domingo, 29 de noviembre de 2015
TOMÁS HERRERA (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Tomás Herrera
Presidente de la República de la Nueva Granada
21 de abril de 1854-4 de diciembre de 1854
Jefe del Estado Libre del Istmo
18 de noviembre de 1840-31 de diciembre de 1841
Datos personales
Nacimiento 21 de diciembre de 1804
Fallecimiento 5 de diciembre de 1854 (49 años)
Tomás José Ramón del Carmen de Herrera y Pérez Dávila (Panamá, Virreinato de Nueva Granada, 21 de diciembre de 1804 - Bogotá, República de la Nueva Granada, 5 de diciembre de 1854), fue un militar y político neogranadino, presidente de la República de la Nueva Granada y jefe de estado del Estado Libre del Istmo durante 1840 y 1841.
Inicios
En 1821, entró en el servicio militar, en 1822 fue teniente de infanteria en la campaña del Sur y participó en Perú en las Batalla de Junín y Batalla de Ayacucho contra los realistas. En 1828 fue acusado de conspiración, y encarcelado en Bogotá. Tomás Herrera se fugó, pero fue capturado de nuevo y condenado a muerte, pero se le conmutó la pena por la de destierro por su hoja de servicios militares. Cumplida la pena, regresó a Panamá en 1830 y participó en la lucha contra el coronel Alzuru. Cuando Alzuru fue fusilado, Tomás Herrera fue nombrado coronel graduado y Comandante General del Istmo de Panamá. Peleó en el Cauca en la revolución de 1840 pero el Istmo no quería entrar en ese conflicto, entonces, se creó una junta popular reunida en Panamá el 18 de noviembre de 1840, para la separación de Panamá de la República de la Nueva Granada, bajo el nombre de Estado Libre del Istmo con el coronel Tomás Herrera como presidente, que organizó la economía y consiguió que Costa Rica y Estados Unidos reconocieran al nuevo país. La nación duró 13 meses, porque después de meses de negociación el gobierno de Bogotá logra convencer al coronel Herrera de reintegrar al istmo bajo el acuerdo de no emprender castigo contra los secesionistas istmeños. Haciendo caso omiso a lo acordado, una vez reintegrado el istmo, el coronel Herrera fue desterrado y borrado del escalafón militar.
Regreso
En 1845, Tomás Herrera regresó a la vida polìtica nacional como gobernador de Panamá y más tarde ministro de Guerra y Marina del gobierno de José Hilario López. En 1850, fue nombrado gobernador de la provincia de Cartagena y ese mismo año recibió el grado de general. En 1851 estalló una revolución de provincias conservadoras en contra del gobierno del presidente José Hilario López, ante lo cual el gobierno designó comandantes militares para sofocar la sublevación, correspondiéndole a Herrera enfrentar al gobernador de Antioquia, coronel Eusebio Borrero, quien resultó derrotado y terminó con elevar el nombre del general Herrera como genio militar.
Ascenso al poder
Tomás Herrera fue elegido designado a la presidencia de Colombia en 1854 cuando era miembro del Congreso Nacional. Al ser derrocado el presidente José María Obando el 17 de abril de ese año, el vicepresidente José de Obaldía se reunió con Herrera y otros personajes en la Legación de Estados Unidos para tratar de asumir el poder, ofreciéndole a Herrera la secretaría de guerra, nominación que el general rehusó por detentar su calidad de congresista. Días después logró Herrera burlar la custodia militar que el dictador Melo estableció a las salidas de Bogotá y salió con rumbo al norte del país. El 21 de abril llegó a Chocontá, en donde se declaró en ejercicio del poder ejecutivo como consecuencia de la manifestación que por escrito le hizo Obaldía de no haber logrado las condiciones para ejercer el gobierno.
Plaza Herrera en Panamá.
Herrera designó al coronel Anselmo Pineda como secretario de gobierno encargado accidentalmente de las carteras de hacienda, guerra y relaciones exteriores. Herrera siguió su marcha y entró el 23 de abril a Tunja gracias a que el coronel Reyes Patria venció a la guardia nacional apostada en la ciudad, y allí nombró al general Manuel María Franco como comandante del ejército y a Reyes Patria comandante de las provincias de Tunja y Tundama.
Franco logró conformar un ejército de 2.557 hombres, del cual fue segundo comandante el general Marcelo Buitrago y jefe de estado mayor el coronel José María Rojas Pinzón. Herrera salió con su ejército de Tunja a Nemocón, población a la que llegó el 19 de mayo, y en la que debía tomar una de dos decisiones: atacar la columna del coronel Manuel Jiménez apostada en Zipaquirá, o continuar la marcha hasta Honda para unirse a las fuerzas comandandas por el general Joaquín París.
Herrera tomó la decisión de atacar a Jiménez, dándose el 20 de mayo de 1854 la Batalla de Zipaquirá o desastre de Zipaquirá, en donde las fuerzas constitucionales fueron innecesariamente derrotadas. Al morir Franco, Herrera le entregó el comando del ejército al general Marcelo Buitrago, quien habiendo regresado al punto de partida de la batalla, procuró la salida de las tropas hacia Tunja, mientras que Herrera había tomado el rumbo contrario, para continuar con el plan original. Herrera llegó a Subachoque para llegar a Villeta por La Vega, mientras que el general París, enterado de lo sucedido en Zipaquirá, envió tropas en búsqueda de Herrera, quien al final alcanzó al municipio que pretendía, uniéndose a las tropas del senador Julio Arboleda Pombo.
Con el resplado del ejército de Arboleda, Herrera recompuso el gobierno designando a Ramón Matéus como secretario de guerra y relaciones exteriores, y a Pastor Ospina Rodríguez como secretario de lo interior y hacienda. Partió con un batallón para La Mesa por Bituima para unirse al general París pero no lo logró, teniendo que buscar alcanzar Ambalema por San Juan de Rioseco. En el puerto, nombró a Tomás Cipriano de Mosquera como comandante de Mompós, Panamá y la Costa y despachó instrucciones para que los gobernadores contrageran créditos de acuerdo a lo que Mosquera requiriera. Luego salió para El Guamo en donde se le unió el general López y el gobernador de Cauca, con quienes partió para Purificación, donde se rumoraba le tenían preparada una conspiración. Allí nombró al general López comandante del ejército del Sur y al general París al frente de una división para el Alto Magdalena. Luego pudo Herrera llegar a Ibagué e instalar el poder ejecutivo, en donde expidió verios decretos destacándose entre otros el que convocó a los congresistas a iniciar sesiones el 20 de julio en Bogotá y que en caso de no poder hacerlo debían reunirse en Ibagué, la suspensión del gobernador de Cartagena Juan José Nieto.
El 15 de julio, Herrera recompuso su gabinete, dejando a Pastor Ospina en el gobierno, a José María Plata Soto en Hacienda, Ramón Matéus en relaciones exteriores y Pedro Alcántara Herrán en Guerra. El 20 de julio se encontraban 23 congresistas en Ibagué, lo cual no permitió sesionar al Congreso por falta de cuórum, pero sí la expedición de un manifiesto de los diputados en favor del poder ejecutivo.
Regreso a las filas y muerte
El 5 de agosto llegó el vicepresidente José de Obaldía a Ibagué luego de escaparse de la Legación Norteamericana y asumió el poder ejecutivo, designando a Herrera segundo comandante del ejército del Norte. El 28 de septiembre se hallaba en Piedecuesta al mando de su tropa cuando recibió la visita del general Mosquera, comandante en jefe de ese ejército. El 25 de septiembre logró Herrera cruzar el río Chicamocha en Sube. Con su ballatón, llamado constante, se batió en la batalla de Petaquero en Concepción. El 2 de diciembre llegó a las goteras de Bogotá acompañado de la columna comandada por el general Camilo Mendoza, división que alcanzaba los 3.751 efectivos. El día 4, luego del ataque desplegado por el ejército sobre el costado sur de la ciudad de Bogotá, entró Herrera en acción al mando de los batallones 1º y 6º de línea, líbres y Tundama, resultando gravemente herido en la esquina de las carreras Pamplona y Bárbula, y falleciendo poco después de vencido Melo en esa toma de Bogotá.
Fuente: Wikipedia.
sábado, 28 de noviembre de 2015
JOSÉ DE FÁBREGA UNO DE LOS PROTAGONISTAS DE LA INDEPENDENCIA DE PANAMÁ DE ESPAÑA AQUEL 28 DE NOVIEMBRE DE 1821 (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
José de Fábrega de las Cuevas
José de Fábrega de las Cuevas (1774 – 1841). Militar y político panameño. Primer Gobernador del Istmo de Panamá en 1821.
Nació en la ciudad de Panamá el 19 de octubre de 1774, y fue bautizado como José Pedro Antonio María de Fábrega y de las Cuevas. Era hijo del Capitán de Granaderos del Batallón Fijo, Carlos Fábrega, y de doña Antonia de las Cuevas y Alvares. En 1797 obtuvo el grado de Teniente; en 1812 ya era Capitán; en 1815 fue ascendido a Teniente Coronel y en 1821 fue nombrado Primer Gobernador del Istmo de Panamá. Contrajo matrimonio con la peruana doña Carmen de la Barrera, y tuvo tierras en la provincia de Veraguas.
En 1821, el deseo de independencia era un sentimiento extendido en todas las colonias hispanas. Y Panamá no fue la excepción. El inicio de la cadena de acontecimientos que resultaron enla independencia de Panamá de la metrópoli, fue el abandono del Istmo por el General Juan De La Cruz Mourgeon, oficial de la Corona española al mando del Istmo de Panamá y de casi todas sus fuerzas militares, para dirigirse al Ecuador, desde donde tenía órdenes de reconquistar el Virreinato de la Nueva Granada, del cual formaba parte Panamá. En este punto, José de Fábrega, en aquel momento Teniente Coronel y Gobernador Político y Militar del Departamento de Veraguas, asumió el mando del Istmo. La chispa independentista prendió en La Villa de Los Santos, donde se dio el primer grito de libertad el 10 de noviembre de 1821, repetido con entusiasmo por otros pueblos. No obstante, a pesar de no declararse gobierno alguno, ese levantamiento espontáneo del pueblo santeño tuvo repercusiones en la capital. A raíz de estos acontecimientos, el General José de Fábrega, ya identificado con los patriotas, convocó el 20 de noviembre a una reunión en su propia casa, a la cual asistieron todas las fuerzas políticas, civiles y eclesiásticas pertenecientes, principalmente, a la élite criolla. Lo propuesto en dicha junta no fue el repudio a los acontecimientos originados con la proclamación de independencia de la Villa de los Santos, sino la organizada coordinación de la revolución mediante la consulta popular.
Seguido de varios acontecimientos e intrigas propias del momento, un sector de la población urbana de intramuros, se amotinó el 28 de noviembre de ese año de 1821, e invadió la Plaza de la Catedral, pidiendo, enardecido, la convocatoria a un Cabildo Abierto para declarar la independencia y adoptar la forma republicana de gobierno. Allí, públicamente, se adoptó una declaración por la que Panamá se declaraba libre e independiente del gobierno español espontáneamente y conforme al voto popular de los pueblos. Al discutirse sobre cuál sería el gobierno que se establecería, se escogió la adhesión a Colombia, a cuyo Congreso iría a representar oportunamente su diputado.
Y José de Fábrega, como panameño, conjuntamente con amigos y familiares, conocidos y compañeros, avaló el sentimiento inevitable: el derecho a ser libres, a ser dueños de su propio destino; y, al mismo tiempo, quizás lo más importante, logró evitar el derramamiento de sangre que, bajo tales circunstancias, siempre solía ocurrir.
Así, José de Fábrega fue declarado Jefe Superior y primer Gobernador Civil, reconocido en tal cargo por la Junta Revolucionaria y, posteriormente, legitimado por el nuevo gobierno del Istmo.
En el despliegue de sus nuevas funciones, dictómedidasdirigidas a preservar la seguridad del Istmo, y los jefes, oficiales y soldados españoles fueron trasportados fuera de Panamá, luego de entregar voluntariamente las fortalezas de Chagres y Portobelo, en el lado atlántico panameño.
Pero escasamente dos días después de la proclamación de la independencia, el 30 de noviembre, durante la ceremonia formal de juramentación del nuevo gobierno ya a cargo de Fábrega, un suceso inesperado que conmocionó a la nueva nación, puso a prueba la voluntad y capacidad del recién nombrado Gobernador: dos fragatas de guerra de la marina española, La Prueba y La Venganza, de cincuenta y cuarenta y cuatro cañones respectivamente, acompañadas de otros navíos pertenecientes a la flota del General Mourgeon, amanecieron en la Isla de Taboga, ubicada en el Pacífico, en la bahía de Panamá, frente a la ciudad.
Inmediatamente, Fábrega ordenó que todo hombre apto para tomar un fusil o una espada, se armase y prestase servicio en defensa de la nación ya emancipada. Una vez más, las habilidades diplomáticas y la fortaleza de carácter de Fábrega lograron producir una tregua que les permitió a los navíos españoles permanecer en las aguas que comenzaban a reconocerse como colombianas lo estrictamente necesario para reabastecerse y partir. El general Fábrega sabía que un enfrentamiento militar con los españoles hubiese dejado graves secuelas. Fue su primer conflicto como gobernante, que se resolvió satisfactoriamente, y su gobierno inició con bases sólidas.
Pero este no sería el último riesgo político al cual se tendría que enfrentar para, según el criterio de la época, preservar la libertad de la nueva nación.
En 1830, estando Fábrega a cargo del Gobierno Civil desde el Departamento de Veraguas, el General José Domingo Espinar, en ese entonces al frente de la Comandancia Militar, se propuso segregar el Departamento de Panamá de la unidad nacional colombiana comprendida por Veraguas y Panamá, para formar un estado independiente bajo su jefatura; para ello esgrimía una pugna de castas.
Como era de esperarse, José de Fábrega se opuso enérgicamente al golpe de Estado liderado por Espinar; pero las pugnas internas y los intereses particulares consiguieron que, cuando este último partió hacia Veraguas para combatir con el contingente que había organizado Fábrega, el Coronel Juan Eligio Alzuru, a quien Espinar había dejado al mando, lo derrocó en su ausencia.
Lo que intentó ser un buen gobierno, poco duró; y Alzuru, víctima de la pasión por el poder, propinó un golpe de estado. Concentró los dos poderes, el militar y el civil, en su persona; al mismo tiempo, impuso un gobierno tiránico que culminó con el destierro de Fábrega, quien, conjuntamente con otros próceres de la gesta independentista, fue embarcado hacia el extranjero.
Fábrega logró persuadir a los capitanes de los navíos para que lo liberasen en Montijo, Veraguas, desde donde emprendió la nueva lucha por restablecer el orden civil y la legitimidad en el país.
El 25 de agosto de ese mismo año ya estaba en La Chorrera; y el 26, cerca de la capital. El 27 unificó fuerzas con el Coronel Tomas Herrera, y juntos, ganaron la batalla en contra de los ejércitos de Alzuru. Alzuru fue juzgado y ejecutado por sus crímenes, en el mismo patíbulo que había levantado para cercenar muchas vidas en la Plaza de la Catedral.
Dentro de este marco, José de Fábrega no solamente contribuyó al nacimiento de la nación panameña, sino que fue el elementodecisivo que estabilizó el Istmo y lo encaminó hacia la legitimidad, en una época en que era mucho más fácil gobernar con el sable y el fusil.
El mayor legado de este líder panameño es que aunque no vaciló en esgrimir su espada con firmeza cuando la patria más lo necesitó, ejerció su cargo militar con una visión civilista, como genuino estadista que sentaba las bases para una República a la cual sentía que debía servir.
Sumás valioso aporte no fue en el campo de batalla, sino desde el despacho de gobierno. Por todo ello, fue distinguido con el más alto reconocimiento por parte del General Simón Bolívar, quien lo nombró “Libertador del Istmo", y expresó sentimientos de admiración al saber que Panamá había sido segregada por sí misma. También afirmó Bolívar que el Acta de Independencia de Panamá es un monumento glorioso.
Finalmente, el General José de Fábrega regresó a la ciudad de Santiago de Veraguas, donde se mantuvo como Gobernador hasta 1835. Fue electo Senador al Congreso Nacional en 1837 y en 1838, último cargo público que ejerció antes de su muerte el 11 de marzo de 1841.
Con excepción del nombre que hoy se le da a la Escuela de Enseñanza Superior de la Academia de Policía, su figura no ha recibido otro tributo público en Panamá, más que la sencilla lápida que yace en la catedral de Santiago. En esa inscripción se puede leer lo siguiente: “Dicha y reposo para mi patria y virtudes para mis hijos. Estas fueron las últimas palabras del general José de Fábrega, cuyos restos mortales yacen bajo esta losa. Su cara esposa con 9 hijos le perdieron el 11 de marzo de 1841, y a su triste memoria le tributan este debido homenaje de gratitud. Él vivió hasta la senectud. Su vida pública siempre sostuvo el orden: bajó al sepulcro exento del crimen; padre amoroso, amigo fiel, fue franco y generoso con el débil, el menesteroso y desvalido, y al desaparecer legó a sus deudos honor y virtudes.”
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/jose-de-fabrega-de-las-cuevas/1799
viernes, 27 de noviembre de 2015
DR. ARNULFO ARIAS MADRID (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Arnulfo Arias Madrid
Arnulfo Arias Madrid (1901-1988). Uno de los dirigentes políticos más relevantes del siglo XX en Panamá. Ocupó en tres ocasiones la Presidencia de la República. Fundador del Partido Panameñista, y polémico jefe del arnulfismo.
Arnulfo Arias nació el 15 de agosto de 1901, en el barrio de los Forasteros del pueblo de San Juan Bautista de Penonomé, en el hogar formado por Antonio de Jesús Arias y María del Carmen Madrid, pertenecientes a familias honorables de la provincia de Coclé. Era el hermano menor del Dr. Harmodio Arias Madrid, quien, como él, recibió una educación esmerada. Ambos, llamados a participar en la política partidista de la época, ocuparon el solio presidencial. Recibió la primera enseñanza en un colegio cristiano de Penonomé. Continuó estudios secundarios en el Colegio Harwick, de la ciudad de Nueva York; universitarios –de medicina- en la Universidad de Chicago, y, posteriormente, en la prestigiosa Universidad de Harvard, donde terminó la carrera de Medicina con honores. Luego se especializó en ginecología en Francia.
De regreso a Panamá, fue profesor de Higiene y médico escolar dentro del sistema educativo, y Jefe de Cirugía y Ginecología del Hospital Santo Tomás.
Contrajo matrimonio con doña Ana Matilde Linares, fallecida en 1955, tras haber sido primera dama de la república de Panamá dos veces: en 1940 y en 1949. Tiempo después, Arias contrajo nuevas nupcias con doña Mireya Moscoso, quien sería, a finales del siglo XX, la primera presidenta de Panamá.
Desde muy joven incursionó en las lides políticas. Fue, el 2 de enero de 1931, uno de los dirigentes del movimiento de Acción Comunal, que derrocó el gobierno del presidente Florencio Harmodio Arosemena. El movimiento sirvió a Arnulfo Arias como inspiración para sus luchas partidistas y para promulgar lo que denominó Doctrina Panameñista.
Entre 1932 y 1936 fue Secretario de Agricultura y Obras Públicas. De 1936 a 1939, fue Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República de Panamá en Alemania, Inglaterra, Francia, Suecia y Dinamarca, y delegado ante la Sociedad de Naciones. Así, estuvo en el centro de los sucesos y el debate en torno a la Segunda Guerra Mundial.
El Doctor Arias conformó muchos partidos. El primero, de 1935, se denominó Partido Nacional Revolucionario (PNR). Con este logró su primer triunfo, que lo llevó a la presidencia el 1 de octubre de 1940, pero fue víctima de un golpe de Estado en octubre de 1941. Durante ese breve periodo creó la Caja del Seguro Social, lo que le valió, con justa razón, ser considerado el padre de la política social en Panamá. También promulgó en 1941 una nueva Constitución, que abrió la posibilidad para que, en 1946, fuera reconocido el voto de la mujer. En el área cultural, creó el segundo Conservatorio Nacional. Sin embargo, su política de nacionalización de los negocios minoristas, producto de un pensamiento que permeaba la sociedad panameña de la época, dejó marcas de dolor en la memoria de los hijos de los chinos y japoneses, y de los antillanos residentes en Panamá, considerados inmigrantes no gratos. Con Arias se afirmaban criterios de pertenencia a grupos raciales deseables e indeseables, y una política nacionalista.
El 18 de febrero de 1941 Arnulfo Arias envió un memorándum al gobierno de Estados Unidos, en solicitud de ciertas demandas que consideraba primordiales para el desarrollo económico, industrial y político de Panamá. Este pliego contenía doce puntos, de los cuales eran los principales: que el acueducto de Panamá y Colón, entonces en manos de la Administración del Canal de Panamá, pasara al gobierno de Panamá; que el gobierno de Estados Unidos construyera un túnel bajo el Canal o un puente sobre el mismo; que el mismo gobierno pagara íntegro el costo de la carretera a Río Hato; que el ferrocarril se trasladara, de la Estación, a otra parte del territorio sometido a la jurisdicción de Estados Unidos; que el patio de entonces y demás sitios ocupados por el ferrocarril quedaran libres y pasaran a Panamá, y que los agentes municipales de la policía de la Zona del Canal, mientras se encontraran en territorio de jurisdicción panameña, no portaran armas de ninguna clase y conservaran solo el tolete.
En el orden internacional, Arnulfo Arias concluyó la cuestión fronteriza con Costa Rica, al firmarse el tratado Calderón Guardia - Arias Madrid.
Se le tildó de inoportuno al negarle al Presidente de los Estados Unidos una solicitud para permitir el artillamiento de barcos de matrícula panameña en las riberas del Canal. Esto le costó la presidencia en 1941, cuando fue derrocado. Se dijo entonces que había salido de Panamá hacia La Habana, sin informar a la Asamblea Nacional como establece la Ley.
Viajó a Argentina, y regresó a la patria en 1945. De inmediato reinició su actividad política, y se presentó como candidato a la presidencia en 1948. Maniobras electorales fraudulentas desconocieron el triunfo que había obtenido en las urnas, pero a los pocos meses murió el presidente titular, Domingo Díaz, y el país entró en una grave crisis política. Los dos vicepresidentes, Daniel Chanis y Roberto Chiari, renunciaron a la presidencia por diferencias con el Coronel José Antonio Remón, jefe de la policía nacional, que defendía intereses personales.
El Coronel Remón hizo convocar al Jurado Nacional de Elecciones, a fin de que reconsiderara el triunfo electoral de Arnulfo Arias, quien tomó posesión de la presidencia de la República en un nuevo periodo que se inició el 24 de noviembre de 1949.
El 10 de mayo de1951 fue derrocado nuevamente por las mismas fuerzas militares que lo habían llevado a la presidencia. Fue entonces cuando pronunció su famosa frase: “VOLVEREMOS”.
Posteriormente fue sometido a un juicio político ante la Asamblea Nacional, que le privó, a perpetuidad, de sus derechos ciudadanos. Una década después, por iniciativa del Diputado Jorge Rubén Rosas, la Asamblea le restituyó sus derechos políticos.
Nuevamente entró al ruedo político como candidato en las elecciones presidenciales de mayo de 1964, las cuales también resultaron fraudulentas, y en un acto ilegal, Marcos A. Robles fue declarado ganador.
Arnulfo Arias se mantuvo realizando una fuerte oposición al gobierno de Robles y, en 1968, en un nuevo proceso electoral, se postuló nuevamente como candidato a la presidencia, respaldado por una serie de agrupaciones partidistas. Obtuvo el 54.7% de los votos depositados en las urnas.
A los once días de haber iniciado su tercer mandato presidencial, el 11 de octubre de 1968, y de iniciar cambios en la guardia nacional, fue derrocado por miembros de esa institución. El gobierno militar que se inició desde entonces, y que manejó el gobierno desde 1968 hasta 1989, se caracterizó por una serie de violentas represiones, especialmente contra los partidarios del Doctor Arias, lo que provocó, como primera reacción, un levantamiento armado en las tierras altas de Chiriquí; se derogó la Constitución, se suspendió la Corte Suprema de Justicia y fue cerrada la Universidad de Panamá.
Tan difícil situación culminó con la determinación del Dr. Arias de trasladarse a Washington para informar, en la Organización de Estados Americanos, la situación anormal que vivía la República de Panamá tras la implantación de un régimen castrense.
Ante la inutilidad de sus diligencias decidió, sin respaldo alguno, fijar su residencia en la ciudad de Miami, (Estados Unidos) en calidad de exiliado político, situación que se prolongó por una década.
Regresó a Panamá el 10 de junio de 1978, y de inmediato luchó junto a la oposición, que promovía la restauración del régimen de derecho.
En 1984 se postuló por quinta vez y, a pesar de haber triunfado, su victoria no fue reconocida. Pese a su avanzada edad, el Doctor, (como se le apodaba), siguió luchando al lado de una conjunción de agrupaciones cívicas que adoptaron el nombre de Cruzada Civilista Nacional.
El Dr. Arnulfo Arias, en repetidas ocasiones, declaró su rechazo a la intervención extranjera para resolver la crisis panameña.
Murió en la ciudad de Miami el 10 de agosto de 1988, a la edad de 87 años. En su vida pública recibió numerosas distinciones y condecoraciones, y fue un dirigente extraordinariamente querido por el pueblo panameño. El Complejo Hospitalario mayor de la Caja de Seguro Social de la ciudad de Panamá lleva hoy su nombre, así como también un corregimiento del Municipio de San Miguelito, y una escuela primaria. En el corregimiento de Ancón se levanta un monumento a su memoria.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/arnulfo-arias-madrid/1822
jueves, 26 de noviembre de 2015
ERNESTO J. CASTILLERO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Ernesto de Jesús Castillero Reyes
Ernesto de Jesús Castillero Reyes (1889-1981). Historiador y educador panameño. Formó parte de la primera generación de historiadores de Panamá en el siglo XX.
Ernesto de Jesús Castillero nació el 28 de junio de 1889 en Ocú, provincia de Herrera. Con dificultad llevó a cabo en su pueblo natal los primeros estudios, interrumpidos por la Guerra de los Mil Días.
En 1902, firmada la paz, y con una beca del obispo de la Diócesis de Panamá, comenzó la carrera eclesiástica en el Seminario de esa ciudad, única institución educativa que se mantenía abierta tras la guerra. Estuvo desde 1903 hasta 1909 en el Seminario que, en ese año, cerró sus puertas por conflictos internos. Ganó entonces en concurso una beca para continuar en el Instituto Nacional, recién inaugurado en el mismo año. Así, le tocó ser uno de los primeros catorce jóvenes egresados del Instituto Nacional, en 1913, cuando recibió su diploma de Maestro de manos del presidente de la República, Dr. Belisario Porras.
Laboró en la enseñanza primaria en Antón, Guararé y Las Tablas, y al recibir un ascenso, se desempeñó como Inspector de las Escuelas de Coclé, con sede en Penonomé. Fue convocado después a la capital, con el nombramiento de Secretario de la Dirección General de Educación con funciones de Visitador Escolar. Esta labor, según su propio testimonio, le hizo conocer la experiencia de la falta de caminos a través de toda la República. Castillero dio fe de la carencia de maestros en su época, así como del peligro que sufrían las vidas de los que tomaban la decisión de afrontar los peligros para llevar la educación a los últimos rincones del país, pues más de uno pereció en las aguas turbulentas de algún río crecido.
Cumplida esta tarea, en 1938 la Facultad de Humanidades -Sección de Educación- de la Universidad de Panamá le otorgó un Certificado de Créditos en Historia Nacional y Americana. Entonces trabajó en los principales centros escolares de la capital: el Instituto Nacional, la Escuela Normal de Institutoras y la Escuela de Artes y Oficios. Antes de esa fecha había publicado El ferrocarril de Panamá y su historia, y, en 1932, Historia de la reorganización del Partido Conservador en Panamá. También en ese año se le nombró Miembro de número de la Academia Panameña de la Historia, a la que llegó invitado por el Dr. Ricardo J. Alfaro, el hombre más sobresaliente del país en el siglo XX, según lo calificó Castillero, con quien se completaba el número de los fundadores de la Academia. Su discurso de ingreso se tituló La causa inmediata de la emancipación de Panamá.
No obstante, se consideró a sí mismo un autodidacta en los estudios históricos. En su autobiografía muestra cuál era la verdadera situación de los años anteriores a 1935 en la República de Panamá: no hubo universidad sino hasta ese año, cuando se fundó la Universidad de Panamá. Y solo en 1942, bajo los auspicios del presidente Ricardo Adolfo de la Guardia y por sugerencia del mismo Ernesto J. Castillero, se fundó la Biblioteca Nacional, de la que fue el primer director.
Difícil había sido la situación para aquellos que, como Castillero, cultivaban la vocación por el estudio. Por eso ofreció su reconocimiento al Dr. Ricardo J. Alfaro, quien fuera su profesor en el Instituto Nacional y le ofreciera estímulo y aprecio por su interés en dar rumbos a la historiografía panameña. Castillero llegó a ser el tercer presidente de la Academia Panameña de la Historia.
En 1933 fue Secretario de la delegación panameña a la VII Conferencia Interamericana, celebrada en Montevideo, Uruguay.
En 1935 recibió un premio por su libro Historia de la Comunicación Interoceánica, que editó el gobierno Nacional en 1941.
Asistió al Congreso Gran Colombiano de Historia, realizado en Bogotá en 1938; al año siguiente concurrió, en Madrid, al Primer Congreso Hispanoamericano.
En 1939 fue nombrado Secretario de Actas de la Primera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de América, reunidos en Panamá. Asimismo dio a conocer su obra Panamá en la Gran Colombia, y publicó Historia de la comunicación interoceánica y de su influencia en la formación y en el desarrollo de la entidad nacional panameña.
Fue electo secretario de la Conferencia de Ministros y Directores de Educación del continente, reunida en Panamá en 1945. Como educador de mérito, Castillero presidió por varios años, y en distintas ocasiones, la Asociación de Maestros de la República, y dejó publicadas dos Memorias del trabajo de esa institución.
En 1946 presentó su Historia de los símbolos de la patria panameña.
En 1948, en sendos concursos nacionales sobre la historia de las provincias de Chiriquí -1948-, y de Coclé -1955-, ganó el primer premio con Medalla de Oro.
Perteneció, como numerario, al Instituto Panameño de Cultura Hispánica, entre cuyos fundadores estuvo, en 1952, y llegó a presidir, en 1955. También perteneció a la Sociedad Bolivariana de Panamá, de la que fue presidente en 1936.
En 1956 fue delegado de la Academia Panameña de Historia al Primer Congreso de Historia de Centro América y Panamá, que tuvo lugar en Costa Rica en 1956; al Segundo Congreso Hispanoamericano de Historia, celebrado en Santo Domingo en 1957; y al Tercer Congreso de Cooperación Intelectual, llevado a cabo en España en 1958. En ese mismo año publicó La isla que se transformó en ciudad.
A partir de esa fecha publicó otras obras relevantes: Breve historia de la iglesia panameña, en 1965; Historia de los protocolos del Istmo, 1826: la gran Asamblea Americana de Panamá, el fracaso de Tacubaya, protocolos del Istmo, tratados y convenios, en 1970; Bolívar en Panamá: génesis y realidad del pacto americano, en 1976, y la oncena edición de su Historia de Panamá, que vio la luz en 1999.
Asistió al Congreso de Academias e Instituciones Históricas sobre el Pensamiento Constitucional de Latinoamérica de Caracas, en 1961; al Segundo Congreso Hispanoamericano de Historia, en Cartagena de Indias (1961), así como al Tercero; al Primer Congreso de Historia de México, Centroamérica y Panamá, (México, 1969); al Congreso Gran Colombiano de Historia, (Colombia, 1971); al VI Congreso Internacional Bolivariano de Buenos Aires, celebrado en 1978; al II Congreso Gran Colombiano de Historia reunido en Ocaña, Colombia, en 1978; al Encuentro Latinoamericano de Historiadores para la Integración, celebrado en Venezuela en 1978; al Encuentro Gran Colombiano de Sociedades Bolivarianas, en Guayaquil, Ecuador (1979); al VII Congreso Internacional de Sociedades Bolivarianas, en Conmemoración del Sesquicentenario de la Muerte del Libertador Simón Bolívar, que se realizó en Colombia en 1980.
Fue condecorado con la Orden Vasco Núñez de Balboa, en el rango de Gran Cruz, en 1937. También con la Orden Manuel Amador Guerrero, en el rango de Gran Cruz, en 1957, y con la Orden Manuel José Hurtado, en 1968.
Igualmente recibió distinciones internacionales: Orden del Mérito en la Categoría de Comendador, por el Gobierno de Ecuador -1939-; Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, por el Gobierno de España -1954-; Grado de Caballero de la Pontificia Orden de San Silvestre, por el Sumo Pontífice Su Santidad Paulo VI -1964-; Orden del Libertador en el rango de Gran Oficial, por el Gobierno de Venezuela -1966-; Prócer del Bolivarismo en América, por el VI Congreso Internacional de Sociedades Bolivarianas, reunido en 1978 en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina.
Ernesto J. Castillero falleció en la ciudad de Panamá el 23 de septiembre de 1981.
Por la ley 17 del 13 de julio de 1982, la Biblioteca Nacional de Panamá lleva su nombre.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/ernesto-de-jesus-castillero-reyes/1793
miércoles, 25 de noviembre de 2015
HOMBRES Y MUJERES (DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 25 DE NOVIEMBRE)
HOMBRES Y MUJERES
Aquel que golpea a una mujer
no merece ser llamado hombre
porqué un verdadero hombre
es aquel que respeta, ama y cuida
aquel que lucha, que trabaja, que ama.
Muchos hombres olvidan
que han nacido del vientre de una mujer
que tienen madres, abuelas, hermanas, hijas
que seguro a ellas no quisieran que las maltrataran
como ellos maltratan sin razón o motivo a sus parejas
hombres sin conciencia, sin alma, sin corazón, sin sentimientos
que no saben lo que hacen y sí lo saben son unos idiotas.
Mujeres que soportan los golpes y maltratos
físico y mentales son personas lamentablemente débiles de carácter y fe
que creen en creencias y tradiciones
que soportan las mentiras y engaños
porqué así fueron críadas creyendo que son el sexo débil
¡Qué equivocadas están ustedes mujeres!
Ustedes son fuertes, decididas, inteligentes, sabias
no se dején maltratar, insultar por aquellos hombres
por aquellos débiles de mente (porqué eso son ellos)
ustedes son más fuertes de lo que imaginan
luchén, rompan las cadenas que las atán
olviden esas viejas y mal escritas tradiciones
hoy y siempre todos somos iguales
todos somos iguales
rompan esas "malditas" cadenas
y dejen atrás esos golpes y maltratos
esos insultos y pensamientos
rompan las cadenas que las atan y sean lo que son:
---MUJERES FUERTES Y DECIDIDAS---
Hombres carentes de nobleza y mente
no sean idiotas hermanos
respeten a las mujeres
respeten a esas compañeras de vida
no sean pendejos
no sean ignorantes
es hora de entender
que el amor todo lo puede
que los golpes y violencia no nos llevan a ningún lado
-----SEAN SABIOS E INTELIGENTES----
------NO SEAN IGNORANTES-----
Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Noviembre 25 2015.
JOAQUÍN BELEÑO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Joaquín Beleño Cedeño
Joaquín Beleño Cedeño (1921-1988). Periodista y novelista, considerado iniciador de la llamada “novela del Canal”.
Joaquín Beleño nació el 5 de febrero de 1921 en la Avenida Sur, dentro de los límites más humildes del barrio de Santa Ana, de la ciudad de Panamá. Su madre, doña Manuela Cedeño de Beleño, también oriunda de la urbe citadina, por parte materna descendía de D. Narciso de Urriola, uno de los firmantes del Acta de Independencia de 1821. Joaquín Beleño Carrillo, el padre, procedía de Cartagena, y en Panamá se quedó como albañil y constructor. En la autobiografía de Joaquín Beleño, publicada como homenaje póstumo, el escritor cuenta que realizó estudios en la Escuela Justo Arosemena, anexa, en aquel entonces, al Instituto Nacional. Al cumplir los trece años, el padre enfermó gravemente, y el pequeño tuvo que vender periódicos para contribuir a la subsistencia del hogar. Este andar en las calles lo adentró en el mundo que él calificara de “los desapartados”. Abandonó las aulas del plantel secundario y se convirtió en ayudante, aprendiz de su padre, aquejado de parálisis. Aprendió la albañilería, pero regresó al Instituto Nacional, donde se graduó como bachiller en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, que tuvo consecuencias en la realidad panameña. Entabló en esa época una relación de amistad, aprendizaje, colaboración y formación literaria con el también periodista y novelista Ramón H. Jurado.
Trabajó como bracero en los muelles de Balboa, mientras estudiaba. La guerra, para Panamá, constituyó la llegada de miles de personas que pasaron por el Istmo o se quedaron en el territorio. El joven Beleño fue obrero, mano para hacerlo todo en ese gran hervidero de actividades. Trabajó en la Zona del Canal como albañil, y en la Armada y en la Marina de Estados Unidos en Panamá. Esos espacios y vivencias, al poco tiempo, se convirtieron en los bosquejos de su novelística. En el diario La Hora, escribió las columnas Temas Áridos y Brújula, donde se vieron retratados los panameños de a pie. Fue presidente del Sindicato de Periodistas de Panamá durante la presidencia del Dr. Roberto F. Chiari, a principios de la década de 1960. Cultivó un periodismo de combate, decidido a la hora de dar opinión. En los años estudiantiles, había sido director del Periódico Voz Universitaria. En la Universidad de Panamá se recibió como Licenciado en Administración Pública y Comercio, con especialización en Ciencias Sociales. También se especializó en el campo de la Administración Pública en la New York University. Fue el organizador del departamento de Estadísticas de la Caja del Seguro Social y director de clasificación de puestos en la Carrera Administrativa. Con esto, realizó un servicio al Estado panameño que había pasado inadvertido aunque, según él, fue más fructífero que su aporte a la literatura nacional. Como ciudadano, participó en todos los movimientos sociales progresistas, desde la época del Congreso de la Juventud y del Frente Patriótico.
Ganó el concurso Ricardo Miró de 1949 en la sección novela, con Luna Verde (1951), que también obtuvo el primer premio internacional del Concurso 15 de Septiembre para las Artes, Ciencias y Letras, en la ciudad de Guatemala. Luna Verde ha sido varias veces editada, y traducida al chino, el francés, el inglés y varios idiomas eslavos. Esta obra representa la voz más valiente que ha resonado en literatura panameña, en cuanto plantea el estado de desintegración social y política provocado por la falta de moral y la adoración al dinero. Así, se convirtió durante la segunda mitad del siglo XX en un texto obligatorio entre propios y extraños para conocer la relación de los panameños con los norteamericanos residentes en la Zona del Canal.
En 1956, Joaquín Beleño volvió a ganar el Premio Miró con la novela Curundu Line. Gamboa Road Gang o Los forzados de Gamboa (1960), su tercera novela, es la que ha merecido más elogios de la crítica internacional. Cuando la publicó continuaba en la brega periodística, y, en una conferencia, poco antes de su fallecimiento, afirmó que el periodismo lo había mantenido siempre como al pianista las teclas del piano. No dejó de escribir hasta el último momento de su vida. En su última novela, Flor de banana (1970), se ocupó de los bananales y la perspectiva del país profundo, azotado por una trasnacional bananera. Escribió también cuentos, y preparó una obra dedicada a su fallecida esposa, Nimia.
La obra novelística de Beleño se distingue, entre los acercamientos de otros escritores panameños, porque recrea situaciones sociales críticas existentes en Panamá en los años en que eran publicados sus trabajos. Lo que narra es lo que a él y a sus coetáneos acontece. Sus elaboraciones literarias no son, en consecuencia, trabajos vinculados a la Historia, sino al presente vivido mientras se escribe. Así, cuarenta o más años después de publicada la obra de Beleño, su voz mantiene, como experiencia de tres décadas. Por ejemplo, Luna Verde tiene la forma de un diario que deja constancia de lo que transcurre durante un período de cinco o seis años, mediante ciento catorce cuadros. Tiene como protagonista a un jovencito del interior de la República, hijo de un francés y una panameña, Ramón de Roquebert, que, procedente de Río Hato, se traslada a la ciudad para estudiar, y que aprovecha las oportunidades que cree haber encontrado para trabajar en la Zona del Canal. En la época descrita, Estados Unidos mantenía en Panamá numerosas bases militares. Panamá y el Canal cumplían una función militar estratégica frente a la amenaza de las fuerzas enemigas durante la Segunda Guerra Mundial. Roquebert muere defendiendo la integridad nacional, en una manifestación de la Federación de Estudiantes, para evitar que fueran entregadas las bases indefinidamente a Estados Unidos. En su trabajo en la Zona, el personaje había aprendido cuáles eran las verdaderas redes sociales tejidas para los blancos, para los negros (coloniales o antillanos) y para los panameños (según los grupos sociales o sus orígenes, y también para los indígenas). Había percibido que la lengua que hablaba cada grupo servía para discriminar y segregar a las personas. Está también presente en Luna Verde un sentimiento generoso, que vincula el valor de la bandera panameña con la sangre de los jóvenes mártires, con la escuela y con la patria; ideal que se mantuvo vivo durante buena parte del siglo XX, entre otras razones, gracias a la literatura que se leía en las escuelas, que incluía las novelas de Beleño. Su otra novela, Gamboa Road Gang o Los Forzados de Gamboa, presenta la vida de los presidiarios en la penitenciaría de Gamboa. Nuevamente narra un caso real, relacionado con la forma en que recae la justicia norteamericana sobre un panameño negro, Atá, acusado de violar a una estadounidense blanca, Anabelle.
Joaquín Beleño, falleció el 5 de febrero de 1988, día en que alcanzaba los 67 años de edad.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/joaquin-bele%C3%B1o-cede%C3%B1o/1819
Dato Adicional: En el 2013 gané el Segundo Lugar en un Concurso Nacional de Ensayos en su nombre referente a las obras Gamboa Road Gang y Luna Verde en Panamá lo que para mí es un honor el cual pueden leer si gustan en las siguientes direcciones:
http://www.academia.edu/9162505/GAMBOA_ROAD_GANG_Y_LUNA_VERDE_DOS_NOVELAS_QUE_MARCARON_UN_HITO_EN_LA_HISTORIA_PATRI%C3%93TICA_DE_PANAM%C3%81
http://www.monografias.com/trabajos102/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno.shtml
martes, 24 de noviembre de 2015
ANA ISABEL ILLUECA (ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
ANA ISABEL ILLUECA
(1903-1994)
Ana Isabel Illueca
Nació en 1903, en la ciudad de Panamá. Estudió en Panamá. En la Escuela Normal de Institutoras recibió su título de maestra de Enseñanza Primaria; y, en 1944, se graduó de profesora de español en la Universidad Nacional de Panamá. Dedicada plenamente a la enseñanza, ha sido profesora de la Escuela de Artes y Oficios Melchor Lasso de la Vega y del Instituto Nacional de Panamá, donde se le rindió homenaje al ser declarada supernumeraria después de veintinueve años de labor educativa. Durante muchos meses, en rigor por cerca de tres años, dirigió una página poética en la revista Acercamiento, prestando con ello un real servicio a las letras nacionales.
En sus años de maestra de Primaria compuso poemas infantiles, como El Limpiabotas, El Vendedor de Periódicos, La Oración de la Maestra y Pininos.
Ana Isabel Illueca ha consagrado su nombre con los poemas de motivos típicos panameños basados en el costumbrismo criollo. Su musa, henchida de patriótico sentir, permite considerarla como la "poetisa campesina panameña".
Su obra literaria, conocida por periódicos y revistas del Continente, ha sido recopilada por la poetisa en una Antología expresiva de su personalidad.
Su poesía contiene rebeldía social, impregnada del sabor de las tierras y de los sentires campesinos de Panamá. En el decir poético, sencillo y sin artificios, vibra el dulce cantar entristecido de pesares amargos. Tiene su poesía la humildad orgullosa de los patrios lares.
Poetisa popular, Ana Isabel Illueca dice con mucha entereza cuanto piensa y siente. Su poesía no es fuga de la realidad; es tan sólo la glosa de sus vivencias. Como dice en la "Introducción" a su Antología Poética, "aquí no hay sueños... se nutrió de realidades".
Murió el 25 de septiembre de 1994.
Si Yo Fuera Hombre, por
Ana Isabel Illueca
Si yo fuera hombre, sería aventurero
sediento de mundo, ansioso de amor;
me hartaría de mares, de tierra y de cielo
y entre mil placeres ahogaría el dolor.
Si yo fuera hombre nunca tendría vallas...
Nadie me diría:"No puedes pasar"...
Saltando los fosos, borrando las rayas
seguiría adelante sin jamás cesar.
Si yo fuera hombre, la fuerza que traba
esta rebeldía que tengo en mi ser,
sería cual seda, de sutil y vaga,
que mi recia mano podría deshacer.
Yo envidio tu cuerpo fuerte y resistente...
tu caja toráxica ancha y varonil...
tu brazo de atleta...tu mano potente
que estrecha la mía, sincera y gentil.
Te miro...te miro...Mis ojos se alargan
de ansias de ser hombre como lo eres tú...
Tener la grandiosa cualidad del agua
del mar, que revienta con furia la barra
y arrulla la arena con su blanco tul.
Si yo fuera hombre, yo me haría tu hermano,
partiría contigo sueño y realidad...
viviría la vida sin este desgano
y esta sed de muerte y de eternidad.
El Montuno, por
Ana Isabel Illueca
¿Serrano?... ¿Montañés?... ¿Llanero?...
Montuno...
Hijo del pueblo...
masa de labradores...
de boyeros...
que tiene de esperanza
el horizonte
y de techumbre
el cielo
que derrama el maná
de sus estrellas
como lluvia de amor
sobre sus pechos.
La chola lo vistió
con algodón nativo
sembrado por sus manos
en el huerto;
hiló la fibra blanca
con los gruesos cordones
de sus dedos,
y en el telar de cañas
entretejió los hilos
amarillos y espesos
para hacer el calzón
y la camisa
de su hombre... el labriego;
y luego con la gracia
de su alma hecha de aromas
y gorjeos,
le adornó la pechera
y los puños
y el cuello
con puntadas de cruz,
simulando avecillas
y ramajes... y aleros.
El cuero de la bestia
que pateó la sabana
y se hartó de potreros,
le sirvió para hacerse
las cutarras
que defienden sus plantas
de la brasa candente
de su suelo;
y la mochila
que sesgó en su hombro
para guardar la pipa y la merienda,
junto con el “brillante”
que cubre su cabeza,
forman del orejano
la agreste vestimenta.
¿Serrano?... ¿Montañés?... ¿Llanero?
Montuno.
Hijo del campo, del sol y del potrero...
El machete
es tu arma de combate:
Con él limpias el suelo,
entierras la semilla,
cortas el fruto bueno
que alimenta los hijos
que dejaste en el rancho
dormidos por el río
y mecidos de tarde
por el viento.
Sobre tu piel bronceada
el sol tostó
con el verano al Tiempo;
y te quemó las plantas,
y te puso rojizos
los cabellos,
y tu carne fue brasa
de una hoguera
que se agota en silencio...
No hay un grito de angustia
en esos labios secos...
Sólo hay una “saloma”
que parte en dos los nervios...
Tú conoces la lluvia
del tropical invierno...
Ese gotear constante
que se cala en los huesos
y adormece la carne lastimada
con su golpear intenso...
No hay un grito de angustia
en esos labios yertos.
Sólo hay una “saloma”
que parte en dos los nervios...
Nadie aún compadece tu fatiga...
Para ver tu bregar
todos son ciegos...
Nadie busca los medios
de hacerte suave el peso,
y sin embargo
tu eres el labriego
que manda a las ciudades
el pan que han de comerse
esos hambrientos
que no saben de soles,
ni de lluvia,
ni de luchas,
ni de arrancar del suelo
el grano que humedecen
los sudores
De los hombres del campo
a través del espacio y de los tiempos.
Montuno... orejano...
¡Pedazo de mi carne
y de mis huesos!...
Lanza un grito furioso
para que te oigan
y te vean los ciegos
que en la hamaca de juncos
se adormecen con tu “saloma”
que rasgó mis nervios.
Del libro: Antología Poética
Patria, por
Ana Isabel Illueca
Patria mía: Tú no eres el recuerdo.
Eres la realidad clara y escueta
de una tierra horadada en sus entrañas
sin permiso a poner sobre esa grieta
la gasa tricolor de su bandera.
Estás aquí, pletórica de penas,
déjame oír tu queja en la saloma
desde los montes y las sementeras,
donde en tonadas y entre socavones
derrama el campesino sus endechas.
Estás en las estatuas de los próceres
que te hicieron surgir radiante y bella;
en el grito de reto de los jóvenes,
en la voz de los niños de la escuela;
y en el coraje de las panameñas.
Estás en la campiña interiorana
que espera redención para sus tierras;
en la mansión de gente adinerada;
en el cuarto mordido de miseria
y en la ciudad que se levanta enhiesta.
Y aunque eres pequeñita, tú eres grande
a pesar de que un istmo representas;
porque uniendo las costas de dos mares
tu canal es un lazo hecho de piedra
que a los pueblos del orbe los acerca.
Serás grande a través del patriotismo
de los hijos nacidos en tu predio.
No tendrás más caínes que te hieran
con palabras falaces ni con yerros,
ni judas que te vendan por dinero.
Serás grande a través del patriotismo
de los hijos nacidos en tu predio,
porque la juventud tiene tu Istmo
incrustado en las fibras de sus nervios
y sabrá a toda costa defenderlo.
Serás grande porque hemos de empinarte
con el valor que siempre da el derecho,
más allá de la fuerza y la potencia
que quiere socavar ideales viejos.
Más allá de la fuerza están los hechos!
Patria mía: pequeña cual orquídea
que incuba tus ideales en su seno,
y grande en los anhelos que se incuban
con ardiente fervor entre los pechos
de todos los que somos panameños.
Patria mía: Tú no eres el recuerdo.
Eres la realidad clara y escueta
de una tierra horadada en sus entrañas
sin permiso a poner sobre su grieta
la gasa tricolor de su bandera.
Fuente: http://www.panamapoesia.com/pt09.htm
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