lunes, 25 de abril de 2016

ROGELIO SINÁN GRAN ESCRITOR, POETA, DRAMATURGO Y ENSAYISTA PANAMEÑO HOY CELEBRANDO EL DÍA DEL ESCRITOR EN PANAMÁ Y EL ONOMÁSTICO DE ESTE GRAN ESCRITOR

ROGELIO SINÁN

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Hace un tiempo atrás escribí y publiqué un ensayo titulado: Dos Grandes de la Literatura Nacional de Panamá: Ricardo Miró y Rogelio Sinán el cual puede ser leído en: http://www.monografias.com/trabajos93/literatura-nacional-panama-ricardo-miro-y-rogelio-sinan/literatura-nacional-panama-ricardo-miro-y-rogelio-sinan.shtml

En el mismo abarqué en parte la vida y obra de ambos escritores panameños sin duda alguna los más importantes de la literatura nacional Miró y Sinán, Sinán y Miró sin duda alguna cada uno en su tiempo y en su momento marcó un antés y un después en la literatura panameña en el caso de Sinán a quién nos referíremos a continunación en el estilo Vanguardista que traía tras vivir en Europa y que marcó un hito en la historia de la literatura panameña en especial en la poesía y la narrativa.

Rogelio Sinán cuyo nombre verdadero fue: Bernardo Domínguez Alba escribió con letras doradas y sacudió al mundo con su exquisito talento mismo que no se guardó para el sólo pues le pasó su antorcha de conocimientos a otros escritores que fueron sus fieles alumnos que tomarón el camino que comenzó.

En honor a él cada 25 de abril Día de su natalicio se honra al escritor panameño con su día el Día Nacional del Escritor pero quién fue este hombre, este tabogano que marcó un antés y un después en la literatura panameña y porqué el mundo lo recuerda tanto.

A continunación les dejo una breve semblanza de su vida y de su obra celebrando al escritor panameño.

Rogelio Sinán, seudónimo de Bernardo Domínguez Alba (Taboga, 25 de abril de 1902 - Ciudad de Panamá, 4 de octubre de 1994) fue un escritor vanguardista panameño. Inició sus estudios en el Colegio De La Salle y se graduó de bachiller en el Instituto Nacional de Panamá (1924). Realizó estudios universitarios en Chile, en donde conoció a los poetas Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Siguiendo consejo de la poetisa, viaja a Italia a aprender italiano; fue allí donde se empapó de los -ismos (dadaísmo, surrealismo, creacionismo, ultrarealísmo, etc.) en boga en Europa en esa época y que serían la base de su obra posteriormente. En 1989, la Universidad de Panamá lo distinguió con el Doctorado Honoris Causa. Actualmente reposa en la Universidad Tecnológica de Panamá el Memorial Rogelio Sinán en honor a este célebre escritor "capitán de la cultura nacional" que veló por la literatura en Panamá.

Este es solo un extracto de su vida pero vamos a adentrarnos más en quién fue Rogelio Sinán.
Rogelio Sinán (Bernardo Domínguez Alba, 1902-1994). Poeta, ensayista, cuentista, dramaturgo  y novelista, máximo exponente de la literatura panameña, considerado como iniciador de la vanguardia en Panamá.

Hijo de José Rogelio Domínguez y Angelina Alba, nació en la isla de Taboga el 25 de abril de 1902. Su seudónimo lleva el sello del padre (Rogelio y Renán) y de la tierra (“Sinaí”, punto más elevado de su isla). Sus padres vendieron una parcela de tierra en el Cerro Ancón al gobierno norteamericano, y con ese dinero compraron una casa grande en la avenida Ancón para toda la familia, que era numerosa. La madre falleció en 1914, cuando Bernardo tenía 12 años. Posteriormente, el padre volvió a casarse y tuvo seis hijos más, que se agregaron a los seis del primer matrimonio. Bernardo, penúltimo de los seis primeros, sufría de asma como la madre, y por lo mismo, no podía corretear y mojarse con agua de lluvia, de modo que su entretenimiento fueron los libros y revistas que llegaron a sus manos.

Su educación inicial y primaria las realizó primero en Taboga, después en el Colegio de  La Salle y, finalmente, en el Instituto Nacional, en donde se recibió como bachiller en letras en 1923.  Un año más tarde viajó a Chile, en cuyo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile inició estudios literarios, que prosiguió en la Sapienza, Roma, en 1926. Los culminó exitosamente en la Universidad Nacional Autónoma de México como licenciado en Letras con especialización en Arte Dramático. En 1929 publicó en Roma el poemario Onda, su primer libro, y también el primero de la vanguardia poética panameña. De regreso a Panamá en 1930 ejerció la cátedra de Castellano en el Instituto Nacional. En 1931, continuó introduciendo novedades a la literatura panameña con su cuento surrealista "el sueño de serafín del carmen", que crea una idea arbitraria de la realidad hasta en el hecho de no hacer uso de las mayúsculas. En 1949, Rodrigo Miró, refiriéndose a "el sueño de serafín del carmen" manifiesta que este cuento pregona su condición experimental. Es una especie de prueba de laboratorio, dice, y no tiene la espontaneidad y el equilibrio que se perciben después en "A la orilla de las estaturas maduras", otro de sus cuentos más celebrados.

Junto con Roque Javier Laurenza y Manuel Ferrer Valdés, según el mismo Miró, Sinán formó un grupo vanguardista en el género cuento, que dio la batalla entre 1931 y 1933. En 1932, Sinán viajó a París con escasos medios, y allí escribió "A la orilla de las estaturas maduras", de irónica inocencia, incluido por Alejo Carpentier en la Revista Social de La Habana. Regresó a Panamá y se reintegró al cuerpo docente del Instituto Nacional hasta 1937, cuando fue encargado del consulado de Panamá en Calcuta. Antes de partir se había estrenado en el Teatro Nacional su farsa infantil,  La cucarachita mandinga, cuya música compuso el maestro Gonzalo Brenes. Durante su estancia de dos años en Calcuta escribió una segunda farsa, Chiquilinga, y algunos cuentos como "Hechizo y Lulú ante los tribunales", que reuniría en su libro La boina roja y otros cuentos, en 1954.  De vuelta a Panamá en 1940, se dedicó a la docencia en el Conservatorio Nacional y en la Universidad de Panamá. Con la sencillez que lo caracterizó toda la vida, fue capaz de reunirse diariamente con sus alumnos, de diversas edades, en el salón que le correspondió ocupar de la Escuela Nicolás Pacheco, donde funcionaba parte del Conservatorio.

En 1941 se encargó de la Dirección del Departamento de Bellas Artes y Publicaciones del Ministerio de Educación. Ganó el primer premio de la sección novela del Concurso de Literatura Ricardo Miró en 1943, con Plenilunio, que fue publicada en 1947, y ponderada entonces por el Pen Club de Chile como la mejor novela del mes en que salió a la luz pública. En 1944 apareció "Incendio", extenso poema publicado en el N° 1 de la revista Mar del Sur, escrito tras un gran fuego ocurrido en Panamá.

Durante los años 1946 y 1947 dirigió la Biblioteca Selecta, publicación mensual de contenido literario que promovía principalmente los géneros cuento y ensayo. En ese mismo año publicó el cuento "Todo un conflicto de sangre", y, en 1948, "Dos aventuras en el lejano oriente". En 1949 volvió a ganar el Premio Miró, esta vez en Poesía, con  el poemario Semana Santa en la Niebla.

Por esa época (1950) fundó y promovió la Asociación Centroamericana de Escritores y Artistas con sede en Guatemala. En México, y durante siete años,  se desempeñó en el servicio diplomático como Primer Secretario de la Embajada de Panamá. En esta ciudad obtuvo, en 1953, el primer puesto del Concurso Interamericano del Cuento, bajo el auspicio del periódico  El Nacional.  En 1957 publicó en México el cuento "Los pájaros del sueño" (Premio Anual de Cuento de la Editora América). Y en Panamá dio a conocer sus ensayos Rutas de la novela panameña (en respuesta a Itinerario y rumbo de la novela panameña de Ramón H. Jurado, de 1953) y Los valores humanos en la lírica de Maples Arce.

En 1964  ingresó en la Academia Panameña de la Lengua como Miembro de Número para ocupar el sillón de su predecesor, Enrique Ruiz Vernacci.

Dirigió el programa radial La cultura en el mundo y creó la primera Fundación de Escritores de Panamá, de la cual fue el primer presidente,  en el año 1967.

Dos años más tarde, con motivo del cuatrisesquicentenario de la fundación de la ciudad de Panamá, y con el auspicio del Ministerio de Educación,  publicó su cuarto y último libro de versos, Saloma sin Salomar, colección de poemas  escritos en diversos momentos. Una colección titulada Cuentos de Rogelio Sinán vio la luz en 1971 bajo el auspicio de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), de San José,  Costa Rica.

En 1977, Sinán  ganó el Premio Novela Ricardo Miró con la obra más emblemática de su producción literaria, la que culmina su ciclo de creación: La isla mágica, cuyo título primigenio, según el mismo autor, sería Semana Santa Pagana. De esta obra, Casa de las Américas (La Habana, Cuba) realizó una reedición en 1985 y la Universidad Tecnológica de Panamá, otra en 2002, con motivo del centenario del  escritor. En 1982, a la edad de ochenta años, Sinán publicó la última de sus obras, correspondiente al género cuento: El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos.

En  el teatro, fue no solo creador de cinco obras (incluyendo Comuníqueme con Dios y Nuevo  pecado original) sino que, además, descolló como director de obras contemporáneas como: Mulato, del estadounidense James Langston Hughes; Las brujas de Salem (1953), de Arthur Miller, y Delito en la isla de las cabras, de Hugo Betti.

En 1992, el Instituto Nacional de Cultura publicó un libro de ensayos con juicios valorativos acerca de su obra, que lleva el título de El mago de la isla (Reflexiones críticas en torno a la obra de Rogelio Sinán). Después de su muerte, en el 2000, la Universidad Tecnológica  publicó Poesía Completa de Rogelio Sinán con prólogo de Elsie Alvarado de Ricord.

Entre los idiomas a los que ha sido traducida la obra  de Sinán figuran el búlgaro, el alemán y el inglés. Su producción literaria, además, ha merecido el estudio y juicio crítico de nacionales y extranjeros entre los que destacan Gloria Guardia de Alfaro, Elsie Alvarado de Ricord, Enrique Jaramillo Levi, Ricardo J. Bermúdez, Pedro Correa (Panamá) y Nicolás Guillén (Cuba), Luis Alberto Sánchez (Perú), Manuel Maples Arce (México), Carmen Naranjo (Costa Rica), Eduardo Mallea (Argentina) y Roberto Fernández Retamar (Cuba).   Y entre los mecenas para la publicación de algunos de sus libros figuran, mencionados por el propio autor, Manuel Roy, Diógenes de la Rosa, Bonifacio Pereira Jiménez, Guillermo Andreve y  Mario Preciado.

Contrajo matrimonio tres veces: primero, con una artista italiana que pronto regresó a su tierra; segundas nupcias con la joven Ruth Laws, con quien tuvo dos hijos: Ruth Sinán Domínguez Laws y Rogelio Sinán Domínguez Laws. Y, terminada esta relación, con la profesora Berta María Cabezas, con quien tuvo una hija, Golconda Sinán Domínguez Cabezas. Aunque al tiempo se separaron, Sinán no se volvió a casar.

El 4 de octubre de 1994, Rogelio Sinán falleció en la ciudad de Panamá, a la edad de 92 años.

La obra de Sinán y su presencia en la cultura nacional representan la más depurada expresión de la literatura panameña del siglo XX. Asistió a  un sinfín de congresos y asambleas literarias, y fue, además, distinguido con múltiples  condecoraciones, a saber: Orden Manuel José Hurtado (Panamá), Orden Vasco Núñez de Balboa, Hijo Meritorio de la Ciudad de Panamá (Panamá, 1987), Llaves del Distrito  e Hijo Meritorio (Taboga, Panamá, 1987), Orden Alejo Carpentier (Cuba, 1987), Doctorado Honoris Causa (Universidad de Panamá, 1989), Orden al Mérito Intelectual (Academia Panameña de la Lengua, 1992).

Llamado por la crítica “el poeta”,  “el Mago”,  “el Brujo” (como lo llamó Luis Alberto Sánchez), “el Maestro” y “el Padre de la Literatura Panameña”, el día de su nacimiento fue señalado, mediante la Ley 14 de 7 de febrero de 2001 como Día de la Escritora y del Escritor Panameños. La misma Ley creó la Condecoración Rogelio Sinán como máximo galardón bianual que conceden el Órgano Ejecutivo y el Consejo Nacional de Escritoras y Escritores de Panamá al cultor de las letras seleccionado por su trayectoria y méritos literarios y humanos. Con su nombre, además, se designa el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán que concede anualmente la Universidad Tecnológica de Panamá.

Un hombre que triunfó dentro y fuera e Panamá que trajo consigo el estilo europeo que aprendió de los grandes maestros un hombre que cosechó el éxito y lo transmitió que dejo obras cumbres de la literatura nacional como: La cucarachita mandinga (teatro infantil), Chiquilinga (teatro infantil), Plenilunio (Una de las mejores novelas que este servidor ha leído inspirada en Niebla de Miguel de Unamuno, La Isma Mágica (inspirada en su natal isla de Táboga), sus obras poéticas: Onda (editada en Roma), Incendio, Semana Santa en la Niebla, Saloma sin salomar y el compendio de su obra editado por la Universidad Tecnológica de Panamá titulado: Poesía completa de Rogelio Sinán con prólogo de Elsie Alvarado de Ricord (este lo recomiendo totalmente hay una edición pdf libre en Internet).

Es uno de los escritores que más admiro su poesía es extraordinaria cargada de elementos, de ideas, de historias en fin. Su narrativa es tan maravillosa sus libros de cuentos: A la orilla de las estatuas maduras, La boina roja y otros cuentos (el más conocido quizás de su bibliografía literara en este género) y otros libros más como: Cuentos de Rogelio Sinán editados por la Editorial Universitaria Centroamericana en San José, Costa Rica, Homenaje a Rogelio Sinán, poesía y cuento con Prólogo de Enrique Jaramillo Levi y otros libros más de su producción son sin duda alguna piezas de obras maestras de la literatura panameña.

Es más Rogelio Sinán es considerado por muchos como uno de los mejores cuentistas de Panamá (Hoy en día personalmente considero a Enrique Jaramillo Levi y a Ernesto Endara como los mejores cuentistas a mi parecer de Panamá).

Como poeta también escribió poemas infantiles, como dramaturgo dramas infantiles, como ensayista también publicó ensayos, como cuentista publicó hermosos cuentos bien logrados con un estilo único, como poeta trajo consigo un estilo vanguardista y europeo, como novelista solo dejo dos obras: Plenilunio y la Isla Mágica esta última lo dejó agotado por las dimensiones y el estilo utilizado en la misma con ambas obras ganó el Premio más importante de la Literatura Panameña el Premio Ricardo Miró.

De la Isla Mágica se realizarón 4 ediciones una por el INAC, otra por Casa de las Américas en Cuba y dos por la UTP en Panamá.

De Plenilunio si se han hecho varias ediciones la última creo que fue realizada por Ediciones Lewis (Gran Morrinson) en Panamá.

Parte de su obra:

Balada del Seno Desnudo, por
Rogelio Sinán

¡Mangos!... ¡Mira!... ¡Tantos!...
¡Oh!... ¡Uno maduro!...
(¡Dio un salto... y salióse
su seno, desnudo!)

¡Yo salté del árbol!
¡Upa!... ¡Tan!... (¡Qué rudo!)
¡Por mirar de cerca
su seno desnudo!

¡Me miró asustada!
¡Cubrió... lo que pudo
y... huyó...! ¿Qué robaba?
¡Su seno desnudo!

Lejana..., lejana...
me envío su saludo.
(¡Yo seguía mirando
su seno desnudo!)

¡Perfume silvestre
de mangos maduros!,
¿por qué me recuerdas
su seno desnudo?...

Del libro: Onda. 1929

Soledad, por
Rogelio Sinán

Traje a ti
mi soledad
para que
le dieras alma.
Pero la dejaste sola
en el camino,
¡qué sola
dejaste mi soledad!...

(¡Pensar que la traje a ti
para que le dieras alma!)

Del libro: Onda. 1929

Mancha de Sol, por
Rogelio Sinán

Campo traviesa, cansada,
con el hijo en el cuadril,
la moza va hacia el lejano
cuchitril.

El sol coloca en los árboles
sus moneditas de oro.
Y el niño suelta la fuente
de su lloro...

La rapaza saca el seno
rozagante a se lo dar...
El niño bebe. Ella ríe.
Y echa a andar...

Del libro: Onda. 1929

Viaje, por
Rogelio Sinán

Las nubes -escolares
de escuela elemental-
han tomado sus libros
de luz y se van...

El caballo del viento
las conduce
sobre su lomo tierno.

¡Ya se van! ¡Ea! ¡Ea!
Y ¡adiós! les van diciendo
con sus pañuelos de humo
las chimeneas...

Del libro: Onda. 1929

Avión, por
Rogelio Sinán

UNA luz rasga la noche
trepanando__arriba__nubes.

Pareces estrella en marcha,
avión-pupila que subes!

Tu ruido__toques del viento
roto en astillas por la hélice__
se esparce bebiendo millas
hacia el Infinito...
                            Miro:
Tu estrella que corre loca
y las que apenas rutilan.
Mi pensamiento echa a andar...
detrás de cuál? Tras ninguna!

Más arriba! Más arriba!...

Del libro: Onda. 1929


Las Bodas de Canaán, por
Rogelio Sinán

GOZA la tarde nupcias de estirpe salinera
donde céfiro y brisa trasegan arrebol.

Mas la encendida savia de la vida deja apenas
un vaivén de palmeras y una sed en clamor
Medusas y corales dipsómanos de néctar
festinan el prodigio. ¡Venid a ver! El Sol
"¡Verted__dice a las nubes__ la sangre de mis venas!"
Y, el mar (¡santo milagro!) trasmútase en licor.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Pecados Capitales, por
Rogelio Sinán

VELÁMENES soberbios, deshilachando brisas,
despiertan la avaricia de la marina suma.
Pereza en las merluzas; orgullo en las corvinas;
y, en pulpos, tiburones y pelícanos, gula.
De la onda opalescente surge la curva dócil
que en senos tenebrosos oculta la lujuria.
¡Satán, Satán, aleja la glauca mariposa!
¡Venciste, helada forma! Delfines, aleluya!

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Cuaresma de Terrores, por
Rogelio Sinán

MARÍTIMA cuaresma de lo metamorfosis
_¡oh suicidio asombrado de peces y de frutas!_
cuando crecen escamas al vientre de la noche cuan
mutilado de estrellas y preñado de brujas.
¡Pueril forma dolida del sueño cancelado
braceando a la deriva de la inútil sirena!
¡Cuánta cera desnuda buceaba candelabros
y Cristo, anegados en océanos de niebla!

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Endemoniadas, por
Rogelio Sinán

POSESAS de la bruma con belfos de gemido
galopan ola y brisa remeciendo cordajes.
Huracanadas alas con rayos en el pico
desgreñan maldiciones, espumarajos, ayes
Hunde el Sol luminosas agujas de prodigio
desalojando nieblas de filiación desleal;
y, anatematizado, deshecho el maleficio,
los fúlgidos demonios precipítanse al mar.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

El Hijo Pródigo, por
Rogelio Sinán

LAMIENDO tierra, arena, raíces y bozafias,
tumbo a tumbo al origen precipítase el río.
Los oros del poniente despilfarró en cabriolas
de ondulante premura por liquidar su opimo
caudal de margaritas y alas de mariposa.
Vuelve enjuto, lodoso, pordiosero de estío,
y, añorando caricias de paternales alas,
arrójase en el seno del Mar, arrepentido.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Uno de sus Cuentos.

A LA ORILLA DE LAS ESTATUAS MADURAS

                                                                                            Rogelio Sinán

Allí en el río era donde mejor estaba. Ni los sollozos de la tía Josefina que andaba siempre de un lado para otro quejándose del reuma, ni los gritos delgados de su madrina José María que no hacía más que darle con el chicote siempre que hacía
alguna diablura, ni los recados a casa del compadre, ni el tirapié del Juez, ni el rosario, ni nada.
Una cosa era estar al pié del zapatero con el “Cristo A.B.C.” entre las manos —la de la horqueta era la Y, la de los palos, la U— y otra cosa era estar a la orilla del río, con su tapón, esperando a la tórtola.
—Muchacho, anda a comprarme tachuelitas—, le habían dicho.
Pero él había comprado maíz. El zapatero se quedaría esperándolo. La vuelta era lo malo.Ya él conocía muy bien los rebencazos del tirapié. Dolían primero un poco; después le iba quedando como una especie de picazón en todo el cuerpo; se
secaban las lágrimas antes de los sollozos, y el dolor se dormía. Al día siguiente se repetía la cosa.
Por el camino largo —sudor y sol— se había topado con
gente de campo. Que tuviera cuidado, le dijeron; andaba por allí
un toro suelto. Y, ahora, sentado allí entre el matorral, hacía sus
cálculos de huida. Había que estar alerta por si acaso caía por
allí el bicho. ¿Y qué? Nada tan fácil como subirse a un árbol.
¿A cuál? Miró aquí. Miró allá. Puso la vista en uno. Entre los
muchos que había del lado de acá, ése era el indicado. Estaba
sobre el agua en forma de arco y parecía que estuviera “tirándose
de cabeza” como lo hacía él cuando venía a bañarse con los
otros muchachos. El gran árbol tenía mucha fronda. Metía sus
ramas en el agua (¿para pescar?). Era fácil subir y acomodarse
allí, escondido entre lo verde mirando abajo.
La inquietud de probar —ya había probado tantas veces—
lo aferró por un brazo. Al fin de cuentas, no era malo ensayar.
Aquella vez —la culpa de El Ñopo— casi se rompe el cuello.
Se habían fugado todos de la escuela. Eran cinco: El Ñato, El
Ñopo Pedro, Goyo Gancho, Fulo Encuero y... ¿el otro? ¿Quién
era? No recordaba. El otro... ¡Ah! Sí, el Culizo. Andaban por
allí echándose abajo, desde el árbol al agua. La rama se fué
haciendo resbalosa. Él perdió el equilibrio. Y cayó, no en el
agua, sino en la tierra firme. El tanganazo fue padre. Desde entonces
le habían prohibido ir al río. Pero hoy se había fugado,
¡qué diablos!
Si el animal venía, él, de un salto, se treparía en el árbol. No
era malo probar. Se alzó. Se echó a correr y ¡pum! ¡Arriba!... El
árbol se meneó como un gran trampolín y sumergió sus ramas,
que sacó luego a flote chorreando agua. Se acomodó a caballo
sobre el doblado tronco —¿arco para qué flecha? ¿puente para
qué ruta?— lo zarandeó otra vez encaprichado y luego, pareciéndole
buena la prueba, bajo rápido. Se escondió nuevamente
entre los matorrales y siguió preparando su tapón para cazar
palomas.
Goyo Gancho tenía un tapón que —¡púchas!— era tamaño
grande. Goyo Gancho sabía muchas cosas. Era su buen amigo.
Amigo para el río solamente o para robar mangos en la finca de
Chago López, porque en cuanto al tapón...
(¿Me lo prestas, Goyito? Voy al río no más y te lo traigo
como si náa...).
...no había querido ni dejárselo oler. Y no hubo más remedio
que hacer uno de la mejor manera posible. Había ido recortando
ramitas secas, las más derechas que había hallado. Ahora,
ya estaba casi lista la tapa, en forma de pirámide. ¿Y si el
toro venía? Seguramente era ese que había traído de la feria
Don Patrocinio. Lo había visto una tarde embestir a un potro.
Por poquito le saca las tripas. Miró el árbol. Se bamboleaba. De
allí arriba, ni Cristo...
Hacía calor. Se secó con la manga la frente. Debía ser mediodía.
Era la hora propicia al aguaite. A poquito caerían a beber
agua las palomas. Puso el oído... ¡Nada! Sólo el viento movía
fuerte las ramas; pero también se oía la música del agua,
que corre y corre siempre quién sabe adónde. “Lo mismo que
la gente”. El señor cura tenía razón. Era una lata, sin embargo,
ir los domingos a la doctrina porque había que ponerse los zapatos.
Pero el padre Camilo era bueno, y decía muchas cosas, y
daba confites. A las muchachas sí que las regañaba. ¿Por qué?
Después de todo, Goyo Gancho podía quedarse con su tapón
en casa. Ya él había terminado el suyo propio. ¡Y mejor!
Seguía el ruido del viento y del agua. Pero ya comenzaba a
oír en la distancia el tira y jala del turrututeo. Había puesto la
trampa con su poquito de maíz debajo y se había colocado un
poco lejos, bien escondido entre las hojas. De pronto oyó a su
espalda un alocado sacudimiento de ramas. Pensó en el toro; y
algo se le subió a la garganta. Loco revoloteo. ¿Una paloma?
Se envolvió en un silencio pequeñito. Sintió de nuevo la rápida
repercusión de golpes entre la fronda. Oyó un zumbido largo
como una bala y... ¡zas!... allí cerquita, sobre una rama, se paró
la paloma. Se zarandeó un poquito. Abrió y cerró las alas. Alzó
el pico. Miró a un lado y a otro. Y se quedó un momento como
escuchando. Después se dio a espulgarse.
Hecho un ovillo de silencios, él la estuvo acechando. Le parecía
que el viento mugía ahora con más furia. Una piedra le
hacía mal en el suelo. Se quería acomodar. ¡Cuidadito! Si se
movía, volaba. ¿Por qué harían tanta bulla las aguas del río? La
paloma hizo un movimientito, abrió las alas, y descendió a otra
rama. ¡Ésta caía seguro! Al diablo Goyo Gancho con su tapón y
todo. El viento remeció fuerte las ramas. La paloma planeó y,
suavemente, apoyó sus patitas en el suelo. No una sola: ¡muchas
iba a coger! Ponía el pico en la yerba; volvía a alzarlo; y
avanzaba con pausas hacia el grano. Todo el pueblo se asomaría
a mirarlo. ¿Y si el toro venía? La paloma avanzaba. Que no
viniera. Y él pasaría orgulloso por la plaza. La paloma movía la
cabecita. Subirse al árbol era la salvación. Un collar de palomas
alrededor del cuello para que las mirara todo el mundo. Ya iba a
picar los granos. ¿Y el zapatero? Goyo Gancho lo miraría con
rabia. Movió el viento las ramas. La paloma levantó la cabeza y
se quedó un momentito asustada. Se iba... ¡Se iba! Echó un paso
adelante... y picó un grano. “¡Mire, madrina, cuánta paloma traigo!”
Picó otro, sin moverse. La madrina se quedaría mirándolo
sin decirle palabra. Un paso más y... ¡pum! O bien se haría la
brava y le diría: “Pon ahí eso y andaveme a comprar un real de
achote”. Ya estaba por caer, pero a lo lejos, se encendieron de
pronto unas voces. ¿Muchachas? La paloma se echó un poquito
atrás. ¿Y quién diablos sería? Alzó el pico asustada. Las voces
se agrandaron rápidamente. Abrió y cerró las alas. Tomó empuje.
Ruido grande de voces. Viento. Gritos. La paloma desdobló
su inquietud y alzó en parábola su vuelo sin ruta. ¡Todo perdido!
Y, ¿quién ¡caray! a esa hora?
Un pequeño disgusto de fracaso le hizo cerrar los puños.
¿Escaparían del toro? Una vez había visto en un sueño a una
muchacha vestida de rojo perseguida por un torazo negro. La
muchacha resultó ser él mismo. Pero las risas que oía no eran de
miedo. Eran risas de risa. Una ola que avanzaba. Allá en el pue-
blo era bello reírse por reírse, en la plaza con luna o en el rincón
del atrio. Ya lo echarían de menos su madrina y el juez.
“Apenas venga le pego”. El chicote pendía de una horqueta. Ya
las voces estaban allí al lado, pero no veía a nadie. ¿De dónde
habrían sacado ese chicote? Una vez lo escondió. Todo el mundo
buscaba. Y él repetía dentro de sí, como en el juego, “frío...
frío... caliente, caliente”. ¿Sí vendrían a buscarlo estas muchachas
a él? Pegaría una carrera. Ni Goyo Gancho pudo alcanzarlo
un día. Corría como caballo. Volaba. Lástima, la paloma. El
rencor le volvió, por un instante, a los puños. Pero ahí estaban
las risas. Iban a aparecer. Su rabia se cambió en curiosidad.
Asomó la pequeña cabeza entre las ramas y se quedó esperando.
Una muchacha —“¡Vengan, vengan!”— llena de sol y risa,
desembocó al galope.
—¡El río está pa’ comérselo!
Él no había visto gente así rubia en el pueblo.
Y llegaron en yunta otras dos. Se veía, por lo rojo del rostro,
que habían andado por ahí robando mangos. Andaban echas
aguas, del sudor. Sin medias y con las zapatillas en la mano...
Ah, ¡sí!, las conocía. Que habían estado allí el otro verano.
Cuando la junta de Alba y el paseo con iguana. Mejor la
junta —cumbia y chicha —con María Molinillo que gritaba
borracha y Goyo Gancho que se cayó del bayo. Sí, como ahora,
se reían y gritaban, con la vela en la mano, bailando cumbia.
Habrían llegado ayer en la balandra del Ñopo Juan. Más grandes.
Más bonitas. Las estaba mirando desde su gruta de hojas.
No oía lo que decían. Se habían sentado. Una que otra palabra
le llegaba al oído desmenuzada. El viento las partía con sus
tijeras de éter. Así desgranaba él cada mazorca, por las mañanas,
cuando le daba el grano a los pollitos. Uno se había enfermado.
Debía echarle limón en el pico. Si estuviera más cerca
oiría claro. Pero el agua hacía bulla y el viento mugía. Una
tenía las piernas, desnudas, en horqueta, y él miraba un poqui-
to. Otra, con una rama, meneaba la corriente del río. La que
estaba de espaldas al tronco era mejor que las otras. Rumiaba
un mango verde. En la finca de Chago López habrían estado. O
en la hacienda de Doña Gumercinda. Allí era peligroso, por el
ganao. ¿Y si el toro venía? Ya las veía corriendo y dando gritos;
como cuando hubo el fuego, que todas las mujeres corrían
de un lado para otro chillando con los brazos al aire. Se iba a
calmar el viento. Se calmaba. Le llegaban ahora al oído palabras
claras. La que tenía la espalda apoyada al árbol decía —se
reía, movía las manos— “Su boca tenía gusto de tabaco y me
apretaba el seno... y me apretaba tanto...” El viento sopló fuerte.
Le llegaban trocitos de otras palabras y el pentagrama fresco
de las risas. Otra se levantó meneando el torso y tarareando
una rumba. Con ésta había bailado él una cumbia en la junta de
Alba. No quería. Reculaba. Goyo Gancho lo había hecho caer
a la rueda. Y había bailado largo. Un borracho lo echó a un
lado diciendo: “¡Fuera, chiquillo baboso!” Ahora ella se meneaba
como entonces y cantaba una rumba. Las otras comenzaron
a imitarla, cada una por su lado, con la blusita levantada.
Y él notaba cómo las blusas iban subiendo poco a poco. A la
madrina José María la había visto una noche desnuda. Había
entrado en el baño, sin saber, de golpe, y allí estaba la vieja
desnudita. “¡Muchachito del diablo, cierra la puerta!”
Tenía el alma en cuclillas por eso nuevo, bello y fuerte que
veía; porque de entre los círculos del ritmo habían ido saliendo
ellas —¡las tres!— desnudas. Por un instante su cabecita fue
una veleta sin norte. Se acomodó mejor entre las hojas. Se había
calmado el viento. Sentía calor. Goyo Gancho no iba a creer
la cosa. “¡Qué va, hombre!” Pero sería mejor no decírselo a
nadie. De pronto una muchacha cambió el motivo de su juego
y de un brinco quedó sobre la curva del árbol. Lo zarandeó un
poquito de abajo e hizo el gesto de echarse, pero no se atrevió
y bajó de nuevo. A él le venían ahora ganas inmensas de bañarse
con ellas; de mostrarles su montón de piruetas que sabía; por
ejemplo, tirarse del árbol dando dos vueltas en el aire o nadar
bajo el agua muchos metros. Nadando bajo el agua se había
topado una vez con algo blando. Una culebra acaso, un cocodrilo.
El agua estaba turbia. No se veía. Y había salido a tierra
despavorido. ¡Quién sabe qué animal era aquél! A poquito no
más y se lo come. “Ya ves, eso te pasa por travieso”, le había
dicho la tía Josefina.
Cogidas de las manos, las muchachas andaban dando vueltas.
Y sus cuerpos sudados brillaban bajo el sol. “Cojo una mano,
cojo la otra”. La noche de San Juan habían hecho en la plaza
del pueblo una rueda de treinta personas que giraban alrededor
de una gran fogata. Y daba miedo ver cómo brillaban, al resplandor,
las caras de los borrachos. Chicha fuerte y arroz a la
Juliana en casa de Rita Pacheco. Goyo Gancho se había llevado
en su caballo a Rosario Pinto...
Seguían ellas su juego, cantando... “sentadita en su huerta
limón”. Estaban allí brinca que te brinca y el bicho podía venir.
Bueno. Ya las veía él corriendo. Pero, de pronto, sin saber él
por qué, las tres muchachas detuvieron su juego y, por el árbol
—trampolín seguro— cayeron como frutas, una tras otra, al
agua. Como la orilla era alta, él las dejó de ver. Siguió sólo
escuchando el chapaleo y las voces. Podía él desnudarse ahora,
sin que lo vieran, y echarse al río de golpe. ¿Qué pasaría? De
vez en cuando subía una, se trepaba en el árbol y...
¡pumdubúm!... se echaba. Por el ruido que hacían al caer, él
notaba que lo hacían mal. Caían al agua de barriga. A él sí
tenían que verlo. Ni Goyo Gancho, ni el Culizo que tenían tanta
fama.
Como no seguía viéndolas, la impresión de los cuerpos se
diluyó en su mente. Y comenzó a pensar como chiquillo. Comenzó
nuevamente a ser muchacho. Y se le fue metiendo entre
las cejas un pequeño capricho. Ah, ¿si les escondiera las ropas?
El fulo José Manuel había tenido que irse por entre el
monte, desnudito, hasta la finca de Goyo. Todos lo habían sabi-
do en el pueblo. Por eso le decían Fulo Encuero. De veras, era
bueno esconderles la ropa. Le habían hecho espantar la paloma.
¡Con la bulla que hacían! Ya no salían afuera. Oía sus gritos y el
barullo del agua. El viento sacudía de vez en cuando las ramas.
Un remolino de hojas secas y polvo se elevó cerca de él. ¿Cómo
esconder la ropa? ¿De una sola carrera, aunque lo vieran, o arrastrándose
poco a poco para que no se dieran cuenta? Mejor así.
Pero... ¿y si el bicho venía de repente? Todavía no se había
movido, y ya se estaba viendo lleno de miedo en la actitud del
robo.
Le pasó, cerca, zumbando, la bala de una paloma. Miró el
tapón. Muerta ya su inquietud, estaba allí caído a sus pies como
una cosa inacabada e inútil. Mañana volvería. Había que preparar
mejor la trampa. ¿Qué horas serían? El zapatero estaría ya
en casa poniéndole las quejas a la madrina. Pero ella no le pegaba
duro. Cuando él llegara, ya estaría ella con el chicote en la
mano. “¡Ven acá, muchacho! ¿Dónde diablos has estado?” Tía
Josefina, siempre quejándose del reuma, saldría en su defensa.
“¡Déjalo estar, mujer, estaría por ahí!” Un rebencazo aquí y otro
allá, que ni siquiera lo tocaban de lleno, porque él sabía muy
bien defenderse, esquivando los golpes que casi siempre caían
sobre los muebles. Eso era todo. Lo demás eran gritos. De la
madrina, de él y de la tía. Los chillidos de la madrina José María
se oían hasta en la casa del señor cura. Y la tía Josefina la
cogía al fin con él, pues, en el ajetreo, los dolores del reuma le
volvían de fijo... Y si lo molestaba otra vez el Culizo con aquello
de “Ven-acá-muchacho” le iba a mandar su golpe. Ya lo tenía
cansado.
Un moscardón le zumbó en el oído. “Mosca el diablo”. Le
tiró un manotazo. Eso faltaba que una mosca viniera a picarlo.
De todos modos las ropas tenía que escondérselas. Le habían
hecho espantar la paloma. Aunque lo vieran. Eso no le importaba.
Y se arrastró un poquito, en cuatro patas, muy lentamente.
¡Mucho cuidado! Sus ojitos viajaban del río a la ropa y de la
ropa al río. Seguía oyendo los gritos de las muchachas. Pero no
las veía. Se habían dado a otro juego, seguramente, porque sólo
veía, de vez en cuando, algo como pelota que hacía arcos en el
aire. Oía claro las voces. “¡A mí, a mí!” Rumor de agua. Zumbidos
del viento. “No la tires tan fuerte”. Adivinaba a veces, a
través de las ramas, una cabeza rubia que pasaba y un chapaleo
confuso.
Se iba acercando lentamente a la ropa. Le palpitaba el alma.
¿Si lo veían? El viento levantó su remolino de polvo y hojas
secas. Cerró los ojos. ¿Si lo veían? ¡El las había mirado desnuditas!
¿Le tendría que confesar esto también al cura? “Acúseme
padre, que... ” Oía las voces. “¡Tira aquí, tira aquí!”... “he visto
a tres muchachas en cuero.” Le zumbó nuevamente el moscardón.
“Y eso cómo muchacho?” Era mejor no decirlo. Ni a Goyo
tampoco. Ni al Culizo. Chapaleo, chapaleo. Gritos y viento. Después
de todo... “¡oye, no tires fuerte!”. Una vez él no había confesado
un pecado. ¿Y si el toro venía? Ya las veía corriendo. Y
él se veía a sí mismo, en medio de ellas, allá arriba en el árbol.
Un chapaleo confuso entre las ramas. “¡Zambúllete a cogerla,
idiota; no la dejes perder!” Veinticuatro Avemarías y un credo
de penitencia. Y además... las blusitas estaban sudadas. Las aferró
en conjunto. Y, cuando iba a volverse atrás para esconderlas,
oyó de pronto el trote fuerte de la bestia que se acercaba. Era el
toro. Era el toro. En un zig-zag de espanto le pasó la gran bestia
por la mente. Enorme. Embravecida. Mugiente. Y el grito le
salió como trueno:
—¡El toooro! ¡El toroooo!!!
Soltó la ropa. Huyó por entre el monte. Bala perdida.
Cada estatua desgajó su lamento. Los lamentos se unieron
en mazo. Y el viento, por su cuenta, hizo del mazo un bloque de
alaridos. El chapaleo confuso, hecho de espanto, partió el agua
en telas hasta el árbol. Era el refugio próximo. Y cada una puso
en él su inquietud. Se subieron de un salto, sin percepción exacta
de lo que hacían. Se apretujaron, una al lado de la otra. Entre
las hojas verdes, los tres cuerpos desnudos se balancearon un
momento chorreando agua. Ahora sólo eran un racimito de miedos
y silencios.
Los pasos de la bestia se acercaban bebiendo suelo. Ni una
palabra. Ni un grito. Ni un lamento. El gran miedo había puesto
su cartel a la entrada del árbol, como en los cines. “No se habla”.
Sólo se oía la música del viento y el coro ruso del agua.
Los golpes de tambor de las pisadas se hacían siempre más claros.
Con los ojitos puestos en la pequeña boca del camino, las
tres estatuas se apretujaban cada vez más sobre el árbol. Ya la
idea era una sola, un punto: EL TORO. Ya estaba allí cerquita.
¡Iba ya a aparecer! ¡Ya estaba allí! ¡Oh!
No era el toro.
Era el cura del pueblo que venía caballero en su mulita.
¿Cómo doblar la risa en pedacitos para que no saliera? Ya
ellas lo conocían. Era severo. Si las veía desnudas, ¡Virgen Santa!
Era un santo señor. Cada domingo hacía un sermón larguísirno
sobre las buenas costumbres. Y ahora, ¿qué pasaría?
Se bajó de la mula. ¿A qué vendría? Era tan puritano. ¡No
vendría ciertamente a bañarse! La mulita se fue derecho al agua
y se puso a beber. El señor cura, en cambio... ¿A qué vendría?
Se estaba tan sabroso en el agua. Sacó de la mochila una gran
toalla blanca y un libro viejo. Los puso al pie del árbol. ¿Vendría
a bañarse? ¿Y eso de cuándo a dónde? ¡Era tan tímido!
Nunca miraba a nadie y andaba siempre con los ojos al suelo
como buscando el último pecado para ofrecerlo a Dios.
¡Sí, en efecto! El señor cura venía a bañarse. Miró a un lado
y a otro. Y, ya tranquilo, empezó a desabrocharse muy lentamente
la sotana. ¿Cómo amarrar la risa, con qué sogas, para que
no saltara desbocándose? ¡Avemaría y el cura de los infiernos!
Apareció primero una rarísima camiseta de lana, verde a rayas
y agujereada por todas partes. Después el pecho fuerte, lleno de
vellos. Y al fin un muy curioso pantaloncito de baño, tan pequeño,
que apenas le cubría lo necesario. Era también a rayas, pero
rojas sobre fondo amarillo. Las piernas eran flacas y peludas.
Demasiado peludas. ¿Cómo diablos amaniatar la risa?
Se sentó al pie del árbol y se puso a leer, tranquillo como si
nada, el libro que traía. Sin duda era la Biblia. De vez en cuando
miraba a la corriente, y volvía a sumergir, luego, sus ojos en las
páginas.
Pero el buen cura no podía concentrarse. El pensaba que
todo le iba mal. El había cometido algún pecado gravísimo, porque,
la noche antes, el demonio lo había vuelto a tentar. Carmela
era la causa. Pero, Señor, ¿qué culpa tenía la pobre muchachita
de tener buenas formas? Pero no eran sus formas solamente,
eran sus ojos verdes. ¿Por qué, cada mañana, cuando venía a
traerle el desayuno, se le quedaba ella mirando con esa sumisión
de cabra? Ese era su tormento. Cada noche lo tentaba el
demonio. Él habría cometido un gran pecado, porque el Señor le
había retirado su ayuda. Noche a noche sentía una desazón insostenible.
Y no lograba, ni conciliar el sueño, ni apartar de su mente
los ojos verdes de aquella criaturita. Pasaba sus vigilias noche a
noche empapado en un sudor frío y pegajoso que le brotaba como
la sangre al Cristo. Se había dicho: “Mañana me daré un baño en
el río.” Y había venido precisamente a esa hora en que el calor
hace estar en su casa a todo el mundo. Pero no estaba bien sumergirse
enseguida. Estaba sofocado y la emoción del frío podía
causarle mal. Había traído un libro, pero no conseguía concentrarse.
¿Cuál era aquel varón —Santo varón— de la Tebaida
que sucumbió a la tentación del demonio? Señor, no recordaba...
Padre Zózima no era. Padre Zózima era aquel que tenía su
historia muy entroncada con la de aquella otra gran Santa que
se llamó María Egipcíaca. Tampoco era el Santo Francisco de
Asís.Ni San Antonio tampoco. Definitivamente no recordaba, o
no sabía a ciencia cierta. Con perdón del Señor. Que todas estas
cosas las debería saber un buen siervo de Dios. Pero en alguna
parte había él leído aquella historia. En la “Leyenda Aurea” seguramente.
Tenía que repasarla. Y había también leído en algu-
na parte unos consejos contra las tentaciones del Maligno. Ayunos
y cilicios decían los padres de la Iglesia. Ay, Señor, cómo se
adivinaba que ellos no habían vivido en el Trópico. ¡Qué extraño!
Una inquietud lo dominaba casi inconscientemente. Tenía
abierto su libro y por más que hacía esfuerzos, no podía percibir
exactamente, no podía darse cuenta del texto. Sus miradas se le
iban siempre al agua. Algo tenían las ondas. ¿Acaso lo tentaba
nuevamente el demonio? Pensó en los ojos verdes. ¡Qué laxitud
de cabra tenía aquella bendita criatura del Señor! En sus últimas
noches, sus sueños habían sido una cruel geometría de líneas
dóciles, mórbidas, flexibles. Ancas, senos y piernas de mujeres.
Pero ahora no dormía, ¿Por que en las ondas veía también
reflejos de ancas, piernas y senos? Quería mirar de nuevo. Quería
cerciorarse. Pero no se atrevía. Sentía en la nuca la mismísima
garra del Maligno. “¡Ave gratia plena caminus tecum!” Sintió
valor. Hizo un esfuerzo duro, y posó la mirada, casi desfallecida,
sobre las ondas. ¡Oh Señor! ¡Sí, Señor! La geometría infernal
estaba allí, de nuevo, como en el sueño. ¡Exacta! Se movían
en las ondas, se cruzaban, las líneas dóciles. ¡Ancas, piernas y
senos de mujeres! “Satanás, vade retro’’. Se persignó angustiado.
Tiró el libro. Se alzó. Cogió su ropa. Y cuando iba a vestirse
—¡Alabado sea Dios!— oyó risas agudas, largas, estentóreas,
que caían de los árboles. ¡Oh, ya no pudo más! Todos los diablos
del infierno habían venido a tentarlo. Y huyó tal como estaba,
por el camino lleno de sol. Una nube de polvo y carcajadas,
lo seguía como un rabo, como una maldición...

Todos debemos recordar y preservar el legado de Rogelio Sinán por eso hoy y siempre FELICIDADES A TODOS LOS ESCRITORES PANAMEÑOS.

Fuentes
-Monografías.com (Se encuentra el Ensayo que escribí sobre Miró y Sinán).
-Wikipedia
-Panamá Poesía
-Encaribe.org
-Hablandoconlosfantasmas.com Blog.

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, bloguero, Presidente UMECEP Panamá, Embajador de la Paz, Gestor Cultural creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del Grupo en Facebook Amor por las Letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial ha publicado libros de: Cuentos, ensayos, poesías que se encuentran a la venta en www.lulu.com www.amazon.com y otros sitios ganador de varios reconocimientos y Miembro de varias organizaciones incluyendo Miembro Asociado de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna (USA), Miembro Correspondiente Academia de Artes, Ciencias y Letras de Iguaba Grande (Brasil).

domingo, 24 de abril de 2016

CUAUHTÉMOC LA DEFENSA DEL QUINTO SOL RESEÑA LITERARIA

CUAUHTÉMOC LA DEFENSA DEL QUINTO SOL

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Me he encontrado con una novela histórica que describe magistralmente desde el punto de vista del autor porqué es dificil narrar la vida de un personaje que muchos no saben si en verdad existió y del cuál se han escrito diversas biografías todas diferentes a las demás y eso es lo positivo de las novelas que puedes combinar diversos elementos mezclar la ficción, con la realidad y lo histórico con lo irreal logrando como resultado una joya literaria como la conseguida por su autor: Pedro Ángel Palau autor de esta novela histórica titulada: Cuauhtémoc La defensa del quinto sol que rescata ese fragmento de la historia de México ese de nuestros primeros pobladres los que estabán antés de la llegada de los españoles a sus tierras y como un último hombre se atrevió a enfrentarlos y defender a su gente siendo descendiente de guerreros y de la realeza el autor nos narra la historia de Cuauhtémoc cerrando con esta una trilogía histórica que comenzó con con Morelos y Zapata aunque luego también publicó otra novela histórica Pobre patria mía.

El autor demuestra un amplio conocimiento narrativo e histórico se ve que estuvo bien documentado a la hora de escribir la misma detalle por detalle dando como resultado una novela difícil de dejar de leer y de soltar el lector queda atrapado en la historia narrada por un supuesto compañero de Cuauhtémoc quién sobrevivió a las duras batallas y transcribió la historia vivida por el mismo (claro esto es parte de la ficción de la novela).

Un trabajo fenomenal de las mejores novelas históricas de la historia de México que he leído altamente recomendable.

Pedro Ángel Palau demuestra que es un escritor de oficio que sabe lo que hace y que brinda a sus lectores trabajos de alta calidad literaria e investigativa.

Fuente: Cuauhtémoc La defensa del Quinto Sol-Pedro Ángel Palau, Editorial Planeta Mexicana 2008, 2014,  211 páginas, novela histórica.

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, bloguero creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del grupo Amor por las Letras, Presidente de UMECEP Panamá ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros están a la venta en www.lulu.com www.amazon.com y otras plataformas.

DAVID C. ROBINSON O. GRAN ESCRITOR Y POETA PANAMEÑO

DAVID RÓBINSON

POR: ROBERT A. GOODRICH V. *

Siguiendo con la ronda de escritores panameñas sus vidas y obras espacios dedicados a estos en conmemoración del Mes del escritor en Panamá y del Día Nacional del Escritor Panameño que se celebra cada 25 de abril onomástico del gran escritor Rogelio Sinán en esta oportunidad dedico el espacio a un poeta y escritor poco convencional un poco loco y atrevido ganador de varios reconocimientos o trotamundo, un gitano caminante de las letras que ha recorrido Centroamérica entera sin temor a equivocarme muy querido en el hermano país de Nicaragua y muy conocido en su natal Panamá.

David Róbinson que para mí es mejor cuentista que poeta pero en ambos géneros se ha destacado y en ambos ha demostrado su amplio conocimiento y recorrido es un Heurístico un escritor de palabras, un hacedor de palabras, un filósofo descalzo no lo digo yo lo dice las personas que han escrito y descrito su vida y obra.

Ganador de Premios como: El José María Sánchez (Cuentos, Panamá), el Nacho Valdés del IPEL, el Esther María Osses del IPEL y otros más que a continuación dejaré escrito y descrito como un reconocimiento a su obra y legado en las letras panameñas.

Poeta, escritor, profesor en fin que no ha hecho David Róbinson.

2013: Ganardor del Premio Nacional de Cuento "José María Sánchez", con su obra "Territorio de orugas"
2012: Ganador de la segunda versión del Premio "Diplomado en Creación Literaria" UTP, con su obra "Breviario simple" (cuentos).
2007: Ganador del Premio Internacional de Micro-ficción, categoría cuento hiper-breve, con la obra “Garzón Céspedes”
2005: Mención de Honor en el Segundo Concurso Literario de Cuentos Pepe Fuera de Borda realizado en Argentina
2000: Premio Mejor Cuento Corto del Concurso Nacional de Cuento César A. Candanedo
1999: Tercer lugar en Concurso Municipal de Poesía León A. Soto.
1998:
Primer lugar en cuento. Concurso Nacional de Literatura Juvenil e Infantil (EUPAN-CA).
Segundo lugar en poesía. Concurso Nacional de Literatura Juvenil e Infantil (EUPAN-CA).
Segundo lugar en teatro. Concurso Nacional de Literatura Juvenil e Infantil (EUPAN-CA).
1997: Segundo lugar en Poesía Esther María Osses - IPEL.
1996: Primer lugar en cuento Nacho Valdés - IPEL.
1995:
Segundo lugar del Concurso Municipal de Poesía León A. Soto.
Mención de Honor Concurso Municipal de Poesía León A. Soto.
Tercera Mención de Honor del Concurso Nacional de Cuento César A. Candanedo.
Mención de Honor del Certamen Literario Dario Herrera.
1993:
Primer lugar en cuento del Concurso Pictórico Literario del IPEL (Ministerio de Trabajo)
Tercer lugar en Poesía del Concurso Pictórico Literario del IPEL (Ministerio de Trabajo).
Mención de Honor Concurso Municipal de Poesía León A. Soto.

Algunas obras publicadas:

Cuentos: En las cosas del amor ... (Panamá, INAC 1991); Vértigo (Universidad Tecnológica de Panamá, 2001), Resistencia - maldiciones al desparpajo - (Editorial Casa de las Orquídeas, Panamá, 2005), Breviario simple (2013), Territorio de orugas (Editorial Tecnológica, Panamá, 2014)

Poesía: Soledades pariendo (Panamá, 1994); Soledades pariendo - nueva edición - (Editorial Casa de las Orquídeas, Panamá, 2003), La canción atrevida (Panamá, 1999), Confesiones de un poeta en una ciudad que odia (Panamá, 2010).

Compilación: Soles de papel y tinta (Alfaguara, Cali, 2003), Heurísticas - de instinto al oficio - (Ediciones 400 Elefantes, Nicaragua, 2007).

DAVID RÓBINSON. Heurístico. Escritor de ideas. Hacedor de palabras. Filósofo descalzo. Inoportunador con especialidad en amigos y alumnos. Homisible (hombre posible) y Homolucio (hombre lúcido). También omisible. Algo de genialiente (genial y valiente). Y sobre todo: un hombre caradura y feliz. Premiado y mencionado en algunos concursos. Publicado en ciertos libros, antologías, revistas, diarios y desplegados (Aunque Alfaguara le publicó una antología de cuentistas panameños, todavía no tiene el honor de que un graffiti escriba un poema suyo en la pared de un baño). Biólogo sin cargo de conciencia (Gusta de comer huevos de tortuga). Ocasionalmente, y cuando las circunstancia lo obligan, dicta talleres de creación literaria. Fue miembro fundador de un que otro colectivo literario. Ha tenido la suerte de renunciar a tiempo a ellos, antes de ser expulsado. Practicó danza moderna e hizo teatro universitario. Si lo invitan participa en recitales o cualquier otra actividad culturosa. Sufre de vértigo

David Classen Robinson Orobio nació el 9 de noviembre de 1960 en la Ciudad Panamá. Es Licenciado en Biología con especialización en Botánica, además de Profesor en Educación Media con especialización en Biología. Como promotor cultural, fue miembro fundador del Colectivo UMBRAL y de otras organizaciones literarias. Practicó danza moderna e hizo teatro universitario. Participa en recitales u otras actividades donde haya dos o tres dispuestos a vivir la literatura.



LA SERVILLETA, de David Robinson (Panamá)
   La servilleta rayada con un nombre y un número telefónico. La servilleta y ella en el cuarto del baño. Y mientras orinaba, ella leía y releía lo escrito en el papel por el mejor cliente de la noche anterior. Según aquel tipo, él podría sacarla de la “vida fácil” y llevarla a una vida verdaderamente fácil. Fue muy vehemente al repetir una y otra vez sus intenciones para con ella. Él estaba ebrio. Ella no. La servilleta. La servilleta rayada. Ella y la servilleta en el cuarto de baño. Ella y una servilleta arrugada y mojada. Una servilleta que huye en el remolino del inodoro.

POESÍA

Ese inmenso vacío

Jamás vi
nada tan llano
sin colinas
ni hondonadas,
sin siquiera matorrales,
sin recodos
que doblar,
ni agujeros
donde esconderse.

Nunca vi
algo tan simple
como una hoja
en blanco.

CUENTO

DESOLACIÓN

A Leticia

La Muerte recorría el planeta admirando su obra y poder, sin embargo le sobresaltó el hecho de siempre hallar Vida a su paso. Por eso decidió buscar un lugar donde sólo ella reinase. Buscó por glaciares, mares, desiertos y montañas. Intentaba destruir todo ser pero luego se convencía de no tener suficiente fuerza. Prosiguió hasta que al fin encontró esa oquedad que tanto anhelaba: un sitio donde la brisa contemplaba sus muñecas sangrantes por el filo de los grilletes y el frío curtía la piel del sol. Ese agreste lugar fue tan estéril que la Muerte impresionada cayó en cuenta que en medio de aquella sublime desolación, ella estaba viva…

Saludos amigo escritor felicidades y sigue por el sendero de las letras como caminante, como trotamundo.

Fuentes
-Escritores Panameños Vivos
-la hoja
-minucuentos.bloguia
-artepoetica.net

*
Robert Allen Goodrich Valderama (Panamá 1980): Poeta, ensayista, gestor cultural, embajador de la paz, escritor, bloguero creador del Blog Mi mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del grupo en Facebook Amor por las Letras, Presidente Nacional UMECEP Panamá ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros están a la venta en www.lulu.com www.amazon.com también pueden ser encontrados en la Biblioteca Nacional de Panamá y en la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá.

sábado, 23 de abril de 2016

JOSÉ DE LA CRUZ HERRERA URRIOLA HISTORIADOR, ESCRITOR, PANAMEÑO EJEMPLAR BIÓGRAFO DE BOLÍVAR


JOSÉ DE LA CRUZ HERRERA URRIOLA

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Aunque la publicación de la semblanza biográfica de este excelente historiador, escritor, ensayista y diplomático no estaba en mis planes originales como admirador de la obra de Simón Bolívar no puedo dejar de mencionar la vida y obra de este gran escritor panameño José de la Cruz Herrera Urriola quién fue un fiel bolivariano un gran historiador y muy respetado escritor.

Considerado como "El darienita universal" nos dejó grandes aportes a la historia y por eso celebrando al Escritor Panameño les traigo esta breve semblanza biográfica.

José de la Cruz Herrera Urriola (1876-1962). Historiador, filósofo, políglota, helenista, bolivariano, ensayista, editorialista y diplomático, considerado como “El darienita universal”.

Nació en Jesús, Garachiné -área rural de difícil acceso en Darién-, República de Panamá, el 5 de julio de 1876. Fue el tercero de los cuatro hijos de José de la Cruz Herrera y Matilde Urriola. Sus hermanas fueron María de los Santos, Amelia y Jacinta.

A partir de 1880 realizó sus estudios primarios en Garachiné, en la isla de San Miguel -situada en el archipiélago de las Perlas en el Pacífico-y en la ciudad de Panamá, en la escuela de su tío Ramón Medina y en la Escuela Pública de Santa Ana. Contaba solo con ocho años cuando, en 1884, leyó Mi Delirio sobre el Chimborazo, de Simón Bolívar, y se lo aprendió de memoria. En 1887 ingresó, para sus estudios secundarios, al Colegio Balboa de Panamá, dirigido por el Ing. Abel Bravo.

A partir de 1888, para contribuir con los modestos recursos financieros de su familia, se dedicó a copiar sentencias y actuaciones judiciales a mano en el tribunal del juez Nicanor Villalaz. Además, colaboró con escritos periodísticos en el diario El Lápiz, dirigido por José S. Mendoza.

En 1890 inició su labor como maestro en la escuela de la isla de Taboga. Para entonces, ya enseñaba inglés y francés. Dos años más tarde, en 1892, el gobernador de Panamá le concedió una beca para que realizara estudios superiores en veterinaria en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá, Colombia, de la que Panamá era una provincia. Se las arregló para llegar a Bogotá, que era la capital, uniéndose a las huestes conservadoras durante la Guerra de los Mil Días, y alcanzó el rango de comandante.

El 1899 fue un año de logros académicos para el Dr. Herrera: obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras, luego de sustentar su tesis Apuntes Estéticos, aplaudida por Miguel Antonio Caro, Marco Fidel Suárez y Rafael Pombo; y también, el título de Profesor de Veterinaria.

Asumió las cátedras de filosofía, griego y latín en el mismo colegio mayor de Nuestra Señora del Rosario. Entre sus alumnos estuvo el insigne escritor, Dr. Eduardo Santos, fundador y director de El Tiempo de Bogotá, y Presidente de Colombia entre 1838 y 1942, quien manifestaba que el Dr. Herrera le había enseñado a escribir. Herrera fue nombrado Rector del Instituto Santo Tomás de Aquino, donde, además, se desempeñó como profesor de lenguas y literatura (inglés, latín y griego).

Contrajo nupcias con Cora Franco Bernal, en Bogotá, en 1906. Viajaron con recursos propios a Londres, donde él fungió como profesor de español, inglés, griego y latín. También se dedicó a realizar traducciones en una oficina notarial, y llegó a ser el director del departamento de Lenguas Romances de la compañía más importante de notarios en Inglaterra.

En Londres nacieron, en 1907, 1908 y 1909 sus tres primeros hijos: Hernando, Guillermo y Alfonso, respectivamente. En 1908, viajó a París como representante de Panamá en el Segundo Congreso Internacional de Educación. Volvió a Londres ese mismo año, y posteriormente, en 1911, regresó con su familia a Panamá, por invitación del Gobierno para que se desempeñara como profesor en el Instituto Nacional.

A partir de ese momento se dedicó a las cátedras de Lengua y literatura castellana, latín y griego, y pedagogía en la Escuela Normal de Señoritas, el Colegio de la Inmaculada Concepción, el Colegio de San José y el Seminario Conciliar.

Además, impartió clases privadas de español, inglés, francés, alemán, italiano, griego y latín.

En 1916 ganó los tres primeros premios (con sus respectivas medallas de oro) en los Juegos Florales conmemorativos del Tercer Centenario de la Muerte de Cervantes, con sus ensayos: La conservación del idioma, ¿puede influir en el sostenimiento de la independencia nacional?, El Quijote como lazo de unión entre España y la América hispana, y La influencia del cristianismo en la Literatura Española.

Entre 1916 y 1923 realizó una serie de actividades relacionadas con la política y el periodismo: fue miembro fundador de Acción Comunal; fundador de La Avispa, tabloide festivo; colaborador en los diarios El Ají y El Pueblo, con temas relacionados con la integridad territorial de Panamá y sus relaciones con Estados Unidos; compró la imprenta La Academia; fundó Las Noticias, publicación de orientación cristiana, en la cual desarrolló su pensamiento conservador en el aspecto educativo, y sostuvo una polémica intelectual en torno a la filosofía de la educación; se opuso a la coeducación establecida durante la administración del presidente Belisario Porras; fundó Ecos del Darién, publicación de existencia efímera; y se lanzó como candidato a diputado por la provincia de Darién. También colaboró con los sacerdotes de la Orden de los Misioneros del Corazón de María, en la confección de un diccionario en lengua kuna.

En 1924 publicó su obra Nociones Fundamentales de Pedagogía. En 1925 fue detenido en una cárcel por oponerse a la decisión del alcalde García Fábrega de permitir la proyección de películas que él consideraba indecentes: la película La Garçón.

Publicó Panamá La Vieja, resumen histórico y guía de sus ruinas (en español e inglés), en 1926. En ese mismo año fue académico fundador de la Academia Panameña de la Lengua, fue investido miembro de la Academia Panameña de la Historia, y publicó el Elogio de Fray Pedro Fabo de María, fundador de la Academia Panameña de la Lengua.

Dos años más tarde fue fundador de la Sociedad Bolivariana de Argentina, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, y del boletín informativo de esta.

De 1933 a 1935 fungió como Director General del Fondo Obrero y Agricultor. En 1936 fue nombrado Asesor Técnico de la Dirección General de Correos y Telégrafos, entidad muy importante en aquellos tiempos.En 1939 escribió Elogio de Don Abel Bravo, considerado uno de sus mejores discursos.

En 1940 fue designado cónsul de Panamá en Buenos Aires y Consejero de Coordinación de la Delegación Panameña a la Conferencia Panamericana de Coordinación de Medidas Policiales y Judiciales, reunidas en Buenos Aires. Publicó su ensayo Aspectos del Descubridor de las Indias. Alrededor de 1945 publicó su obra Itinerario Militar y Moral del General Antonio José de Sucre.

El primero de los volúmenes de su trilogía sobre el Libertador Bolívar, Don Simón de Bolívar o La Formación de un Libertador, fue publicado en 1947 por la Editorial Atlántida de Buenos Aires. Dos años después publicó Por los caminos del Ática, seis tragedias y una comedia, traducidas del griego: de Esquilo, Prometeo Encadenado y Los Persas; de Sófocles, Edipo Rey y Antígona; de Eurípides, Medea y Electra; y la comedia (sátira política) Los Caballeros, de Aristófanes.

El segundo volumen de su trilogía sobre el Libertador, Bolívar: Forjador de la Libertad, fue publicado por la Sociedad Bolivariana de Venezuela, en 1957, en la Imprenta Nacional, Caracas.

D. José de la Cruz Herrera, condecorado por el gobierno panameño con la Gran Cruz de Vasco Núñez de Balboa, falleció en Argentina el 9 de diciembre (Aniversario de la Batalla de Ayacucho) de 1961. Se desempeñaba como Ministro Consejero de la Embajada de Panamá en Argentina.

El tercer volumen de su trilogía, Bolívar en el Tabor y en la Cruz, fue publicado por la Academia Panameña de Historia en 1976. En abril de 1990, la Sociedad Bolivariana de Panamá, asociada con la Universidad de Panamá, publicó los tres libros acerca de la epopeya bolivariana, compendio editado por Guillermo Herrera y Franco. El Dr. José de la Cruz Herrera dejó por lo menos tres obras inéditas: Sófocles en América, En busca del oriente y Del oriente al ocaso.

Por Ley No. 14 de 1992 -13 de julio de ese año-, dictada por la Asamblea Legislativa y publicada en la Gaceta Oficial No. 22080 de 17 de julio de 1992, se estableció la condecoración José de la Cruz Herrera, destinada a quienes obtengan el máximo índice académico de la graduación anual de la Universidad de Panamá, de la Universidad Tecnológica, de la Universidad Santa María la Antigua y de otras universidades reconocidas en Panamá. Consiste en una medalla de oro de 18 quilates, de 40 milímetros de diámetro que lleva al anverso la efigie del doctor José de la Cruz Herrera, en alto relieve, alrededor de la cual aparece la leyenda “José de la Cruz Herrera, educador, filósofo, humanista”; y al reverso, en alto relieve, la leyenda “José de la Cruz Herrera, Garachiné 1876 – Buenos Aires, 1961”, con espacio para grabar el nombre del universitario condecorado, de la universidad respectiva y el año de graduación.

Aunque confieso que todavía no he tenido la oportunidad de leer las obras escritas por este historiador sobre Simón Bolívar he de admitir que he escuchado y leído mucho sobre su vida como gran ensayista, historiador y escritor gracias a aportes brindados por Lil María Herrera, Profesor Ricardo Arturo Ríos Torres y otros que han presentado semblanzas biográficas de la vida y obra de este escritor a quién hoy le rindo tributo con esta semblanza de su vida y obra, sus aportes que forman parte esencial de la historia patria.

Como estudioso y lector de la vida de Bolívar tengo la obligación de leer estas obras sin embargo me ha costado trabajo encontrarlas pero tendré la oportunidad seguro estoy de leerla.

Fuente:
-Encaribe.org

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del grupo Amor por las Letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial ganador de varios reconocimientos por sus ensayos, poemas, monografías y cuentos. Presidente Nacional de UMECEP en Panamá sus libros están publicados en Lulu, Amazon y otros sitios.

viernes, 22 de abril de 2016

BUENAS NOTICIAS RECONOCIMIENTOS, LIBROS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE PANAMÁ Y OTROS


Hoy 22 de Abril celebramos el Día de la Tierra como Presidente Nacional de la UMECEP Panamá organización civil cuya sede principal esta ubicada en Argentina y que promueve la paz, la cultura y el cuidado del medio ambiente es obvio que debemos promover cambios de una vez y por todas porqué cada día más nuestra madre naturaleza nos esta pasando factura por el daño que le hemos causado a nuestro hogar, nuestra tierra.

Participe en Eventos por medio de mis letras de estos dos ya fueron reconocidos aquí los reconocimientos.


También Celebramos este Mes el Día del Idioma Español, el Día Internacional del Libro,recordamos a Cervantes, Shakespeare y  al Inca Garcilaso de la Vega además el 25 de abril se celebra el Día Nacional del Escritor en Panamá

Por este hecho participe en un Evento Exaltando el Idioma Español en homenaje a este hecho y Poetas de Facebook me concedió algo que agradezco el Diploma como Autor Destacado de la Primera Quincena de Abril del 2016 además de realizar una revista hermosa que después compartiré de este hecho les dejo los siguientes reconocimientos.


Y anteriormente les había mencionado que Tres de mis Libros : Qué Dios los perdone a Todos, Mis Sueños de Alas Rotas y Voces del Silencio ya estaban en la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá.

Bueno ahora mi libro: Voces del Silencio reposa en la Biblioteca Nacional de Panamá Dr. Ernesto J. Castillo comparto el link ahora esta junto al Ensayo publicado en la Revista Cultural Lotería que escribí sobre Miguel Hernández hace un tiempo atrás un honor para mí.

http://190.34.168.187/cgi-bin/abnetclwoe/O7100/IDc5873bd8/NT1

El Link de arriba es de la Biblioteca Nacional de Panamá.

Después compartiré más noticias muchas gracias

Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá


DEMETRIO HERRERA SEVILLANO GRAN POETA PANAMEÑO

DEMETRIO HERRERA SEVILLANO

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Hace poco publiqué la vida y obra de Demetrio Korsi ahora les traigo para seguir celebrando a los escritores panameños y sus vidas la vida y obra del poeta pobre, de uno de los poetas más interesantes de la literatura panameña el otro Demetrio, Demetrio Herrera Sevillano del cual hay pocos datos pero una obra magnifíca en todo el sentido de la palabra.

DEMETRIO HERRERA SEVILLANO
(1902-1950)

De padre colombiano y madre oriunda de La Chorrera, nace en Panamá. Es un hombre pobre, que vive en esta capital, salvo algunas ausencias en San Blas y David. Sólo hizo estudios de escuela primaria. Pero en las lecturas y en la vida encontró su verdadera formación. Fue de oficio encuadernador. Se casó joven, y tenía hijos. Con uno de ellos vivía, en una habitación sórdida, cuando le sorprendió la muerte durante la siesta. Al regresar su hijo de la escuela, lo encontró muerto. Vivía cerca de la plaza de Santa Ana, verdadero centro popular de Panamá. El -como antes Demetrio Korsi- fue cantor de la plaza y de sus aledaños de pobres. Sus poemas, según Pedro Rivera, son «radiografías del alma popular».

Se inspira en sus lecturas -Vicente Huidobro, García Lorca, Rafael Alberti, Nicolas Guillén y Julio Flóres-. Se le ha considerado como el verdadero poeta del pueblo que ha tenido Panamá.

Obras de Demetrio Herrera Sevillano

Mis Primeros Trinos. Panamá, Imprenta Nacional. 1924
Kodak (sin pie de imprenta). 1937
La Fiesta de San Cristóbal. Panamá (sin pie de imprenta). 1937
Los Poemas del Pueblo. Panamá, Botello, impresor. 1938
Los Poemas del Pueblo. Panamá, Botello, impresor. Segunda edición. 1939
Antología Poética. Panamá, Imprenta de la Academia. Prólogo de Enrique Ruiz Vernacci. 1945
La Canción del Esclavo. Panamá, Imprenta Nacional 1947
Ventana. Panamá, Imprenta Nacional. Premio del Concurso Ricardo Miró, de 1949 1950

Sin duda alguna sus poemas marcán la terrible realidad de los barrios, de la pobreza de la humanidad quizás el más conocido de esos poemas es su magistral poema titulado: Cuartos.

Cuartos, por
Demetrio Herrera Sevillano

Zonzos
de calor y noche,
pasan cuartos
            Cuartos...
            Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.

Mujeres semidesnudas
están lavando en el patio,
y pregonando los fogones
un silencio
            cuadrilátero.
Cuartos donde necia da
la tos, funeral silbato.
Cuartos con sus caras mustias,
con su exposición de harapos.

La enferma se asoma y llama...,
la enferma se asoma y llama
al viento, que no hace caso.
Aprieta el zaguán oscuro.
Abofetea el tinaco.

y
zonzos,
            de calor y noche,
pasan cuartos.
            Cuartos...
            Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.

El Barrio de Santa Ana, las calles de Calidonia y la Central eran puntos de encuentro para los grandes escritores y poetas de Panamá el Café Coca Cola era un punto de encuentro de grandes mentes, intelectuales y poetas muchos de ellos pobres como Demetrio Herrera Sevillano caminaban por las calles y las viejas avenidas de esta histórica ciudad, estos barrios guardan muchas historias y si pudieran hablar cuantas cosas nos dirían de allí nació la inspiración de muchos de los poemas escritos por este gran poeta panameño a quién honores le hacemos con la publicación de este muy breve semblanza compuesta por poemas y una breve biografía del mismo.

Parque de Santa Ana, por
Demetrio Herrera Sevillano

Para Eliseo Echévez

Parque "Santa Ana"! Carrosel antiguo,
deliciosa rueda de la distracción.
Te recuerdo tanto ¡tánto! que atestiguo
que soy una rama, de tu ramazón.

Tu figura, necio, maltraté irritado
sin que te inmutases por mi proceder.
Estoicismo santo que ha vigorizado
esta tolerancia de mi padecer.

Parque Santa Ana! Lírica bandeja
donde exhibe el pobre su penalidad.
Cromo de tertulias donde se festeja,
donde se moteja, sin perplejidad.

En las noches danza sobre tu corona,
visitante, el viento, con nervioso son.
Y un susurro grave, como de persona,
va surgiendo entonces de tu floración.

Empaparon lobos tu sencilla frente
en la sangre núbil de Ferdín Jaén.
Les miró la torre, resignadamente,
resignado, el cielo, les miró también.

Parque Santa Ana. Circular y craso,
eres fuerte abrazo de mi Panamá.
En sus calles --cintas de potente lazo--
la ciudad tu imagen ostentando está.

Te venero mucho! No hay en la mañana
--que madruga a verte-- mi veneración.
Es que soy tu amigo, Parque Santa Ana.
Más que amigo: rama, de tu ramazón.

Del libro: La Canción del Pueblo. 1939.

Calidonia, por
Demetrio Herrera Sevillano

Los automóviles gritan.
El tranvía pide permiso
y el viento me cae encima
atropellado por los autobuses.

Súbito, ¡zas!,
un jamaicano salta,
del brazo de la vía,
al heroico pescante de una chiva
que se come -¡golosa!- la distancia.

La calle respira por sus callejones.
y
-carbón de mangle en bruto-,
en soso monorritmo,
las sólidas cabezas.

-What are you doing, my brother?
-Nothing, nothing.

Por aquí a las cantinas
pariéronlas juntitas
como a las hermanas Dionne,
y hay un hedor travieso
que insiste en molestarme.

Negros. Más negros. Más negros.
-What are you doing, my brother?
-Nothing, nothing.

Terquedad de las casas
en atajar la calle,
que intenta liberarse
-¡delicioso!-
del trato siempre injusto
que danle los vehículos.

¡Calidonia!
Algunos cruzan corriendo...
Las chivas se persiguen
y ríos abigarrados de gente que va y viene
inunda las aceras.

En el ombligo férvido
el policía del tránsito
abofetea el ambiente.

Letania de las Calles, por
Demetrio Herrera Sevillano

Para el licenciado don Angel L. Casís,
que también siente.

Conozco las calles. Las calles conocen
también mi infortunio, mi ensueño, mi voz.
Las calles son largas mujeres tendidas
que el hombre a martirio tenaz condenó.

Sujetas, prendidas por brazos terribles,
las hieren los coches, las tuesta el calor.
Las calles no logran quitarse la ruda,
la ruda y sañuda, lanzada del sol.

Tacones... Tacones... Con dura inclemencia
golpeando su alma, gozosos se ven.
No tienen quien cure su trágica herida,
quien borre su angustia, quien salve su ser.

A veces enroscan su cuerpo de piedra.
Ocultan, a veces, su pecho viril.
Las matan los golpes --gritón sonsonete--
que el mundo, perverso, las suele inferir.

En noches profundas las hallo rendidas;
las deja, cansado, el ruido voraz.
Las calles parecen, dormidas, los muertos,...
los muertos de alguna contienda brutal.

Quien sabe qué sueñan entonces las calles!
Quien sabe qué cosas sus sueños dirán!
(Tan solo pedazos hacer las cadenas,
aquel que las sufre, precisa soñar).

La bala: chispazo, corcel invisible
que corre la Muerte, que silba al correr,
su rostro empurpura con sangre del uno,
con sangre del otro, con sangre de aquel.

Oh calles cautivas!... Si al menos pudieran
gritar sus pesares, decir lo que ven!
Caifás pisa ufano su cuello deforme
y Judas las tiene de hogar y cuartel.

Anónimo errante, me acogen las calles!
Las calles conocen mi paso, mi voz.
Las calles me quieren, porque, como ellas,
sufro sin que a nadie le interese yo.

Valientes, soportan serenas el yugo;
indóciles, rugen atroz gravedad.
Yo veo en las calles el noble, ¡el magnífico
afán de pararse, de hablar y luchar!

Oh calles amigas!... Cadáver la fiebre
feroz de libraros, la pena es en mí.
Atadas, tiradas al suelo, ultrajadas,
oh calles amigas!, tenéis que vivir.

Yo sí, Yo sí puedo!... Que lúgubres miro
mi estrella soñada, mi sol, mi ideal?...
Poderosas alas, seguiré a la cima;
persistencia cruda, lograré llegar.

Mas no la victoria, la meta, la gloria,
hermanas en cuita, me envanecerán.
Que desde mi cielo,... ¡que desde mi cumbre!
como de costumbre, con vosotras, calles,
oh calles cautivas!, vendré a platicar.

Del libro: La Canción del Pueblo. 1939.

Vida Pobre, por
Demetrio Herrera Sevillano

He vuelto triste a mi tugurio. Triste.
Mi madre, perspicaz, ha comprendido
que nada he conseguido...
nada contra el dolor que nos asiste.

Está el fogón cual lo dejé: dormido.
Pero la pobre en ocultarme insiste
el hambre que su rostro ha deprimido,
y, "mañana, -me alienta- tú persiste".

Dúlcidas expresiones que comprendo!
No quiere -madre al fin- mirar conmigo, ...
conmigo el mal, sobre mi mal creciendo.

Y así marchamos, tras la misma estrella:
hoy ella riendo, y yo, porque consigo;
mañana sin reir, ni yo, ni ella.

del libro: Los Poemas del Pueblo

Infancia, por
Demetrio Herrera Sevillano

¡Este chiquillo inquieto...! Gira que gira.Péndola.
Chorro entregado al vicio de la nerviosidad.
A conquistarlo, mudo, en las auroras viene
Eolo, su compinche, para vagabundear.

Velada su pupila, como el remedio amargo,
a la lectura -néctar- desazonado ve.
Encolerizo a veces; mas la memoria surge
de mi niñez entonces a intervenir per él.

¡Este chiquillo inquieto...! Atónito, inseguro,
sus suaves impresiones intenta relatar.
Simula, de pie, un tallo, renuevo que palpita
corriendo, la bandera de la felicidad.

Me turba, me enloque (¡girándula rabiosa!);
pero, dichoso, cuenta con mi satisfacción.
¡Este chiquillo inquieto...! Sus travesuras matan,
y al repudiarlo siento, que me repudio yo.
Un Grito a las Balas, por
Demetrio Herrera Sevillano

Para el licenciado José Isaac Fábrega, periodista
de fuste y amigo sincero de la democracia.

Oh balas viajeras, furiosas, temibles
que andáis con la muerte! Oh balas de horror!
Audaces, fugaces y casi invisibles,
silbáis un silbido que causa pavor.

Os ven las uaroras. Cual pérfidas aves
os ven las mañanas en jira fatal;
las noches que tristes, inquietas y graves
tornasteis ¡oh balas!... Oh balas del mal.

Sois dedos, mil dedos malignos y rudos
que niños y ancianos hacéis sucumbir.
Que mal os hicieron ¡oh trágicos nudos!
oh dedos sañudos! que haceislos morir?...

Matáis los sembrados. Las débiles chozas,
¡oh balas ansiosas!, ¡perenne matáis!
¿Qué mano os impele, criaturas odiosas;
qué mano rabiosa, que así torturáis?

Cambiad vuestra ruta. Las almas que libres
anhelan mirarse, no deben caer.
De grasos, de grises, de gruesos calibres
salís como locas, sin ver ni creer.

Oh balas terribles, horribles viajeras
que andáis con la muerte! Oh balas de horror!
Moled ¡implacables! --si sois justicieras--
cualquier asesino...
cualquier opresor.

Del libro: La Canción del Pueblo. 1939.


Yo Soy Tu Presidente, por
Demetrio Herrera Sevillano

Esa sonrisa alegre de la mañana
es tuya.
Esa sonrisa tierna;
se la prestaste tú.
Que digo de memoria tus gustos y tus dones.
Que puedo denunciarte por esos incendiarios
abrazos repentinos que inventa tu vigor.

Ah, sí!
Pues soy el alba riente. La luz. ¡El presidente
de la república fresca de tu gracia!
Y,
rubricaré un decreto,...
prohibiendo que te miren.

Canela de mis ansias; rizófora flexible.
Canela que en aurora con música de ave,
tornó mi anochecer.
El níspero es la fruta más dulce, ¡más sabrosa
que dá la tierra mía!
Por ello me reclino,...
sobre tus senos púberes.

Todo te sigue a tí.
Todo te sigue.
El sol
que escandaliza porque te besa y huyes;
porque te besa el aire,
sin que protestes tú.

Todo te sigue a tí...
Mas me proclamo dueño,
único... ¡efervescente!
de toda tu hermosura.

Imán: en tu pupila.
El garbo, --fino imán-- de tu contorno.
Presidente absoluto
de la república tierna de tu gracia,
hoy,
rubricaré un decreto,...
prohibiendo que te miren.

Del libro: Cambiantes.



Nocturno de las Calles, por
Demetrio Herrera Sevillano

En la rodilla de un poste
--rubí que luce la noche--
el foco sobresaltado
de una cajilla de alarma.

Los faroles eléctricos
--candelabros ante el muerto
de la calle--
echan sus brazos de luz
en las espaldas sedosas,
del silencio.

Están las casas pensando.
Y el cielo --mesa de Dios--
viste su carpeta bruma.

Traigo la mirada: grave
me va observando la sombra.
Entre la sombra hay un bulto:
algún fantasma en la sombra.

Abro el compás de mis piernas
y marco un punto
                            2
                                3...
y marco miles de puntos.

La soledad ha dormido
a la ciudad en sus brazos.

Sólo mi existencia sigue:
la lleva el sueño a empellones
hacia sus paredes 4.

Del libro: Kodak. 1937.

No cabe duda que Demetrio Herrera Sevillano era un poeta que palpaba y vivía lo que escribía y veía diariamente en las calles de mi Panamá.

León A. Soto, Demetrio Korsi, Demetrio Herrera Sevillano son de esos poetas que sentían y reflejaban todo lo que en ellos nacía en cada uno de sus versos eran poetas auténticos de esos de los cualés existen pocos.

La Página Panamá Poesía me ha servido de mucho para escribir estas semblanzas de estos grandes poetas y escritores abril se esta diendo rápido pero espero que hasta ahora les estén gustando.

Fuente
Panamá Poesía

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, Gestor Cultural, Embajador de la Paz, Académico, Presidente de la UMECEP Panamá, Escritor, Bloguero, Ensayista, Editor creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del Grupo Amor por las Letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros están a la venta en www.lulu.com www.amazon.com y otros espacios también se pueden encontrar en la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá.



jueves, 21 de abril de 2016

JOAQUÍN BELEÑO GRAN ESCRITOR PANAMEÑO

JOAQUÍN BELEÑO

POR: ROBERT A. GOODRICH V. *

En mi listado de Grandes Escritores Panameños no podía faltar Joaquín Beleño sus obras Gamboa Road Gang, Luna Verde, Curundú, Flor de Banana son piezas magistrales e históricas son novelas que cuentan un antés y un después en la historia del país especialmente en la época de la Zona del Canal cuando los estaadounidenses se encontrabán en Panamá.

En el año 2013 este servidor se ganó el 2 Premio en un Concurso Nacional de Ensayo sobre las obras Gamboa Road Gang y Luna Verde de este talentoso escritor panameño Joaquín Beleño desde chico en las escuelas los estudiantes leen Gamboa Roag Gang obra considerada pieza maestra de la literatura nacional una de las más importantes de la literatura istmeña.

Joaquín Beleño junto a escritores como Ramón H. Jurado, Guillermo Sánchez Borbón, Rogelio Sinán, José Franco, son de los grandes novelistas de Panamá.

Sobre la obras de Joaquín Beleño recomiendo la lectura del ensayo que escribí publiqué tiempo después en: http://www.monografias.com/trabajos102/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno.shtml

Irónicamente Joaquín Beleño nació un murió un mismo día el 5 de febrero.

A continuación una semblanza biográfica de su vida.

Joaquín Beleño Cedeño (1921-1988).  Periodista y novelista, considerado iniciador de la llamada “novela del Canal”.

Joaquín Beleño nació el 5 de febrero de 1921 en la Avenida Sur, dentro de los límites más humildes del barrio de Santa Ana, de la ciudad de Panamá. Su madre, doña Manuela Cedeño de Beleño, también oriunda de la urbe citadina, por parte materna descendía de D. Narciso de Urriola, uno de los firmantes del Acta de Independencia de 1821. Joaquín Beleño Carrillo, el padre, procedía  de Cartagena, y en Panamá se quedó como albañil y constructor. En la autobiografía de Joaquín Beleño, publicada como homenaje póstumo, el escritor cuenta que realizó estudios en la Escuela Justo Arosemena, anexa, en aquel entonces, al Instituto Nacional. Al cumplir los trece años, el padre enfermó gravemente, y el pequeño tuvo que vender periódicos para contribuir a la subsistencia del hogar. Este andar en las calles lo adentró en el mundo que él calificara de “los desapartados”.  Abandonó las aulas del plantel secundario y se convirtió en ayudante, aprendiz de su padre, aquejado de parálisis. Aprendió la albañilería, pero regresó al Instituto Nacional, donde se graduó como bachiller en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, que tuvo consecuencias en la realidad panameña. Entabló en esa época una relación de amistad, aprendizaje, colaboración y  formación literaria con el también periodista y novelista Ramón H. Jurado.

Trabajó como bracero en los muelles de Balboa, mientras estudiaba. La guerra, para Panamá, constituyó la llegada de miles de personas que pasaron por el Istmo o se quedaron en el territorio. El joven Beleño fue obrero, mano para hacerlo todo en ese gran hervidero de actividades. Trabajó en la Zona del Canal como albañil, y en la Armada y en la Marina de Estados Unidos en Panamá. Esos espacios y vivencias, al poco tiempo, se convirtieron en los bosquejos de su novelística. En el diario La Hora, escribió las columnas Temas Áridos y Brújula, donde se vieron retratados los panameños de a pie. Fue presidente del Sindicato de Periodistas de Panamá durante la presidencia del Dr. Roberto F. Chiari, a principios de la década de  1960. Cultivó un periodismo de combate, decidido a la hora de dar opinión. En los años estudiantiles, había sido director del Periódico Voz Universitaria. En la Universidad de Panamá se recibió como Licenciado en Administración Pública y Comercio, con especialización en Ciencias Sociales. También se especializó en el campo de la Administración Pública en la New York University. Fue el organizador del departamento de Estadísticas de la Caja del Seguro Social y director de clasificación de puestos en la Carrera Administrativa. Con esto, realizó un servicio al Estado panameño que había pasado inadvertido aunque, según él, fue más fructífero que su aporte a la literatura nacional.  Como ciudadano, participó en todos los movimientos sociales progresistas, desde la época del Congreso de la Juventud y del Frente Patriótico.

Ganó el concurso Ricardo Miró de 1949 en la sección novela, con Luna Verde (1951), que   también obtuvo el primer premio internacional del Concurso 15 de Septiembre para las Artes, Ciencias y Letras, en la ciudad de Guatemala. Luna Verde ha sido varias veces editada, y traducida al chino, el francés, el inglés y varios idiomas eslavos. Esta obra representa la voz más valiente que ha resonado en literatura panameña, en cuanto plantea el estado de desintegración social y política provocado por la falta de moral y la adoración al dinero. Así, se convirtió durante la segunda mitad del siglo XX en un texto obligatorio entre propios y extraños para conocer la relación de los panameños con los norteamericanos residentes en la Zona del Canal.

En 1956, Joaquín Beleño volvió a ganar el Premio Miró con la novela Curundu Line. Gamboa Road Gang o Los forzados de Gamboa (1960),  su tercera novela, es la que ha merecido más elogios de la crítica internacional. Cuando la publicó continuaba en la brega periodística, y, en una conferencia, poco antes de su fallecimiento, afirmó que el periodismo lo había mantenido siempre como al pianista las teclas del piano. No dejó de escribir hasta el último momento de su vida. En su última novela, Flor de banana (1970), se ocupó de los bananales y la perspectiva del país profundo, azotado por una trasnacional bananera. Escribió también cuentos, y preparó una obra dedicada a su fallecida esposa, Nimia.

La obra novelística de Beleño se distingue, entre los acercamientos de otros escritores panameños, porque recrea situaciones sociales críticas existentes en Panamá en los años en que eran publicados sus trabajos. Lo que narra es lo que a él y a sus coetáneos acontece. Sus elaboraciones literarias no son, en consecuencia, trabajos vinculados a la Historia, sino al presente vivido mientras se escribe.  Así, cuarenta o más años después de publicada la obra de Beleño, su voz mantiene, como experiencia de tres décadas.  Por ejemplo, Luna Verde tiene la forma de un diario que deja constancia de lo que transcurre durante un período de cinco o seis años, mediante ciento catorce cuadros. Tiene como protagonista a un jovencito del interior de la República, hijo de un francés y una panameña, Ramón de Roquebert,  que, procedente de Río Hato, se traslada a la ciudad para estudiar, y que aprovecha las oportunidades que cree haber encontrado para trabajar en la Zona del Canal.  En la época descrita, Estados Unidos mantenía en Panamá numerosas bases militares. Panamá y el Canal cumplían una función militar estratégica frente a la amenaza de las fuerzas enemigas durante la Segunda Guerra  Mundial.  Roquebert muere defendiendo la integridad nacional, en una manifestación de la Federación de Estudiantes, para evitar que fueran entregadas las bases indefinidamente a Estados Unidos. En su trabajo en la Zona, el personaje había aprendido cuáles eran las verdaderas redes sociales tejidas para los blancos, para los negros (coloniales o antillanos) y para los panameños (según los grupos sociales o sus orígenes, y también para los indígenas). Había percibido  que la lengua que hablaba cada grupo servía para discriminar y segregar a las personas. Está también presente en Luna Verde un sentimiento generoso, que vincula el valor de  la bandera panameña con la sangre de los jóvenes mártires,  con la escuela y con la patria; ideal que se mantuvo vivo durante buena parte del siglo XX, entre otras razones, gracias a la literatura que se leía en las escuelas, que incluía las novelas de Beleño.  Su otra novela, Gamboa Road Gang o Los Forzados de Gamboa, presenta la vida de los presidiarios en la penitenciaría de Gamboa. Nuevamente narra un caso real, relacionado con la forma en que recae la justicia norteamericana sobre un panameño negro, Atá, acusado de violar a una estadounidense blanca, Anabelle.

Joaquín Beleño, falleció el 5 de febrero de 1988, día en que alcanzaba los 67 años de edad.

Uno de los Grandes Escritores de la Literatura Panameña Joaquín Beleño a quién por fuera no podía dejar de estos homenajes, de estas semblanzas durante el mes de abril para celebrar al Escritor Panameño.

Fuente:
-Encaribe.org
-Monografías.com

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Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, bloguero, Presidente Nacional de UMECEP Panamá creador del Blog Mi mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del grupo Amor por las letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros están publicados en www.lulu.com www.amazon.com y otras plataformas como ensayista ganó el Segundo Premio Concurso de Ensayos sobre las obras Gamboa Road Gang y Luna Verde del escritor panameño Joaquín Beleño (Panamá 2013), Diploma Concurso Internacional de Ensayo por los Derechos Humanos-Casa Cuba de Houston, Texas (USA 2014), entre otros.