sábado, 14 de noviembre de 2015

ESTHER MARÍA OSSES (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


Esther María Osses
(1916-1990)

 Esther María Osses, Pastel de José Aranda

Esther María Osses nació en la provincia de Chiriquí en 1916. Realizó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Institutoras de Panamá. Obtuvo el titulo de Profesora de Español en la Universidad de Panamá y realizó estudios de Literatura en Buenos Aires, Argentina, y en Guatemala. Fue Maestra de enseñanza primaria y profesora de la Universidad de Zulia, Venezuela.

Como periodista, colaboró en "La Nación", en "El Hogar", en "Critica", en "Clarín" y en otras revistas argentinas especialmente con poesía. Realizo giras por varios países latinoamericanos, en la Casa de la Cultura de Quito, en el Departamento de Extensión Cultural de Bogotá, en Uruguay, en Chile y en Perú ofreció conferencias por radio y recitales poéticos.

La Universidad de Zulia publico dos poemarios suyos. uno de ellos es "Crece y Camina", dedicado a los niños, está ilustrado por niños preescolares y de primaria del Colegio Cantaclaro, de Maracaibo. Basado en él se grabó un disco de canciones infantiles, "Canción del Barco Velero", cuya composición musical estuvo a cargo del músico Enrique Hidalgo.

Sus poemas, al decir de Miguel Amado, prologuista de Mensaje, "son los reflejos de un espíritu a veces aristocrático y a veces popular; regional y panameño; pragmático y lírico; místico y libertino; apasionado y glacial; profundo y liviano. Como en el agua clara de sus ríos, en esta sensibilidad politeísta reverbera la infinita variedad del mundo". Y agrega: "Sin recurrir a las frases más o menos sonoras; sin buscar jamás un efecto fácil o barato; sin tener siquiera que rechazar figuras más o menos artificiosas, ella representa, translúcido y tremendo, el enigma del mundo, valiéndose de expresiones y de insinuaciones que son una absoluta novedad en la poesía panameña".

Esther María Osses dejo obras inéditas como "El Rastro de Fuego", obra con la que obtiene el segundo lugar del Concurso Literario Ricardo Miró, en 1958; en esta obra presenta una poesía con el tema de cada uno de los países americanos incluyendo USA.. También nos dejó monografía como "investigación y Cibernética", trabajo de año sabático bien calificado por el jurado. Un ensayo "La novela del imperialismo en Centroamérica" y obras dispersas entre reseñas y artículos en diversos periódicos y revistas de América.

Al margen de su obra de creación, realizó una plausible tarea de animadora de jóvenes talentos fomentando la creación de grupos literarios, como el grupo Gaspar Octavio Hernández, y la publicación de revistas. Fue, asimismo, una esforzada divulgadora de nuestros valores literarios en el exterior.

La Lluvia y el Barco, por
Esther María Osses

Aquí nació la lluvia entre higuerones.
Nos trajo a los portales la alegría
en su potro de crines relucientes.
Iba por los barrancos, impetuosa,
iba por las llanuras, reposada;
iba dejando espigas en la loma,
en los rastrojos huella de alhelíes.

Trajo a la puerta un diminuto río
un río de juguete, navegable;
al son de las goteras ya crecía,
plantaba sitio en puertas y ventanas,
se enroscaba en la luz, bajo los mirtos,
¡ay, el cañaveral, cómo lo amaba!
La niña estaba allí. Rubias las trenzas.
Descalza. Con un sueño entre las manos.
Una temprana angustia por el sueño,
y suspenso, ese adiós entre los labios.
Pequeña diosa, de la nada un mundo
hizo bajo la lluvia, luminoso.

Soltó su sueño en el caudal efímero.
¿A dónde irá sin brújula en la noche?

Qué rápido, qué alegre entre las hojas,
sin boga retozaba, inverosímil;
única mariposa solitaria,
¡qué blancas alas nuevas para el viaje!
Así, jugando, un día y otro día,
este era un río, un puerto, nunca el mismo.
Siempre la misma niña entre los árboles.
Y con cada alborada repetida,
en sueños, con la lluvia, navegando,
este era un barco que jamás volvía,
un barco de papel en el que siempre
un viajero de niebla naufragaba.

Del libro: Poesía en Limpio

Liberación,
por Esther María Osses

Hoy haré cosas buenas.
Nadie está en casa.
Pondré a los prisioneros
en Libertad.
No me gustan los pájaros
entre rejas,
ni lo peces
en cárceles de cristal.

¡A volar pajaritos!
Dejad la jaula.
A nadar, pececitos.
¡Vamos! ¡Al mar!

Del libro: Crece y Camina

Fuente: Panamá Poesía.

viernes, 13 de noviembre de 2015

GASPAR OCTAVIO HERNÁNDEZ EL GRAN POETA Y PERIODISTA FELICIDADES A TODOS LOS PERIODISTAS PANAMEÑOS (ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)

GASPAR OCTAVIO HERNANDEZ
(1893-1918)

Nació en la ciudad de Panamá, el 14 de julio de 1893, de humildícimo origen, es el más joven de los poetas primeros de la República y también el más sometido al influjo modernista. Autodidacto, mostró dominio sobre los instrumentos de su arte. Fue correcto verificador, y poeta. Agrada en Hernández su voluntad de perfección. Hombre imaginativo, realizó cosas singulares. Y dejó dos libros: Iconografías (1915), prosa que incluye cuentos y notas críticas, y Melodías del pasado (1915); a lo que se agrega La Copa de Amatista (1923), libro póstumo. Murió el 13 de noviembre de 1918, de un ataque de hemoptisis.

Demetrio Korsi lo clasificó de "gran poeta negro, doloroso, exótico, sincero y desventurado que murió a los 25 años ahogado por violenta hemoptisis, en el despacho de La Estrella de Panamá, periódico del cual era jefe de redacción".

Hacia el final de su vida empezó a interesarse por el tema popular. Sus pocos poemas de ese tipo nos indican que ese camino le llevarían al encuentro de su yo esencial. Con todo, su obra constituye uno de los más importantes logros de la poesía panameña. Si Hernández fue un autodidacta, su joven exégeta ha demostrado técnicamente su genialidad poética. Sin su prematura muerte, su modernismo hubiera alcanzado el más alto nivel continental.

 Murió realizando su trabajo de periodista, por lo que tal fecha se convirtió en Día del Periodista, siendo la figura de Hernández el símbolo del periodismo nacional. Colaboró en las revistas literarias de su época, fue director de Menphis y jefe de redacción del diario La Estrella de Panamá.

Canto a la Bandera, por
Gaspar Octavio Hernández

Se detuvo el mancebo en la rampa, frente al mar
transparente. Comenzaba a brillar la mañana. En una
de las naves de Aguadulce fondeadas en el puerto, hercúleo
marino de color de bronce -cantando un alegre cantar de
aldea- enarbolaba el pendón tricolor del Istmo.

El mancebo sintióse inquieto de entusiasmo: el
entusiasmo le hizo poeta y le inspiró este canto:

¡Ved cómo asciende sobre el mar la enseña
que refleja en sus vívidos colores
el mar y el cielo de la patria istmeña!
¡Mirad...! ¡Es la bandera panameña,
vistosa cual gentil manto de flores!

¡Ved cómo asciende al mástil del velero
serpenteando con lánguida armonía
bajo la luz del matinal lucero,
mientras canta fornido marinero
con ruda voz, canciones de alegría!

El céfiro de Ancón, puro y fragante
como beso de virgen, acaricia
la tenue seda del pendón flotante
y tierno idilio sobre el mar sonante
con el céfiro la bandera inicia.

¡Bandera de la patria! ¡Con celajes
de púrpura encendida, con pedazos
del cielo de los ístmicos paisajes
y de marina espuma con encajes
tejieron nuestras vírgenes los lazos!

¡Bandera de la patria! Las estrellas
en tus colores su fulgor derraman
perennemente vívidas. Por ellas,
los hombres duros, las mujeres bellas
¡en patriotismo férvido se inflaman!

¡Ellas, en nuestros fuertes corazones,
la llama avivarán del heroísmo,
cuando al grito marcial de los cañones,
enemigo clarín vibre canciones
bajo el ardiente sol de nuestro Istmo!

Ellas reavivarán en nuestras almas
amor por nuestras fértiles campiñas
sembradas de naranjos y de palmas,
donde -tras de luchar- núbiles niñas
nos ceñirán de mirtos y de palmas...

¡Bandera de la patria! Sube...,sube
hasta perderte en el azul... Y luego
de flotar en la patria del querube;
de flotar junto al velo de la nube,
si ves que el Hado ciego
en los istmeños puso cobardía,
desciende al Istmo convertida en fuego
y extingue con febril desasosiego
¡a los que amaron tu esplendor un día!

La Estrella de Panamá
23 de mayo de 1915.

La Agonía del Guerrero, por
Gaspar Octavio Hernández

Con ojos que denuncian pesadumbre,
mira el postrado capitán, colgada
de vetusta pared, la fina espada
con que pueblos redujo a servidumbre.

Ver le parece la musgosa cumbre
-de fresca sangre y lágrimas bañada-
donde su mano, del acero armada,
terror diera a enemiga muchedumbre.

-Inútil esperar -trémulo exclama-,
y, cual serpiente a quien la furia encona,
se retuerce de súbito en el lecho;

La Patria, envilecida; infiel mi dama,
mi acero inmóvil, rota mi corona...
¡Ah!, con la espada atravesadme el pecho.

Del libro: Melodías del pasado.

Fuentes:
-Panamá Poesía
-Wikipedia.

jueves, 12 de noviembre de 2015

DEMETRIO HERRERA SEVILLANO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)

DEMETRIO HERRERA SEVILLANO
(1902-1950)

De padre colombiano y madre oriunda de La Chorrera, nace en Panamá. Es un hombre pobre, que vive en esta capital, salvo algunas ausencias en San Blas y David. Sólo hizo estudios de escuela primaria. Pero en las lecturas y en la vida encontró su verdadera formación. Fue de oficio encuadernador. Se casó joven, y tenía hijos. Con uno de ellos vivía, en una habitación sórdida, cuando le sorprendió la muerte durante la siesta. Al regresar su hijo de la escuela, lo encontró muerto. Vivía cerca de la plaza de Santa Ana, verdadero centro popular de Panamá. El -como antes Demetrio Korsi- fue cantor de la plaza y de sus aledaños de pobres. Sus poemas, según Pedro Rivera, son «radiografías del alma popular».
Se inspira en sus lecturas -Vicente Huidobro, García Lorca, Rafael Alberti, Nicolas Guillén y Julio Flóres-. Se le ha considerado como el verdadero poeta del pueblo que ha tenido Panamá.

Cuartos, por
Demetrio Herrera Sevillano

Zonzos
de calor y noche,
pasan cuartos
            Cuartos...
            Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.

Mujeres semidesnudas
están lavando en el patio,
y pregonando los fogones
un silencio
            cuadrilátero.
Cuartos donde necia da
la tos, funeral silbato.
Cuartos con sus caras mustias,
con su exposición de harapos.

La enferma se asoma y llama...,
la enferma se asoma y llama
al viento, que no hace caso.
Aprieta el zaguán oscuro.
Abofetea el tinaco.

y
zonzos,
            de calor y noche,
pasan cuartos.
            Cuartos...
            Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.

Vida Pobre, por
Demetrio Herrera Sevillano

He vuelto triste a mi tugurio. Triste.
Mi madre, perspicaz, ha comprendido
que nada he conseguido...
nada contra el dolor que nos asiste.

Está el fogón cual lo dejé: dormido.
Pero la pobre en ocultarme insiste
el hambre que su rostro ha deprimido,
y, "mañana, -me alienta- tú persiste".

Dúlcidas expresiones que comprendo!
No quiere -madre al fin- mirar conmigo, ...
conmigo el mal, sobre mi mal creciendo.

Y así marchamos, tras la misma estrella:
hoy ella riendo, y yo, porque consigo;
mañana sin reir, ni yo, ni ella.

del libro: Los Poemas del Pueblo

Fuente: http://panamapoesia.com/pt13.htm

miércoles, 11 de noviembre de 2015

AMELIA DENIS DE ICAZA (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


AMELIA DENIS DE ICAZA
(1836-1911)

 Amelia Denis de Icaza
Nació en la ciudad de Panamá el año de 1836. Su padre era de origen francés, y su madre panameña. Desde pequeña tenía mucha afición a la literatura y hacía poesías llenas de un natural encanto, sin ningún artificio estudiado, como cantan los pájaros. Colaboró siendo muy joven en el periódico que editaba su padre, Don Saturnino Denis, en Panamá.
Recibió su primera instrucción primaria en la Primera Escuela elemental de niñas, en el barrio de Santa Ana. Pero su formación cultural la debió al hogar y al propio esfuerzo. Doña Amelia se encuentra, en efecto, entre los poetas noveles que se estrenaron desde las columnas de "La Floresta Istmeña".

Contrajo dos uniones conyugales; del primer matrimonio tuvo varios hijos, de los cuales podemos mencionar a Doña Julia Ramírez de García; del segundo sólo tuvo una hija, Doña Mercedes Icaza de Espinosa, casada en Nicaragua.

Habiéndose casado su hija Mercedes, con el caballero nicaragüense Don Ponciano Espinosa, su esposo Don José María Icaza acompañó a su hija a Nicaragua, donde murió a los pocos meses, y es por este motivo que Doña Amelia Denis v. de Icaza, la sublime poetisa, se trasladó a Nicaragua en 1894 donde vivió el resto de su vida al lado de su hija y de sus nietas que trataron con su cariño hacerle más llevadera la ausencia de su patria y de los suyos. Aquí fué muy apreciada por toda la sociedad, donde compuso muchas poesías dedicadas casi todas a personas de su especial simpatía.

Según cuenta María Albertina Gálvez, escritora guatemalteca, Doña Amelia vivió en Guatemala más de dos décadas. Allí colaboró en varios periódicos importantes, entre ellos el "Trabajo" y especialmente en el "Bien Público", hizo relaciones literarias, y popular su nombre y el seudónimo de "Elena".

Doña Amelia es, en la historia de nuestra literatura, la primera mujer que escribe versos. Empero, su importancia no estriba en eso. En postura desventajosa respecto de sus compañeros de generación por virtud de las dificultades que limitaron su acceso a la cultura, su poesía se distingue por un profundo contenido social. Doña Amelia vive en permanente polémica con la sociedad. La injusticia, la hipocresía le hieren de modo particular. Aparte el tema social, su musa no tiene gusto más que para las expansiones domésticas.

Su verso es espontaneidad del momento, respuesta a la sugestión de un instante. Para Doña Amelia no hay problemas poéticos, ni sabe ella de la lucha por lograr la expresión exacta y bella, el justo matiz del pensamiento. Precisamente en esa facilidad para darse, en su ingenuidad poética, está su mayor virtud. Y ello nos explica lo mejor de su obra, su fuerte contenido político y social. Sorprende el tono de sus poesía, consideradas la sociedad y la época en que le tocó vivir. Personaje de un escenario limitado, donde el uso de la "Puerta de Tierra" indicaba la persistencia de antagonismos sociales, su canto debió parecer blasfemia o incómodo desenfado a los oídos de cierta gente. Con versos declamatorios que a ratos suenan a panfleto, Doña Amelia va pidiendo justicia para todos, fustigando remilgos, exaltando el trabajo y aun solicitando de dos pueblos sureños en guerra -Chile y Perú-, pongan fin a una lucha para ella insensata por ser lucha entre hermanos.

Tanta rebeldía social, temperamento tan pronto, a la contienda no podían ser indiferentes a los afanes y dolores de la nacionalidad. Natural así que, cuando, ya en las lindes de la senectud, Doña Amelia visita su tierra en 1906, con el objeto de ver a su hija Julia y a sus dos hermanas Matilde Denis y Mercedes Denis v. de Miró, frente a la nueva realidad política, que hipotecaba a una nación poderosa parte del territorio nacional, se sienta herida en su intimidad. Llena de añoranzas y tristes presentimientos escribe entonces las melancólicas estrofas de su canto "Al cerro Ancón", poema que cierra felizmente el ciclo romántico y asegura a la poetisa su definitivo ingreso a nuestro Parnaso.

Murió en Managua, Nicaragua, el 16 de julio de 1911, luego de una vida apasionada y generosa en desdichas, según se desprende del contexto de sus poesías. Fué muy llorada y sentida por sus numerosas amistades que guardan todavía el recuerdo imperecedero de la inmortal poetisa.

Al Cerro Ancón, por
Amelia Denis de Icaza

Ya no guardas las huellas de mis pasos,
ya no eres mío, idolatrado Ancón.
Que ya el destino desató los lazos
que en tu falda formó mi corazón.

Cual centinela solitario y triste
un árbol en tu cima conocí:
allí grabé mi nombre, ¿qué lo hiciste?,
¿por qué no eres el mismo para mí?

¿Qué has hecho de tu espléndida belleza,
de tu hermosura agreste que admiré?
¿Del manto que con recia gentileza
en tus faldas de libre contemplé?

¿Qué se hizo tu chorrillo? ¿Su corriente
al pisarla un extraño se secó?
Su cristalina, bienhechora fuente
en el abismo del no ser se hundió.

¿Qué has hecho de tus árboles y flores,
mudo atalaya del tranquilo mar?
.  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .
¡Mis suspiros, mis ansias, mis dolores,
te llevarán las brisas al pasar!

Tras tu cima ocultábase el lucero
que mi frente de niña iluminó:
la lira que he pulsado, tú el primero
a mis vírgenes manos la entregó.

Tus pájaros me dieron sus canciones,
con sus notas dulcísimas canté,
y mis sueños de amor, mis ilusiones,
a tu brisa y tus árboles confié.

Más tarde, con mi lira enlutecida,
en mis pesares siempre te llamé;
buscaba en ti la fuente bendecida
que en mis años primeros encontré.

¡Cuántos años de incógnitos pesares,
mi espíritu buscaba más allá
a mi hermosa sultana de dos mares,
la reina de dos mundos, Panamá!

Soñaba yo con mi regreso un día,
de rodillas mi tierra saludar:
contarle mi nostalgia, mi agonía,
y a su sombra tranquila descansar.

Sé que no eres el mismo; quiero verte
y de lejos tu cima contemplar;
me queda el corazón para quererte,
ya que no puedo junto a ti llorar.

Centinela avanzado, por tu duelo
lleva mi lira un lazo de crespón;
tu ángel custodio remontose al cielo...
¡ya no eres mío, idolatrado Ancón!

Panamá, 1906
Del libro: Hojas Secas. 1927

FUENTE: http://www.panamapoesia.com/pt14.htm

martes, 10 de noviembre de 2015

DEMETRIO KORSI EL GRAN POETA (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


DEMETRIO KORSI
(1899-1957)

 Demetrio Korsi
Demetrio Korsi, poeta y periodista profesional, y a veces, diplomático, político y dibujante, nació en la ciudad de Panamá en 1899. Fueron sus padres el Capitán del mismo nombre, de origen griego, y la panameña Elisa Herrera de Korsi.

Efectuó los primeros estudios en la Escuela Santa Ana de Varones, hoy Manuel José Hurtado, y en el plantel de los Hermanos Cristianos, descubriendo enseguida ingénitas inclinaciones literarias. En el Instituto Nacional obtuvo título de Bachiller en Humanidades, llegando a contar, entre quienes lo animaban al cultivo de las letras, con el apoyo de Guillermo Andreve y Octavio Méndez Pereira. Más tarde en norteamérica, motivos de fuerza mayor lo obligaron a interrumpir estudios de medicina, retornando a Panamá para ingresar a la Escuela de Derecho, donde también suspendería esta carrera por razones de salud. Una vez restablecido, se dedicó a menesteres de la abogacía y a colaborar en periódicos y revistas, tanto nacionales como extranjeras.

La inclusión de su nombre en el Parnaso Panameño, editado por Méndez Pereira en 1916, y la forma benévola como eran recibidas sus producciones, alentaron a Korsi a dedicarse al oficio de escritor. Emprende entoces una tesonera actividad literaria alcanzando a diecinueve, en un lapso de treinta y siete años, el número de libros suyos editados por propia iniciativa.

Todos su libros, como las ocupaciones periodísticas y diplomáticas de Korsi, se producen en relación con las fuerzas circunstanciales que determinaban los rumbos de su vida. Si por azar no fue escritor, por dedicarse a escribir llegó a ser poeta, novelista, cónsul y corresponsal en París de una treintena de periódicos y revistas importantes de habla hispana y portuguesa. Ejerció la representación consular de su país en San Francisco de California, en las ciudades francesas de El Havre, Burdeux y Marsella, y en Kingston, Jamaica. Además de las representaciones ocupó cargos burocráticos en la Secretaría de Instrucción Pública y la Biblioteca Colón en Panamá.

En El Havre, en 1926, contrajo Korsi matrimonio con la ciudadana francesa Angela Julian, de cuyo enlace nació una hija. Divorciado, volvió a casarse en 1948 en Panamá con su coterránea Eloisa M. Sandoval, unión de la que nacierón tres hijos: un varón y dos mujeres.
Iniciado como admirador de Chocano, cultivará después la veta humorista, el tema afroíndigena y aspectos varios de la vida en nuestra capital. Korsi vio con simpatías las tendencias que se sucedieron al modernismo, y sin perder su elegancia y señorío poético, ha vestido, en ocasiones, su musa de vanguardismo.

Demetrio Korsi, humorista, bohemio, estudioso del pulso popular y enamorado perpetuo del Parque de Santa Ana, falleció en la Ciudad de Panamá, el 30 de octubre de 1957, mientras pulía los versos de un poema en ciernes.

Incidente de Cumbia, por
Demetrio Korsi

Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá,
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...

Baile que legara la abuela africana
con cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.

Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...

Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.

Y el tambor trepida! Y la cumbia alegra!
Meme baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
y es que quiere a un gringo la zamba fatal!

Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo;
¡juma toca cumbia, dice Chimbombó!...

Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
-cogida del brazo de su amante gringo-
rumbo al dormitorio de Pancha Manchá.

Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
y la turbamulta de negros y zambos
siente que, a la Raza, Chimbombó vengó...

Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia trepidando está,
pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá...

Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó;
siempre habrá clientela y siempre habrá plata,
¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!

Fuente: http://panamapoesia.com/pt10.htm

lunes, 9 de noviembre de 2015

DR. JUSTO AROSEMENA (NUEVO ARTÍCULO O VIDA POR EL MES DE LA PATRIA)


Justo Arosemena Quesada

Justo Arosemena Quesada (1817 – 1896).  Padre de la nacionalidad panameña.

Nació en Panamá el 9 de agosto de 1817, del matrimonio entre Don Mariano Arosemena de la Barrera, prócer de la independencia de 1821, y doña Dolores Quesada, hija legítima de doña Catalina Velarde, panameña, y de don Miguel Quesada, oriundo de Granada.

Sus estudios primarios se desarrollaron en un establecimiento privado que regentaba un maestro ecuatoriano de nombre  Alfredo Baquerizo; culminada esta fase ingresó al Colegio de Panamá, plantel de enseñanza secundaria, del que era rector el canónigo doctor Juan José Cabarcas. La familia, y en especial su madre, decidieron que Justo Arosemena se trasladara a Bogotá y allí quedara inscrito en el Colegio de San Bartolomé, donde obtuvo a fines de 1833 el diploma de bachiller en humanidades y filosofía.

El joven Arosemena pasó los cursos de jurisprudencia en tres años, y en 1836, después de haber culminado todos los requisitos legales, se sometió a las pruebas de rigor. El diploma de bachiller, que le fue otorgado, lleva la firma del rector de la universidad Central, doctor don José Joaquín García. Después de una práctica de 14 meses, la Universidad del Magdalena e Istmo le otorgó los  títulos de licenciado y doctor en jurisprudencia el 22 de diciembre de 1837.

Ya en el suelo istmeño el Doctor Justo Arosemena fue nombrado profesor de Derecho en el Colegio de Panamá. Era el mismo plantel en donde adquirió los primeros conocimientos en ciencias y letras. Su desempeño excelente le permitió el honor de inaugurar el curso lectivo de 1839.

Durante la creación del Estado Libre del Istmo (1840-1841), su labor se destacó en lo político, y dentro de la Asamblea Constituyente, a más de su actitud en cuanto al reintegro del Istmo a la Nueva Granada. Al mismo tiempo, resaltó el surgimiento de los apuntamientos para la introducción a las ciencias morales y políticas (1840).

A mediados del agosto de 1844, se encontraba de nuevo en Panamá. Inmediatamente abrió el doctor Arosemena su oficina de abogado y fundó, asociado al doctor Manuel Murillo, El Movimiento, semanario que tenía por objeto velar por los intereses materiales y morales del Istmo y que correspondió plenamente en su corta vida (sólo salieron 9 números) a la reputación de que ya gozaban sus directores.

El doctor Arosemena regresó a Bogotá en los primeros días de febrero de 1846, y algo más adelante tomó posesión del empleo que el general Mosquera le había asignado en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Volvía a aquella ciudad ocho años después de haberla dejado al terminar sus estudios. En este periodo ocupó el cargo de  jefe de una sección de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Por ascensos que dan fe de la corrección de su conducta y de sus capacidades, desempeñó los empleos de subsecretario en propiedad y subsecretario encargado del despacho del ministerio. Durante su estadía, el doctor Arosemena continuó investigando sobre temas ligados a los estudios económicos, sobre comercio, industrias, inmigración, caminos, etc., que logró publicar en el diario El Día y en otros periódicos muy leídos de la Nueva Granada.

Al concluir la Administración de Mosquera, el doctor Arosemena renunció el cargo que desempeñaba en ella para regresar al Istmo a dedicarse a organizar una empresa de negocios, asociado a varios amigos suyos. El presidente López y el doctor Murillo le solicitaron, más de una vez, que aceptara un puesto importante en Bogotá para el cual lo nombrarían inmediatamente; sin embargo, este se mantuvo en su determinación de retirarse por algún tiempo a la vida privada y no aceptó tampoco encargarse ni de la gobernación de Veraguas, que por conducto del señor Obaldía también le propusieron.
Ya en Panamá, lo eligieron por el momento miembro del cabildo y de la cámara provincial, cargo que él, agradecido, se dispuso a desempeñar con el dinamismo que le era característico.

A la muerte de su esposa en 1850, se hizo responsable de sus cuatro vástagos, y pensando en el porvenir educativo de sus descendientes directos se estableció en Nueva York, desde mediados de mayo de 1852. El doctor Arosemena residió seis meses consecutivos en los Estados Unidos, durante los cuales empleó casi todo su tiempo en vigilar de cerca la educación de sus niños y en atender otros asuntos personales. Habiendo recibido la designación de parte de las asambleas cantonales de la provincia, de representarlas en el Congreso, viajó a Bogotá y ocupó ese cargo entre 1852 y 1853.

Al iniciarse las labores de la Cámara, Justo Arosemena dejó claro en una exposición de sus ideas que solamente los gólgotas podían ser considerados hombres  progresistas, porque los antiguos partidos habían quedado desacreditados. Llamó retrógrados a los defensores de las causas del poder, y reaccionarios a quienes, diciéndose ser liberales, no se atrevieron a aprobar una libre reforma constitucional a la que llamaron oportuna, racional y moderada sin explicar en qué consistía la oportunidad, la racionalidad o la moderación. Desde ese espacio, el doctor Arosemena expuso y fundamentó el ideal de un sistema de gobierno local en el Istmo que, formando parte de la Nueva Granada correspondiese, ante todo, a las necesidades particularidades nacidas de su propia historia, de su situación geográfica y de su importancia comercial y política. Fundamentó con fuerza y vigor la existencia de la nación Panameña.

Entre los grandes hechos que ocurrieron en el congreso de 1855, ninguno, sin embargo, más trascendental para la vida política de la Nueva Granada y en particular del Istmo, que la expedición, al fin, del acto adicional y reformatorio de la constitución, por el cual se erigió el Estado Federal de Panamá.

Arosemena buscaba probar que el Istmo de Panamá es una estructura social y política simple, y, que por tanto, esa estructura, más cercana de los intereses de los panameños como individuos concretos, y más alejada de las pretensiones, siempre abstractas, de la nación colombiana, requería, exigía, un estatus administrativo, jurídico y político, propio, singular, autónomo. Razones históricas y geográficas, aseguró entonces, exigen el reconocimiento de que el Istmo constituye una estructura social y política singular, con una definición propia de sus intereses colectivos.

El general Mosquera no tuvo inconveniente alguno en ofrecerle, primero, el Ministerio de lo Interior y Relaciones Exteriores, cargo que no aceptó, y luego, el de ministro plenipotenciario en el Perú y de enviado extraordinario y plenipotenciario en Chile y en varias repúblicas de Centro América.
El transcurso de los años de 1868 a 1872 fue de lo más movido y fecundo en la vida pública del doctor Arosemena, aunque no le faltaron contratiempos ocasionados precisamente por su vigilante patriotismo. Asistió en julio de 1869 a la asamblea legislativa del Estado Soberano de Panamá y se le eligió su presidente. Su actuación, esta vez, se halló, como otras veces, en el alto nivel de sus reconocidos antecedentes de experto legislador, de patriota insigne y de hombre siempre preocupado por el bienestar general, aun con perjuicio de sus propios intereses particulares.

En el mismo año y ya terminadas las sesiones de la Asamblea Legislativa del Estado, elegido senador para el período de 1870 a 1871, se dirigió a Bogotá a ocupar su puesto en el Congreso.
Posteriormente, entre 1862-1872, Arosemena participó de la Asamblea del Estado Soberano de Panamá; participó del Tratado Arosemena-Sánchez-Hurlbut de 1870; emitió opiniones sobre la Constitución de 1863 y viajó a representar a Colombia ante los gobiernos de Inglaterra y Francia, contribuyendo al arreglo de la deuda exterior de Colombia. A su regreso, entre 1875-1879, Arosemena tomó partido frente a la prisión del General Camargo y condenó los métodos de los gobiernos liberales en carta al General Julián Trujillo; se sumergió en la confección de los códigos del Estado y escribió sus Estudios Constitucionales.

Arosemena se presentó como candidato a presidente del Estado de Panamá, proponiéndosele una candidatura oficial (1884- 1888). La revolución de 1885 dio al traste con el Estado Federal y llevó al forzamiento de la Constitución de 1886 por parte de Arosemena, haciéndole reparos concretos a la misma.

Don Justo Arosemena murió el 23 de febrero de 1896.

Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/justo-arosemena-quesada/1803

domingo, 8 de noviembre de 2015

DON FEDERICO BOYD (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)


Federico Boyd
1851-1924

Nació en Panamá el 24 de septiembre de 1851.  Hijo de Don Archibaldo B. Boyd y Doña María López de Boyd. Comerciante de profesión. Fue un miembro activo de la Junta Patriótica Revolucionaria que logró la emancipación de Panamá de Colombia. Fue conocido como un abogado patriota que luchaba por las causas justas de su patria sin importar las consecuencias. Ocupó diversos cargos políticos: Miembro del Consejo Municipal de Panamá (1888), Miembro de la Junta Provisional de Gobierno (1903), Diputado a la Asamblea Nacional (1906), Jefe del Estado Panameño (1910), Ministro de Relaciones Exteriores (1911-1912), Embajador Extraordinario y Ministro de Panamá en Alemania, Holanda y Bélgica, Cónsul General, Encargado de Negocios de la República de Honduras y El Salvador.

Sus dotes diplomáticos le llevaron a presentar ante el gobierno de Colombia una petición para obtener una prórroga sobre los contratos para la construcción del Canal por parte del gobierno francés. Su intervención hizo posible que más tarde se negociara con el gobierno de los Estados Unidos la construcción del Canal Interoceánico a través del Istmo de Panamá.
Con el apoyo de los señores Pedro J. Sosa, Constantino Arosemena y otros distinguidos personajes de la época logró hacer realidad varias obras de carácter benéfico: La Plaza de Santa Ana, La Zahurda, El Matadero.

Federico Boyd murió en la ciudad de Nueva York, el 25 de mayo de 1924 a los 73 años de edad, pasando a la historia como uno de los pr óceres de la Independencia de Panamá de Colombia.

Fuente: http://micanaldepanama.com/nosotros/sobre-la-acp/historia-del-canal/proceres/federico-boyd/