viernes, 18 de noviembre de 2016

DEMETRIO KORSI GRAN POETA PANAMEÑO

Incidente de Cumbia, por
Demetrio Korsi

Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá,
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...

Baile que legara la abuela africana
con cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.

Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...

Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.

Y el tambor trepida! Y la cumbia alegra!
Meme baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
y es que quiere a un gringo la zamba fatal!

Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo;
¡juma toca cumbia, dice Chimbombó!...

Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
-cogida del brazo de su amante gringo-
rumbo al dormitorio de Pancha Manchá.

Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
y la turbamulta de negros y zambos
siente que, a la Raza, Chimbombó vengó...

Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia trepidando está,
pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá...

Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó;
siempre habrá clientela y siempre habrá plata,
¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!

Parque de Santa Ana, por
Demetrio Korsi

Parque de Santa Ana,
por tu pasado y por el porvenir.
¡El primer monumento nacional!

La iglesia se yergue mirándote.
Anoche un negro se casó:
iba vestido de guantes blancos
y una sonrisa blanca.

Mi padre fue un trabajador,
un capitán de dragas, un lobo de mar.
¡Salud, capitán!
En los rompeolas hay algo de sus bíceps,
pulseaba las mareas,
era un experto en horizontes.

!Salud, capitán!
Me infunde pensamientos profundos
el hombre que llegó en aventurero
para engendrar al hombre que le canta al Canal.

¡Canal! Guión de inmensidades,
norte, sur, este, oeste.
¡Oh grúas, que desentrañan los Andes!
¡Oh esclusas, matrices del progreso!
El mundo es Panamá.

¡Campanas de Santa Ana!
Más dulces que los ángeles,
nos cantaron la primera canción
y acaso acompasen la canción del olvido
con el adiós de las palmeras.

El Parque de Santa Ana es el pueblo,
el verdadero pueblo.
Cordialmente allí somos amigos y enemigos,
nos queremos y odiamos con fraternidad.

La iglesia nos vio a todos pequeños.
¡Cuán inverosímil la infancia!
¡Quién pudiese vivirla otra vez
en ti como entonces, Parque de Santa Ana,
levadura de Panamá!

¡Soy el poeta del barrio de Santa Ana!
Ese es mi orgullo. Aquello es mío.
El carretero ha sido mi compañero,
la sirvienta ha sido mi camarada.
Yo conozco los blancos, los negros, los mestizos,
a cada cual le sé su vida y milagros.

Soy auténtico, soy trascendental.
Soy un pedazo del pueblo.
¿Quién no me conoce en Panamá?
Desde el limpiabotas al Presidente.

Señores: Yo necesito el Porvenir...

DEMETRIO KORSI
(1899-1957)


Demetrio Korsi, poeta y periodista profesional, y a veces, diplomático, político y dibujante, nació en la ciudad de Panamá en 1899. Fueron sus padres el Capitán del mismo nombre, de origen griego, y la panameña Elisa Herrera de Korsi.

Efectuó los primeros estudios en la Escuela Santa Ana de Varones, hoy Manuel José Hurtado, y en el plantel de los Hermanos Cristianos, descubriendo enseguida ingénitas inclinaciones literarias. En el Instituto Nacional obtuvo título de Bachiller en Humanidades, llegando a contar, entre quienes lo animaban al cultivo de las letras, con el apoyo de Guillermo Andreve y Octavio Méndez Pereira. Más tarde en norteamérica, motivos de fuerza mayor lo obligaron a interrumpir estudios de medicina, retornando a Panamá para ingresar a la Escuela de Derecho, donde también suspendería esta carrera por razones de salud. Una vez restablecido, se dedicó a menesteres de la abogacía y a colaborar en periódicos y revistas, tanto nacionales como extranjeras.

La inclusión de su nombre en el Parnaso Panameño, editado por Méndez Pereira en 1916, y la forma benévola como eran recibidas sus producciones, alentaron a Korsi a dedicarse al oficio de escritor. Emprende entoces una tesonera actividad literaria alcanzando a diecinueve, en un lapso de treinta y siete años, el número de libros suyos editados por propia iniciativa.

Todos su libros, como las ocupaciones periodísticas y diplomáticas de Korsi, se producen en relación con las fuerzas circunstanciales que determinaban los rumbos de su vida. Si por azar no fue escritor, por dedicarse a escribir llegó a ser poeta, novelista, cónsul y corresponsal en París de una treintena de periódicos y revistas importantes de habla hispana y portuguesa. Ejerció la representación consular de su país en San Francisco de California, en las ciudades francesas de El Havre, Burdeux y Marsella, y en Kingston, Jamaica. Además de las representaciones ocupó cargos burocráticos en la Secretaría de Instrucción Pública y la Biblioteca Colón en Panamá.

En El Havre, en 1926, contrajo Korsi matrimonio con la ciudadana francesa Angela Julian, de cuyo enlace nació una hija. Divorciado, volvió a casarse en 1948 en Panamá con su coterránea Eloisa M. Sandoval, unión de la que nacierón tres hijos: un varón y dos mujeres.

Iniciado como admirador de Chocano, cultivará después la veta humorista, el tema afroíndigena y aspectos varios de la vida en nuestra capital. Korsi vio con simpatías las tendencias que se sucedieron al modernismo, y sin perder su elegancia y señorío poético, ha vestido, en ocasiones, su musa de vanguardismo.

Demetrio Korsi, humorista, bohemio, estudioso del pulso popular y enamorado perpetuo del Parque de Santa Ana, falleció en la Ciudad de Panamá, el 30 de octubre de 1957, mientras pulía los versos de un poema en ciernes.

FUENTE: PANAMÁ POESÍA

jueves, 17 de noviembre de 2016

DIANA MORÁN GRAN POETISA PANAMEÑA

DIANA MORÁN
(1932-1987)


Nació en Panamá el 17 de noviembre de 1932 y murió en México el 10 de febrero de 1987. Al momento de su fallecimiento era profesora titular de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), de la ciudad de México. Llegó a ese hermano país en 1969, exiliada luego del golpe militar de 1968, cuando era dirigente de la Asociación de Profesores.

Fue docente en el Instituto Fermín Naudeau (hasta su detención y destierro) donde orientó a muchos jóvenes en las lides literarias y les inculcó el amor por el arte y la patria.

En el colegio de México obtuvo el Doctorado en Letras Hispánicas con la tesis Cien Años de Soledad: novela de la demitificación (editada por la UNAM en 1988).

Su poesía combativa y revolucionaria fue publicada en Panamá, Cuba, México, Guatemala, Estados Unidos, Chile y España. Gaviotas de Cruz Abierta, recibió el premio Ricardo Miró en 1965 y nunca fue publicado en volumen.

Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán

Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!

Para El Año 2000 Debemos Ser Tercos , por
Diana Morán

Nosotros
los rompebarcos de la marinada
tirapiedras fecundos
antes de que un pedazo de sandía
perturbara
los plácidos kilómetros de los ojos
azules.
Nosotros
la botella de lágrimas rabiosas
contra toda fecha
de la letra perpetua renovada.
Nosotros
los legendarios quiebravidrios
negafirmas contagiosos gritabarcos
con nuestra siembra de banderas
en el despertar de todas las mañanas.
Nosotros

los prohibidos
los malditos apagados prendidos
desde no sé que consigna
del Prestán amotinado.

Nosotros
malditos
malditísimos despojados de la
Patria.
Nosotros
cuando el gallo de Pascua
despunte el sol del mediodía
dos mil veces ascarios aragones
prestanes palominos
construiremos la casa de los sueños
con la moneda propia de su mapa.
No es la moda de llamarnos tercos
sino el instinto de conservar
el nosotros de la sangre y del esperma.
No es el querer ser tercos de remate
con un golpe gastado dominio
semántico.
En este desafío de relojes
entre el supermán que se roba las
galaxias
y el despegue endeudado de las
pulgas.
Tenemos que ser tercos:
tercos de dulzura
tercos en la cárcel
en la muerte tercos
tercos y más tercos en la firma
tercos
terquísimos
para pasar por el ojo del camello
y recobrar la cintura de las aguas.

FUENTE: PANAMÁ POESÍA

miércoles, 16 de noviembre de 2016

IGNACIO DE J. VALDÉS JR CONOCIDO COMO "NACHO VALDÉS" GRAN ESCRITOR PANAMEÑO

Taboga,
por Ignacio de Jesús Valdés

(Para Juan Rivera R.)

Tierra de los jazmines y las rosas,
isla de los perfumes y las flores
en cuyas playas siempre rumorosas
se duerme el verde mar soñando amores.

En tu quietud beatífica hay un sello
perenne de recóndita tristeza
de donde brota el último destello
de una lejana, mística grandeza.

En tu diván tendida muellemente
miras llegar el piélago rugiente
hasta tus plantas, y sus iras domas….

En tanto en tus espléndidos jardines,
las rosas, los geranios y jazmines
todos te ofrecen su explosión de aromas!

Del libro: Vibraciones

La Bandera Panameña,
por Ignacio de Jesús Valdés

Con retazos de mi cielo,
con destellos de la aurora,
con la albura de un anhelo
te dibujaron, enseña ideal.

Las estrellas que en ti lucen
nos enseñan el camino
que conduce a tu destino
donde serás
siempre inmortal.

Oh bandera, que orgullosa,
en mi cielo azul flameas
que seas siempre la gloriosa
que la altiva siempre seas.

Cuando miro de tu lienzo
de los iris los reflejos,
lleno de nostalgia pienso
en el día en que esté lejos.

Pero yo quiero, Bandera mía,
que cuando me toque, por fin, marchar,
que cubra entonces
mi huesa fría
tu lienzo adorado
y descansar!

Publicado en:
Revista Lotería, Nº 84, de noviembre de 1962.

NOTA: La anterior composición es la letra de la "Marcha Patriótica"
cuya música fue compuesta por el Maestro Alberto Galimany.

Marcha La Salle,
por Ignacio de Jesús Valdés

Colegio de La Salle tan querido,
aquí nos tienes hoy vibrantes de emoción,
y el corazón de gratitud henchido,
y cada labio modulando una canción. (bis)

Ciencia y virtud es nuestro lema
que ostentamos con honor,
y que defiende el lasallista con ardor.

Virtud, saber, porque la vida es mar,
donde el deber faro es que ha de alumbrar,
sin vacilar, nuestro grito será:
 La Salle, La Salle doquiera triunfará. (bis)

Música: Ricardo Fábrega Jr.

Publicado en: Selección Poética. Editora Sibauste. Autoras: Digna Batista de Cerrud y Gladys Gutiérrez de Vásquez.

Voces Calladas….,
por Ignacio de Jesús Valdés

Oh! tú nunca sabrás que te he querido
con férvida pasión, pura y sincera,
que eres mi sueño la ilusión postrera
que en mis noches de insomnio he presentido!

Nunca sabrás, mujer lo que he sufrido
por este amor; más si posible fuera,
mi pecho ante tu vista te ofreciera
para mostrarte el corazón herido!

Pero es preciso que mi amor te calle,
que tú siempre lo ignores, aunque estalle
mi pobre corazón, mártir sombrío.

En tanto soñaré que tú me amas
y que con voz dulcísima me llamas
brindándome tus besos: “Amor mío….!”

Del libro: Vibraciones

La Princesa Cruel, por
Ignacio de Jesús Valdés


Ilusiones viajeras, recuerdos aromados de días que había olvidado….por qué habéis vuelto en esta noche de Abril?

Es la luna?  Es el ambiente saturado de perfumes exóticos y enervantes? Quién sabe!

Ilusión que se fue…. Bien lo dijo aquella noche mientras navegábamos bajo un palio de estrellas silenciosas: “Ves esas dos olas que, al costado del barco, se han juntado? Ves cómo ruedan juntas, gemelas? Ve….ya se desunieron. _No se encontrarían nunca más. _Una irá a derramar sus amarguras blancas en lejana playa; la otra se estrellará con un gemido doloroso contra el negro costado de un barquichuelo, bañándolo de azahares fosforescentes, mientras hiere el silencio de la noche la voz del pescador, la barcarola nostálgica que se perderá en el aire con temblores húmedos de recuerdos…”

Bien lo dijo: dos olas que marcharon gemelas y luego un tumbo del barco las alejó para siempre….

Sensitiva, dulce, evocaban sus pupilas, a veces añoranzas lejanas, a veces tragedias desconocidas.

“Que quién soy yo? Yo misma no sé. _Yo misma no me comprendo.  Muchas veces al mirarme en el espejo, me parece que “me he visto” en otras edades._ Usted no cree en la transmigración de las almas?  Yo sí. _Quizás fui yo una princesa encerrada en un castillo, una princesa cruel que gozaba en la agonía de sus trovadores.  Oh! Yo debo muchas muertes.  No hay besos más dulces que los que se reciben de los labios aun tibios en una cabeza truncada, mientras nos miran unos ojos ya sin luz.  Besos como los que saboreó Salomé de los labios del Bautista…. En mis pupilas hay copiadas muchas agonías de otras pupilas….Por eso dicen que son bellas, que son misteriosas, que son trágicamente negras…! Tienen que ser negras a fuerza de ver tanto la muerte. _Yo fui una princesa insatisfecha. _Toda la vida me quedé esperando al galán a quien debí darle mi corazón que poco a poco se depravó.  Pero nunca llegó….nunca llegará.  Por eso viajo…. Pago mis culpas.  Llevo muchos siglos de estar viajando. _A la reja de mi castillo iban los trovadores a buscar la lumbre de mis ojos y una sonrisa de mis labios y encontraban la muerte.  Ahora yo busco quien me descifre el misterioso jeroglífico que describen los cisnes heráldicos sobre los lagos azules, el que comprenda el lenguaje de los ruiseñores enamorados, el misterio de los arreboles de Abril, el que canta y muere cantando como el cisne; el que me diga la palabra cabalística que me haga detener en mi camino de princesa errante….”

Estuve a punto de decir la palabra….

Pero miré hasta el fondo aquellas pupilas ahora suplicantes pero siempre negras; pensé en los furores de aquella princesa cruel, y, sugestionado por sus palabras, yo también creí en la transmigración.

Nacho Valdés.

Cuento publicado en: Cuentos panameños de la ciudad y del campo.

El Muerto que Sudaba, por
Ignacio de Jesús Valdés

Esta es una historia verídica.- Quien me la contó, un amigo cordial cuya compañía hace que las horas transcurran con velocidad vertiginosa, vive aún, y es un poeta grande y querido, cuya obra nos ha hecho conocer más allá de nuestras fronteras….

Cuando él, en una noche fría de Agosto nos contó esa anécdota de la vida panameña en tiempos en que había partidos liberal y conservador, que ya no los hay, a un grupo de bohemios trasnochadores, cómodamente repantigados en una banca del parque de Santa Ana, nos dio nombres propios, que yo callo, porque los aludidos sabrán encontrarse en este relato si hasta sus ojos llega algún día.

Y va de cuento….

Corrían los tiempos de la dominación colombiana, cuando los liberales aun se batían por la enseña roja y los godos” rabicenizos” ostentaban el pendón celeste como enseña para mandar al seno de Abraham o a las calderas de Pepe Botero al que no pensara en fondo azul….

Los liberales estaban en la “yaya”; los conservadores, dueños de vidas y haciendas, de Gobierno y Justicia, no dejaban que ningún rojo asomara las orejas por las calles de la muy noble y leal ciudad ésta, después del toque de silencio, a las nueve de la noche.

¡Ni los chiquillos hoy día estaban como los liberales en aquellos memorables días de ingrato recuerdo!

Pero los rojos, aunque en la mijarra, no se daban a la ley y nunca les faltaba pretexto para burlar las disposiciones de los Godos. Como a todo mortal, de cualquier bando, les  gustaban los pindines, el trago a tiempo, y la aventura callejera de que fue tan pródiga siempre nuestra ciudad capital.-Pero para los liberales, zape!-

Y fue una noche. -Sentados en Santa Ana, arrinconados  y silenciosos estaba un grupo de liberales, como perros con vejiga, cuando uno de ellos, levantando un poco más la voz, dijo como quien lanza una proclama: “ Copartidarios: hace sed y hay que ver la manera de humedecer el galillo. -Se me ocurre una idea y allá va: como solamente podríamos beber en un velorio, sin contravenir los reglamentos, es necesarios que uno de nosotros se muera, lo amortajamos, lo velamos, lo lloramos y nos lo chupamos: así podremos desvelarnos impunemente. -Y digo más: propongo que sea yo el muerto!”

Los contertulios se miraron asombrados. -Se habría vuelto loco este copartidario? -Ante el silencioso estupor de sus oyentes, el de la voz cantante explicó: -“Pero me comprenden ustedes? Esta muerte es de mentira! -Nos vamos donde Ña X… (aquí el nombre de una vieja carimañolera conocida) que vive aquí cerca en el Revellín, le mandamos a freír empanadas, carimañolas, le ordenamos prepare un sancocho de gallinas, compramos unas cuantas botellas de ron, le pedimos la sala prestada para morirme yo, me hago entonces el muerto, los acompaño comiendo y tomando hasta que llegue la ronda, cuando ésta llega, y salto al catre que estará entre cuatro velas en mitad de la sala, me estiraré, cruzaré las manos sobre el pecho, y el godo se la tragará. Cuando se retire, vuelvo a formar quórum!”

Un “¡bravo! unánime acogió la idea. -Momentos después en el Revellín había un muerto con el consiguiente velorio y acompañamiento. -Por lo que parecía, era liberal el muerto pues sólo de liberales se componía el acompañamiento.

Un oficial de correría que pasó frente a la casa vio una vieja que hacía fritangas y a un grupo de cariacontecidos liberales que entre copa y copa jugaban a las cartas, al dominó o al tablero, y siguió su camino.

Llegó la media noche y con ella el relevo de las rondas -El muerto con los dolientes  discutían acaloradamente por una jugada dudosa después de haber ingerido algunas botellas y puéstose en calor algo más de lo necesario, cuando a la luz de un farol, brilló en la esquina de la calle el sable y la visera del oficial más malo y malicioso que ha podido dar el partido conservador.

Llegó, se detuvo, vaciló un poco, como tomando rumbo, y al darse cuenta de la animación que en el fondo de la calle había, dirigió hacia allá sus marciales pasos.

Nuestros héroes, que se habían dado cuenta de sus movimientos, al verlo encaminarse hacia ellos, se prepararon; el muerto, dando traspiés, se acostó en el catre, cerró los ojos, se arropó con la blanca sábana, cruzó las manos sobre el pecho, contuvo la respiración y …. aguardó los acontecimientos…

Mientras, los dolientes continuaron animadamente:
-Doble cena!
-Salgo yo!
-Paso!
-Ahí va esa cena y quina!
-Me doblo!
-Me jo…. robaste, chico, pero ahí va esa!
-Paso!
-Paso también!
-Digo lo mismo!
-Límpiate con esta tuza!
-Ahí estoy!
-Me doblo…!
-Buenas noches!-Dijo el oficial de ronda -aquí que diablos pasa que se juega, se bebe, se come y se hace tanta bulla?

-Nada, señor, -dijo muy compungida y bien aleccionada la vieja dueña de la casa -que el señor N….. se murió esta tarde, pobrecito! y aquí lo estamos velando…. ”Y se limpió con el delantal el llanto que le producía el humo de la paila.

-A ver, veamos ese muerto! -dijo el oficial que era nada menos que antioqueño.

Los circunstantes se quedaron perplejos pues no contaban con esa, y cada uno fue alistando con la vista el camino de la fuga, por donde era menos peligroso correr, en caso de catástrofe.

Mientras, el antioqueño había llegado junto a la cama; con mucho respeto se descubrió, agarró el  kepis con la mano izquierda y, con la derecha levantó una punta de sábana y dejo al descubierto la faz del “ muerto”.

Este, sea por el efecto de la discusión anterior, del espíritu de caña ingerido, por el sustito que lo acompañaba o de tanto aguantar resuello, o quizás por todo combinado, tenía la frente completamente cubierta de sudor.

El antioqueño se paró en seco, frunció el ceño, se  inclinó, miró más de cerca, y con un gesto muy “centrano” dijo, requiriendo el chafarote: “Ah! berriondo, pero si este muerto como que está sudando…!”

Inútil considero decir que muerto, dolientes y todos desaparecieron como por encanto….

Nacho Valdés.

Cuento publicado en: Cuentos panameños de la ciudad y del campo.

Ignacio de Jesús Valdés
(1902-1959)


También conocido como Ignacio de J. Valdés Jr. o Nacho Valdés.  Nació en Santiago de Veraguas, el 6 de junio de 1902. Vivió su infancia y juventud en su pueblo natal. Egresado del Colegio de La Salle, en 1921, como Perito Mercantil y Bachiller.  Falleció en la ciudad de Panamá, el 30 de junio de 1959.

En 1923, funda y dirige el semanario “El Cronista”, de vida efímera.  El ambiente, nada propicio para el periodismo en aquel entonces, acoge, sin embargo, con cordial simpatía al joven escritor que, en 1924, gana los dos primeros premios del concurso abierto por la Secretaría de Educación para escoger la letra del Himno de la Escuela Normal de Institutoras. Este triunfo lo decide a publicar su primer y único tomo de versos, titulado “Vibraciones”,  saturado de un romanticismo muy explicable en la época y en la edad sentimental del poeta.

En 1924, lo encontramos como reportero en El Tiempo, y alcanza pronto la categoría de redactor. En El Tiempo y otras publicaciones de la época, comienzan a aparecer los cuentos y cuadros de costumbres de Nacho Valdés.

En 1928, publica Cuentos panameños de la ciudad y del campo, que abren un sendero nuevo, más autentico y más hondo, a la literatura panameña.

En 1929, labora en la Editora Panamá América, como su primer Jefe de Redacción. En este diario, y en ese mismo año, inicia la publicación de la columna periodística “Vibraciones”, que habría de sostener hasta la hora misma de su fallecimiento.

En 1931, es designado Cónsul de Panamá en Londres. Durante su permanencia en el Viejo Mundo visita casi todos los países de Europa, representando a Panamá en importantes conferencias internacionales, se relaciona con prestantes figuras de la intelectualidad y, en fin, se satura del profundo sentido humanístico de aquella cultura.

Fue Miembro del Club de Prensa de Londres. Miembro Honorario del Institute Littéraire et Artistique de Francia, Paris. Fue invitado Especial de la Liga de Naciones, en Ginebra, Suiza. Varias veces Presidente de la Asociación de Periodistas de Panamá.

En 1938, funda y dirige el periódico radial Vibraciones del Aire, que se transmite ininterrumpidamente hasta la hora de su muerte, a través de la Radio Panamericana.

En 1941, es nombrado Jefe del Departamento de Radio y Prensa del Ministerio de Gobierno y Justicia; en este cargo permanece hasta 1948.

En 1943, publica su tercer libro Sangre Criolla, una nueva colección de cuentos vernáculos que vienen no solamente a enriquecer la literatura autóctona, sino que, además, afirman y definen la personalidad literaria del autor.

En 1945, publica Alma, tomo de cuentos cosmopolitas, compuesta por narraciones ambientadas en suelo europeo. A esa obra le siguen, en 1947, Mandrágora y Ternura, la primera, una colección de cuentos preparada para la Biblioteca Selecta que dirige Rogelio Sinán, y la segunda, una colección de cuentos de navidad.  Por último, aparece, en 1949, los Cuentos de Carnaval.

La labor de Nacho Valdés se encuentra en el periodismo, radial e impreso, a través de sus Vibraciones y de otras colaboraciones especiales para Mundo Grafico, Revista Siete, Épocas y Revista Lotería. Laboró casi un lustro en el Diario La Hora, cuyas publicaciones le valieron muchos sinsabores, sin que ello hiciese disminuir su espíritu de combate y su defensa de los ideales del sistema democrático. Además, fundó y dirigió el Semanario Tribuna Libre y colaboro en numerosas publicaciones extranjeras.

Fue el propulsor de la idea para que en Panamá se dedicara un día especial , el internacional, es decir el tercer domingo de junio, para honrar a los padres panameños.  Su amor y aprecio a su padre lo demuestra el poeta, en el siguiente mensaje, tomado del diario La Hora, y publicado por la Revista Lotería en junio de 1949.

En sus crónicas periodísticas, combate los excesos de lo que denomina entonces “el chiarismo”. Denuncia la corrupción administrativa, pero sobre todo la sumisión de nuestros gobiernos a las exigencias de Washington.

En cada una de sus columnas se observa su interés de exaltar nuestra identidad cultural, vulnerada por una serie de influencias exógenas que disminuían no solo nuestro concepto político de nación soberana, sino nuestra expresión como pueblo con una cultura propia.

En sus cuentos encontramos, una serie de denuncias, particularmente contra funcionarios inescrupulosos, deshonestos, con escasa sensibilidad por el drama de los humildes. Son denuncias que no pierden vigencia. Algunos cuentos nos hacen reír, pero otros nos  hacen reflexionar sobre las muchas injusticias que se cometen contra los que no tienen  quien los defienda.

Nacho fue poeta, cuentista, escritor y periodista tenaz e insobornable; fue llamado “el periodista del pueblo”. Desde sus columnas periodísticas y radiales defendía al periodiquero, al policía, a la telegrafista, a las enfermeras, a los maestros, y a todo el que él consideraba era víctima de una injusticia o trato inadecuado; era la voz que se levantaba para estremecer las conciencias de un pueblo muchas veces indiferente y cómplice; es el Líder indiscutible de la responsabilidad social de la prensa panameña.

Dedico su vida de escritor a enaltecer los valores panameños y a defender la democracia en su querida Panamá. Apoyó de forma decidida al Movimiento Acción Comunal y la candidatura del Dr. Arnulfo Arias.

Escribió varios himnos y marchas, entre ellos el Himno de Acción Comunal, actual himno del Partido Panameñista. Pero sobre todos, existe una marcha, escrita a la enseña ideal, hecha con retazos de nuestro cielo y destellos de la aurora, que todos los panameños cantamos con el corazón henchido de emoción por el amor a nuestra Bandera, nos referimos a los sentidos versos llenos de amor y admiración a La Bandera Panameña; también conocida como la Marcha Patriótica.

Por muchos años el Certamen Cultural para los trabajadores en su Categoría Cuento llevó su nombre sin embargo sin alguna razón justificable este hecho fue cambiado en los últimos dos certamenes del Instituto Panameño de Estudios Laborales (IPEL) del MITRADEL Ministerio de Trabajo de Panamá.

Fuente: Panamá Poesía

martes, 15 de noviembre de 2016

GRACIAS A ETHNICITIES MAGAZINE POR COMPARTIR EN SUS PÁGINAS MI POEMA HIJO DE LA PATRIA AMADA

https://www.yumpu.com/es/document/view/56326410/volumen-5-edicion-de-noviembre-ethnicities-magazine/share/x/0/y/0/w/495/h/640/page/6

Muchas gracias a Ethnicities Magazine en su Edición de Noviembre 2016 por publicar mi Poema: Hijo de la Patria Amada

Gracias a Kenia Salazar de Moreno Presidenta y Editora en Jefe de la Revista por la oportunidad brindada para mí un honor participar en una Revista que promueve los valores y el respeto étnico de la raza en especial la afrontillana, afrodescendiente.

Gracias

Robert Allen Goodrich Valderrama

En link encuentran la revista la misma tiene dos ediciones en español la que comparto y en inglés


JOSÉ FRANCO GRAN POETA Y ESCRITOR PANAMEÑO



Panamá Defendida - Canto I, por
José Franco

Entonces fue la Patria
los caminos del indio.
Los playones,
las montuosas
serranías atlánticas,
las salinas del mangle
y los estuarios.
Fue la Patria la tribu,
los juncales,
el fastidio del humo
en los bohíos,
la sierra agreste,
anónima.
Pesarosos, hostiles,
los senderos del hombre
fueron ríos,
cordilleras de rocas
y jaguares.

Del turbulento Atrato
al chiricano suelo pastoril,
la Patria ha sido siempre
los andantes caminos,
los galopes
del aire inmemorial,
territorio
de tránsito perpetuo.
La selva, las raíces,
la hierba adusta,
huraña,
las pesarosas tumbas
aborígenes,
seguían los pantanos,
las chozas familiares,
las aldeanas inscripciones
cerca de los riachuelos
solitarios,
donde nacen remansos
y marismas,
y el cardumen remonta
los bajíos.

Simples, rústicos
troncos ágiles,
fueron los indios flechas,
rupestres signos, manos
ornamentales; ollas
profundas de almidón
alfarero.
Modelaron el barro,
las hamacas
del viento forestal,
las estatuarias
costas del Pacífico;
sonoras, armoniosas,
asientos del crepúsculo
y la espiga.
Porque antaño el maíz,
esmalte y fuego,
panal de arcilla roja,
fue certeza
en la "chákjaras",
atavío textil,
sueño multicolor
del cántaro y la sangre.

¡Oh cenizas del indio en mi memoria¡
Hallo en tu cesta rota
la liturgia
del vaso funeral:
que el hombre es sólo barro,
mortal ánfora,
polvo común del tiempo
y el olvido.
Quizás en la amargura
de la piedra
tu muerte se prolongue,
dulce ocarina lánguida,
sementera filial,
danza de los abuelos
enterrados.

Me remonto a la noche
de tu primo elemento:
eras la red, la trampa
en el arpón, la pesca
humilde en los esteros.
Tus palabras
indagaron la tierra,
las azules
leyendas de los Dioses,
las videncias
del primer jeroglífico
en la luna.
Padre nuestro del Istmo,
candil triste.
Lirio de los volcanes
y el relámpago.
En tu nombre mi Patria
se hace origen,
texto de la palabra funeral,
remota imagen
del llanto memorable.

Del libro Panamá Defendida


Victoriano Lorenzo, por
José Franco

Victoriano, muy asidas
a la Patria están tus huellas.
Te velaron las estrellas
de las llanuras perdidas.
Te curaron las heridas
los bálsamos de una fuente;
Arroyuelos transparente
murmura tu eterna queja;
tu imagen nunca se aleja
del corazón de la gente.

Vive el cholo Victoriano
sembrando en la serranía.
Poderosa alegoría
para el futuro cercano.
Su celda desde el arcano
anuncia la tibia sombra
dura palabra que asombra
la claridad de mañana,
de Panamá soberana
que sobre el pecho se nombra.

El arroyo en las laderas
simbolizó sus pisadas,
despertó sus madrugadas
el frío de las cordilleras.
En las perdidas veredas
sintió el dolor campesino,
relámpago vespertino
iluminando el paisaje,
hizo cíclope el coraje
que acompañó su destino.

Odio de sangre palpita
en el fondo de la historia,
desventurada memoria
que al dolor se precipita.
De la noche resucita
la povarosa contienda,
el aullido de la ofrenda
a la muerte traicionada,
que dejó despedazada
la dolorosa leyenda.

En él dejo sustentado
mi orgullo de panameño.
Visionario del ensueño
de un pueblo sacrificado.
Y dejará proclamado
su pensamiento lejano,
en mi orgullo de serrano
altivo y de haber nacido,
entre el pueblo adolorido
que recuerda a Victoriano.

José Franco
(1936)


José Franco nació en Calobre, Veraguas, el 24 de marzo de 1936. Estudio en la Escuela Normal J. D. Arosemena de Santiago y en la Universidad de Panamá, Licenciatura y Profesorado en Letras. También realizó estudios en La Universidad Central de Quito.

Periodista y diplomático, fue embajador de Panamá en Paraguay, Uruguay y Argentina. Ha sido Director del Instituto Nacional de Cultura; Asesor editorialista y columnista de Editora Renovación, S.A.; Director del Diario La República; Director de Información con rango de Embajador, del Ministerio de Relaciones Exteriores; Miembro principal de la comisión redactora del Proyecto de la Constitución Política de Panamá en 1972.

Ha merecido numerosas distinciones extranjeras como diplomático, periodista y hombre de letras. Ha ganado premios en el Concurso Literario Ricardo Miró, como poeta y autor teatral. Obtuvo el Premio Nacional de Folklore, en la sección décima, en 1966, 1967 y 1968. Mereció el Premio Nacional de Periodismo en 1967, en la sección Columna; en 1964, en la sección Reportaje; en 1966, en la sección Editorial; en 1984, en la sección Editorial; y en 1985, en la sección Columna, entre otras distinciones nacionales.

Goza de una extraordinaria popularidad como poeta. Su poema fundamental es "Panamá Defendida", escrito en 1954 y traducido, al igual que buena parte de su obra, a diversos idiomas.

Pertenece al cuerpo de Directores de la International Writers and Artists Association, con sede en U.S.A. En 1998 fué postulado al premio Príncipe de Asturias, en Oviedo España. Es Dr. Honoris Causa de Columbus University.

Recientemente es recordado por todos el bochornoso incidente cometido por el Ministerio de Educación (MEDUCA) y el INAC (Instituto Nacional de Cultura de Panamá) cuando le entregarón la Orden Rogelio Sinán con cheques sin fondo, un pergamino sin firma y una medalla prestada para el bien de todos este hecho fue corregido pero duramente criticado por los intelectuales, sociedad, medios de comunicación y escritores dado que fue con uno de los grandes Poetas y escritores que tiene este país.

Fuente: Panamá Poesía

domingo, 13 de noviembre de 2016

GASPAR OCTAVIO HERNÁNDEZ GRAN PERIODISTA Y POETA EN SU HONOR SE CELEBRA EL DÍA DEL PERIODISTA EN PANAMÁ


Canto a la Bandera, por
Gaspar Octavio Hernández

Se detuvo el mancebo en la rampa, frente al mar
transparente. Comenzaba a brillar la mañana. En una
de las naves de Aguadulce fondeadas en el puerto, hercúleo
marino de color de bronce -cantando un alegre cantar de
aldea- enarbolaba el pendón tricolor del Istmo.

El mancebo sintióse inquieto de entusiasmo: el
entusiasmo le hizo poeta y le inspiró este canto:

¡Ved cómo asciende sobre el mar la enseña
que refleja en sus vívidos colores
el mar y el cielo de la patria istmeña!
¡Mirad...! ¡Es la bandera panameña,
vistosa cual gentil manto de flores!

¡Ved cómo asciende al mástil del velero
serpenteando con lánguida armonía
bajo la luz del matinal lucero,
mientras canta fornido marinero
con ruda voz, canciones de alegría!

El céfiro de Ancón, puro y fragante
como beso de virgen, acaricia
la tenue seda del pendón flotante
y tierno idilio sobre el mar sonante
con el céfiro la bandera inicia.

¡Bandera de la patria! ¡Con celajes
de púrpura encendida, con pedazos
del cielo de los ístmicos paisajes
y de marina espuma con encajes
tejieron nuestras vírgenes los lazos!

¡Bandera de la patria! Las estrellas
en tus colores su fulgor derraman
perennemente vívidas. Por ellas,
los hombres duros, las mujeres bellas
¡en patriotismo férvido se inflaman!

¡Ellas, en nuestros fuertes corazones,
la llama avivarán del heroísmo,
cuando al grito marcial de los cañones,
enemigo clarín vibre canciones
bajo el ardiente sol de nuestro Istmo!

Ellas reavivarán en nuestras almas
amor por nuestras fértiles campiñas
sembradas de naranjos y de palmas,
donde -tras de luchar- núbiles niñas
nos ceñirán de mirtos y de palmas...

¡Bandera de la patria! Sube...,sube
hasta perderte en el azul... Y luego
de flotar en la patria del querube;
de flotar junto al velo de la nube,
si ves que el Hado ciego
en los istmeños puso cobardía,
desciende al Istmo convertida en fuego
y extingue con febril desasosiego
¡a los que amaron tu esplendor un día!

La Estrella de Panamá
23 de mayo de 1915.

La Agonía del Guerrero, por
Gaspar Octavio Hernández

Con ojos que denuncian pesadumbre,
mira el postrado capitán, colgada
de vetusta pared, la fina espada
con que pueblos redujo a servidumbre.

Ver le parece la musgosa cumbre
-de fresca sangre y lágrimas bañada-
donde su mano, del acero armada,
terror diera a enemiga muchedumbre.

-Inútil esperar -trémulo exclama-,
y, cual serpiente a quien la furia encona,
se retuerce de súbito en el lecho;

La Patria, envilecida; infiel mi dama,
mi acero inmóvil, rota mi corona...
¡Ah!, con la espada atravesadme el pecho.

Del libro: Melodías del pasado.

Alma Patria, por
Gaspar Octavio Hernández

¡Istmo de Panamá! Tierra de amores
que del fondo del mar surgiste un día,
para enlazar el Norte al Mediodía
con guirnaldas de perlas y de flores.

¡Patria del corazón! Tierra que a solas
cantas las glorias de tus dioses lares,
mezclando la canción de tus palmares
con la canción eterna de las olas.

Si alguna vez, el viento enfurecido,
mi nido arranca de tus verdes frondas,
si he de volar a que mis penas hondas
hallen amparo en extranjero nido.

Siempre oiré resonar en mis entrañas
la voz del viento de tu cordillera
y he de ver en los cielos tu bandera
sobre el azul de todas las montañas!

Siempre en todos los trágicos senderos
por donde el mal de transitar me abruma
he de aspirar el cálido perfume
de tus bosques de erguidos limoneros.

Porque tú, de tal modo has esparcido
tu fragancia en los ámbitos del mundo
que ha donde vaya, mi ánimo errabundo
he de aspirar tu aroma conocido.

Allá donde suspiren mis lamentos,
allá donde me lleve mi destino
veré tu mar sereno y cristalino
oiré cantar tus melodiosos vientos!

Bajo cielos de incógnitas veredas
cuando por costas extranjeras viaje,
en los quedos murmullos del boscaje
oiré gemir tus propias arboledas...

Porque yo de tu brisa en el suspiro
oigo la voz de todo lo que he amado;
porque siento la voz de mi pasado
en todo el aire que de ti respiro.

Porque el doliente espíritu comprende
que muchas gotas hay del llanto mío
en cada limpia gota de rocío,
que la noche en tu atmósfera desprende.

¡Patria! Doquier suspiren mis lamentos,
doquiera que me lleve mi destino,
veré tu mar sereno y cristalino:
oiré cantar tus melodiosos vientos.

Cuando la tarde encienda en arreboles
los claros cielos en extraña esfera,
veré en cielos extraños tu bandera
blanca, roja y azul con sus dos soles!

Y en ese instante, en que la tarde expire
sentirá mi interior melancolía
un rumor de tus bosques ¡patria mía!
que hará que el alma por tu amor suspire.

Y volveré a sentir en mis entrañas
el rumor de tus líricos palmares
y aspiraré el aliento de tus mares
y aspiraré el olor de tus montañas.

Porque con tal vigor infundió vida
en mi vibrante corazón tu aliento,
que en mis horas más íntimas te siento,
para siempre conmigo confundida.

La Estrella de Panamá
3 de Noviembre de 1917.

GASPAR OCTAVIO HERNANDEZ
(1893-1918)


Nació en la ciudad de Panamá, el 14 de julio de 1893, de humildícimo origen, es el más joven de los poetas primeros de la República y también el más sometido al influjo modernista. Autodidacto, mostró dominio sobre los instrumentos de su arte. Fue correcto verificador, y poeta. Agrada en Hernández su voluntad de perfección. Hombre imaginativo, realizó cosas singulares. Y dejó dos libros: Iconografías (1915), prosa que incluye cuentos y notas críticas, y Melodías del pasado (1915); a lo que se agrega La Copa de Amatista (1923), libro póstumo. Murió el 13 de noviembre de 1918, de un ataque de hemoptisis.

Demetrio Korsi lo clasificó de "gran poeta negro, doloroso, exótico, sincero y desventurado que murió a los 25 años ahogado por violenta hemoptisis, en el despacho de La Estrella de Panamá, periódico del cual era jefe de redacción".

Hacia el final de su vida empezó a interesarse por el tema popular. Sus pocos poemas de ese tipo nos indican que ese camino le llevarían al encuentro de su yo esencial. Con todo, su obra constituye uno de los más importantes logros de la poesía panameña. Si Hernández fue un autodidacta, su joven exégeta ha demostrado técnicamente su genialidad poética. Sin su prematura muerte, su modernismo hubiera alcanzado el más alto nivel continental.

En su Honor se celebra cada 13 de Noviembre el Día del Periodista en Panamá.

Fuente: Panamá Poesía

sábado, 12 de noviembre de 2016

FINALISTA CONCURSO INTERNACIONAL DE MICROPOEMAS "NUESTROS MAYORES" EL MURO DEL ESCRITOR

http://www.muroletras.com/concursos/2016/octubre2016/finalistas-octubre2016-micropoemas-nuestros-mayores.php

Un Honor aparecer en el Listado de Finalista representando a Panamá.