Nombramiento como Académico de número Academia Mundial de Cultura e Literatura de Brasil (2016) teniendo como Patrono a Ricardo Miró y ocupado la silla 60 para mí un honor recibir este hermoso Diploma que me acredita como tal.
Ya anteriormente había sido nombrado Miembro Asociado de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna con sede en New Jersey Estados Unidos (2016) y Miembro Correspondiente de la Academia de Artes, Ciencias y letras de Iguaba Grande, Brasil (2014) muchas gracias por estos inmerecidos nombramientos a este humilde Poeta y Escritor Panameño.
Gracias
Robert Allen Goodrich Valderrama
Aquí los otros Dos nombramientos Academia de Artes, Ciencias e Letras en Brasil (2014) y Academia Norteamericana de Literatura Moderna en USA (2016).
domingo, 20 de noviembre de 2016
JHAVIER ROMERO HERNÁNDEZ GRAN POETA Y DRAMATURGO PANAMEÑO
Miro este cuarto
Miro este cuarto que estuvo dedicado a los naufragios.
Me hace pensar en un puerto de ídolos tristes
donde estoy extraviado,
y en ese rumor de multitud errante que se produce
cuando tu cabellera desampara la tarde
y la mirada del mundo se desliza en su materia de relámpago.
Miro este cuarto donde estoy extraviado,
y llamo sin saber a quién,
y miro las ventanas rotas por la luz del aguacero,
y vuelvo a llamar
y corro entre la sombra de un latido
y me desbarranco hasta el fondo de mi grito
porque quiero morirme de mirar el mar.
De “Lluvia Inflamable”
JHAVIER ROMERO
Jhavier Romero (La Chorrera, 1983) poeta, director de teatro, dramaturgo, músico y profesor de Literatura. En el año 2002, obtuvo el Premio de Poesía “Demetrio Herrera Sevillano” por su poemario Delirios de la sangre. En los años 2004 y 2006 obtuvo Mención de Honor en el Concurso de Poesía “Gustavo Batista Cedeño”, con las obras Poemas para encontrar a un ser humano y Meditación en un laberinto, respectivamente. En el 2009 obtuvo el premio único “Gustavo Batista Cedeño” por su poemario Lluvia Inflamable. En el 2015, su poemario El fin del océano fue premiado en el concurso nacional de poesía “Esther María Osses”
TOMADO DE: CIRCULO DE POESÍA
Miro este cuarto que estuvo dedicado a los naufragios.
Me hace pensar en un puerto de ídolos tristes
donde estoy extraviado,
y en ese rumor de multitud errante que se produce
cuando tu cabellera desampara la tarde
y la mirada del mundo se desliza en su materia de relámpago.
Miro este cuarto donde estoy extraviado,
y llamo sin saber a quién,
y miro las ventanas rotas por la luz del aguacero,
y vuelvo a llamar
y corro entre la sombra de un latido
y me desbarranco hasta el fondo de mi grito
porque quiero morirme de mirar el mar.
De “Lluvia Inflamable”
JHAVIER ROMERO
Jhavier Romero (La Chorrera, 1983) poeta, director de teatro, dramaturgo, músico y profesor de Literatura. En el año 2002, obtuvo el Premio de Poesía “Demetrio Herrera Sevillano” por su poemario Delirios de la sangre. En los años 2004 y 2006 obtuvo Mención de Honor en el Concurso de Poesía “Gustavo Batista Cedeño”, con las obras Poemas para encontrar a un ser humano y Meditación en un laberinto, respectivamente. En el 2009 obtuvo el premio único “Gustavo Batista Cedeño” por su poemario Lluvia Inflamable. En el 2015, su poemario El fin del océano fue premiado en el concurso nacional de poesía “Esther María Osses”
TOMADO DE: CIRCULO DE POESÍA
LUCY CRISTINA CHAU GRAN POETISA Y ESCRITORA PANAMEÑA
Mirar el cielo
Agonizo en la ciudad
me sumerjo herida
y no sólo por ello
cuesta respirar.
No es del todo el aire
matizado con tabaco y maldad
ni las aceras angostas
o el aroma
que me imparte la miseria.
Detengo la misión del día
ante el reflejo que me nombra imperfecta,
miro a toda la gente que gravita
serenidad en el iris de otras coordenadas
multitud de intentos
gotas de estupor
personajes del sueño.
La bala que espero
me toca el hombro
ruega mi chaleco
cedo
en su bondad me recupero
pasa el aire simple
diafragma completo
luz
que no es letrero
grito “libre”
con la sola vocal que recuerdo
y dos segundos antes
supe que en esta ciudad
la única forma de mirar el cielo
es tirada en el suelo
como un muerto.
Casa rota
Sólo escuché silencios repetidos,
y un eco imitando mi voz dolida.
Abrí todas las puertas,
desperté las luces,
abrigué las sillas desnudas.
Dejé caer la casa
– manos de avena,
dulces, tibias, desechas –
dejé dormir las flores
y no volvieron del sueño,
cerré las ventanas,
sellé la entrada,
doblé la espada.
Divinamente triste
ha llovido la tarde,
susurro de adioses,
miradas vacías.
Tengo frío
de veinte inviernos,
hoy se quiebra el sauce
y estamos secos.
Mañana
la llave me espera
pegada a la puerta.
Iré a su encuentro
con la huella de siempre,
el cerrojo domado,
la alegría extinta
y cinco hermanos
que van a querer
– entre todos –
tocar lo que se ha ido.
LUCY CRISTINA CHAU
Panamá (1971). Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2009-2010 en la categoría Cuento, Premio Ricardo Miró 2008 en la sección Poesía y Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en el 2006. Es egresada de la Universidad de Panamá como Licenciada en Humanidades con especialización en el idioma inglés y tiene un Post-grado en Docencia Superior por la Universidad de las Américas. Desde 1993 pertenece al Colectivo de Escritores José Martí, y desde el 2010 co-organiza el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, Panamá. Es además intérprete oficial autorizada (inglés-español) y cantó como solista y coros en el disco Vida de Perros de la agrupación panameña Trópico de Cáncer. Fue la creadora y conductora de la iniciativa artística El Cuento de los Martes, en el año 2003 y actualmente continúa El Cuento de los Martes Virtual en formato de blog.
Entre sus publicaciones individuales está el poemario Mujeres o diosas de la Colección Casa de Poesía en Costa Rica, el libro de cuentos De la puerta hacia adentro, de la Universidad Tecnológica de Panamá, el poemario La Casa Rota de la Editorial Mariano Arosemena del Instituto Nacional de Cultura de Panamá, el poema IndiGentes, de edición independiente; y el poemario La Virgen de la Cueva, de la Editorial Mariano Arosemena
Fuente: Página de la Autora.
Agonizo en la ciudad
me sumerjo herida
y no sólo por ello
cuesta respirar.
No es del todo el aire
matizado con tabaco y maldad
ni las aceras angostas
o el aroma
que me imparte la miseria.
Detengo la misión del día
ante el reflejo que me nombra imperfecta,
miro a toda la gente que gravita
serenidad en el iris de otras coordenadas
multitud de intentos
gotas de estupor
personajes del sueño.
La bala que espero
me toca el hombro
ruega mi chaleco
cedo
en su bondad me recupero
pasa el aire simple
diafragma completo
luz
que no es letrero
grito “libre”
con la sola vocal que recuerdo
y dos segundos antes
supe que en esta ciudad
la única forma de mirar el cielo
es tirada en el suelo
como un muerto.
Casa rota
Sólo escuché silencios repetidos,
y un eco imitando mi voz dolida.
Abrí todas las puertas,
desperté las luces,
abrigué las sillas desnudas.
Dejé caer la casa
– manos de avena,
dulces, tibias, desechas –
dejé dormir las flores
y no volvieron del sueño,
cerré las ventanas,
sellé la entrada,
doblé la espada.
Divinamente triste
ha llovido la tarde,
susurro de adioses,
miradas vacías.
Tengo frío
de veinte inviernos,
hoy se quiebra el sauce
y estamos secos.
Mañana
la llave me espera
pegada a la puerta.
Iré a su encuentro
con la huella de siempre,
el cerrojo domado,
la alegría extinta
y cinco hermanos
que van a querer
– entre todos –
tocar lo que se ha ido.
LUCY CRISTINA CHAU
Panamá (1971). Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2009-2010 en la categoría Cuento, Premio Ricardo Miró 2008 en la sección Poesía y Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en el 2006. Es egresada de la Universidad de Panamá como Licenciada en Humanidades con especialización en el idioma inglés y tiene un Post-grado en Docencia Superior por la Universidad de las Américas. Desde 1993 pertenece al Colectivo de Escritores José Martí, y desde el 2010 co-organiza el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, Panamá. Es además intérprete oficial autorizada (inglés-español) y cantó como solista y coros en el disco Vida de Perros de la agrupación panameña Trópico de Cáncer. Fue la creadora y conductora de la iniciativa artística El Cuento de los Martes, en el año 2003 y actualmente continúa El Cuento de los Martes Virtual en formato de blog.
Entre sus publicaciones individuales está el poemario Mujeres o diosas de la Colección Casa de Poesía en Costa Rica, el libro de cuentos De la puerta hacia adentro, de la Universidad Tecnológica de Panamá, el poemario La Casa Rota de la Editorial Mariano Arosemena del Instituto Nacional de Cultura de Panamá, el poema IndiGentes, de edición independiente; y el poemario La Virgen de la Cueva, de la Editorial Mariano Arosemena
Fuente: Página de la Autora.
sábado, 19 de noviembre de 2016
DEMETRIO HERRERA SEVILLANO EL GRAN POETA POBRE
Cuartos, por
Demetrio Herrera Sevillano
Zonzos
de calor y noche,
pasan cuartos
Cuartos...
Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.
Mujeres semidesnudas
están lavando en el patio,
y pregonando los fogones
un silencio
cuadrilátero.
Cuartos donde necia da
la tos, funeral silbato.
Cuartos con sus caras mustias,
con su exposición de harapos.
La enferma se asoma y llama...,
la enferma se asoma y llama
al viento, que no hace caso.
Aprieta el zaguán oscuro.
Abofetea el tinaco.
y
zonzos,
de calor y noche,
pasan cuartos.
Cuartos...
Cuartos...
Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
que el sol es aristocrático.
Calidonia, por
Demetrio Herrera Sevillano
Los automóviles gritan.
El tranvía pide permiso
y el viento me cae encima
atropellado por los autobuses.
Súbito, ¡zas!,
un jamaicano salta,
del brazo de la vía,
al heroico pescante de una chiva
que se come -¡golosa!- la distancia.
La calle respira por sus callejones.
y
-carbón de mangle en bruto-,
en soso monorritmo,
las sólidas cabezas.
-What are you doing, my brother?
-Nothing, nothing.
Por aquí a las cantinas
pariéronlas juntitas
como a las hermanas Dionne,
y hay un hedor travieso
que insiste en molestarme.
Negros. Más negros. Más negros.
-What are you doing, my brother?
-Nothing, nothing.
Terquedad de las casas
en atajar la calle,
que intenta liberarse
-¡delicioso!-
del trato siempre injusto
que danle los vehículos.
¡Calidonia!
Algunos cruzan corriendo...
Las chivas se persiguen
y ríos abigarrados de gente que va y viene
inunda las aceras.
En el ombligo férvido
el policía del tránsito
abofetea el ambiente.
Tú Siempre Dices Que Sí, por
Demetrio Herrera Sevillano
Paisano mío,
panameño;
tú siempre respondes: «sí».
Pero no para luchar.
Que no para protestar
cuando te ultrajan a ti.
Paisano mío,
panameño:
tú siempre respondes «sí».
Si te dan un peso diario,
«Sí, sí, sí.»
Si te gobierna un tirano,
«sí, sí, sí.»
Paisano mío,
panameño:
tú siempre respondes «sí».
Aprende a decirle «no»,
aprende a decirle «no»
a lo que le dices «sí».
Pero no, que dices «no»
cuando necesitas «sí».
Y al decir «sí» cuando «no»
y «no» cuando debes «sí»,
resulta que tu «sí» es «no»,
lo mismo que tu «no» «sí».
¡por favor!
Que no se diga
Que tú no tienes conciencia.
¡No, no, no!
Ni que sólo dices «sí»
aunque necesites «no».
Ni que te gusta el ultraje.
¡No, no, no!
Ni vagar en la miseria...
Pero no, que dices «no»
cuando necesitas «sí».
Y al decir «sí» cuando «no»
y «no» cuando debes «sí»,
resulta que tu «sí» es «no»,
lo mismo que tu «no» «sí».
Tú siempre respondes: «sí»,
paisano mío,
panameño;
tú siempre respondes: «sí».
Pero no para luchar.
Y menos para ultrajar
cuando te ultrajan a tí,
paisano mío,
panameño;
tú siempre respondes: «sí».
Vida Pobre, por
Demetrio Herrera Sevillano
He vuelto triste a mi tugurio. Triste.
Mi madre, perspicaz, ha comprendido
que nada he conseguido...
nada contra el dolor que nos asiste.
Está el fogón cual lo dejé: dormido.
Pero la pobre en ocultarme insiste
el hambre que su rostro ha deprimido,
y, "mañana, -me alienta- tú persiste".
Dúlcidas expresiones que comprendo!
No quiere -madre al fin- mirar conmigo, ...
conmigo el mal, sobre mi mal creciendo.
Y así marchamos, tras la misma estrella:
hoy ella riendo, y yo, porque consigo;
mañana sin reir, ni yo, ni ella.
del libro: Los Poemas del Pueblo
Nocturno de las Calles, por
Demetrio Herrera Sevillano
En la rodilla de un poste
--rubí que luce la noche--
el foco sobresaltado
de una cajilla de alarma.
Los faroles eléctricos
--candelabros ante el muerto
de la calle--
echan sus brazos de luz
en las espaldas sedosas,
del silencio.
Están las casas pensando.
Y el cielo --mesa de Dios--
viste su carpeta bruma.
Traigo la mirada: grave
me va observando la sombra.
Entre la sombra hay un bulto:
algún fantasma en la sombra.
Abro el compás de mis piernas
y marco un punto
2
3...
y marco miles de puntos.
La soledad ha dormido
a la ciudad en sus brazos.
Sólo mi existencia sigue:
la lleva el sueño a empellones
hacia sus paredes 4.
Del libro: Kodak. 1937.
DEMETRIO HERRERA SEVILLANO
(1902-1950)
De padre colombiano y madre oriunda de La Chorrera, nace en Panamá. Es un hombre pobre, que vive en esta capital, salvo algunas ausencias en San Blas y David. Sólo hizo estudios de escuela primaria. Pero en las lecturas y en la vida encontró su verdadera formación. Fue de oficio encuadernador. Se casó joven, y tenía hijos. Con uno de ellos vivía, en una habitación sórdida, cuando le sorprendió la muerte durante la siesta. Al regresar su hijo de la escuela, lo encontró muerto. Vivía cerca de la plaza de Santa Ana, verdadero centro popular de Panamá. El -como antes Demetrio Korsi- fue cantor de la plaza y de sus aledaños de pobres. Sus poemas, según Pedro Rivera, son «radiografías del alma popular».
Se inspira en sus lecturas -Vicente Huidobro, García Lorca, Rafael Alberti, Nicolas Guillén y Julio Flóres-. Se le ha considerado como el verdadero poeta del pueblo que ha tenido Panamá.
FUENTE: PANAMÁ POESÍA
CÉSAR YOUNG NÚÑEZ GRAN POETA PANAMEÑO
por César Young Núñez
Vivo en el deseo de encontrarla en un
mundo de paz.
Vinicius de Moraes.
Adiós infancia, ya te fuiste,
y yo no he de volver para encontrarte.
Inútil fue que te colgaras del tiempo
como un pez a un caballito de mar.
Quisiera verte ahora y llevarte de la mano
por las avenidas irreales del recuerdo.
Eras un valle de ternura,
sencillamente eso, un valle de ternura.
Nos queríamos tanto!
Querías ser pobre,
y ayudar a cruzar la calle a las viejitas.
Oh Dios mío! Que buenas eras, Infancia!
En el invierno la lluvia corría por los techos,
mojaba la ropa de las lavanderas,
danzaba por las calles, humedecía el rostro de los pescadores,
y viajaba en el navío blanco del alba.
La vida tenía el aroma de las tiras cómicas
y de los vendedores de frutas.
Ah!, la vida qué otra y qué distinta!
Oh, cómo quisiera no acordarme de estas cosas!
Dios mío, dame fuerzas!
San Gregorio Mártir, dame muchísima fuerza!
Qué haré contigo, Memoria, que me cuentas todo!
Pobre de mí! Jugabas a la gallina ciega,
eras a la vez Carlos Gardel, Joe Dimaggio y Kid Chocolate.
Paz! Paz! Memoria mía!
Perdóname. No quise recordarte
en esta tarde de mariposas bordadas en el viento.
Cálmate ilusión que un día fue mi infancia!
Recordar es triste oficio.
Y hace unos momentos estuve a punto
de derramar océanos de lágrimas,
ahorros de lágrimas.
El tiempo, claro y veloz,
se tragó los calendarios.
Yo no pude impedirlo.
Pensé que tal vez nada iba a cambiar.
El cine, la playa adonde ibas a soñar lejanos viajes.
El fantasma aquél que se me apareció en una noche de luna.
Las golondrinas del parque que dormían el verano.
Oh, cómo quisiera decirte esto sin herirte!
Tuve que olvidarte para ir a las trincheras de la vida.
Debo explicarte que no me fue posible recordarte.
Tanta nostalgia no era posible!
Tanto dolor no era posible!
Oh mísero de mi! Quisiera ser niño.
Matricularme en otra vida.
Aprender el lenguaje de los grillos.
Dentro de poco perteneceré al Partido Comunista.
Oh cállate ambición mía!
Si me fuera posible convivir con las hormigas!
(Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, ahora,
y en la hora de nuestra muerte.
AMEN!)
Mañana! Mañana!
Quién dirá que tú existías,
Infancia mía para siempre muerta!
La tristeza vive conmigo.
La pobreza vive conmigo.
No sé como decirlo: agua, música, flores,
cumpleaños, sexo, hambre, muerte.
Mamá! Mamá! No puedo sufrir más!
Científicos japoneses, auxílienme!
Ludwig Van Beethoven, acude presto
con tus variaciones para un poeta moribundo!
Rezad, rezad por mí, el poeta no respira.
Poetas rusos, poetas del Brazil y del Atlántico,
os encargo el epitafio a mi cadáver.
(Oh! Otra vez esa Voz! Tal vez la voz de la Infancia!
No puede ser. Tal vez el espíritu que cité
una vez en una sesión espiritista.)
Perdóname, Infancia. Perdónalos a todos.
Y si es posible, diles que no les guardo ningún rencor.
Que en mí vive el amor a la vida, el amor a los seres y a las cosas.
Y que espero finalmente pintarle dos alas a la Poesía
y llevarla al cielo de las musas.
Adiós, Infancia, adiós. . .
Adiós Infancia buena y pálida.
Infancia mía de mis buenos sueños.
Adiós te digo tiernamente. Adiós! Adiós!
Yo no he de volver. . .
Del libro: Poemas de Rutina.
Calle de Salsipuedes,
por César Young Núñez
Calle de Salsipuedes
Calle con pulseras de vientos
y colinas y laberintos
Calle inclinada
como el delicado cuello de un cisne
Calle estrecha como el túnel de un bambú
tal como una jarra llena de monedas
crece tu música en mí
tus palabras que corren
como una llamarada de perros
el sol que llega y saluda con halago
los buhoneros y sus voces
rayadas con el amor a la vida
la billetera con anillos de sueños en las manos
la empleada que va al mercado
con un ojo colgado de la calle
y el otro del cielo
Calle que chupas aguardiente
y con mil piernas llegas a la casa
vamos a echarnos un trago
harto ya de hacer muecas
a la miseria que pasa
Heme aquí con mi corbata de lunas
y mi paraguas color de tiburón
Calle subdesarrollada
Calle donde la vida caminó descalza
con pregones en la madrugada
Calle donde le fabricamos
un ataúd a la amargura
y nos quedamos con sus hijas
para alimentarlas cada día
Calle orgullosa esplendor del mundo
bazar suelo mercado blanco
donde “Chorrera” el amigo de la infancia
vende pañuelos ganchos
peinillas con música de pájaros
y cordones espejos juguetes para la vida
y souvenirs y baratijas
Abandonado cielo dulce calle
que sin saber te quieren echar a la calle
quieren que te vayas
como una huérfana a ninguna parte
te quieren hundir y que te ahogues
destruir tus carretillas con naranjas
tus cintas de colores tu corazón de papel
tus chicharrones llenos de sol
y tu sonrisa con verduras y limones
te quieren echar a la calle
esos hijos con tripas de culebras
Calle deslumbrante
que paseas el domingo por la tarde
tan seria como un juego de bingo
que te dejas retratar
por un fotógrafo ambulante
con esas cámaras trípodes en cajas de madera
Oh nunca me olvidaré de esas fotos
donde luces un lazo rojo en la cabeza
ó una franela a rayas
y gorro de marino
Mi calle sin nubes mi biografía
Esta mañana estoy hablando de ti
en la panadería
con tus personajes famosos
Madindín
El Loco Tín
Capitán Velorio y Pata ‘e Loro
Oh debieran enrojecerse de vergüenza
si te alejaran de mí
decretando tu exilio. . .
Del libro: Poemas de Rutina.
No llores más que tu llanto me entristece,
por César Young Núñez
Lloro por las cosas que uno siempre quiso
y nunca tuvimos ni la sombra
Lloro por el hombre de la tienda azul
que le robaron dos tazas de té
y tiene el corazón destrozado
Lloro porque no le hice nunca una canción de Kuna
al poeta Aristeides Turpana
por no dominar el idioma Kuna
Lloro por el kama sutra porque no es sutra ni la kama
Lloro por el hambre porque nunca tiene sed
Lloro por la sed porque nunca tiene hambre
Lloro por la mujer que todavía amo
Lloro por Janis Joplin y Violeta Parra
porque llenaron mi corazón de música
Lloro porque siempre me fui sin decir adiós
Lloro por mi juventud de vino y tesoro
y cuando quiero llorar suben de precio las lágrimas
Lloro por la llorona loca, por el llorón
Lloro loros, Loros lloros
Lloro por Llorente y por mi llorillanto
Lloro por mi llori/queo técnico en el octavo asalto
Y cuando no me dan de beber lloro!
Del libro: Carta a Blancanieves.
Máximas para los pajaritos sin hogar,
por César Young Núñez
Hoy amaneció
la ciudad sin árboles
y al aire durmió anoche
con los ojos de Charles Dickens
suspendidos en el cielo.
Hombres con cara de cemento,
espantapájaros de hierro,
decretaron
la tala de los árboles
para tapar el sol
con los cabellos.
Oh mis buenos amigos,
por eso os escribo
estas máximas minúsculas
con la aprobación de la
Sociedad protectora de los pájaros
y la Junta de Inquilinato de las plumas.
En primer lugar
cuando oscurezca
dormiréis calladamente
en la ornitología de las cúpulas
donde las iglesias
os miran con ternura.
Haced vuestros nidos
en la cabeza de los calvos
que os quedarán eternamente agradecidos.
Haced vuestras necesidades
en las cabezas de los que tienen cabeza de aserrín
y la exhiben públicamente.
Poned vuestros huevitos
como un céntimo de sol
en la mano de los pobres.
Para que puedan volar sin trabas
(sin que les cuelguen un ticket por velocidad)
llevad los niños a la escuela
y sobre todo a las niñas
en un vuelo expreso.
Es importante que os deis cuenta
que tendréis que llegar a las ventanas
de los hospitales de caridad
para que con vuestro canto
alegréis a los enfermos.
También ensayad cantos nuevos
(con sonido estereofónico)
en las salas de maternidad
y en los asilos de ancianos.
Deberéis sortear toda clase de peligros
(favor no olvidar los rayos Lasser)
en todos los vuelos que emprendáis.
Pero no os desesperéis,
porque después de todo,
mañana cuando amanezca
encontraréis otros árboles
creciendo en mi garganta
en el silencio deslumbrante
del invierno. . .
Del libro: Poemas de Rutina.
César Young Núñez
(1934)
Nacido en la ciudad de Panamá, el 24 de abril de 1934. Bachiller del Colegio de La Salle (1952). Licenciado en Filosofía y Letras con especialización en Español por la Universidad de Panamá. Catedrático universitario, poeta, narrador y columnista.
Desde temprana edad muestra su afición por la poesía, colaborando con los diarios locales y en revistas nacionales y extranjeras. Ejerció el periodismo literario como corresponsal en Panamá de la revista Mexicana de poesía Pájaro Cascabel y en 1971, junto con sus compañeros generacionales, participó en la publicación del cuaderno de poesía Sie7e. Young Núñez es reconocido por sus recitales, individuales y de grupo.
Colaborador del Diario La Prensa en la década de 1980, con sus columnas Las gafas de Groucho Marx y el Viaje submarino en veinte lenguas, firmadas por Julio Viernes. Después su hábil pluma pasa a la revista Ellas de La Prensa, donde durante casi 25 años aparece su columna Cartas a Julio Viernes, que luego se traslada al suplemento dominical Mosaico.
Refiriéndose a Young Núñez, Rodrigo Miró nos dice en su obra, Itinerario de la Poesía en Panamá: “De ascendencia china, lo que parece explicar cierta buída lucidez que le caracteriza, es dueño asimismo de una vena de humor no frecuente en nuestras letras. Admirador de Nicanor Parra, practica el antipoema y la literatura del absurdo”. Y podemos agregar, que al leer a Young Núñez estamos frente a la poesía jocosa, a los versos que nos sacan una sonrisa y hasta nos arrancan una carcajada.
Obtuvo una mención honorífica en el Concurso Literario Ricardo Miró de 1962, con el libro inédito Del otro lado del viento. Segunda mención honorifica del Concurso Literario Ricardo Miró de 1965, con su obra Poemas de rutina. Premio Universidad (1972-1973), con la obra Instrucciones para ángeles. En el año 2002 se le concede el Premio Nacional de Poesía Ricardo J. Bermúdez, por su aporte original a la poesía panameña. En el 2014, como reconocimiento a su trayectoria poética, es distinguido con La Condecoración Rogelio Sinán. Young Núñez ha sido incluido en varias antologías sobre poesía panameña e hispanoamericana.
Fuente: Panamá Poesía
viernes, 18 de noviembre de 2016
DEMETRIO KORSI GRAN POETA PANAMEÑO
Incidente de Cumbia, por
Demetrio Korsi
Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá,
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...
Baile que legara la abuela africana
con cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.
Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...
Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.
Y el tambor trepida! Y la cumbia alegra!
Meme baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
y es que quiere a un gringo la zamba fatal!
Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo;
¡juma toca cumbia, dice Chimbombó!...
Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
-cogida del brazo de su amante gringo-
rumbo al dormitorio de Pancha Manchá.
Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
y la turbamulta de negros y zambos
siente que, a la Raza, Chimbombó vengó...
Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia trepidando está,
pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá...
Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó;
siempre habrá clientela y siempre habrá plata,
¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!
Parque de Santa Ana, por
Demetrio Korsi
Parque de Santa Ana,
por tu pasado y por el porvenir.
¡El primer monumento nacional!
La iglesia se yergue mirándote.
Anoche un negro se casó:
iba vestido de guantes blancos
y una sonrisa blanca.
Mi padre fue un trabajador,
un capitán de dragas, un lobo de mar.
¡Salud, capitán!
En los rompeolas hay algo de sus bíceps,
pulseaba las mareas,
era un experto en horizontes.
!Salud, capitán!
Me infunde pensamientos profundos
el hombre que llegó en aventurero
para engendrar al hombre que le canta al Canal.
¡Canal! Guión de inmensidades,
norte, sur, este, oeste.
¡Oh grúas, que desentrañan los Andes!
¡Oh esclusas, matrices del progreso!
El mundo es Panamá.
¡Campanas de Santa Ana!
Más dulces que los ángeles,
nos cantaron la primera canción
y acaso acompasen la canción del olvido
con el adiós de las palmeras.
El Parque de Santa Ana es el pueblo,
el verdadero pueblo.
Cordialmente allí somos amigos y enemigos,
nos queremos y odiamos con fraternidad.
La iglesia nos vio a todos pequeños.
¡Cuán inverosímil la infancia!
¡Quién pudiese vivirla otra vez
en ti como entonces, Parque de Santa Ana,
levadura de Panamá!
¡Soy el poeta del barrio de Santa Ana!
Ese es mi orgullo. Aquello es mío.
El carretero ha sido mi compañero,
la sirvienta ha sido mi camarada.
Yo conozco los blancos, los negros, los mestizos,
a cada cual le sé su vida y milagros.
Soy auténtico, soy trascendental.
Soy un pedazo del pueblo.
¿Quién no me conoce en Panamá?
Desde el limpiabotas al Presidente.
Señores: Yo necesito el Porvenir...
DEMETRIO KORSI
(1899-1957)
Demetrio Korsi, poeta y periodista profesional, y a veces, diplomático, político y dibujante, nació en la ciudad de Panamá en 1899. Fueron sus padres el Capitán del mismo nombre, de origen griego, y la panameña Elisa Herrera de Korsi.
Efectuó los primeros estudios en la Escuela Santa Ana de Varones, hoy Manuel José Hurtado, y en el plantel de los Hermanos Cristianos, descubriendo enseguida ingénitas inclinaciones literarias. En el Instituto Nacional obtuvo título de Bachiller en Humanidades, llegando a contar, entre quienes lo animaban al cultivo de las letras, con el apoyo de Guillermo Andreve y Octavio Méndez Pereira. Más tarde en norteamérica, motivos de fuerza mayor lo obligaron a interrumpir estudios de medicina, retornando a Panamá para ingresar a la Escuela de Derecho, donde también suspendería esta carrera por razones de salud. Una vez restablecido, se dedicó a menesteres de la abogacía y a colaborar en periódicos y revistas, tanto nacionales como extranjeras.
La inclusión de su nombre en el Parnaso Panameño, editado por Méndez Pereira en 1916, y la forma benévola como eran recibidas sus producciones, alentaron a Korsi a dedicarse al oficio de escritor. Emprende entoces una tesonera actividad literaria alcanzando a diecinueve, en un lapso de treinta y siete años, el número de libros suyos editados por propia iniciativa.
Todos su libros, como las ocupaciones periodísticas y diplomáticas de Korsi, se producen en relación con las fuerzas circunstanciales que determinaban los rumbos de su vida. Si por azar no fue escritor, por dedicarse a escribir llegó a ser poeta, novelista, cónsul y corresponsal en París de una treintena de periódicos y revistas importantes de habla hispana y portuguesa. Ejerció la representación consular de su país en San Francisco de California, en las ciudades francesas de El Havre, Burdeux y Marsella, y en Kingston, Jamaica. Además de las representaciones ocupó cargos burocráticos en la Secretaría de Instrucción Pública y la Biblioteca Colón en Panamá.
En El Havre, en 1926, contrajo Korsi matrimonio con la ciudadana francesa Angela Julian, de cuyo enlace nació una hija. Divorciado, volvió a casarse en 1948 en Panamá con su coterránea Eloisa M. Sandoval, unión de la que nacierón tres hijos: un varón y dos mujeres.
Iniciado como admirador de Chocano, cultivará después la veta humorista, el tema afroíndigena y aspectos varios de la vida en nuestra capital. Korsi vio con simpatías las tendencias que se sucedieron al modernismo, y sin perder su elegancia y señorío poético, ha vestido, en ocasiones, su musa de vanguardismo.
Demetrio Korsi, humorista, bohemio, estudioso del pulso popular y enamorado perpetuo del Parque de Santa Ana, falleció en la Ciudad de Panamá, el 30 de octubre de 1957, mientras pulía los versos de un poema en ciernes.
FUENTE: PANAMÁ POESÍA
Demetrio Korsi
Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá,
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...
Baile que legara la abuela africana
con cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.
Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...
Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.
Y el tambor trepida! Y la cumbia alegra!
Meme baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
y es que quiere a un gringo la zamba fatal!
Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo;
¡juma toca cumbia, dice Chimbombó!...
Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
-cogida del brazo de su amante gringo-
rumbo al dormitorio de Pancha Manchá.
Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
y la turbamulta de negros y zambos
siente que, a la Raza, Chimbombó vengó...
Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia trepidando está,
pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá...
Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó;
siempre habrá clientela y siempre habrá plata,
¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!
Parque de Santa Ana, por
Demetrio Korsi
Parque de Santa Ana,
por tu pasado y por el porvenir.
¡El primer monumento nacional!
La iglesia se yergue mirándote.
Anoche un negro se casó:
iba vestido de guantes blancos
y una sonrisa blanca.
Mi padre fue un trabajador,
un capitán de dragas, un lobo de mar.
¡Salud, capitán!
En los rompeolas hay algo de sus bíceps,
pulseaba las mareas,
era un experto en horizontes.
!Salud, capitán!
Me infunde pensamientos profundos
el hombre que llegó en aventurero
para engendrar al hombre que le canta al Canal.
¡Canal! Guión de inmensidades,
norte, sur, este, oeste.
¡Oh grúas, que desentrañan los Andes!
¡Oh esclusas, matrices del progreso!
El mundo es Panamá.
¡Campanas de Santa Ana!
Más dulces que los ángeles,
nos cantaron la primera canción
y acaso acompasen la canción del olvido
con el adiós de las palmeras.
El Parque de Santa Ana es el pueblo,
el verdadero pueblo.
Cordialmente allí somos amigos y enemigos,
nos queremos y odiamos con fraternidad.
La iglesia nos vio a todos pequeños.
¡Cuán inverosímil la infancia!
¡Quién pudiese vivirla otra vez
en ti como entonces, Parque de Santa Ana,
levadura de Panamá!
¡Soy el poeta del barrio de Santa Ana!
Ese es mi orgullo. Aquello es mío.
El carretero ha sido mi compañero,
la sirvienta ha sido mi camarada.
Yo conozco los blancos, los negros, los mestizos,
a cada cual le sé su vida y milagros.
Soy auténtico, soy trascendental.
Soy un pedazo del pueblo.
¿Quién no me conoce en Panamá?
Desde el limpiabotas al Presidente.
Señores: Yo necesito el Porvenir...
DEMETRIO KORSI
(1899-1957)
Demetrio Korsi, poeta y periodista profesional, y a veces, diplomático, político y dibujante, nació en la ciudad de Panamá en 1899. Fueron sus padres el Capitán del mismo nombre, de origen griego, y la panameña Elisa Herrera de Korsi.
Efectuó los primeros estudios en la Escuela Santa Ana de Varones, hoy Manuel José Hurtado, y en el plantel de los Hermanos Cristianos, descubriendo enseguida ingénitas inclinaciones literarias. En el Instituto Nacional obtuvo título de Bachiller en Humanidades, llegando a contar, entre quienes lo animaban al cultivo de las letras, con el apoyo de Guillermo Andreve y Octavio Méndez Pereira. Más tarde en norteamérica, motivos de fuerza mayor lo obligaron a interrumpir estudios de medicina, retornando a Panamá para ingresar a la Escuela de Derecho, donde también suspendería esta carrera por razones de salud. Una vez restablecido, se dedicó a menesteres de la abogacía y a colaborar en periódicos y revistas, tanto nacionales como extranjeras.
La inclusión de su nombre en el Parnaso Panameño, editado por Méndez Pereira en 1916, y la forma benévola como eran recibidas sus producciones, alentaron a Korsi a dedicarse al oficio de escritor. Emprende entoces una tesonera actividad literaria alcanzando a diecinueve, en un lapso de treinta y siete años, el número de libros suyos editados por propia iniciativa.
Todos su libros, como las ocupaciones periodísticas y diplomáticas de Korsi, se producen en relación con las fuerzas circunstanciales que determinaban los rumbos de su vida. Si por azar no fue escritor, por dedicarse a escribir llegó a ser poeta, novelista, cónsul y corresponsal en París de una treintena de periódicos y revistas importantes de habla hispana y portuguesa. Ejerció la representación consular de su país en San Francisco de California, en las ciudades francesas de El Havre, Burdeux y Marsella, y en Kingston, Jamaica. Además de las representaciones ocupó cargos burocráticos en la Secretaría de Instrucción Pública y la Biblioteca Colón en Panamá.
En El Havre, en 1926, contrajo Korsi matrimonio con la ciudadana francesa Angela Julian, de cuyo enlace nació una hija. Divorciado, volvió a casarse en 1948 en Panamá con su coterránea Eloisa M. Sandoval, unión de la que nacierón tres hijos: un varón y dos mujeres.
Iniciado como admirador de Chocano, cultivará después la veta humorista, el tema afroíndigena y aspectos varios de la vida en nuestra capital. Korsi vio con simpatías las tendencias que se sucedieron al modernismo, y sin perder su elegancia y señorío poético, ha vestido, en ocasiones, su musa de vanguardismo.
Demetrio Korsi, humorista, bohemio, estudioso del pulso popular y enamorado perpetuo del Parque de Santa Ana, falleció en la Ciudad de Panamá, el 30 de octubre de 1957, mientras pulía los versos de un poema en ciernes.
FUENTE: PANAMÁ POESÍA
jueves, 17 de noviembre de 2016
DIANA MORÁN GRAN POETISA PANAMEÑA
DIANA MORÁN
(1932-1987)
Nació en Panamá el 17 de noviembre de 1932 y murió en México el 10 de febrero de 1987. Al momento de su fallecimiento era profesora titular de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), de la ciudad de México. Llegó a ese hermano país en 1969, exiliada luego del golpe militar de 1968, cuando era dirigente de la Asociación de Profesores.
Fue docente en el Instituto Fermín Naudeau (hasta su detención y destierro) donde orientó a muchos jóvenes en las lides literarias y les inculcó el amor por el arte y la patria.
En el colegio de México obtuvo el Doctorado en Letras Hispánicas con la tesis Cien Años de Soledad: novela de la demitificación (editada por la UNAM en 1988).
Su poesía combativa y revolucionaria fue publicada en Panamá, Cuba, México, Guatemala, Estados Unidos, Chile y España. Gaviotas de Cruz Abierta, recibió el premio Ricardo Miró en 1965 y nunca fue publicado en volumen.
Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán
Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!
Para El Año 2000 Debemos Ser Tercos , por
Diana Morán
Nosotros
los rompebarcos de la marinada
tirapiedras fecundos
antes de que un pedazo de sandía
perturbara
los plácidos kilómetros de los ojos
azules.
Nosotros
la botella de lágrimas rabiosas
contra toda fecha
de la letra perpetua renovada.
Nosotros
los legendarios quiebravidrios
negafirmas contagiosos gritabarcos
con nuestra siembra de banderas
en el despertar de todas las mañanas.
Nosotros
sí
los prohibidos
los malditos apagados prendidos
desde no sé que consigna
del Prestán amotinado.
Nosotros
malditos
malditísimos despojados de la
Patria.
Nosotros
cuando el gallo de Pascua
despunte el sol del mediodía
dos mil veces ascarios aragones
prestanes palominos
construiremos la casa de los sueños
con la moneda propia de su mapa.
No es la moda de llamarnos tercos
sino el instinto de conservar
el nosotros de la sangre y del esperma.
No es el querer ser tercos de remate
con un golpe gastado dominio
semántico.
En este desafío de relojes
entre el supermán que se roba las
galaxias
y el despegue endeudado de las
pulgas.
Tenemos que ser tercos:
tercos de dulzura
tercos en la cárcel
en la muerte tercos
tercos y más tercos en la firma
tercos
terquísimos
para pasar por el ojo del camello
y recobrar la cintura de las aguas.
FUENTE: PANAMÁ POESÍA
(1932-1987)
Nació en Panamá el 17 de noviembre de 1932 y murió en México el 10 de febrero de 1987. Al momento de su fallecimiento era profesora titular de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), de la ciudad de México. Llegó a ese hermano país en 1969, exiliada luego del golpe militar de 1968, cuando era dirigente de la Asociación de Profesores.
Fue docente en el Instituto Fermín Naudeau (hasta su detención y destierro) donde orientó a muchos jóvenes en las lides literarias y les inculcó el amor por el arte y la patria.
En el colegio de México obtuvo el Doctorado en Letras Hispánicas con la tesis Cien Años de Soledad: novela de la demitificación (editada por la UNAM en 1988).
Su poesía combativa y revolucionaria fue publicada en Panamá, Cuba, México, Guatemala, Estados Unidos, Chile y España. Gaviotas de Cruz Abierta, recibió el premio Ricardo Miró en 1965 y nunca fue publicado en volumen.
Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán
Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!
Para El Año 2000 Debemos Ser Tercos , por
Diana Morán
Nosotros
los rompebarcos de la marinada
tirapiedras fecundos
antes de que un pedazo de sandía
perturbara
los plácidos kilómetros de los ojos
azules.
Nosotros
la botella de lágrimas rabiosas
contra toda fecha
de la letra perpetua renovada.
Nosotros
los legendarios quiebravidrios
negafirmas contagiosos gritabarcos
con nuestra siembra de banderas
en el despertar de todas las mañanas.
Nosotros
sí
los prohibidos
los malditos apagados prendidos
desde no sé que consigna
del Prestán amotinado.
Nosotros
malditos
malditísimos despojados de la
Patria.
Nosotros
cuando el gallo de Pascua
despunte el sol del mediodía
dos mil veces ascarios aragones
prestanes palominos
construiremos la casa de los sueños
con la moneda propia de su mapa.
No es la moda de llamarnos tercos
sino el instinto de conservar
el nosotros de la sangre y del esperma.
No es el querer ser tercos de remate
con un golpe gastado dominio
semántico.
En este desafío de relojes
entre el supermán que se roba las
galaxias
y el despegue endeudado de las
pulgas.
Tenemos que ser tercos:
tercos de dulzura
tercos en la cárcel
en la muerte tercos
tercos y más tercos en la firma
tercos
terquísimos
para pasar por el ojo del camello
y recobrar la cintura de las aguas.
FUENTE: PANAMÁ POESÍA
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