuente de luz que en mi dolor invoco;
patria por cuyo bien mi anhelo es poco
poca la gloria por quien yo suspiro.

Esa es la patria que en silencio admiro
y la contemplo hasta volverme loco;
porque es de América esplendente foco
de un futuro de paz con que deliro.

Por ella sigo en pos de la alta cumbre
do surge la visión de mis ensueños,
sin que me arredre la traidora muerte.

Porque quiero abrasarme en esa lumbre
que encendieron ilustres panameños
al darnos Patria libre y digna suerte.

Chitré, Mayo 11 de 1910.
Publicado en:
Nuevos Ritos, Nº 68 de 15 de junio de 1910.


lunes, 13 de noviembre de 2017

DOS POEMAS DE GASPAR OCTAVIO HERNÁNDEZ: EN EL DÍA DEL PERIODISTA EN PANAMÁ

Ego Sum, por
Gaspar Octavio Hernández

Ni tez de nácar, ni cabellos de oro
veréis ornar de galas mi figura;
ni la luz del zafir, celeste y pura,
veréis que en mis pupilas atesoro.

Con piel tostada de atezado moro;
con ojos negros de fatal negrura,
del Ancón a la falda verde oscura
nací frente al Pacífico sonoro.

Soy un hijo del Mar... Porque en mi alma
hay -como sobre el mar- noches de calma,
indefinibles cóleras sin nombre.

y un afán de luchar conmigo mismo,
cuando en penas recónditas me abismo
¡pienso que soy un mar trocado en hombre!

1915
Del libro: La Copa de Amatista.


Canto a la Bandera, por 
Gaspar Octavio Hernández

Se detuvo el mancebo en la rampa, frente al mar
transparente. Comenzaba a brillar la mañana. En una
de las naves de Aguadulce fondeadas en el puerto, hercúleo
marino de color de bronce -cantando un alegre cantar de
aldea- enarbolaba el pendón tricolor del Istmo.

El mancebo sintióse inquieto de entusiasmo: el 
entusiasmo le hizo poeta y le inspiró este canto:

¡Ved cómo asciende sobre el mar la enseña
que refleja en sus vívidos colores
el mar y el cielo de la patria istmeña!
¡Mirad...! ¡Es la bandera panameña,
vistosa cual gentil manto de flores!

¡Ved cómo asciende al mástil del velero
serpenteando con lánguida armonía
bajo la luz del matinal lucero,
mientras canta fornido marinero
con ruda voz, canciones de alegría!

El céfiro de Ancón, puro y fragante
como beso de virgen, acaricia
la tenue seda del pendón flotante
y tierno idilio sobre el mar sonante
con el céfiro la bandera inicia.

¡Bandera de la patria! ¡Con celajes
de púrpura encendida, con pedazos
del cielo de los ístmicos paisajes
y de marina espuma con encajes
tejieron nuestras vírgenes los lazos!

¡Bandera de la patria! Las estrellas
en tus colores su fulgor derraman
perennemente vívidas. Por ellas,
los hombres duros, las mujeres bellas
¡en patriotismo férvido se inflaman!

¡Ellas, en nuestros fuertes corazones,
la llama avivarán del heroísmo,
cuando al grito marcial de los cañones,
enemigo clarín vibre canciones
bajo el ardiente sol de nuestro Istmo!

Ellas reavivarán en nuestras almas
amor por nuestras fértiles campiñas
sembradas de naranjos y de palmas,
donde -tras de luchar- núbiles niñas
nos ceñirán de mirtos y de palmas...

¡Bandera de la patria! Sube...,sube
hasta perderte en el azul... Y luego
de flotar en la patria del querube;
de flotar junto al velo de la nube,
si ves que el Hado ciego
en los istmeños puso cobardía,
desciende al Istmo convertida en fuego
y extingue con febril desasosiego
¡a los que amaron tu esplendor un día!

La Estrella de Panamá
23 de mayo de 1915. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

PÓRTICO POEMA DE LEÓN A. SOTO

Pórtico, por
León A. Soto

Mi libro es alcázar; en él hay mezclados
en góticas salas, sirviendo de adorno,
de diosas de Atenas el lindo contorno,
enanos deformes, dragones bronceados.

Aquí no hay poemas de niños alados;
tan solo hay estrofas labradas a torno:
si a verlos viniste, da, niña, el retorno;
entrad, soñadores, entrad, convidados.

Pasad sin temores...¡Atrás tú, profano!
no intentes un punto seguir, porque entonces
verás como se alza, terrible, la mano

-la mano que empuña, robusta, la espada-
del recio, fornido, gigante de bronce
Que atisba a la sombra guardando la entada!

Del libro: Obra Selecta (Verso y Prosa)
Academia Panameña de la Lengua. 1974

POEMA TUS OJOS DE RICARDO MIRÓ

Tus Ojos, por
Ricardo Miró

¿El lago? …. ¡Nunca!.... El lago no pudiera
competir con tus ojos soñadores…
Tus ojos tienen sombras y fulgores:
son dos lagos al tiempo que una hoguera.

¿El mar?.... ¡Tampoco!.... El mar tiene ribera
que se llena de pájaros y flores,
y en tus divinos ojos turbadores
se fatiga volando la Quimera….

¿El cielo?.... Acaso el cielo, por ser cielo,
se atreviera un momento, envanecido,
a asomarse a tus ojos con recelo;

y ante tus ojos diáfanos y bellos,
vería el mismo cielo, sorprendido,
que falta cielo para verse en ellos.


1917