jueves, 26 de noviembre de 2015
ERNESTO J. CASTILLERO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Ernesto de Jesús Castillero Reyes
Ernesto de Jesús Castillero Reyes (1889-1981). Historiador y educador panameño. Formó parte de la primera generación de historiadores de Panamá en el siglo XX.
Ernesto de Jesús Castillero nació el 28 de junio de 1889 en Ocú, provincia de Herrera. Con dificultad llevó a cabo en su pueblo natal los primeros estudios, interrumpidos por la Guerra de los Mil Días.
En 1902, firmada la paz, y con una beca del obispo de la Diócesis de Panamá, comenzó la carrera eclesiástica en el Seminario de esa ciudad, única institución educativa que se mantenía abierta tras la guerra. Estuvo desde 1903 hasta 1909 en el Seminario que, en ese año, cerró sus puertas por conflictos internos. Ganó entonces en concurso una beca para continuar en el Instituto Nacional, recién inaugurado en el mismo año. Así, le tocó ser uno de los primeros catorce jóvenes egresados del Instituto Nacional, en 1913, cuando recibió su diploma de Maestro de manos del presidente de la República, Dr. Belisario Porras.
Laboró en la enseñanza primaria en Antón, Guararé y Las Tablas, y al recibir un ascenso, se desempeñó como Inspector de las Escuelas de Coclé, con sede en Penonomé. Fue convocado después a la capital, con el nombramiento de Secretario de la Dirección General de Educación con funciones de Visitador Escolar. Esta labor, según su propio testimonio, le hizo conocer la experiencia de la falta de caminos a través de toda la República. Castillero dio fe de la carencia de maestros en su época, así como del peligro que sufrían las vidas de los que tomaban la decisión de afrontar los peligros para llevar la educación a los últimos rincones del país, pues más de uno pereció en las aguas turbulentas de algún río crecido.
Cumplida esta tarea, en 1938 la Facultad de Humanidades -Sección de Educación- de la Universidad de Panamá le otorgó un Certificado de Créditos en Historia Nacional y Americana. Entonces trabajó en los principales centros escolares de la capital: el Instituto Nacional, la Escuela Normal de Institutoras y la Escuela de Artes y Oficios. Antes de esa fecha había publicado El ferrocarril de Panamá y su historia, y, en 1932, Historia de la reorganización del Partido Conservador en Panamá. También en ese año se le nombró Miembro de número de la Academia Panameña de la Historia, a la que llegó invitado por el Dr. Ricardo J. Alfaro, el hombre más sobresaliente del país en el siglo XX, según lo calificó Castillero, con quien se completaba el número de los fundadores de la Academia. Su discurso de ingreso se tituló La causa inmediata de la emancipación de Panamá.
No obstante, se consideró a sí mismo un autodidacta en los estudios históricos. En su autobiografía muestra cuál era la verdadera situación de los años anteriores a 1935 en la República de Panamá: no hubo universidad sino hasta ese año, cuando se fundó la Universidad de Panamá. Y solo en 1942, bajo los auspicios del presidente Ricardo Adolfo de la Guardia y por sugerencia del mismo Ernesto J. Castillero, se fundó la Biblioteca Nacional, de la que fue el primer director.
Difícil había sido la situación para aquellos que, como Castillero, cultivaban la vocación por el estudio. Por eso ofreció su reconocimiento al Dr. Ricardo J. Alfaro, quien fuera su profesor en el Instituto Nacional y le ofreciera estímulo y aprecio por su interés en dar rumbos a la historiografía panameña. Castillero llegó a ser el tercer presidente de la Academia Panameña de la Historia.
En 1933 fue Secretario de la delegación panameña a la VII Conferencia Interamericana, celebrada en Montevideo, Uruguay.
En 1935 recibió un premio por su libro Historia de la Comunicación Interoceánica, que editó el gobierno Nacional en 1941.
Asistió al Congreso Gran Colombiano de Historia, realizado en Bogotá en 1938; al año siguiente concurrió, en Madrid, al Primer Congreso Hispanoamericano.
En 1939 fue nombrado Secretario de Actas de la Primera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de América, reunidos en Panamá. Asimismo dio a conocer su obra Panamá en la Gran Colombia, y publicó Historia de la comunicación interoceánica y de su influencia en la formación y en el desarrollo de la entidad nacional panameña.
Fue electo secretario de la Conferencia de Ministros y Directores de Educación del continente, reunida en Panamá en 1945. Como educador de mérito, Castillero presidió por varios años, y en distintas ocasiones, la Asociación de Maestros de la República, y dejó publicadas dos Memorias del trabajo de esa institución.
En 1946 presentó su Historia de los símbolos de la patria panameña.
En 1948, en sendos concursos nacionales sobre la historia de las provincias de Chiriquí -1948-, y de Coclé -1955-, ganó el primer premio con Medalla de Oro.
Perteneció, como numerario, al Instituto Panameño de Cultura Hispánica, entre cuyos fundadores estuvo, en 1952, y llegó a presidir, en 1955. También perteneció a la Sociedad Bolivariana de Panamá, de la que fue presidente en 1936.
En 1956 fue delegado de la Academia Panameña de Historia al Primer Congreso de Historia de Centro América y Panamá, que tuvo lugar en Costa Rica en 1956; al Segundo Congreso Hispanoamericano de Historia, celebrado en Santo Domingo en 1957; y al Tercer Congreso de Cooperación Intelectual, llevado a cabo en España en 1958. En ese mismo año publicó La isla que se transformó en ciudad.
A partir de esa fecha publicó otras obras relevantes: Breve historia de la iglesia panameña, en 1965; Historia de los protocolos del Istmo, 1826: la gran Asamblea Americana de Panamá, el fracaso de Tacubaya, protocolos del Istmo, tratados y convenios, en 1970; Bolívar en Panamá: génesis y realidad del pacto americano, en 1976, y la oncena edición de su Historia de Panamá, que vio la luz en 1999.
Asistió al Congreso de Academias e Instituciones Históricas sobre el Pensamiento Constitucional de Latinoamérica de Caracas, en 1961; al Segundo Congreso Hispanoamericano de Historia, en Cartagena de Indias (1961), así como al Tercero; al Primer Congreso de Historia de México, Centroamérica y Panamá, (México, 1969); al Congreso Gran Colombiano de Historia, (Colombia, 1971); al VI Congreso Internacional Bolivariano de Buenos Aires, celebrado en 1978; al II Congreso Gran Colombiano de Historia reunido en Ocaña, Colombia, en 1978; al Encuentro Latinoamericano de Historiadores para la Integración, celebrado en Venezuela en 1978; al Encuentro Gran Colombiano de Sociedades Bolivarianas, en Guayaquil, Ecuador (1979); al VII Congreso Internacional de Sociedades Bolivarianas, en Conmemoración del Sesquicentenario de la Muerte del Libertador Simón Bolívar, que se realizó en Colombia en 1980.
Fue condecorado con la Orden Vasco Núñez de Balboa, en el rango de Gran Cruz, en 1937. También con la Orden Manuel Amador Guerrero, en el rango de Gran Cruz, en 1957, y con la Orden Manuel José Hurtado, en 1968.
Igualmente recibió distinciones internacionales: Orden del Mérito en la Categoría de Comendador, por el Gobierno de Ecuador -1939-; Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, por el Gobierno de España -1954-; Grado de Caballero de la Pontificia Orden de San Silvestre, por el Sumo Pontífice Su Santidad Paulo VI -1964-; Orden del Libertador en el rango de Gran Oficial, por el Gobierno de Venezuela -1966-; Prócer del Bolivarismo en América, por el VI Congreso Internacional de Sociedades Bolivarianas, reunido en 1978 en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina.
Ernesto J. Castillero falleció en la ciudad de Panamá el 23 de septiembre de 1981.
Por la ley 17 del 13 de julio de 1982, la Biblioteca Nacional de Panamá lleva su nombre.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/ernesto-de-jesus-castillero-reyes/1793
miércoles, 25 de noviembre de 2015
HOMBRES Y MUJERES (DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 25 DE NOVIEMBRE)
HOMBRES Y MUJERES
Aquel que golpea a una mujer
no merece ser llamado hombre
porqué un verdadero hombre
es aquel que respeta, ama y cuida
aquel que lucha, que trabaja, que ama.
Muchos hombres olvidan
que han nacido del vientre de una mujer
que tienen madres, abuelas, hermanas, hijas
que seguro a ellas no quisieran que las maltrataran
como ellos maltratan sin razón o motivo a sus parejas
hombres sin conciencia, sin alma, sin corazón, sin sentimientos
que no saben lo que hacen y sí lo saben son unos idiotas.
Mujeres que soportan los golpes y maltratos
físico y mentales son personas lamentablemente débiles de carácter y fe
que creen en creencias y tradiciones
que soportan las mentiras y engaños
porqué así fueron críadas creyendo que son el sexo débil
¡Qué equivocadas están ustedes mujeres!
Ustedes son fuertes, decididas, inteligentes, sabias
no se dején maltratar, insultar por aquellos hombres
por aquellos débiles de mente (porqué eso son ellos)
ustedes son más fuertes de lo que imaginan
luchén, rompan las cadenas que las atán
olviden esas viejas y mal escritas tradiciones
hoy y siempre todos somos iguales
todos somos iguales
rompan esas "malditas" cadenas
y dejen atrás esos golpes y maltratos
esos insultos y pensamientos
rompan las cadenas que las atan y sean lo que son:
---MUJERES FUERTES Y DECIDIDAS---
Hombres carentes de nobleza y mente
no sean idiotas hermanos
respeten a las mujeres
respeten a esas compañeras de vida
no sean pendejos
no sean ignorantes
es hora de entender
que el amor todo lo puede
que los golpes y violencia no nos llevan a ningún lado
-----SEAN SABIOS E INTELIGENTES----
------NO SEAN IGNORANTES-----
Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Noviembre 25 2015.
JOAQUÍN BELEÑO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Joaquín Beleño Cedeño
Joaquín Beleño Cedeño (1921-1988). Periodista y novelista, considerado iniciador de la llamada “novela del Canal”.
Joaquín Beleño nació el 5 de febrero de 1921 en la Avenida Sur, dentro de los límites más humildes del barrio de Santa Ana, de la ciudad de Panamá. Su madre, doña Manuela Cedeño de Beleño, también oriunda de la urbe citadina, por parte materna descendía de D. Narciso de Urriola, uno de los firmantes del Acta de Independencia de 1821. Joaquín Beleño Carrillo, el padre, procedía de Cartagena, y en Panamá se quedó como albañil y constructor. En la autobiografía de Joaquín Beleño, publicada como homenaje póstumo, el escritor cuenta que realizó estudios en la Escuela Justo Arosemena, anexa, en aquel entonces, al Instituto Nacional. Al cumplir los trece años, el padre enfermó gravemente, y el pequeño tuvo que vender periódicos para contribuir a la subsistencia del hogar. Este andar en las calles lo adentró en el mundo que él calificara de “los desapartados”. Abandonó las aulas del plantel secundario y se convirtió en ayudante, aprendiz de su padre, aquejado de parálisis. Aprendió la albañilería, pero regresó al Instituto Nacional, donde se graduó como bachiller en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, que tuvo consecuencias en la realidad panameña. Entabló en esa época una relación de amistad, aprendizaje, colaboración y formación literaria con el también periodista y novelista Ramón H. Jurado.
Trabajó como bracero en los muelles de Balboa, mientras estudiaba. La guerra, para Panamá, constituyó la llegada de miles de personas que pasaron por el Istmo o se quedaron en el territorio. El joven Beleño fue obrero, mano para hacerlo todo en ese gran hervidero de actividades. Trabajó en la Zona del Canal como albañil, y en la Armada y en la Marina de Estados Unidos en Panamá. Esos espacios y vivencias, al poco tiempo, se convirtieron en los bosquejos de su novelística. En el diario La Hora, escribió las columnas Temas Áridos y Brújula, donde se vieron retratados los panameños de a pie. Fue presidente del Sindicato de Periodistas de Panamá durante la presidencia del Dr. Roberto F. Chiari, a principios de la década de 1960. Cultivó un periodismo de combate, decidido a la hora de dar opinión. En los años estudiantiles, había sido director del Periódico Voz Universitaria. En la Universidad de Panamá se recibió como Licenciado en Administración Pública y Comercio, con especialización en Ciencias Sociales. También se especializó en el campo de la Administración Pública en la New York University. Fue el organizador del departamento de Estadísticas de la Caja del Seguro Social y director de clasificación de puestos en la Carrera Administrativa. Con esto, realizó un servicio al Estado panameño que había pasado inadvertido aunque, según él, fue más fructífero que su aporte a la literatura nacional. Como ciudadano, participó en todos los movimientos sociales progresistas, desde la época del Congreso de la Juventud y del Frente Patriótico.
Ganó el concurso Ricardo Miró de 1949 en la sección novela, con Luna Verde (1951), que también obtuvo el primer premio internacional del Concurso 15 de Septiembre para las Artes, Ciencias y Letras, en la ciudad de Guatemala. Luna Verde ha sido varias veces editada, y traducida al chino, el francés, el inglés y varios idiomas eslavos. Esta obra representa la voz más valiente que ha resonado en literatura panameña, en cuanto plantea el estado de desintegración social y política provocado por la falta de moral y la adoración al dinero. Así, se convirtió durante la segunda mitad del siglo XX en un texto obligatorio entre propios y extraños para conocer la relación de los panameños con los norteamericanos residentes en la Zona del Canal.
En 1956, Joaquín Beleño volvió a ganar el Premio Miró con la novela Curundu Line. Gamboa Road Gang o Los forzados de Gamboa (1960), su tercera novela, es la que ha merecido más elogios de la crítica internacional. Cuando la publicó continuaba en la brega periodística, y, en una conferencia, poco antes de su fallecimiento, afirmó que el periodismo lo había mantenido siempre como al pianista las teclas del piano. No dejó de escribir hasta el último momento de su vida. En su última novela, Flor de banana (1970), se ocupó de los bananales y la perspectiva del país profundo, azotado por una trasnacional bananera. Escribió también cuentos, y preparó una obra dedicada a su fallecida esposa, Nimia.
La obra novelística de Beleño se distingue, entre los acercamientos de otros escritores panameños, porque recrea situaciones sociales críticas existentes en Panamá en los años en que eran publicados sus trabajos. Lo que narra es lo que a él y a sus coetáneos acontece. Sus elaboraciones literarias no son, en consecuencia, trabajos vinculados a la Historia, sino al presente vivido mientras se escribe. Así, cuarenta o más años después de publicada la obra de Beleño, su voz mantiene, como experiencia de tres décadas. Por ejemplo, Luna Verde tiene la forma de un diario que deja constancia de lo que transcurre durante un período de cinco o seis años, mediante ciento catorce cuadros. Tiene como protagonista a un jovencito del interior de la República, hijo de un francés y una panameña, Ramón de Roquebert, que, procedente de Río Hato, se traslada a la ciudad para estudiar, y que aprovecha las oportunidades que cree haber encontrado para trabajar en la Zona del Canal. En la época descrita, Estados Unidos mantenía en Panamá numerosas bases militares. Panamá y el Canal cumplían una función militar estratégica frente a la amenaza de las fuerzas enemigas durante la Segunda Guerra Mundial. Roquebert muere defendiendo la integridad nacional, en una manifestación de la Federación de Estudiantes, para evitar que fueran entregadas las bases indefinidamente a Estados Unidos. En su trabajo en la Zona, el personaje había aprendido cuáles eran las verdaderas redes sociales tejidas para los blancos, para los negros (coloniales o antillanos) y para los panameños (según los grupos sociales o sus orígenes, y también para los indígenas). Había percibido que la lengua que hablaba cada grupo servía para discriminar y segregar a las personas. Está también presente en Luna Verde un sentimiento generoso, que vincula el valor de la bandera panameña con la sangre de los jóvenes mártires, con la escuela y con la patria; ideal que se mantuvo vivo durante buena parte del siglo XX, entre otras razones, gracias a la literatura que se leía en las escuelas, que incluía las novelas de Beleño. Su otra novela, Gamboa Road Gang o Los Forzados de Gamboa, presenta la vida de los presidiarios en la penitenciaría de Gamboa. Nuevamente narra un caso real, relacionado con la forma en que recae la justicia norteamericana sobre un panameño negro, Atá, acusado de violar a una estadounidense blanca, Anabelle.
Joaquín Beleño, falleció el 5 de febrero de 1988, día en que alcanzaba los 67 años de edad.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/joaquin-bele%C3%B1o-cede%C3%B1o/1819
Dato Adicional: En el 2013 gané el Segundo Lugar en un Concurso Nacional de Ensayos en su nombre referente a las obras Gamboa Road Gang y Luna Verde en Panamá lo que para mí es un honor el cual pueden leer si gustan en las siguientes direcciones:
http://www.academia.edu/9162505/GAMBOA_ROAD_GANG_Y_LUNA_VERDE_DOS_NOVELAS_QUE_MARCARON_UN_HITO_EN_LA_HISTORIA_PATRI%C3%93TICA_DE_PANAM%C3%81
http://www.monografias.com/trabajos102/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno/analisis-novelas-gamboa-road-gang-y-luna-verde-del-escritor-panameno-joaquin-beleno.shtml
martes, 24 de noviembre de 2015
ANA ISABEL ILLUECA (ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
ANA ISABEL ILLUECA
(1903-1994)
Ana Isabel Illueca
Nació en 1903, en la ciudad de Panamá. Estudió en Panamá. En la Escuela Normal de Institutoras recibió su título de maestra de Enseñanza Primaria; y, en 1944, se graduó de profesora de español en la Universidad Nacional de Panamá. Dedicada plenamente a la enseñanza, ha sido profesora de la Escuela de Artes y Oficios Melchor Lasso de la Vega y del Instituto Nacional de Panamá, donde se le rindió homenaje al ser declarada supernumeraria después de veintinueve años de labor educativa. Durante muchos meses, en rigor por cerca de tres años, dirigió una página poética en la revista Acercamiento, prestando con ello un real servicio a las letras nacionales.
En sus años de maestra de Primaria compuso poemas infantiles, como El Limpiabotas, El Vendedor de Periódicos, La Oración de la Maestra y Pininos.
Ana Isabel Illueca ha consagrado su nombre con los poemas de motivos típicos panameños basados en el costumbrismo criollo. Su musa, henchida de patriótico sentir, permite considerarla como la "poetisa campesina panameña".
Su obra literaria, conocida por periódicos y revistas del Continente, ha sido recopilada por la poetisa en una Antología expresiva de su personalidad.
Su poesía contiene rebeldía social, impregnada del sabor de las tierras y de los sentires campesinos de Panamá. En el decir poético, sencillo y sin artificios, vibra el dulce cantar entristecido de pesares amargos. Tiene su poesía la humildad orgullosa de los patrios lares.
Poetisa popular, Ana Isabel Illueca dice con mucha entereza cuanto piensa y siente. Su poesía no es fuga de la realidad; es tan sólo la glosa de sus vivencias. Como dice en la "Introducción" a su Antología Poética, "aquí no hay sueños... se nutrió de realidades".
Murió el 25 de septiembre de 1994.
Si Yo Fuera Hombre, por
Ana Isabel Illueca
Si yo fuera hombre, sería aventurero
sediento de mundo, ansioso de amor;
me hartaría de mares, de tierra y de cielo
y entre mil placeres ahogaría el dolor.
Si yo fuera hombre nunca tendría vallas...
Nadie me diría:"No puedes pasar"...
Saltando los fosos, borrando las rayas
seguiría adelante sin jamás cesar.
Si yo fuera hombre, la fuerza que traba
esta rebeldía que tengo en mi ser,
sería cual seda, de sutil y vaga,
que mi recia mano podría deshacer.
Yo envidio tu cuerpo fuerte y resistente...
tu caja toráxica ancha y varonil...
tu brazo de atleta...tu mano potente
que estrecha la mía, sincera y gentil.
Te miro...te miro...Mis ojos se alargan
de ansias de ser hombre como lo eres tú...
Tener la grandiosa cualidad del agua
del mar, que revienta con furia la barra
y arrulla la arena con su blanco tul.
Si yo fuera hombre, yo me haría tu hermano,
partiría contigo sueño y realidad...
viviría la vida sin este desgano
y esta sed de muerte y de eternidad.
El Montuno, por
Ana Isabel Illueca
¿Serrano?... ¿Montañés?... ¿Llanero?...
Montuno...
Hijo del pueblo...
masa de labradores...
de boyeros...
que tiene de esperanza
el horizonte
y de techumbre
el cielo
que derrama el maná
de sus estrellas
como lluvia de amor
sobre sus pechos.
La chola lo vistió
con algodón nativo
sembrado por sus manos
en el huerto;
hiló la fibra blanca
con los gruesos cordones
de sus dedos,
y en el telar de cañas
entretejió los hilos
amarillos y espesos
para hacer el calzón
y la camisa
de su hombre... el labriego;
y luego con la gracia
de su alma hecha de aromas
y gorjeos,
le adornó la pechera
y los puños
y el cuello
con puntadas de cruz,
simulando avecillas
y ramajes... y aleros.
El cuero de la bestia
que pateó la sabana
y se hartó de potreros,
le sirvió para hacerse
las cutarras
que defienden sus plantas
de la brasa candente
de su suelo;
y la mochila
que sesgó en su hombro
para guardar la pipa y la merienda,
junto con el “brillante”
que cubre su cabeza,
forman del orejano
la agreste vestimenta.
¿Serrano?... ¿Montañés?... ¿Llanero?
Montuno.
Hijo del campo, del sol y del potrero...
El machete
es tu arma de combate:
Con él limpias el suelo,
entierras la semilla,
cortas el fruto bueno
que alimenta los hijos
que dejaste en el rancho
dormidos por el río
y mecidos de tarde
por el viento.
Sobre tu piel bronceada
el sol tostó
con el verano al Tiempo;
y te quemó las plantas,
y te puso rojizos
los cabellos,
y tu carne fue brasa
de una hoguera
que se agota en silencio...
No hay un grito de angustia
en esos labios secos...
Sólo hay una “saloma”
que parte en dos los nervios...
Tú conoces la lluvia
del tropical invierno...
Ese gotear constante
que se cala en los huesos
y adormece la carne lastimada
con su golpear intenso...
No hay un grito de angustia
en esos labios yertos.
Sólo hay una “saloma”
que parte en dos los nervios...
Nadie aún compadece tu fatiga...
Para ver tu bregar
todos son ciegos...
Nadie busca los medios
de hacerte suave el peso,
y sin embargo
tu eres el labriego
que manda a las ciudades
el pan que han de comerse
esos hambrientos
que no saben de soles,
ni de lluvia,
ni de luchas,
ni de arrancar del suelo
el grano que humedecen
los sudores
De los hombres del campo
a través del espacio y de los tiempos.
Montuno... orejano...
¡Pedazo de mi carne
y de mis huesos!...
Lanza un grito furioso
para que te oigan
y te vean los ciegos
que en la hamaca de juncos
se adormecen con tu “saloma”
que rasgó mis nervios.
Del libro: Antología Poética
Patria, por
Ana Isabel Illueca
Patria mía: Tú no eres el recuerdo.
Eres la realidad clara y escueta
de una tierra horadada en sus entrañas
sin permiso a poner sobre esa grieta
la gasa tricolor de su bandera.
Estás aquí, pletórica de penas,
déjame oír tu queja en la saloma
desde los montes y las sementeras,
donde en tonadas y entre socavones
derrama el campesino sus endechas.
Estás en las estatuas de los próceres
que te hicieron surgir radiante y bella;
en el grito de reto de los jóvenes,
en la voz de los niños de la escuela;
y en el coraje de las panameñas.
Estás en la campiña interiorana
que espera redención para sus tierras;
en la mansión de gente adinerada;
en el cuarto mordido de miseria
y en la ciudad que se levanta enhiesta.
Y aunque eres pequeñita, tú eres grande
a pesar de que un istmo representas;
porque uniendo las costas de dos mares
tu canal es un lazo hecho de piedra
que a los pueblos del orbe los acerca.
Serás grande a través del patriotismo
de los hijos nacidos en tu predio.
No tendrás más caínes que te hieran
con palabras falaces ni con yerros,
ni judas que te vendan por dinero.
Serás grande a través del patriotismo
de los hijos nacidos en tu predio,
porque la juventud tiene tu Istmo
incrustado en las fibras de sus nervios
y sabrá a toda costa defenderlo.
Serás grande porque hemos de empinarte
con el valor que siempre da el derecho,
más allá de la fuerza y la potencia
que quiere socavar ideales viejos.
Más allá de la fuerza están los hechos!
Patria mía: pequeña cual orquídea
que incuba tus ideales en su seno,
y grande en los anhelos que se incuban
con ardiente fervor entre los pechos
de todos los que somos panameños.
Patria mía: Tú no eres el recuerdo.
Eres la realidad clara y escueta
de una tierra horadada en sus entrañas
sin permiso a poner sobre su grieta
la gasa tricolor de su bandera.
Fuente: http://www.panamapoesia.com/pt09.htm
lunes, 23 de noviembre de 2015
RAMÓN H. JURADO (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Ramón H. Jurado
Ramón Heberto Jurado (1921-1978). Narrador, principal exponente de la corriente “ruralista” en la narrativa y uno de los iniciadores de la renovación de la novela panameña a mediados del siglo XX. Ensayista y periodista.
Ramón H. Jurado nació el 29 de mayo de 1921 en Pocrí de Aguadulce, donde pasó su niñez. Fue hijo de Ricardo Miró, el Poeta de la Patria, y de Bertilda Jurado, cuyo apellido llevaría el escritor para honrarlo, a pesar de que el padre no le negara el suyo. Desde la adolescencia vivió en la ciudad de Panamá, donde realizó estudios de economía y se dedicó al periodismo. Su activismo político se incrementó a partir del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, del cual surgió el Frente Patriótico de la Juventud, movimiento que reclamaba el saneamiento de la nación y la devolución del canal -en manos del gobierno estadounidense- al pueblo panameño. Este movimiento fue la semilla de relevantes conquistas institucionales y políticas. Jurado llegó a ser su Secretario General en 1951. Antes, de 1945 a 1946, se desempeñó como primer presidente de la Unión de Estudiantes Universitarios, filial de la Federación de Estudiantes de Panamá, la otra organización que tuvo su origen en aquel Congreso. También fue postulado como candidato a diputado por la Unión Nacional. Mientras participaba intensamente de la lucha política de entonces y se iniciaba en la vida laboral, era un lector voraz de los novelistas latinoamericanos más sobresalientes de entonces: Gallegos, Azuela, Rivera, Amado, Alegría -sin soslayar autores de otras latitudes.
Desempeñó su primer empleo como cajero del Banco Nacional, de 1942 a 1946. Posteriormente dirigió la imprenta La Moderna (1946-1947), hasta que fue nombrado en la Caja de Seguro Social, donde organizó y dirigió el Departamento de Créditos Hipotecarios. Esta experiencia se convertiría en la base de reflexiones que posteriormente canalizó a través del ensayo.
En 1960 pasó a laborar en el Instituto de Vivienda y Urbanismo (IVU). En ese período se construyeron los barrios populares de San Miguelito, La Locería, Villa Cáceres y otros. De allí, pasó como gerente al Banco de Crédito Popular, que hacía préstamos a personas humildes. También ejerció el cargo de Director de Cultura y Bibliotecas en el Ministerio de Educación. Finalmente, en 1974 fue designado Embajador de Panamá en Venezuela por el gobierno del General Omar Torrijos. Cuando concluía esas funciones diplomáticas, el 3 de noviembre de 1978, encontró la muerte de forma repentina.
Su labor como periodista fue abundante durante catorce años. De 1946 a 1947 se encargó, junto con Rodrigo Miró, de la dirección de la página literaria del “Suplemento Dominical” de El Panamá América. En 1948 comenzó a publicar, en La Hora, la columna titulada “Caligari”. En 1950, en el mismo diario, la columna “Camino Abierto”, que firmó con el seudónimo de Juan Cristóbal. Más tarde publicó la columna “El Ágora”, con el seudónimo de Erasmo de Roterdam. Entre 1952 y 1954 escribió la columna “De sol a sol”, en el diario Prensa Libre. En este periódico trabajó con Mario Augusto Rodríguez. Fue editor, junto a Jorge Franco, de la revista Tierra Firme. Junto a Carlos Iván Zúñiga transmitió, en 1952, el Radioperiódico “Libertad” por la Radio Panamericana; sufrió cárcel, y el programa fue clausurado por haber emitido opiniones contrarias al gobierno de José Antonio Remón Cantera. En el diario El Día redactó la columna “Puntos Cardinales”, y trabajó junto a Fabián Velarde.
Intelectual multifacético, escribió cuentos, novelas, tres obras de teatro -aún inéditas- y ensayos. Sus primeros cuentos, concebidos mientras era estudiante en el Instituto Nacional, aparecieron bajo el seudónimo de “Javier Campesino”. Once cuentos escritos entre 1942 y 1975, algunos publicados en la prensa, fueron recogidos en el volumen Un tiempo y todos los tiempos (1975), donde aparece “Piedra”, escrito en enero de 1944, claro antecedente de la cuarta novela escrita por Jurado: El desván (1954), donde se percibe la huella de la obra de Jean-Paul Sartre. Concebida dentro del ruralismo, San Cristóbal (1947), primera novela de Jurado, obtuvo el Premio del Ministerio de Educación en 1943, mientras que Desertores (1952) recibió el segundo premio del Concurso Miró en 1948. Esta segunda novela, según su autor, introduce la temática histórica dentro del movimiento ruralista. Una novela quedó inédita: En la cima mueren los suicidas (Tercer Premio Ricardo Miró, 1949).
Particularmente significativa fue la aparición de El desván, pues revela un cambio de signo estético en la novelística de Jurado, y también una consolidación de la renovación narrativa panameña —iniciada con Plenilunio (1947), de Rogelio Sinán— al ser concebida con presupuestos temáticos y composicionales afines al cambio del modo narrativo que ya era perceptible en la novela contemporánea de América Latina.
Los ensayos revelan sus preocupaciones como economista: La economía panameña frente a los mercados extraordinarios (1968), El Banco Hipotecario Nacional: estudio de un sistema (1968), y el volumen El lucro, constante dinámica en la conducta del hombre occidental (1970), seguido de El lucro, la escasez y la violencia (1972), son depositarios de reflexiones que brindan un nuevo punto de vista sobre el desarrollo social. Sus meditaciones filosóficas quedaron registradas en Descartes, Dios y la crisis (1954), texto que se centra en el pensamiento y actitudes del filósofo francés y sus consecuencias para la filosofía occidental. Desde el punto de vista del programa ideoestético de Jurado, resulta esclarecedor el ensayo “Itinerario y rumbo de la novela panameña”, concluido en 1953, a raíz de la conmemoración del cincuentenario de la fundación de la república.
También fue dramaturgo. Su obra Con la muerte en la mano recibió el Tercer Premio del Concurso Ricardo Miró en 1949, y dejó inéditas las piezas La otra cara de Dios y El invitado desconocido.
Con notable talento, se dedicó igualmente a la pintura, sobre todo en los años finales de su vida, y escribió varios boleros que fueron interpretados por Neville Chang con la Orquesta de Armando Boza. Murió en 1978, cuando viajaba desde Panamá a Caracas, en donde terminaba su período como Embajador de Panamá en la República de Venezuela.
En sus múltiples facetas, Jurado rindió un trabajo generoso y abundante. Sin embargo, es particularmente estimable la herencia que dejó, en la práctica, mediante sus ejecutorias en el IVU y en el Banco Hipotecario Nacional, como panameño ejemplar preocupado por el desarrollo de su pueblo. Pero, sobre todo en el campo literario, se destacó entre los escritores que vieron en la literatura un modo de rescatar el pensamiento netamente istmeño para proyectarlo en toda su bondad.
En el año 2009, el INAC realizó una exposición/homenaje al pintor Jurado en la Galería de artes Visuales, treinta y un años después de su muerte; y mediante la Resolución No. 049-DG/DAJ del mismo INAC, de 19 de febrero de 2009, el local ubicado en el Edificio PH Cinemas Plaza, en Aguadulce, recibió el nombre de Centro Cultural Ramón H. Jurado. Por otro lado, el premio ADEP de novela corta lleva el nombre del escritor y, en Paitilla, una avenida honra la memoria de este panameño.
Fuente:http://www.encaribe.org/es/article/ramon-h.-jurado/889
domingo, 22 de noviembre de 2015
CARLOS FRANCISCO CHANGMARÍN (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Carlos Francisco Chang Marín
Carlos Francisco Chang Marín (Changmarín, 1922-2012). Poeta, narrador, pintor y músico, educador y periodista panameño. Ganador de la Medalla “Rogelio Sinán”, por la obra de toda una vida.
Aunque nació el 26 de febrero de 1922 en el pueblo de Los Leones, La Colorada, provincia de Veraguas, la fisonomía de Changmarín delata su ascendencia oriental por parte del padre, miembro de una familia de origen chino avecindada en Santiago, cabecera de la provincia de Veraguas. Su madre, Faustina Marín, era en sus horas de solaz, cantalante de tambor, tamborito; su abuelo, Valentín Marín, tocaba la bocona -guitarra panameña- y cantaba décimas, estrofas de diez versos improvisadas por trovadores naturales. Aprendió a interpretar y valorar el lenguaje de la naturaleza junto a sus abuelos maternos, que le enseñaron cómo sostener las labores diarias sin perder la sonrisa y la agudeza del ingenio. Todavía en su niñez vivió con sus tías paternas en Santiago de Veraguas, donde asistió a la Escuela Dominio del Canadá. Pasó después a la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, donde obtuvo el título de Maestro de escuela primaria en 1943.
En esos años comenzó a escribir, orientado por profesores chilenos e intelectuales españoles exiliados; y, estando en su sexto año de estudios, se presentó al Concurso Ricardo Miró, recién instaurado en 1942 como premio anual de literatura, y obtuvo una mención honorífica con su obra Punto ‘e Llanto, que se publicó en 1948. En la Universidad de Chile (institución estatal) hizo un año de estudios de pintura. De regreso a Panamá, trabajó como maestro en Boquete (provincia de Chiriquí) y en La Colorada. Después ejerció como profesor de dibujo en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena. Su cuento "Seis Madres" (1947) fue incluido por Rodrigo Miró en su antología El cuento en Panamá (1949), y reseñado por los panameños Gil Blas Tejeira y Renato Ozores y por el guatemalteco José Mejía, quien lo considera un anti-cuento por excelencia. Rodrigo Him afirma que, dentro de esta obra, por primera vez se formula como problema una teoría del cuento en la literatura panameña. En la década del 50, Changmarín comenzó su carrera periodística en el periódico mimeografiado El Cholo, editado en Santiago de Veraguas. Sobresalió dentro de un periodismo preocupado por el bien social, del lado de la justicia, de la cultura y del progreso de la tierra veragüense. A la par, trabajaba en su libro Poemas corporales, que obtuvo el segundo lugar del Concurso Ricardo Miró en la categoría de Poesía en 1955, y fue publicado en 1956.
En 1957 obtuvo nuevamente el segundo lugar del Concurso Ricardo Miró, en la sección cuento, con Faragual, 13 cuentos de la tierra, que fue editado en 1960. Durante esos años los literatos panameños dialogaban sobre temas y problemas rurales. Ramón H. Jurado defendía el ruralismo, corriente a la que se adhería Changmarín, como expresión ideológica. En medio de esta discusión, en 1961 el artista obtuvo una vez más el segundo lugar en el Concurso Ricardo Miró con el cuento "Cañizo". También Changmarín ha sido fecundo compositor de décimas, y ha hecho investigaciones folclóricas en esta área desde la década del cincuenta del siglo XX, de las que han resultado tres importantes obras: Socabón, décimas populares para cantar (1959); Los versos del pueblo, publicado en 1973, y Cantadera, 130 décimas para cantar (1995). Fue presidente de la Asociación Nacional de Poetas de la Décima, que busca preservar y mantener la tradición del género. Hay un período de silencio de dos décadas en la obra de Changmarín. Luego de un viaje a China, sufrió persecución por motivos políticos.
Era militante del Partido del Pueblo, en el que desempeñó un papel destacado a partir de 1949. Fue director del periódico de este grupo de tendencia socialista. El gobierno de José Antonio Remón Cantera promulgó en la década de 1950 una ley contra el espionaje y contra los socialismos, que eliminó de las aulas a los catedráticos, profesores y maestros que hubieran tenido relación con el Partido del Pueblo. La persecución llevó a las prisiones y al exilio a varios líderes, como Hugo Víctor y César De León. Changmarín fue condenado a cumplir mil días de cárcel, por introducir un video sobre la guerra bacteriológica en Corea. Después de cuatro años y medio tras las rejas, fue exiliado político en Chile, y, además, cumplió un año en la cárcel de Chitré después del golpe militar de 1968. Así que, en aquella década de los sesenta, aislado de su profesión natural de maestro, fue fotógrafo, locutor de radio, periodista y obrero en la Zona del Canal. En el período en que estuvo privado de libertad escribió La Mansión de la Bruma o Vida en la Oscuridad (Cuentos de la Cárcel), publicada en ruso en el año 1965. Después escribió por muchos años la columna "Cartas a la tía Tula", -que marcó una época en el periódico Crítica Libre desde mediados de la década de 1970-, en la que criticaba duramente a la oposición y favorecía el gobierno de Omar Torrijos y la firma de los tratados canaleros. Tras la muerte del General Torrijos, continuó con su columna hasta la invasión norteamericana a Panamá, en diciembre de 1989. Luego, siguió editándola en el diario El Universal, hasta 1998. En 1981 alcanzó el primer premio Miró en novela con El guerrillero transparente, que fue traducida al ruso con el nombre de El general de cristal.
Diez años después, en 1991, la revista mexicana Plural premió su cuento "Gallo fuego – gallo gente". Otros títulos, entre los treinta que ha publicado son Dos poemas (1963), dedicado a su tierra natal; Versos para entrar al Canal (1979), Las tonadas y los cuentos de la cigarra (poesía 1987), En ese pueblo no mataban a nadie (novela, 1992), El gallo de las horas (poesía, 1995), Noche buena mala (novela 1995); Las mentiras encantadas (cuentos, 1997), Cuentos para matar el estrés (2002); y La muñeca de tusa (2003). Nacionalista y defensor de lo panameño, en su obra habla de la patria, la Historia, las clases sociales, el Canal de Panamá, pero, sobre todo, del hombre, con todas las angustias que conllevan las diferencias sociales y económicas. También canta a la naturaleza y a la vida. Y de manera natural, muchas de sus obras tienen como lectores implícitos a los niños.
Changmarín obtuvo diversos galardones y reconocimientos, entre los cuales destacan el Premio Dora Pérez de Zárate (1998) por su aporte al folclore nacional; el Esther María Osses, al libro de literatura infantil del año (2002) y el Premio Universidad (2002). Ha sido condecorado con la Orden Nacional Omar Torrijos (2006), por su compromiso cívico y social, y con la Orden Francisco de Morazán, otorgada recientemente por el Parlamento Centroamericano (PARLACEN), institución política creada para la integración de los países centroamericanos. Como reconocimiento a una vida y una obra consecuente con la lucha por una sociedad socialista, la Central de Trabajadores de Cuba le impuso la medalla Víctor Jara y su obra fue reconocida con el Premio Rubén Martínez Villena, también de Cuba. En reconocimiento suyo fue creado en 2008 el Premio Nacional de Literatura Infantil Carlos Francisco Changmarín, por el Instituto Nacional de Cultura (INAC), para estimular la producción literaria dedicada a los niños y reconocer el espacio de acción de los escritores consagrados al género de literatura infantil.
Acompañado de su amada compañera, de sus hijos y nietos, Changmarín murió en la ciudad de Panamá el 5 de diciembre de 2012.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/carlos-francisco-chang-marin/607
sábado, 21 de noviembre de 2015
OCTAVIO MÉNDEZ PEREIRA (NUEVO ARTÍCULO POR EL MES DE LA PATRIA)
Octavio Méndez Pereira
Octavio Méndez Pereira (1887-1954). Educador, historiador, diplomático, novelista y ensayista panameño. Fundador y primer Rector de la Universidad de Panamá. Primer Director de la Oficina Regional de UNESCO para el hemisferio, con sede en La Habana, Cuba.
Octavio Méndez Pereira nació en Aguadulce, comunidad de la Provincia de Coclé, el 30 de agosto de 1887. Era hijo de Joaquín Méndez y Micaela Pereira. Realizó estudios primarios en su provincia natal; luego se trasladó a la ciudad de Panamá para proseguir estudios secundarios en la Escuela Normal de Varones. Tras obtener en 1907 el título de Maestro en ese centro educativo, regentado por los Hermanos Cristianos, ingresó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, gracias a beca concedida por el Gobierno de Panamá por sus altas calificaciones. Allí obtuvo el grado académico de Profesor de Estado, con especialización en castellano, en 1912. En Chile hizo, además, estudios de derecho, comercio y arte.
Durante sus años de estudiante en Santiago de Chile, Méndez Pereira participó en círculos literarios, fue asiduo colaborador del Mercurio y del Diario Ilustrado y fundó la Revista Andina, de la cual fue redactor. Representante de Panamá ante el Tercer Congreso Internacional de Estudiantes, en 1912, con sede en Lima, Perú, fue electo Vicepresidente del cónclave.
Al retornar a su patria, Méndez Pereira formó parte de la planta de profesores del Instituto Nacional, creado en 1909, junto a una pléyade de ilustres intelectuales nacionales y extranjeros que hicieron del Instituto el más importante centro de enseñanza del país, cuna de generaciones de forjadores del Estado Nacional, de la lucha por la soberanía y la panameñidad en el contexto de la creación de la Zona del Canal -enclave colonial norteamericano que permeaba todos los ámbitos de la vida panameña. Méndez Pereira integró, junto a José Dolores Moscote, Eusebio A. Morales y Guillermo Andreve, el último empeño por renovar el liberalismo desde una perspectiva socializante. En el orden pedagógico postuló, con Jeptha B. Duncan y José Daniel Crespo, la democratización de las escuelas, la socialización de la enseñanza, la coeducación, la reivindicación del trabajo manual, la proyección de la escuela en la comunidad y la oposición al intelectualismo y al academicismo.
Octavio Méndez Pereira fue Rector del Instituto Nacional, organizó las primeras Asambleas Pedagógicas y dirigió la Revista de Instrucción Pública, auténticos foros de formación y actualización docente, que reunían a educadores de todo el país para debatir problemas e intercambiar experiencias en torno a la educación, la enseñanza y el aprendizaje. En el año 1922 apareció el primer número de la revista Estudios: órgano del Instituto Nacional, de la que también fue fundador y dirigió de 1922 a 1927. La revista siguió publicándose, con intermitencias, hasta 1965. Colaboraron en ella, además de Méndez Pereira, Narciso Garay, Francisco Ortiz Monasterio, María Olimpia de Obaldía, R. C. Worsley, Miguel Amado, Rogelio sinán y Roque Javier Laurenza. Nombrado Méndez Pereira en 1923 Secretario de Instrucción Pública, bajo la presidencia del Dr. Belisario Porras, tuvo una gestión altamente fructífera. Fundó escuelas y bibliotecas en diversas regiones del país, creó la Ley Orgánica de Educación, estableció el “Día del Libro” y el “Día del Maestro” y creó un Fondo de Ayuda al educador.
Como diplomático, Méndez Pereira desempeñó diversidad de cargos; particularmente, el de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Panamá ante los gobiernos de Francia e Inglaterra y el de Delegado de Panamá ante la Liga de las Naciones y ante la Conferencia Internacional del Trabajo. También desempeñó misiones diplomáticas en Chile, fue Embajador Especial para la toma de posesión del General Gerardo Machado en la República de Cuba y Director del Centro Regional de UNESCO, con sede en La Habana, Cuba. Los doctores Méndez Pereira y Moscote facilitaban el camino vanguardista en las páginas del quincenario La Antena, en 1931, practicando el periodismo de opinión.
Como uno de los más importantes forjadores y pensadores de la Universidad en Panamá, abogó sostenida e incansablemente, a lo largo de más de dos décadas, por la fundación de la Universidad de Panamá, creada finalmente mediante el Decreto Ejecutivo No.29, de 29 de mayo de 1935, siendo Presidente de la República Harmodio Arias Madrid. El Acto Inaugural de la Universidad tuvo lugar el 7 de octubre del mismo año. Designado como primer Rector de la Universidad Nacional de Panamá, Méndez Pereira acometió la misión de diseñar su estructura académico-organizativa y ponerla en marcha en medio de incertidumbres y cuestionamientos, y debiendo enfrentar dos tareas estratégicas para su consolidación y desarrollo: el reconocimiento de su autonomía académica y administrativa y la construcción de la Ciudad Universitaria. Tras remontar un sinnúmero de dificultades de diverso tenor, y luego de más de una década de luchas -en cuyos marcos se crearon la Federación de Estudiantes de Panamá y otras importantes organizaciones políticas y sociales-, la autonomía universitaria se consignó en la Constitución Política promulgada el 1 de marzo de 1946, y en la Ley 48 de 1946. Al finalizar la década de 1940 se establecieron los fundamentos de la Ciudad Universitaria, inaugurada el 1 de noviembre de 1953.
Octavio Méndez Pereira atribuía a la universidad un carácter nacional y popular, crítico y creativo, en un país que apenas bordeaba el medio millón de habitantes, con un enclave colonial de Estados Unidos, decenas de bases militares –que en el contexto de la Segunda Guerra Mundial cubrieron todo el territorio del país- y miles de soldados de aquella potencia, todo lo cual mediatizaba la soberanía nacional y amenazaba la frágil existencia del Estado panameño. Al respecto expresó su pensamiento en un discurso memorable, en el que dijo que la cultura general, la ciencia y la investigación significan autonomía, personalidad y libertad en las naciones pequeñas y débiles como Panamá, que se encuentran bajo la fuerte influencia del imperialismo. De igual modo, enalteció la Universidad por ofrecer por igual oportunidades a todos los panameños. Rechazó en la Universidad los claustros cerrados, las divisiones artificiales, el menosprecio por las actividades prácticas, con sentido crítico y búsqueda de la perfección. Solicitó que todas las ideas, todos los sistemas y todas las filosofías pudieran ser discutidas y sometidas a investigación y examen en la Universidad, y que jamás se pretendiera fundar en ella un centro burocrático, una fábrica de títulos o un vivero de profesionales especializados sin capacidad constructiva ni posibilidades de emancipación. En la Universidad, expresaba, se desenvuelven las energías latentes del carácter, se estimulan la capacidad creadora y la acción.
Octavio Méndez Pereira fue Rector de la Universidad de Panamá desde su creación, en 1935, hasta que falleció, el 14 de agosto de 1954, salvo dos interrupciones relativamente breves -motivadas políticamente- al comenzar las décadas de 1940, la primera, y de 1950, después.
En la dimensión literaria, Méndez Pereira fue admirador y difusor de las obras de José Martí, Sor Juana Inés de la Cruz, José Toribio Medina, Víctor Hugo, Rubén Darío, José Santos Chocano, y la poetisa panameña Amelia Denis de Icaza. Además fue autor del primer Parnaso Panameño, publicado en 1916.
Escribió por largos años la columna periodística “Motivos Efímeros” en el diario La Estrella de Panamá, sobre temas literarios, educativos y de interés nacional, y con José Dolores Moscote fue promotor del vanguardismo en el periódico La Antena. Muchos de sus discursos y ensayos se han publicado en diversos números de la Revista Universidad, por él fundada, en la obra Universidad de Panamá y, más tarde, en la Revista Lotería. Hoy, el campus central de la Universidad de Panamá lleva su nombre, y la orden municipal Octavio Méndez Pereira, del Consejo Municipal de Panamá, reconoce a los educadores de larga trayectoria al servicio de los estudiantes de todo el país. El I Congreso de Lingüística y Literatura, en 1988, llevó su nombre.
Fuente: http://www.encaribe.org/es/article/octavio-mendez-pereira/448
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