jueves, 28 de abril de 2016

GUILLERMO ANDREVE GRAN INTELECTUAL PANAMEÑO

GUILLERMO ANDREVE ICAZA

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

El Profesor Ricardo Arturo Ríos Torres lleva desde hace años un hermoso Círculo de Lectura llamado Guillermo Andreve fundado en honor a este destacado intelectual panameño que ayudo a promover a los escritores, divulgo la cultura, el periodismo, participó en la política y luchó por la Democracia me refiero a Guillermo Andreve cuya semblanza forma parte de este grupo de escritores panameños a quién este servidor le decidió rendir honores durante el Mes de Abril de este año.

Es por eso que a continuación publicaré la semblanza de este destacado intelectual y político panameño un hombre de esos que no vuelven a nacer.

Guillermo Andreve Icaza (1879-1940). Intelectual panameño que se destacó en el periodismo, la política y la diplomacia durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Nació en la ciudad de Panamá el 8 de agosto de 1879 en el hogar formado por Guillermo Andreve (padre) y Rita Icaza. Realizó sus primeros estudios en el Colegio Balboa, de su ciudad natal, dirigido por Abel Bravo. Por lo demás fue un autodidacta. Su padre murió el 9 de diciembre de 1895, en Nicaragua, cuando el joven Andreve tenía dieciséis años. Se vio entonces obligado a trabajar para ayudar a la economía familiar. Como su vocación era el periodismo, comenzó a colaborar en El Lápiz, periódico liberal, cuyo propietario era don José Sacrovir Mendoza. A la par, trabajó en talleres de tipografía para aprender el oficio. En esos años fundó la revista Cosmos (1896-1897) y se convirtió en capitán entusiasta de un pequeño grupo de escritores modernistas. En 1898 creó la revista Filatélica, para coleccionistas de sellos, y en el mismo año, El Demócrata, que tuvo escasa duración.

En 1900, como combatiente liberal, participó en la Guerra de los Mil Días, y dejó muy claro su credo liberal no solamente en sus escritos, sino en sus acciones. Al lado del General Manuel Antonio Noriega, se unió al sector revolucionario encabezado por el Dr. Belisario Porras, quien se proclamó Jefe Civil y Militar del Departamento de Panamá en Punta Burica, en marzo de 1900. Andreve tuvo una actuación destacada en los combates del Picacho de Olá, en donde conoció a Victoriano Lorenzo, y en La Línea, junto al General Domingo Díaz.

Después de firmado en 1902 el Tratado del Wisconsin, que impuso la paz tras la Guerra de los Mil Días, Andreve comenzó a trabajar como dependiente en la casa comercial de Maduro e Hijos, y poco después fue ascendido a contable. En ese año fue reducido a prisión por las autoridades colombianas, por haber protestado públicamente por la contravención del tratado del Wisconsin y el fusilamiento de Victoriano Lorenzo. En el proceso de separación de Panamá de Colombia actuó activamente, según testimonia su ensayo Mi actuación en el movimiento separatista de 1903, que no se conoció sino en 1950.

Notamos que desde un principio se idenficó con los problemas de su nación, con la libertad y con la democracia pero a nivel intelectual destacó mucho más todavía como veremos a continuación.

Como hombre de letras, se preocupó por la cultura de su país. Gestionó ayuda del Estado para la publicación de El Heraldo del Istmo, revista modernista de orientación artística y literaria, donde publicó sus primeros trabajos el poeta Ricardo Miró. El primer número salió en enero de 1904. En julio de 1906, se suspendió por tres meses el auxilio económico a la revista, por razones políticas. El último número de El Heraldo del Istmo salió en septiembre de ese año.

En 1906 Andreve fue elegido concejal y llegó a ser presidente del Concejo del Municipio de Panamá. En ese año realizó, junto al Dr. Carlos A. Mendoza, un programa de reconstrucción del partido liberal, en pro de la joven República. Promovió la fundación de la agrupación cultural El Ateneo de Panamá (1907), en la que participaron o Nicolás Victoria Jaén, Samuel Lewis, Alfonso Fábrega, Ofelia Hazera, Alfonso Preciado, Santiago de la Guardia, Ricardo J. Alfaro, Oscar Terán y otros. Por esos años fue también redactor de la revista Nuevos Ritos, fundada por Ricardo Miró.

En 1909 comenzó su carrera diplomática al ser nombrado Secretario de la Legación de Panamá en Costa Rica, y, al terminar el año, Agente Confidencial ante el mismo gobierno. Al morir en funciones el presidente José Domingo de Obaldía, ocupó el cargo D. Carlos A. Mendoza, segundo Designado, pues el primero, José Agustín Arango, había fallecido. Durante la administración de Mendoza, Andreve cooperó intensamente en el partido liberal.

En 1910 fue elegido Diputado a la Asamblea Nacional por la provincia de Panamá, dignidad que ostentó hasta 1912 en calidad de Presidente de la Cámara. Así, al subir en ese año al solio presidencial el Dr. Belisario Porras, correspondió a Andreve tomarle el juramento de rigor. Nombrado en la cartera de Instrucción Pública, continuó en el cargo durante los períodos presidenciales subsiguientes: en 1916, el de D. Ramón Valdés y, en 1918, el de D. Ciro Urriola. Miembro de la masonería, fue el primer Muy Venerable Gran Maestro de la Gran Logia de Panamá, fundada por un grupo de Respetables Logias de distintas jurisdicciones de América del Sur en 1916.

En 1917, Guillermo Andreve contrajo matrimonio con Delia María Robles. En esos días, todavía estaba cercana en el tiempo la separación de Colombia, y los panameños se enfrascaron en una polémica desgarradora, originada en el artículo 70 de la Constitución de 1904, por el cual estadistas eminentes como el Dr. Eusebio A. Morales, que había trabajado en el establecimiento de la República, quedaban imposibilitados de acceder a la Presidencia por haber nacido en territorio colombiano. El gobierno de Estados Unidos, basándose en el Tratado Hay-Buneau Varilla y según el artículo 136 de la Constitución de 1904 -bajo pretexto de vigilar las elecciones de 1918- instaló tropas norteamericanas en las ciudades de Panamá y Colón en el mes de julio. La Secretaría de Instrucción Pública, encabezada por Andreve, dictó una disposición inmediata por la cual se declaraba que la nacionalidad panameña estaba de duelo. Las elecciones se verificaron y la nueva Asamblea volvió a elegir al Dr. Belisario Porras, quien estaba fuera del país. Ocupó la Presidencia interinamente Domingo Díaz. Guillermo Andreve presentó su renuncia del cargo, dejando una estela de esfuerzos significativos: reformas y nuevos programas en la enseñanza y creación de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas y la Facultad Nacional de Derecho. Al quedar sin puesto oficial después de su renuncia, Andreve, que contaba con su trabajo para sostener a su familia, emprendió la tarea de publicar la Biblioteca de Cultura Nacional.

En 1919 fue nombrado Ministro en Francia e Inglaterra, cargo que ostentó por diez meses. Durante este período envió a Panamá artículos en los que daba a conocer sus impresiones de sus visitas a las dos Cámaras del Parlamento inglés, y de la organización de las asociaciones obreras, en particular el gremio de tipógrafos, vinculados a su propia experiencia juvenil. Volvió al Istmo en período de elecciones, y participó en pro de la causa liberal. El Dr. Porras triunfó, y Andreve fue elegido diputado y segundo Designado por la Asamblea Nacional.

En mayo de 1920 el Presidente recibió una notificación perentoria del gobierno de Estados Unidos para que se ejecutara el fallo White, sobre los límites entre Panamá y Costa Rica. Alentado el gobierno costarricense, ocupó militarmente la región istmeña de Coto el 21 de febrero de 1921. El gobierno panameño envió fuerzas para rechazar la invasión, y hubo un encuentro belicoso a orillas del río Coto. Parte del ejército costarricense invadió con cierto éxito la provincia de Bocas del Toro, con la ayuda de los barcos de la Compañía Frutera. El Dr. Porras hizo declaraciones a la prensa internacional que fueron publicadas en La Estrella de Panamá, y mal interpretadas por la población, de modo que fue organizada una manifestación de protesta, a pesar de los intentos de D. Domingo H. Turner para disuadir al público, y el pueblo asaltó la Presidencia. Como resultado, hubo muertos y heridos. El presidente Porras nombró una Junta de Defensa Nacional, presidida por Guillermo Andreve, cuyo fin era preparar el enrolamiento de los panameños llamados al servicio militar, y organizar pertrechos y armas. Terminados los disturbios de Coto, Andreve fue nombrado, en 1921, Ministro Plenipotenciario en Francia y España. En enero de 1926 terminó con éxito su gestión en las ciudades más importantes de Europa para dar a conocer a su país. Mientras, publicó obras de importancia para la cultura panameña.

A su regreso a Panamá, durante el gobierno de D. Rodolfo Chiari, fue nombrado Ministro Plenipotenciario en Colombia, donde los antiguos conservadores no olvidaban el movimiento de 1903. Tuvo que dejar estas funciones en 1926, para asistir como Delegado a la Asamblea de la Liga de las Naciones, en compañía del legislador Eusebio A. Morales. Sus funciones terminaron en noviembre de ese año. En 1928, bajo la presidencia de Florencio Harmodio Arosemena, se le designó Ministro Plenipotenciario en Cuba y México, donde gozaba de muchas simpatías.

En 1929 publicó su novela Una punta del velo, sobre el espiritismo. Mientras desempeñaba a conciencia su cargo diplomático, ocurrió en Panamá la Revolución del 2 de enero de 1931, convocada por el Movimiento de Acción Comunal. El presidente Arosemena renunció al cargo, y subió al solio presidencial el Dr. Harmodio Arias, en espera de que llegara al país el Dr. Ricardo J. Alfaro, Primer Designado, quien estaba en Washington. Alfaro tomó posesión el día 16 de enero de 1931. Andreve fue convocado para ocupar la Secretaría de Gobierno y Justicia, de la cual se hizo cargo el 23 de octubre. La ocupó durante once meses, en los que demostró sus aptitudes diplomáticas.

Nuevamente sin empleo oficial, reanudó la publicación de la Biblioteca de Cultura Nacional, para hacer frente a la educación de sus cuatro hijos. En 1934 publicó su Manual Electoral. Harmodio Arias lo nombró Suprintendente de Cedulación, cargo que desempeñó del 4 de septiembre de 1936 al 31 de agosto del año siguiente. En mayo de 1938 fue nombrado por el Dr. Juan Demóstenes Arosemena para ocupar el Consulado de Panamá en Los Ángeles, Estados Unidos. En esta época escribió Decretos y Resoluciones Vigentes, publicados con carácter oficial.

El  lo. de octubre de 1940 falleció en Los Ángeles Guillermo Andreve. Fue miembro fundador de la Academia Panameña de la Lengua, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, de la Asociación de Periodistas y de otras sociedades de tipo cultural. Llevan el nombre de este patricio, la máxima condecoración a los mejores estudiantes del país, una escuela y un círculo de lectores.

Un hombre que vio en la educación un puente, un ejemplo a seguir como prueba esta frase:

“Si no volvemos la vista atrás en busca de enseñanza y ejemplos, difícil se nos hará sostenernos en el presente y conquistar el porvenir.”
Guillermo Andreve

Honor a quién honor merece espero esta semblanza de Guillermo Andreve sea de su agrado un gran intelectual panameño quizás uno de los más recordados y a la vez olvidados por muchos.

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Encaribe.org
Panamá Poesías, pensamientos y lecturas infantiles

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Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, Presidente UMECEP Panamá como Promotor Cultural creó su blog Mi mundo www.robert-mimundo.blogspot.com los grupos en Facebook: Amor por las Letras, Unión de Artistas y Escritores por la paz desde Panamá, el Concurso Internacional de Ensayo por el Medio Ambiente en UMECEP Panamá. Como ambientalista es el Presidente de UMECEP Panamá. Embajador de la Paz en Panamá por el Circulo Universal de Embajadores de la Paz con sede en Ginebra ha ganado reconocimientos por su labor como: Mención Honorifica por labor como Poeta, Gestor por la Paz- Parnassus Patria de Artistas, Argentina (2013), Orden Banderín de la Paz, Australia (2013), Turpial de la Paz-Sociedad Venezolana de Arte Internacional, Venezuela (2014), entre otros. Miembro Correspondiente Academia de Artes, Ciencias y Letras de Iguaba Grande, Brasil (2014), Miembro Asociado Academia Norteamericana de Literatura Moderna, USA, Miembro de los Encuentros Literarios Internacionales ELILUC Luz del Corazón, Miami Florida, Miembro de RIET (Escritores por la tierra), Movimiento Poetas del Mundo, REMES-Red Mundial de Escritores en Español, ocasionalmente participa en el Circulo de Lecturas Guillermo Andreve (Panamá), Grupo Virtual Siembra de Lectores, (Panamá), entre otros sus libros están publicados en www.lulu.com www.amazon.com y otros espacios ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial.

miércoles, 27 de abril de 2016

JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET GRAN ESCRITOR, POETA Y ACADÉMICO PANAMEÑO

JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Un gran poeta y ensayista panameño llena los espacios de Semblanzas de Grandes Escritores panameños que he ido publicando durante todo este mes de abril del 2016 con el fin de rendirle tributo a los escritores y poetas panameños que en mi opinión se han destacado y han dejado en alto el nombre del país dentro y fuera del mismo.

Aunque el día nacional del escritor panameño ya se celebró (25 de abril) este servidor seguirá publicando una serie de semblanzas hasta el final del mes y más allá ¿quizás?

En esta oportunidad abordarémos la vida de un gran poeta, académico y ensayista panameño Don José Guillermo Ros-Zanet.

Origen,
por José Guillermo Ros Zanet

Huyen los pájaros profundos.

Mar y rocas y vértebras de peces
subyacen tras la imagen primitiva
de este sueño que yo sueño.

Noble junco y ciega flor de siempreviva
 lo circundan.
(Ya retornan sus huesos a mis huesos).
Arcángeles de sal y clorofila
edifican su luz aborigen, liberada.

Viva forma reintegrada a mi voz,
marina, vegetal y exacta.

Del  libro: Poemas Fundamentales.

Signo,
por José Guillermo Ros Zanet

Todo era la noche:
negro  barro
y hojas negras,
llanto amargo.

Sangre y signo de mi sueño taumaturgo,
de mi vertical
acento de amor desesperado.
Voz astral de lirio y nardo.

Del  libro: Poemas Fundamentales.

1 - El habla nace y nos dura,
por José Guillermo Ros Zanet

Dura apenas la palabra
el instante del nombrar;
más dura el nombre, y el habla
nos dura por siempre y está
en el comienzo del alma,
centrada en su eternidad.

Del libro: Sin el color del cielo.

2 - Nacimiento,
por José Guillermo Ros Zanet

Nace la eternidad
del habla, dulcemente natural.

Y ese color que va,
si llamado, del cielo al aposento,
como el habla que ya
dentro de mí yo siento
va reuniendo verdad y entendimiento.

Del libro: Sin el color del cielo.

11 - Este rostro de Cristo,
por José Guillermo Ros Zanet

Miro por todos, solo,
y por el Dios que ha sido
y por Cristo en su rostro detenido,
por las cosas que alcanzan
a ser ceniza o llama,
por lo que nombro, sino de premuras
primero, y lo vivido,
y apenas comenzara
sin prisa con la albura.

Del libro: Sin el color del cielo.

La poesía,
por José Guillermo Ros Zanet

Y dura
bien nacida,
y sigue,
piedra dura,
durando hasta la vida,
piedra pura.

Y muy duro le dan
entre las sombras;
pero sigue nombrando
hasta las médulas,
y sigue hablando duro,
en piedra pura.

Y le tiran cadáveres
y espantos
y sigue tercamente
subiendo a puntapiedras,
a piedra perdurable
y pedregosa.

Y para hacerla leña
llegan oscuros,
mudos.
Y sin embargo sigue
piedra siempre total
y duradera.
Tenaz piedra encendida,
piedra siempre cabal
y bien nacida.
¡Verdad tan verdadera
-la piedra-la Poesía!

Del libro: Cumbres aldeanas y otros poemas.

La mantis religiosa,
por José Guillermo Ros Zanet

Langosta estrafalaria
                        malhadada.

Rama devoradora
                        mal alada.

Cazadora sutil,
                      y rezadora.

Antropófaga muda,
                      mal solemne.

Diminuta jirafa,
                     carnicera.

Del libro: Lugares y criaturas.

Pero quién es el Dr. José Guillermo Ros-Zanet

Nació en la ciudad de David, provincia de Chiriquí, República de Panamá, el 11 de junio de 1930. Fueron sus padres el Dr. Rodolfo Ros, de origen cubano, que llegó a Panamá con el grupo del Dr. Finlay, para trabajar en la erradicación de la malaria y la fiebre amarilla; su madre fue la distinguida Señora  Clara Zanet, oriunda de Chiriquí. A la temprana edad de 10 años queda huérfano de padres y al cuidado de su abuela materna Josefina.

Realizo sus estudios primarios en la ciudad de David y los secundarios en la capital, en el Instituto Nacional. En 1959, recibe su diploma de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Tiene especialización en pediatría (Hospital del Niño, Panamá),  en Pediatría Social (Universidad de Antioquia, Colombia), y en Nutrición y Desnutrición en el Niño (Hospital Infantil, México, D.F.)

Fue un activo dirigente estudiantil, como Secretario General de la Federación de Estudiantes Secundarios de la provincia chiricana, como Primer Vicepresidente del Primer Congreso Extraordinario de la Federación de Estudiantes de Panamá, Representante Principal de la Facultad de Ciencias Naturales y Farmacia ante la Junta Administrativa de la Universidad, Secretario General de Prensa y Propaganda de la Unión de Estudiantes y Universitarios, además de Director de la Voz Universitaria, revista de la Unión de Estudiantes Universitarios.

Comenzó a escribir desde muy joven, a los 17 años tenía su primer poemario Raíz del Paisaje y había recibido premios en poesía y cuento convocados por la revista Juvenalia en 1950. Colaboró como Redactor de la Revista Cultural Tierra Firme, junto con José María Sánchez Borbón.

Ha obtenido el Premio de Poesía Ricardo Miró, en cuatro ocasiones: Poemas Fundamentales (Origen y Signo), 1951, cabe destacar que para esta fecha, el poeta es un joven estudiante de secundaria; Ceremonial del Recuerdo, 1954; Sin el Color del Cielo, 1960; y Un No Rompido Sueño, 1984. A los 23 años, en 1953, es galardonado por su cuento I Coin (El buen maíz); el cuento plantea un conocimiento profundo de la psicología del indígena y del colono blanco que con él establece contacto. También es Premio Miró en la sección Ensayo, con el libro Sobre el fenómeno de la desnutrición en el niño, 1969. Es Premio Centroamericano de Poesía, Juan Ramón Molina de Honduras, 1984, con el libro Los Libros de la Tierra. Premio Sudamericano de Cuento (Chile), 1982, con su obra El Edificio de Coral.

Como profesional laboró en el Hospital del Niño y en la Caja de Seguro Social. Ha sido Síndico y Presidente de la Asociación Médica Nacional, Secretario de Asuntos Internos y Vicepresidente de la Sociedad Panameña de Pediatría, así como  Presidente de la Sociedad Panameña de Salud Pública. Ha dictado múltiples conferencias en la Universidad de Panamá y en la Universidad Santa María, y en varias Universidades del extranjero, como en diversas instituciones cívicas del país.

En los últimos años ha sido Investigador del Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá, en donde ha realizado una labor fructífera. A su vez, ha mantenido la columna El Ser, el Habla, el Tiempo en el periódico La Universidad. La obra de Ros-Zanet es extensa y abarca diversos temas, tales como Economía, Sociología, Psicología, Filosofía, Ética, Teología Bíblica y Doctrina Social de la Iglesia. También se ha ocupado de la crítica y teoría literaria, entre los que destacan sus trabajos: Breves apuntamientos en torno al quehacer poético de doña María Olimpia de Obaldía, 1986; y Rosa Elvira Álvarez, Poesía y Dialogía, 2000.

En 1989, fue recibido en un Acto Solemne como Miembro de Número de la Academia Panameña de la Lengua. Ha sido miembro del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá (2001-2003). El 22 de enero de 2004, fue condecorado en la Academia Panameña de la Lengua con la Orden al Mérito Intelectual. En 2006 es elegido Director de la Academia Panameña de la Lengua para el periodo 2006-2009. En 2008, en Solemne Acto en Santo Domingo, República Dominicana, el director de la Academia Dominicana de la Lengua, Dr. Bruno Rosario Candelier, lo incorporó como miembro Correspondiente de dicha Academia.

Como mencione al inicio de esta semblanza el Dr. Ros-Zanet también ha escrito (pocos) cuentos y ensayos es más se ganó un Premio Ricardo Miró en la categoría de Ensayo y otros premios internacionales.

Una pequeña muestra de su obra:

Destino y eternidad de la poesía, por
José Guillermo Ros Zanet

Destino y eternidad de la Poesía es el tema que trataré de aprehender y expresar, sin apartarme, en lo posible, del ámbito dentro del cual se realiza este encuentro histórico y literario: "El Ayer, el Hoy y el Mañana de la Lengua y la Literatura en Panamá, en el marco del V Centenario; o, más específicamente, "Pasado, Presente y Futuro de la Lengua Española en Panamá".

Creo que los quinientos años transcurridos son el ayer, el hoy y el mañana...  Pasado, presente y futuro.

El profundo, extenso y complejo acontecimiento histórico que significó (y significa) el encuentro de dos mundos fue un fenómeno no sólo oscuramente material; fue y sigue siendo un denso fenómeno espiritual... Y en cuestiones fundamentales del espíritu, todo lo que ha sido, es...  y será eternamente.

Creo que el mutuo descubrimiento de dos mundos no ha terminado todavía...  Y seguiremos encontrándonos...; y desencontrándonos, a veces.

La simiente y los frutos de un idioma nuevo cayeron en un suelo pródigo: en la tierra del mito y de la lumbre, del pedernal y de la arcilla. “del faisán y del venado”, del colibrí y de la tórtola, del maíz y la jagua, del jaguar y la danta, del destino y de la muerte, de las vasijas funerarias y de las piedras del duro sacrificio humano... Y germinó la simiente, y creció y se extendió, y se hizo bosque interminable: el idioma español en América.

Innúmeras lenguas aborígenes vencieron el tiempo, recogidas en los escritos perdurables de los religiosos, que trajeron la Palabra y las palabras... Los españoles trajeron las cartas de marear y trajeron el dolor y el valor, la claridad y la sombra; y trajeron la Biblia, y fueron llamados los Hombres del Libro.

Fue un prodigioso acto fundacional, surgido del entrechocar del cántaro americano con el caldero español, y del metal de la espada con el pedernal de la maza aborigen.

Desde los mitos funerarios indígenas y desde la antiquísima idea de una ciudad eterna (Roma), en profundo y eterno mestizaje, se hizo Verdad y Profecía el mundo americano. Unicidad y totalidad del ser. Alejamiento de la Torre de Babel (lingüística del mundo Americano. ¿Anunciación del Pentecostés de la palabra? (Teología del Lenguaje).

En Hispanoamérica los grandes novelistas y poetas, los narradores y ensayistas de nuestro siglo y de los siglos, han escrito (han creado) sus obras portentosas, originales e irradiantes, en poderoso idioma español... Y, al escribir sus libros, no renunciaron bárbaramente al uso de ese idioma español... No lo negaron. Lo usaron desde su mundo prodigioso, desde su sabiduría poética y literaria.

Estos creadores de Verdad y Belleza comprendieron, desde lo más central de la lengua española, que lo esencial es (y era) acendrar nuestra genuina y profunda expresión americana... La profunda expresión del ser americano. Una expresión convertida, por el mito y los siglos, en poderoso idioma español. En una Literatura que hoy España, Europa y el mundo, acogen y aplauden, como una realidad no sólo americana sino de la Humanidad. Recordemos en este momento unas palabras de Leopoldo Lugones, al retornar, doctrinariamente, desde una dura postura antihispánica:

“Tampoco es aceptable el nacionalismo (cerrado y duro de cabeza, agregamos nosotros). Emplear un idioma bastardo sólo porque sea de acá, equivale a incomunicarse en la fealdad y en la pequeñez, cuando la civilización (occidental) constituye en realidad un sistema de comunicaciones... Cuanto más salvajes sean las tribus de una región, más lenguas distintas hablan".

La Torre de Babel del mundo aborigen.

Hoy algunas personas alzan sus voces -y se precian de ser legión- con el propósito de condenar sin reservas la conmemoración del V Centenario, el mutuo encuentro de dos mundos.

Y llegan, en su despropósito, a negar históricamente la impronta positiva de lo español en el mundo hispano-americano.

Pero hasta la misma condenación la escriben en pobre o en iluminado idioma español.

Es imposible negar que nuestro vivir histórico ha estado ligado, duramente y luminosamente, a España, a Europa, a la cultura occidental; desde la fuente Judeo-Cristiana, Griega y Latina.

Esta es una Verdad eterna, que no niega, sin embargo, los originales caracteres de nuestro vivir y de nuestro hacer cultural americano, hispanoamericano. La originalidad del Ser americano...

Creo que en el ámbito literario, y más, hemos dejado de ser, hoy, "El Continente Calco" del que nos hablara Gabriela Mistral en su tiempo.

La Filosofía y la Gran Literatura Latinoamericanas -El despertar del Ser- surgen allí donde surge la Libertad y donde la conciencia se hace de sí misma.

El imperativo es liberamos, para empezar a ser... Liberamos de nuestro ancestral adormecimiento del Ser. Liberamos, muchas veces, de nosotros mismos; para ser nosotros mismos; afirmemos y confirmemos nuestro violento y luminoso mestizaje vital, cultural y espiritual.

Busquemos el Ser, la Vida, el pensamiento, las palabras, la Vida moral.

Las palabras serán nuestra condenación, o nuestra salvación.

Recordemos que la palabra falsa (que es la mala palabra) de una cosa, en-cubre la cosa.

Y la palabra verdadera (que es la buena palabra) de una cosa, des-cubre la cosa, su esencialidad. La Cosidad, la Historicidad, la Poeticidad. Mundo de las esencias.

Descubramos, entonces, la palabra verdadera del Ser, del pensar, de la propia palabra, de la vida total.

Y la poesía, la Gran Poesía, es Palabra Verdadera.

El Ayer, el Hoy y el mañana de la lengua y de la literatura (escrita en español) en Panamá, debemos buscarlos y aprehenderlos no en la negación chauvinista, sino en la justa afirmación de lo verdadero, y en la serena negación de lo falso.

No podemos renunciar al uso del Idioma Español.

Recordemos que nuestra Poesía y nuestra Novelística, nuestra Literatura toda y nuestra Filosofía, se están incorporando, hoy, vigorosamente, al patrimonio espiritual de la Humanidad.

Acaso se están haciendo Verdad, y Profecía, aquello que buscaba afanosamente, y lo deseaba, Don Miguel de Unamuno:

La Creación de un sobre-Idioma español, común a América y a España, y que hoy nosotros mismos, y el mundo, presentimos, y sentimos luminosamente conmovidos.

Destino y Eternidad de la Poesía. Y Unidad del Idioma.

Creo que el Destino de la Poesía es la propia Poesía. Y el porvenir del Lenguaje descansa (y se afana) en el profundo Sistema del Lenguaje. Hoy no es infrecuente encontrar estudios y análisis críticos que postulan la primacía, en nuestro continente, de la novelística sobre la poesía.

Sin negar el altísimo valor de la novelística hispanoamericana y latinoamericana, creo en la singularidad de la Poesía. La Poesía es fuente primigenia en donde se nutre el universo entero de nuestra literatura.

Durante todo el siglo XX, y sobre todo durante las tres últimas décadas, los hallazgos y descubrimientos estilísticos, lingüísticos, semánticos, sintácticos, fonológicos, etc., de la Poesía han enriquecido y vigorizado los textos novelísticos y cuentísticos... Hasta el ensayo ha utilizado, también, estos recursos, con honda sabiduría -¡Tanto duran Mallarmé, Baudelaire, Rimbaud!-.

Los compartimientos estancos que separan los diversos géneros literarios tienden a desaparecer, a borrarse; sin menoscabo de la excelencia y la originalidad de esos mismos géneros literarios.

Toda la literatura americana excelente se llena de poesía... Y la Poesía se llena de Eternidad y Destino.

Todo texto literario verdadero (singularmente y esencialmente, el texto poético) es una duración; una como sucesión inacabable de textos de Verdad y Belleza.

La transtextualidad y la intertextualidad, y más...

Es la duración y el misterio de la duración. Temporalidad que, en la alquimia infinita de la Palabra, se hace intemporalidad y misterio.

La Poesía deviene, entonces, Tiempo y Eternidad.

Y en este instante recuerdo unas palabras de Platón:

"El tiempo (circular) es una imagen móvil de la eternidad inmóvil".

El Hombre en su evolución, en su ascensión espiritual, deja de ser sólo naturaleza, y se hace, también, sobrenaturaleza. Y eso le ocurre al Poeta, en el Acto Creador.

Pero desafortunadamente son muchos los hombres que se quedan a vivir sólo en el ámbito de la emoción ciega, y del instinto. Ellos serán sólo naturaleza, naturaleza primaria. Son esencialmente seres recolectores, consumidores de riqueza total, y fabricantes de cosas. Son fabricantes, no son creadores. Son ejemplo viviente de que la evolución humana no ha terminado todavía... De la necesidad de que la Evolución debe continuar, porque el Hombre no es sólo un ser puramente biológico. También es espíritu.

Por eso, a lo largo de la Historia, y desde los tiempos más remotos. han existido seres humanos superiores que se rebelaron contra la dominación de lo puramente fisiológico, y contra las cadenas endocrinas; seres que alcanzan el universo del espíritu. Seres que sobre su propia naturaleza primordial se hacen iluminada sobrenaturaleza... y que, desde su humildad y grandeza, han movido y mueven al mundo. Son seres creadores de riqueza total: cultural, económica, política. científica, filosófica y Ética, y más.

Seres creadores de Bien y Verdad y Belleza. Guías espirituales de la Humanidad.

Esta inmensa verdad nos confirma que la evolución humana tiene porvenir y destino: el Porvenir del Espíritu. El porvenir de la Eticidad.

El Ser y el Hacer del Hombre superior dejan de estar gobernados, de modo absoluto, por el determinismo de los puros fenómenos químicos y fisológicos.

Son los creadores de Bien y Verdad y Belleza, y se hacen co-creadores, con el Creador, en el ascenso espiritual de la Humanidad.

Es esta colaboración, junto con el Creador, lo que le asegura, al Hombre, su propia inmortalidad, y la eternidad de sus obras. Se dice que la muerte es lo inaudito de la naturaleza. La naturaleza se contradice con la muerte de la mónada pensante que es el Hombre. Pero es esa misma muerte la que pone en evidencia al Espíritu.

Y la Poesía excelente es obra del Espíritu, y es Espíritu; y es el alma del mundo, como el Tiempo.

Un sabio pensador del espíritu nos dejó dicho que si el Hombre no acoge y no hace buen uso de esa gracia, otorgada por el Creador, la gracia de ser colaborador en la evolución (en la ascensión) espiritual, del mundo, "será entonces sólo un ser a medias que únicamente se limita a prolongar la especie, como lo han hecho y hacen sus hermanos inferiores; no se diferencia de ellos sino por sus caracteres morfológicos; y no cumple más que la mitad de su tarea"...

Hoy en nuestras sociedades deshumanizadas y deshumanizantes se confunden lamentablemente los Valores y los Bienes.

Recordemos que los Bienes son de naturaleza material, son cosa producida o tomada, o son obra construida. Son, por lo tanto, perecederos. Sobre ellos y con ellos se conforma y se construye lo inferior de las civilizaciones. Por eso, tal vez, se dice que "la civilización es una enfermedad necesariamente mortal".

Los Valores en cambio, son de naturaleza espiritual y en ellos se sustenta lo superior de las culturas... Por eso, en su esencia, las Culturas no perecen, son lo que permanece cuando las civilizaciones mueren.

En nuestra contemporaneidad ocurre lo que Ortega y Gasset llamó "el destronamiento del espíritu". Los contravalores, llenan hoy el lugar de los valores.

Se vuelve a adorar al Becerro de Oro.

Por causa de este fenómeno, hoy insurgen movimientos ideológicos que pretenden convertir en simple mercancía, en objeto de consumo, todo hacer y quehacer del Hombre: la literatura, la educación, las ciencias y las artes. Todo se vuelve cosa, se cosifica al Hombre y a la Vida.

Es el oscuro fetichismo de la mercancía...

Vemos entonces cómo surgen en nuestro tiempo, regimientos y masas de productores y consumidores de esas "obras literarias".

Afortunadamente esa falsa literatura, producida y consumida, se hace muy pronto mercancía perecedera, y efímera moda.

Los oscuros heraldos de esta llamada "Producción Literaria" son los que buscan la Poesía sólo en la carne. Ignoran tal vez que la Verdadera Poesía está en el ánimo y en el ánima, en la Vida total, en la interioridad del corazón y del espíritu.

A esta altura de los siglos y de la Historia, nuestra nación debe acendrar su búsqueda (para el encuentro) del Ser Nacional Profundo; acción y conocimiento que nos hará ingresar, sin tropiezos y de modo natural, a la Historia Americana y Universal.

Es casi una certeza que la Literatura Nacional ha sido fundamentalmente y primariamente literatura de emociones o de emotividades. Y esta casi certeza podemos hacerla extensiva a la mayor parte de las manifestaciones del vivir nacional: políticas, intelectuales, educativas, sociales, culturales, etc.

Hemos vivido en un como apagamiento del Ser, en una como mudez entitativa.

Claro que se han dado y se dan muy claras y altísimas excepciones.

Entonces, en el presente histórico de la lengua y de la literatura nacional, es vitalmente necesario ("una cuestión de Vida o Muerte espiritual") alejarse de la extendida y profunda superficialidad, para acceder, vigorosamente, a la verdadera profundidad, a la interioridad del lenguaje y de la Vida Total; a una Literatura de Ideas y no sólo de emociones. La Literatura Integral es emoción e idea, a un tiempo. Pensamiento. El pensamiento que a sí mismo se piensa.

Hoy se levantan signos de un luminoso despertar del espíritu y de un acendramiento del Ser; aun en medio de la dolorosa crisis moral que padecemos.

Creo sinceramente que la "Producción Literaria" no tiene porvenir. Sólo la verdadera Creación Literaria tiene porvenir; tiene eternidad y destino.

Siempre he sostenido que toda buena Poesía no es simple copia de la realidad, sino que es y expresa y comunica una nueva realidad.

En el conocer poético, fundamentalmente, no hay presencias ante los sentidos, sino presencias ante el Espíritu.

Y reiteramos que en materia espiritual, lo que ha sido, es... Y será eternamente.

Valéry decía que el primer verso del poema lo dictan los Dioses... Y creo que los siguientes versos los dicta el espíritu, y son aprehendidos por la intuición (que es la Vía regia del conocimiento)... Luego la razón, nos ayudará a perfeccionar el acto creador poético.

Steiner, por su parte, nos dejó dicho: "La Gramática de Dios resuena en toda la naturaleza, basta con que tengamos oídos para ella".

José Guillermo Ros-Zanet

Publicado en: Revista Cultural Lotería, Nº 406, Marzo-Abril de 1996.

La Culebra, por
José Guillermo Ros Zanet

Amanece en las plantaciones. La mañana sale verde de tallos y lluvia. Entre los madrecacaos se abre el grito acuático de las oropéndolas; también la salmodia antillana de los cortadores. Y hay un olor agrio metido entre el hojarascal... Y allí, aquí, acá, allá dibujándole contornos al horizonte mañanero, el verde mayor del abacal. Son verdes los cuatro puntos cardinales. Amanece.

Con la angustia, nuevecita, del mal sueño pegada a la espalda, al pecho, el indio baja las escaleras del "tambo".  ... Anoche soñó que lo picaba una culebra. Y él sabe, como saben todos los indios, que si va trabajar al tallal, hoy, lo picará alguna mala víbora. Sí, él sabe, y lo saben todos los indios, que hoy no debe ir a trabajar; porque si lo hace, se cumplirá la maldición del sueño. Pero él sabe, y esto no lo saben todos los indios, que los hombres blancos, los suliá, también sueñan con culebras, y van al monte y no les sucede nada. Y él sabe, y esto lo saben todos los indios, que debe ir a trabajar; y más ahora cuando ya está cerquita el día en que han de pagarle "las vacación"; pero él no debe ir a trabajar; no debe desobedecer el aviso del mal sueño.

Y se sienta bajo el tambo. Piensa en muchas cosas, y se repite interiormente:

-Ti ñaga to siribire.  (Yo no quiero trabajar)
-Ti ñaga to siribire.

Pero...

Allí va por un sendero, hacia las plantaciones. Lleva la cuda sobre el hombro izquierdo, y el machete en la mano derecha. Con los ojos va midiendo cada paso por entre el  trillo. Interiormente va desgranando algunas de las sencillas enseñanzas del viejo cura Thompson.

…Ti cobobutu ti nubú lle unen tie ron nbo. Mo do coin mende coin Mo nú coin Mo dobó coin ti quenere come quenere con jurá ti bodo lle ti ñaga to con jurá ti bodo. Ti bobobutu ti nubú lle uen tien con nbó.

(Señor mío y Dios mío, dame valor. Tú, buen corazón; tú, alto cielo; tú, buen agua; tú, buena tierra, yo soñé un mal sueño, y tengo miedo, y no quiero tener miedo. Señor mío y Dios mío, dame valor).

Compañero del miedo, llega al corte y comienza a trabajar. No puede dejar de pensar en el mal sueño. Tiene la certidumbre, clarita, de que será castigado por desobedecer lo que el sueño le dijo. Y sus ojos lo miran todo. Trabaja. Trabaja. Hoy ha comenzado a sudar desde muy temprano. Ahora se da de cuenta de cosas que antes apenas si veía, o apenas si pensaba en ellas. Al desprender algunas de las hojas de los tallos, ve caer grandes y blancos alacranes que se pierden, furiosos, entre la hojarasca húmeda. Ve las grandes y venenosas arañas, y con la hoja del machete las aplasta extrañamente... Se detiene un instante para mirar las contorsiones, la omega verde, de un gusano medidor. Pero sigue, sigue cortando los tallos maduros, y la angustia del sueño dentro de él, abriéndole senderos al miedo. Y así van pasando las horas. Ya ha terminado varios surcos del corte. Ha llegado a una parte bastante clara. Aquí los grupos de tallos de los surcos están limpios; alrededor de los tallos aún no ha vuelto a "cerrarse" la ronda de yerbajos. Hace poco tiempo, con seguridad, que aquí limpiaron los catrachos… Y respira a todo pulmón. Mira entre los surcos. Allá, más adelante, ve a Santos; ve como deshilacha y deshoja los tallos maduros. Ve como Santos maneja con rapidez y precisión la larga vara, en cuyo extremo superior está colocada la afilada coa. Y ese filo de la coa corta coma una navaja. Piensa que Santos es un buen trabajador. Entre los surcos también ve el caminar lento de las mulas que sacan tallos del corte hacia los rieles... Tras él, en los surcos de los lados van otros indios. Le hablan. El contesta. No les ha dicho lo del sueño. Cerca, porque no lo oye el "forman", un indio ha comenzado a canturrear:

--Uean chi siribí chi (Poquita plata…; poquito trabajo).
--Uean chi siribí chi.

y sigue cortando los tallos maduros. Piensa que su nitrá corta bastante. Piensa que los tallos, cuando caen, parecen hombres borrachos. Y piensa que Santos deshoja bien, porque los tallos, al cortarlos, no quedan enganchados...  Y regresa el recuerdo del mal sueño.

Mediodía. Aún no ha visto ninguna culebra. Y a medida que pasan las horas se le agranda la certidumbre de que el sueño habrá de realizarse. El miedo le crece en la raíz de la nuca, en el pecho, en la espalda. Y viene la tarde, y sigue cortando. Quisiera verlo todo. Quisiera que todo estuviese limpio, clarito. Ahora piensa que no debió haber venido. Está en el centro del corte. Adelante de él van dos indios. Se lo pasaron. El  surco que él está cortando ahora "va tupido"; también el monte. No debe quedarse atrás. Ya falta poco para el fin de la faena de hoy. Y van creciendo la angustia y el miedo. Sabe que en estos últimos instantes ha de suceder la cosa.

Y...

Y queda como piedra, como riel. Un frío violento y agudo se le metió en todo el cuerpo. Ha oído el grito inconfundible:

-Colebra come (Culebra mala!)
-Colebra come!

Lleno de espanto, acierta a ver, rápida, entre la yerba que lo rodea, el cuerpo lustroso de la "terciopelo". Se dirige hacia él. Lleno de espanto, no se mueve. Tiene el machete en alto. No debe dejarse sorprender. Ya la ha visto. Agudiza la vista, y agudiza el oído. Los demás indios corren tras la víbora. Tratan de cercarla. El está en el centro de esa ronda. Y apenas si oye los gritos. Quisiera más ojos. Quisiera oídos sólo para oír la ondulación brillante de la terciopelo. No debe dejarse sorprender.

-Colebra come!
-Colebra come!

Sabe que está muy cerca de él. Alguien la ha visto nuevamente. Alcanza a oír un grito más alto. Y siente, entonces, un dolor agudo en el talón. Y un grito de angustia se le seca en los labios. No la vio. La ve ahora varios pasos delante de él. Y ve también cuando Alfonso la parte en dos. Ya no picará más... Con dolor baja la cabeza para verse el talón, para ver la mordedura. Pero lo que ve es mucha sangre  y  un gran tajo.

Santos había visto la culebra muy cerca de donde él permanecía con el machete en alto, y había lanzado con gran fuerza, como una fisga, la vara de deshojar y, mala puntería, le había dado a él en el talón, haciéndole un gran corte. Allí le amarraron unos trapos para atajar la sangre. Lo montaron en una de las mulas cargadoras. Y allí va él por entre los tallos, las hojas de los tallos, los tallos; como un condenado. Corre hacia el lejano Dispensario. La hojas de los tallos, los tallos, las hojas de los tallos, los tallos le golpean a ratos la cara, el pecho, los hombros. Y él sigue corriendo, y pintando con sangre  el ijar izquierdo de la bestia.

Pero lleva en el rostro, en el pecho una infinita alegría; porque, respirando a todo pulmón, piensa, y quisiera gritarlo:

-¡No me picó la culebra!
-¡No me picó la culebra!
-¡No me picó la culebra!

Allá, a lo lejos, por el sendero se abren los rieles y los linderos susurrantes de los cortes del abacal, se ve la casa gris del Dispensario.

José Guillermo Ros-Zanet

Publicado en:  Revista Cultural Lotería, Nº 58, Septiembre de 1960.

Estoy leyendo poco a poco un hermoso libro que ahora forma parte de mi colección personal Poesía Reunida que llegó a mis manos gracias a la Academia Panameña de la Lengua en este libro se reunen algunos de los libros publicados por este excelente poeta panameño Dr. José Guillermo Ros-Zanet.

Fuente
Panamá Poesía

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, Miembro Asociado Academia Norteamericana de Literatura Moderna (USA), Miembro Correspondiente de la Academia de Artes, Ciencias y Letras de Iguaba Grande (Brasil), Presidente UMECEP Panamá creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del Grupo Amor por las Letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial a nivel mundial sus libros están publicados en www.lulu.com www.amazon.com y otras plataformas también pueden ser leídos en la Biblioteca Nacional de Panamá Dr. Ernesto J. Castillero (Panamá), Biblioteca Interamericana Simón Bolívar de la Universidad de Panamá.

martes, 26 de abril de 2016

CÉSAR YOUNG NÚÑEZ GRAN POETA PANAMEÑO

CÉSAR YOUNG NÚÑEZ

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

No crean que porqué el Día Nacional del Escritor (25 de abril) ya pasó los homenajes a escritores panameños se detendran todo lo contrario siguen y siguen hasta que termine el mes de abril y "quizás" más allá.

En esta oportunidad he decidido escribir sobre la vida y obra de un gran poeta panameño quién recientemente estuvo celebrando su onomástico (24 de abril) me refiero a César Young Núñez.

Nacido en la ciudad de Panamá, el 24 de abril de 1934. Bachiller del Colegio de La Salle (1952). Licenciado en Filosofía y Letras con especialización en Español por la Universidad de Panamá. Catedrático universitario, poeta, narrador y columnista.

Desde temprana edad muestra su afición por la poesía, colaborando con los diarios locales y en revistas nacionales y extranjeras. Ejerció el periodismo literario como corresponsal en Panamá de la revista Mexicana de poesía Pájaro Cascabel y en 1971, junto con sus compañeros generacionales, participó en la publicación del cuaderno de poesía Sie7e. Young Núñez es reconocido por sus recitales, individuales y de grupo.

Colaborador del Diario La Prensa en la década de 1980, con sus columnas Las gafas de Groucho Marx y el Viaje submarino en veinte lenguas, firmadas por Julio Viernes. Después su hábil pluma pasa a la revista Ellas de La Prensa, donde durante casi 25 años aparece su columna Cartas a Julio Viernes, que luego se traslada al suplemento dominical Mosaico.

Refiriéndose a Young Núñez, Rodrigo Miró nos dice en su obra, Itinerario de la Poesía en Panamá: “De ascendencia china, lo que parece explicar cierta buída lucidez que le caracteriza, es dueño asimismo de una vena de humor no frecuente en nuestras letras. Admirador de Nicanor Parra, practica el antipoema y la literatura del absurdo”. Y podemos agregar, que al leer a Young Núñez estamos frente a la poesía jocosa, a los versos que nos sacan una sonrisa y hasta nos arrancan una carcajada.

Obtuvo una mención honorífica en el Concurso Literario Ricardo Miró de 1962, con el libro inédito Del otro lado del viento. Segunda mención honorifica del Concurso Literario Ricardo Miró de 1965, con su obra Poemas de rutina. Premio Universidad (1972-1973), con la obra Instrucciones para ángeles. En el año 2002 se le concede el Premio Nacional de Poesía Ricardo J. Bermúdez, por su aporte original a la poesía panameña. En el 2014, como reconocimiento a su trayectoria poética, es distinguido con La Condecoración Rogelio Sinán. Young Núñez ha sido incluido en varias antologías sobre poesía panameña e hispanoamericana.

La poesía de César Young Núñez, una de las más originales y auténticas que se han escrito en Panamá, se caracteriza por una abundante dosis de humor e ironía y por el eficaz manejo del lenguaje conversacional, la fusión de lo prosaico con lo poético, la parodia, la erudición literaria y la paráfrasis, recursos todos de que se vale el poeta para lograr sus propósitos de desacralización de la realidad cotidiana. Este temple humorístico e irónico de los poemas de Young Núñez es el que ha dado pie para que su poesía haya sido adscrita a la antipoesía del poeta chileno Nicanor Parra. Aunque existen muchos puntos de contactos entre ambos poetas, no debe olvidarse que la cosmovisión parriana es más amarga y pesimista que la del poeta panameño. El humor de Young Núñez es siempre un humor más risueño, más acomodado con la realidad y, por ende, más optimista. Sería mejor decir que ambos pertenecen a una de las dos direcciones centrales que, según Octavio Paz, conforman la poesía de la lengua española posterior al modernismo: la de la reacción crítica a través del humor y el coloquialismo.

César Young Núñez ocupa hoy en día un sitio importante en la historia de nuestra poesía, y lo seguirá ocupando por mucho tiempo gracias a la personalísima visión del mundo y a su sorprendente madurez verbal.

Franz García de Paredes

En la introducción de La musa inoportuna. Obras (in)completas

Calle de Salsipuedes,
por César Young Núñez

Calle de Salsipuedes
Calle con pulseras de vientos
y colinas y laberintos
Calle inclinada
como el delicado cuello de un cisne
Calle estrecha como el túnel de un bambú
tal como una jarra llena de monedas
crece tu música en mí
tus palabras que corren
como una llamarada de perros
el sol que llega y saluda con halago
los buhoneros y sus voces
rayadas con el amor a la vida
la billetera con anillos de sueños en las manos
la empleada que va al mercado
con un ojo colgado de la calle
y el otro del cielo
Calle que chupas aguardiente
y con mil piernas llegas a la casa
vamos a echarnos un trago
harto ya de hacer muecas
a la miseria que pasa
Heme aquí con mi corbata de lunas
y mi paraguas color de tiburón
Calle subdesarrollada
Calle donde la vida caminó descalza
con pregones en la madrugada
Calle donde le fabricamos
un ataúd a la amargura
y nos quedamos con sus hijas
para alimentarlas cada día
Calle orgullosa esplendor del mundo
bazar suelo mercado blanco
donde “Chorrera” el amigo de la infancia
vende pañuelos ganchos
peinillas con música de pájaros
y cordones espejos juguetes para la vida
y souvenirs y baratijas
Abandonado cielo dulce calle
que sin saber te quieren echar a la calle
quieren que te vayas
como una huérfana a ninguna parte
te quieren hundir y que te ahogues
destruir tus carretillas con naranjas
tus cintas de colores tu corazón de papel
tus chicharrones llenos de sol
y tu sonrisa con verduras y limones
te quieren echar a la calle
esos hijos con tripas de culebras
Calle deslumbrante
que paseas el domingo por la tarde
tan seria como un juego de bingo
que te dejas retratar
por un fotógrafo ambulante
con esas cámaras trípodes en cajas de madera
Oh nunca me olvidaré de esas fotos
donde luces un lazo rojo en la cabeza
ó una franela a rayas
y gorro de marino
Mi calle sin nubes mi biografía
Esta mañana estoy hablando de ti
en la panadería
con tus personajes famosos
Madindín
El Loco Tín
Capitán Velorio y Pata ‘e Loro
Oh debieran enrojecerse de vergüenza
si te alejaran de mí
decretando tu exilio. . .

Del libro: Poemas de Rutina.


Filosofía antigua,
por César Young Núñez

               A Thelma Nava

Entre el Ser y el No Ser
Escojo
la
Y
griega.


Del libro: Poemas de Rutina.


Carta a Blancanieves,
por César Young Núñez

La única manzana a prueba de malas intenciones
fue la que le cayó a Newton en la cabeza.

Del libro: Carta a Blancanieves.

No llores más que tu llanto me entristece,
por César Young Núñez

Lloro por las cosas que uno siempre quiso
y nunca tuvimos ni la sombra
Lloro por el hombre de la tienda azul
que le robaron dos tazas de té
y tiene el corazón destrozado
Lloro porque no le hice nunca una canción de Kuna
al  poeta Aristeides Turpana
por no dominar el idioma Kuna
Lloro por el kama sutra porque no es sutra ni la kama
Lloro por el hambre porque nunca tiene sed
Lloro por la sed porque nunca tiene hambre
Lloro por la mujer que todavía amo
Lloro por Janis Joplin y Violeta Parra
porque llenaron mi corazón de música
Lloro porque siempre me fui sin decir adiós
Lloro por mi juventud de vino y tesoro
y cuando quiero llorar suben de precio las lágrimas
Lloro por la llorona loca, por el llorón
Lloro loros, Loros lloros
Lloro por Llorente y por mi llorillanto
Lloro por mi llori/queo técnico en el octavo asalto
Y cuando no me dan de beber lloro!

Del libro: Carta a Blancanieves.

Este poeta es como un especie de Nicanor Parra es un poeta sin igual cuyos poemas son anti-poemas son poemas diferentes lo que lo hace único en la literatura panameña mis respetos y admiración a César Young Núñez a quién este pequeño homenaje a manera de semblanza dejó.

Fuente
Panamá Poesía

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista creador del Blog Mi mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del Grupo Amor por las Letras, Presidente Nacional de UMECEP Panamá ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros pueden ser adquiridos en www.lulu.com www.amazon.com y otros sitios.

lunes, 25 de abril de 2016

SER ESCRITOR POEMA PARA CONMEMORAR HOY EL DÍA NACIONAL DEL ESCRITOR EN PANAMÁ


SER ESCRITOR

Yo no soy poeta
no soy escritor
soy un amante de las letras
que por medio de su pluma
lleva un mensaje.

Escribo porqué me gusta
no por el dinero
escribo porqué lo siento
en un país bordado por los mares
llamado Panamá.

Ser escritor en Panamá
no es tarea fácil
no existe apoyo alguno
tu tienes que levantarte y caminar solo
por los senderos de la vida
de la literatura, la cultura y el arte
como un viajero sin tiempo
sin saber a donde te llevará el camino que has de tomar.

Por eso no me considero un escritor
un amante de las letras
eso sí Soy Yo.

Escribo para transmitir sentimientos
ideas y pensamientos
para llevar un mensaje
como catarsis
como algo que siento que tengo que hacer.

No soy profeta en mi tierra
y ¿quién sabe sí algún día lo seré?

Pero me siento orgulloso del camino recorrido
que es poco pero mucho a la vez
he ganado más de lo que pensaba
porqué aunque no he ganado dinero
he ganado amigos
he ganado conocimiento
he ganado experiencia
y esa es la mayor victoria
que como lector y escritor puedo tener.

En este día que celebramos
al escritor panameño
quiero agradecer a aquellos
que me han apoyado
que han leído mis obras
que apoyan mi labor cultural
a los que me ayudan a ser mejor persona
y siguen ese duro camino
junto a mí.

Ser escritor o poeta
para mí es lo mismo
cada uno a su manera
gracias a dios me considero los dos
no es tarea fácil
¿quién dijo que lo sería?

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Abril 2016.


ROGELIO SINÁN GRAN ESCRITOR, POETA, DRAMATURGO Y ENSAYISTA PANAMEÑO HOY CELEBRANDO EL DÍA DEL ESCRITOR EN PANAMÁ Y EL ONOMÁSTICO DE ESTE GRAN ESCRITOR

ROGELIO SINÁN

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Hace un tiempo atrás escribí y publiqué un ensayo titulado: Dos Grandes de la Literatura Nacional de Panamá: Ricardo Miró y Rogelio Sinán el cual puede ser leído en: http://www.monografias.com/trabajos93/literatura-nacional-panama-ricardo-miro-y-rogelio-sinan/literatura-nacional-panama-ricardo-miro-y-rogelio-sinan.shtml

En el mismo abarqué en parte la vida y obra de ambos escritores panameños sin duda alguna los más importantes de la literatura nacional Miró y Sinán, Sinán y Miró sin duda alguna cada uno en su tiempo y en su momento marcó un antés y un después en la literatura panameña en el caso de Sinán a quién nos referíremos a continunación en el estilo Vanguardista que traía tras vivir en Europa y que marcó un hito en la historia de la literatura panameña en especial en la poesía y la narrativa.

Rogelio Sinán cuyo nombre verdadero fue: Bernardo Domínguez Alba escribió con letras doradas y sacudió al mundo con su exquisito talento mismo que no se guardó para el sólo pues le pasó su antorcha de conocimientos a otros escritores que fueron sus fieles alumnos que tomarón el camino que comenzó.

En honor a él cada 25 de abril Día de su natalicio se honra al escritor panameño con su día el Día Nacional del Escritor pero quién fue este hombre, este tabogano que marcó un antés y un después en la literatura panameña y porqué el mundo lo recuerda tanto.

A continunación les dejo una breve semblanza de su vida y de su obra celebrando al escritor panameño.

Rogelio Sinán, seudónimo de Bernardo Domínguez Alba (Taboga, 25 de abril de 1902 - Ciudad de Panamá, 4 de octubre de 1994) fue un escritor vanguardista panameño. Inició sus estudios en el Colegio De La Salle y se graduó de bachiller en el Instituto Nacional de Panamá (1924). Realizó estudios universitarios en Chile, en donde conoció a los poetas Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Siguiendo consejo de la poetisa, viaja a Italia a aprender italiano; fue allí donde se empapó de los -ismos (dadaísmo, surrealismo, creacionismo, ultrarealísmo, etc.) en boga en Europa en esa época y que serían la base de su obra posteriormente. En 1989, la Universidad de Panamá lo distinguió con el Doctorado Honoris Causa. Actualmente reposa en la Universidad Tecnológica de Panamá el Memorial Rogelio Sinán en honor a este célebre escritor "capitán de la cultura nacional" que veló por la literatura en Panamá.

Este es solo un extracto de su vida pero vamos a adentrarnos más en quién fue Rogelio Sinán.
Rogelio Sinán (Bernardo Domínguez Alba, 1902-1994). Poeta, ensayista, cuentista, dramaturgo  y novelista, máximo exponente de la literatura panameña, considerado como iniciador de la vanguardia en Panamá.

Hijo de José Rogelio Domínguez y Angelina Alba, nació en la isla de Taboga el 25 de abril de 1902. Su seudónimo lleva el sello del padre (Rogelio y Renán) y de la tierra (“Sinaí”, punto más elevado de su isla). Sus padres vendieron una parcela de tierra en el Cerro Ancón al gobierno norteamericano, y con ese dinero compraron una casa grande en la avenida Ancón para toda la familia, que era numerosa. La madre falleció en 1914, cuando Bernardo tenía 12 años. Posteriormente, el padre volvió a casarse y tuvo seis hijos más, que se agregaron a los seis del primer matrimonio. Bernardo, penúltimo de los seis primeros, sufría de asma como la madre, y por lo mismo, no podía corretear y mojarse con agua de lluvia, de modo que su entretenimiento fueron los libros y revistas que llegaron a sus manos.

Su educación inicial y primaria las realizó primero en Taboga, después en el Colegio de  La Salle y, finalmente, en el Instituto Nacional, en donde se recibió como bachiller en letras en 1923.  Un año más tarde viajó a Chile, en cuyo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile inició estudios literarios, que prosiguió en la Sapienza, Roma, en 1926. Los culminó exitosamente en la Universidad Nacional Autónoma de México como licenciado en Letras con especialización en Arte Dramático. En 1929 publicó en Roma el poemario Onda, su primer libro, y también el primero de la vanguardia poética panameña. De regreso a Panamá en 1930 ejerció la cátedra de Castellano en el Instituto Nacional. En 1931, continuó introduciendo novedades a la literatura panameña con su cuento surrealista "el sueño de serafín del carmen", que crea una idea arbitraria de la realidad hasta en el hecho de no hacer uso de las mayúsculas. En 1949, Rodrigo Miró, refiriéndose a "el sueño de serafín del carmen" manifiesta que este cuento pregona su condición experimental. Es una especie de prueba de laboratorio, dice, y no tiene la espontaneidad y el equilibrio que se perciben después en "A la orilla de las estaturas maduras", otro de sus cuentos más celebrados.

Junto con Roque Javier Laurenza y Manuel Ferrer Valdés, según el mismo Miró, Sinán formó un grupo vanguardista en el género cuento, que dio la batalla entre 1931 y 1933. En 1932, Sinán viajó a París con escasos medios, y allí escribió "A la orilla de las estaturas maduras", de irónica inocencia, incluido por Alejo Carpentier en la Revista Social de La Habana. Regresó a Panamá y se reintegró al cuerpo docente del Instituto Nacional hasta 1937, cuando fue encargado del consulado de Panamá en Calcuta. Antes de partir se había estrenado en el Teatro Nacional su farsa infantil,  La cucarachita mandinga, cuya música compuso el maestro Gonzalo Brenes. Durante su estancia de dos años en Calcuta escribió una segunda farsa, Chiquilinga, y algunos cuentos como "Hechizo y Lulú ante los tribunales", que reuniría en su libro La boina roja y otros cuentos, en 1954.  De vuelta a Panamá en 1940, se dedicó a la docencia en el Conservatorio Nacional y en la Universidad de Panamá. Con la sencillez que lo caracterizó toda la vida, fue capaz de reunirse diariamente con sus alumnos, de diversas edades, en el salón que le correspondió ocupar de la Escuela Nicolás Pacheco, donde funcionaba parte del Conservatorio.

En 1941 se encargó de la Dirección del Departamento de Bellas Artes y Publicaciones del Ministerio de Educación. Ganó el primer premio de la sección novela del Concurso de Literatura Ricardo Miró en 1943, con Plenilunio, que fue publicada en 1947, y ponderada entonces por el Pen Club de Chile como la mejor novela del mes en que salió a la luz pública. En 1944 apareció "Incendio", extenso poema publicado en el N° 1 de la revista Mar del Sur, escrito tras un gran fuego ocurrido en Panamá.

Durante los años 1946 y 1947 dirigió la Biblioteca Selecta, publicación mensual de contenido literario que promovía principalmente los géneros cuento y ensayo. En ese mismo año publicó el cuento "Todo un conflicto de sangre", y, en 1948, "Dos aventuras en el lejano oriente". En 1949 volvió a ganar el Premio Miró, esta vez en Poesía, con  el poemario Semana Santa en la Niebla.

Por esa época (1950) fundó y promovió la Asociación Centroamericana de Escritores y Artistas con sede en Guatemala. En México, y durante siete años,  se desempeñó en el servicio diplomático como Primer Secretario de la Embajada de Panamá. En esta ciudad obtuvo, en 1953, el primer puesto del Concurso Interamericano del Cuento, bajo el auspicio del periódico  El Nacional.  En 1957 publicó en México el cuento "Los pájaros del sueño" (Premio Anual de Cuento de la Editora América). Y en Panamá dio a conocer sus ensayos Rutas de la novela panameña (en respuesta a Itinerario y rumbo de la novela panameña de Ramón H. Jurado, de 1953) y Los valores humanos en la lírica de Maples Arce.

En 1964  ingresó en la Academia Panameña de la Lengua como Miembro de Número para ocupar el sillón de su predecesor, Enrique Ruiz Vernacci.

Dirigió el programa radial La cultura en el mundo y creó la primera Fundación de Escritores de Panamá, de la cual fue el primer presidente,  en el año 1967.

Dos años más tarde, con motivo del cuatrisesquicentenario de la fundación de la ciudad de Panamá, y con el auspicio del Ministerio de Educación,  publicó su cuarto y último libro de versos, Saloma sin Salomar, colección de poemas  escritos en diversos momentos. Una colección titulada Cuentos de Rogelio Sinán vio la luz en 1971 bajo el auspicio de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), de San José,  Costa Rica.

En 1977, Sinán  ganó el Premio Novela Ricardo Miró con la obra más emblemática de su producción literaria, la que culmina su ciclo de creación: La isla mágica, cuyo título primigenio, según el mismo autor, sería Semana Santa Pagana. De esta obra, Casa de las Américas (La Habana, Cuba) realizó una reedición en 1985 y la Universidad Tecnológica de Panamá, otra en 2002, con motivo del centenario del  escritor. En 1982, a la edad de ochenta años, Sinán publicó la última de sus obras, correspondiente al género cuento: El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos.

En  el teatro, fue no solo creador de cinco obras (incluyendo Comuníqueme con Dios y Nuevo  pecado original) sino que, además, descolló como director de obras contemporáneas como: Mulato, del estadounidense James Langston Hughes; Las brujas de Salem (1953), de Arthur Miller, y Delito en la isla de las cabras, de Hugo Betti.

En 1992, el Instituto Nacional de Cultura publicó un libro de ensayos con juicios valorativos acerca de su obra, que lleva el título de El mago de la isla (Reflexiones críticas en torno a la obra de Rogelio Sinán). Después de su muerte, en el 2000, la Universidad Tecnológica  publicó Poesía Completa de Rogelio Sinán con prólogo de Elsie Alvarado de Ricord.

Entre los idiomas a los que ha sido traducida la obra  de Sinán figuran el búlgaro, el alemán y el inglés. Su producción literaria, además, ha merecido el estudio y juicio crítico de nacionales y extranjeros entre los que destacan Gloria Guardia de Alfaro, Elsie Alvarado de Ricord, Enrique Jaramillo Levi, Ricardo J. Bermúdez, Pedro Correa (Panamá) y Nicolás Guillén (Cuba), Luis Alberto Sánchez (Perú), Manuel Maples Arce (México), Carmen Naranjo (Costa Rica), Eduardo Mallea (Argentina) y Roberto Fernández Retamar (Cuba).   Y entre los mecenas para la publicación de algunos de sus libros figuran, mencionados por el propio autor, Manuel Roy, Diógenes de la Rosa, Bonifacio Pereira Jiménez, Guillermo Andreve y  Mario Preciado.

Contrajo matrimonio tres veces: primero, con una artista italiana que pronto regresó a su tierra; segundas nupcias con la joven Ruth Laws, con quien tuvo dos hijos: Ruth Sinán Domínguez Laws y Rogelio Sinán Domínguez Laws. Y, terminada esta relación, con la profesora Berta María Cabezas, con quien tuvo una hija, Golconda Sinán Domínguez Cabezas. Aunque al tiempo se separaron, Sinán no se volvió a casar.

El 4 de octubre de 1994, Rogelio Sinán falleció en la ciudad de Panamá, a la edad de 92 años.

La obra de Sinán y su presencia en la cultura nacional representan la más depurada expresión de la literatura panameña del siglo XX. Asistió a  un sinfín de congresos y asambleas literarias, y fue, además, distinguido con múltiples  condecoraciones, a saber: Orden Manuel José Hurtado (Panamá), Orden Vasco Núñez de Balboa, Hijo Meritorio de la Ciudad de Panamá (Panamá, 1987), Llaves del Distrito  e Hijo Meritorio (Taboga, Panamá, 1987), Orden Alejo Carpentier (Cuba, 1987), Doctorado Honoris Causa (Universidad de Panamá, 1989), Orden al Mérito Intelectual (Academia Panameña de la Lengua, 1992).

Llamado por la crítica “el poeta”,  “el Mago”,  “el Brujo” (como lo llamó Luis Alberto Sánchez), “el Maestro” y “el Padre de la Literatura Panameña”, el día de su nacimiento fue señalado, mediante la Ley 14 de 7 de febrero de 2001 como Día de la Escritora y del Escritor Panameños. La misma Ley creó la Condecoración Rogelio Sinán como máximo galardón bianual que conceden el Órgano Ejecutivo y el Consejo Nacional de Escritoras y Escritores de Panamá al cultor de las letras seleccionado por su trayectoria y méritos literarios y humanos. Con su nombre, además, se designa el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán que concede anualmente la Universidad Tecnológica de Panamá.

Un hombre que triunfó dentro y fuera e Panamá que trajo consigo el estilo europeo que aprendió de los grandes maestros un hombre que cosechó el éxito y lo transmitió que dejo obras cumbres de la literatura nacional como: La cucarachita mandinga (teatro infantil), Chiquilinga (teatro infantil), Plenilunio (Una de las mejores novelas que este servidor ha leído inspirada en Niebla de Miguel de Unamuno, La Isma Mágica (inspirada en su natal isla de Táboga), sus obras poéticas: Onda (editada en Roma), Incendio, Semana Santa en la Niebla, Saloma sin salomar y el compendio de su obra editado por la Universidad Tecnológica de Panamá titulado: Poesía completa de Rogelio Sinán con prólogo de Elsie Alvarado de Ricord (este lo recomiendo totalmente hay una edición pdf libre en Internet).

Es uno de los escritores que más admiro su poesía es extraordinaria cargada de elementos, de ideas, de historias en fin. Su narrativa es tan maravillosa sus libros de cuentos: A la orilla de las estatuas maduras, La boina roja y otros cuentos (el más conocido quizás de su bibliografía literara en este género) y otros libros más como: Cuentos de Rogelio Sinán editados por la Editorial Universitaria Centroamericana en San José, Costa Rica, Homenaje a Rogelio Sinán, poesía y cuento con Prólogo de Enrique Jaramillo Levi y otros libros más de su producción son sin duda alguna piezas de obras maestras de la literatura panameña.

Es más Rogelio Sinán es considerado por muchos como uno de los mejores cuentistas de Panamá (Hoy en día personalmente considero a Enrique Jaramillo Levi y a Ernesto Endara como los mejores cuentistas a mi parecer de Panamá).

Como poeta también escribió poemas infantiles, como dramaturgo dramas infantiles, como ensayista también publicó ensayos, como cuentista publicó hermosos cuentos bien logrados con un estilo único, como poeta trajo consigo un estilo vanguardista y europeo, como novelista solo dejo dos obras: Plenilunio y la Isla Mágica esta última lo dejó agotado por las dimensiones y el estilo utilizado en la misma con ambas obras ganó el Premio más importante de la Literatura Panameña el Premio Ricardo Miró.

De la Isla Mágica se realizarón 4 ediciones una por el INAC, otra por Casa de las Américas en Cuba y dos por la UTP en Panamá.

De Plenilunio si se han hecho varias ediciones la última creo que fue realizada por Ediciones Lewis (Gran Morrinson) en Panamá.

Parte de su obra:

Balada del Seno Desnudo, por
Rogelio Sinán

¡Mangos!... ¡Mira!... ¡Tantos!...
¡Oh!... ¡Uno maduro!...
(¡Dio un salto... y salióse
su seno, desnudo!)

¡Yo salté del árbol!
¡Upa!... ¡Tan!... (¡Qué rudo!)
¡Por mirar de cerca
su seno desnudo!

¡Me miró asustada!
¡Cubrió... lo que pudo
y... huyó...! ¿Qué robaba?
¡Su seno desnudo!

Lejana..., lejana...
me envío su saludo.
(¡Yo seguía mirando
su seno desnudo!)

¡Perfume silvestre
de mangos maduros!,
¿por qué me recuerdas
su seno desnudo?...

Del libro: Onda. 1929

Soledad, por
Rogelio Sinán

Traje a ti
mi soledad
para que
le dieras alma.
Pero la dejaste sola
en el camino,
¡qué sola
dejaste mi soledad!...

(¡Pensar que la traje a ti
para que le dieras alma!)

Del libro: Onda. 1929

Mancha de Sol, por
Rogelio Sinán

Campo traviesa, cansada,
con el hijo en el cuadril,
la moza va hacia el lejano
cuchitril.

El sol coloca en los árboles
sus moneditas de oro.
Y el niño suelta la fuente
de su lloro...

La rapaza saca el seno
rozagante a se lo dar...
El niño bebe. Ella ríe.
Y echa a andar...

Del libro: Onda. 1929

Viaje, por
Rogelio Sinán

Las nubes -escolares
de escuela elemental-
han tomado sus libros
de luz y se van...

El caballo del viento
las conduce
sobre su lomo tierno.

¡Ya se van! ¡Ea! ¡Ea!
Y ¡adiós! les van diciendo
con sus pañuelos de humo
las chimeneas...

Del libro: Onda. 1929

Avión, por
Rogelio Sinán

UNA luz rasga la noche
trepanando__arriba__nubes.

Pareces estrella en marcha,
avión-pupila que subes!

Tu ruido__toques del viento
roto en astillas por la hélice__
se esparce bebiendo millas
hacia el Infinito...
                            Miro:
Tu estrella que corre loca
y las que apenas rutilan.
Mi pensamiento echa a andar...
detrás de cuál? Tras ninguna!

Más arriba! Más arriba!...

Del libro: Onda. 1929


Las Bodas de Canaán, por
Rogelio Sinán

GOZA la tarde nupcias de estirpe salinera
donde céfiro y brisa trasegan arrebol.

Mas la encendida savia de la vida deja apenas
un vaivén de palmeras y una sed en clamor
Medusas y corales dipsómanos de néctar
festinan el prodigio. ¡Venid a ver! El Sol
"¡Verted__dice a las nubes__ la sangre de mis venas!"
Y, el mar (¡santo milagro!) trasmútase en licor.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Pecados Capitales, por
Rogelio Sinán

VELÁMENES soberbios, deshilachando brisas,
despiertan la avaricia de la marina suma.
Pereza en las merluzas; orgullo en las corvinas;
y, en pulpos, tiburones y pelícanos, gula.
De la onda opalescente surge la curva dócil
que en senos tenebrosos oculta la lujuria.
¡Satán, Satán, aleja la glauca mariposa!
¡Venciste, helada forma! Delfines, aleluya!

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Cuaresma de Terrores, por
Rogelio Sinán

MARÍTIMA cuaresma de lo metamorfosis
_¡oh suicidio asombrado de peces y de frutas!_
cuando crecen escamas al vientre de la noche cuan
mutilado de estrellas y preñado de brujas.
¡Pueril forma dolida del sueño cancelado
braceando a la deriva de la inútil sirena!
¡Cuánta cera desnuda buceaba candelabros
y Cristo, anegados en océanos de niebla!

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Endemoniadas, por
Rogelio Sinán

POSESAS de la bruma con belfos de gemido
galopan ola y brisa remeciendo cordajes.
Huracanadas alas con rayos en el pico
desgreñan maldiciones, espumarajos, ayes
Hunde el Sol luminosas agujas de prodigio
desalojando nieblas de filiación desleal;
y, anatematizado, deshecho el maleficio,
los fúlgidos demonios precipítanse al mar.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

El Hijo Pródigo, por
Rogelio Sinán

LAMIENDO tierra, arena, raíces y bozafias,
tumbo a tumbo al origen precipítase el río.
Los oros del poniente despilfarró en cabriolas
de ondulante premura por liquidar su opimo
caudal de margaritas y alas de mariposa.
Vuelve enjuto, lodoso, pordiosero de estío,
y, añorando caricias de paternales alas,
arrójase en el seno del Mar, arrepentido.

Del libro: Semana Santa en la Niebla
Primer Premio Nacional de Poesía
Concurso Literario "Ricardo Miró" 1949

Uno de sus Cuentos.

A LA ORILLA DE LAS ESTATUAS MADURAS

                                                                                            Rogelio Sinán

Allí en el río era donde mejor estaba. Ni los sollozos de la tía Josefina que andaba siempre de un lado para otro quejándose del reuma, ni los gritos delgados de su madrina José María que no hacía más que darle con el chicote siempre que hacía
alguna diablura, ni los recados a casa del compadre, ni el tirapié del Juez, ni el rosario, ni nada.
Una cosa era estar al pié del zapatero con el “Cristo A.B.C.” entre las manos —la de la horqueta era la Y, la de los palos, la U— y otra cosa era estar a la orilla del río, con su tapón, esperando a la tórtola.
—Muchacho, anda a comprarme tachuelitas—, le habían dicho.
Pero él había comprado maíz. El zapatero se quedaría esperándolo. La vuelta era lo malo.Ya él conocía muy bien los rebencazos del tirapié. Dolían primero un poco; después le iba quedando como una especie de picazón en todo el cuerpo; se
secaban las lágrimas antes de los sollozos, y el dolor se dormía. Al día siguiente se repetía la cosa.
Por el camino largo —sudor y sol— se había topado con
gente de campo. Que tuviera cuidado, le dijeron; andaba por allí
un toro suelto. Y, ahora, sentado allí entre el matorral, hacía sus
cálculos de huida. Había que estar alerta por si acaso caía por
allí el bicho. ¿Y qué? Nada tan fácil como subirse a un árbol.
¿A cuál? Miró aquí. Miró allá. Puso la vista en uno. Entre los
muchos que había del lado de acá, ése era el indicado. Estaba
sobre el agua en forma de arco y parecía que estuviera “tirándose
de cabeza” como lo hacía él cuando venía a bañarse con los
otros muchachos. El gran árbol tenía mucha fronda. Metía sus
ramas en el agua (¿para pescar?). Era fácil subir y acomodarse
allí, escondido entre lo verde mirando abajo.
La inquietud de probar —ya había probado tantas veces—
lo aferró por un brazo. Al fin de cuentas, no era malo ensayar.
Aquella vez —la culpa de El Ñopo— casi se rompe el cuello.
Se habían fugado todos de la escuela. Eran cinco: El Ñato, El
Ñopo Pedro, Goyo Gancho, Fulo Encuero y... ¿el otro? ¿Quién
era? No recordaba. El otro... ¡Ah! Sí, el Culizo. Andaban por
allí echándose abajo, desde el árbol al agua. La rama se fué
haciendo resbalosa. Él perdió el equilibrio. Y cayó, no en el
agua, sino en la tierra firme. El tanganazo fue padre. Desde entonces
le habían prohibido ir al río. Pero hoy se había fugado,
¡qué diablos!
Si el animal venía, él, de un salto, se treparía en el árbol. No
era malo probar. Se alzó. Se echó a correr y ¡pum! ¡Arriba!... El
árbol se meneó como un gran trampolín y sumergió sus ramas,
que sacó luego a flote chorreando agua. Se acomodó a caballo
sobre el doblado tronco —¿arco para qué flecha? ¿puente para
qué ruta?— lo zarandeó otra vez encaprichado y luego, pareciéndole
buena la prueba, bajo rápido. Se escondió nuevamente
entre los matorrales y siguió preparando su tapón para cazar
palomas.
Goyo Gancho tenía un tapón que —¡púchas!— era tamaño
grande. Goyo Gancho sabía muchas cosas. Era su buen amigo.
Amigo para el río solamente o para robar mangos en la finca de
Chago López, porque en cuanto al tapón...
(¿Me lo prestas, Goyito? Voy al río no más y te lo traigo
como si náa...).
...no había querido ni dejárselo oler. Y no hubo más remedio
que hacer uno de la mejor manera posible. Había ido recortando
ramitas secas, las más derechas que había hallado. Ahora,
ya estaba casi lista la tapa, en forma de pirámide. ¿Y si el
toro venía? Seguramente era ese que había traído de la feria
Don Patrocinio. Lo había visto una tarde embestir a un potro.
Por poquito le saca las tripas. Miró el árbol. Se bamboleaba. De
allí arriba, ni Cristo...
Hacía calor. Se secó con la manga la frente. Debía ser mediodía.
Era la hora propicia al aguaite. A poquito caerían a beber
agua las palomas. Puso el oído... ¡Nada! Sólo el viento movía
fuerte las ramas; pero también se oía la música del agua,
que corre y corre siempre quién sabe adónde. “Lo mismo que
la gente”. El señor cura tenía razón. Era una lata, sin embargo,
ir los domingos a la doctrina porque había que ponerse los zapatos.
Pero el padre Camilo era bueno, y decía muchas cosas, y
daba confites. A las muchachas sí que las regañaba. ¿Por qué?
Después de todo, Goyo Gancho podía quedarse con su tapón
en casa. Ya él había terminado el suyo propio. ¡Y mejor!
Seguía el ruido del viento y del agua. Pero ya comenzaba a
oír en la distancia el tira y jala del turrututeo. Había puesto la
trampa con su poquito de maíz debajo y se había colocado un
poco lejos, bien escondido entre las hojas. De pronto oyó a su
espalda un alocado sacudimiento de ramas. Pensó en el toro; y
algo se le subió a la garganta. Loco revoloteo. ¿Una paloma?
Se envolvió en un silencio pequeñito. Sintió de nuevo la rápida
repercusión de golpes entre la fronda. Oyó un zumbido largo
como una bala y... ¡zas!... allí cerquita, sobre una rama, se paró
la paloma. Se zarandeó un poquito. Abrió y cerró las alas. Alzó
el pico. Miró a un lado y a otro. Y se quedó un momento como
escuchando. Después se dio a espulgarse.
Hecho un ovillo de silencios, él la estuvo acechando. Le parecía
que el viento mugía ahora con más furia. Una piedra le
hacía mal en el suelo. Se quería acomodar. ¡Cuidadito! Si se
movía, volaba. ¿Por qué harían tanta bulla las aguas del río? La
paloma hizo un movimientito, abrió las alas, y descendió a otra
rama. ¡Ésta caía seguro! Al diablo Goyo Gancho con su tapón y
todo. El viento remeció fuerte las ramas. La paloma planeó y,
suavemente, apoyó sus patitas en el suelo. No una sola: ¡muchas
iba a coger! Ponía el pico en la yerba; volvía a alzarlo; y
avanzaba con pausas hacia el grano. Todo el pueblo se asomaría
a mirarlo. ¿Y si el toro venía? La paloma avanzaba. Que no
viniera. Y él pasaría orgulloso por la plaza. La paloma movía la
cabecita. Subirse al árbol era la salvación. Un collar de palomas
alrededor del cuello para que las mirara todo el mundo. Ya iba a
picar los granos. ¿Y el zapatero? Goyo Gancho lo miraría con
rabia. Movió el viento las ramas. La paloma levantó la cabeza y
se quedó un momentito asustada. Se iba... ¡Se iba! Echó un paso
adelante... y picó un grano. “¡Mire, madrina, cuánta paloma traigo!”
Picó otro, sin moverse. La madrina se quedaría mirándolo
sin decirle palabra. Un paso más y... ¡pum! O bien se haría la
brava y le diría: “Pon ahí eso y andaveme a comprar un real de
achote”. Ya estaba por caer, pero a lo lejos, se encendieron de
pronto unas voces. ¿Muchachas? La paloma se echó un poquito
atrás. ¿Y quién diablos sería? Alzó el pico asustada. Las voces
se agrandaron rápidamente. Abrió y cerró las alas. Tomó empuje.
Ruido grande de voces. Viento. Gritos. La paloma desdobló
su inquietud y alzó en parábola su vuelo sin ruta. ¡Todo perdido!
Y, ¿quién ¡caray! a esa hora?
Un pequeño disgusto de fracaso le hizo cerrar los puños.
¿Escaparían del toro? Una vez había visto en un sueño a una
muchacha vestida de rojo perseguida por un torazo negro. La
muchacha resultó ser él mismo. Pero las risas que oía no eran de
miedo. Eran risas de risa. Una ola que avanzaba. Allá en el pue-
blo era bello reírse por reírse, en la plaza con luna o en el rincón
del atrio. Ya lo echarían de menos su madrina y el juez.
“Apenas venga le pego”. El chicote pendía de una horqueta. Ya
las voces estaban allí al lado, pero no veía a nadie. ¿De dónde
habrían sacado ese chicote? Una vez lo escondió. Todo el mundo
buscaba. Y él repetía dentro de sí, como en el juego, “frío...
frío... caliente, caliente”. ¿Sí vendrían a buscarlo estas muchachas
a él? Pegaría una carrera. Ni Goyo Gancho pudo alcanzarlo
un día. Corría como caballo. Volaba. Lástima, la paloma. El
rencor le volvió, por un instante, a los puños. Pero ahí estaban
las risas. Iban a aparecer. Su rabia se cambió en curiosidad.
Asomó la pequeña cabeza entre las ramas y se quedó esperando.
Una muchacha —“¡Vengan, vengan!”— llena de sol y risa,
desembocó al galope.
—¡El río está pa’ comérselo!
Él no había visto gente así rubia en el pueblo.
Y llegaron en yunta otras dos. Se veía, por lo rojo del rostro,
que habían andado por ahí robando mangos. Andaban echas
aguas, del sudor. Sin medias y con las zapatillas en la mano...
Ah, ¡sí!, las conocía. Que habían estado allí el otro verano.
Cuando la junta de Alba y el paseo con iguana. Mejor la
junta —cumbia y chicha —con María Molinillo que gritaba
borracha y Goyo Gancho que se cayó del bayo. Sí, como ahora,
se reían y gritaban, con la vela en la mano, bailando cumbia.
Habrían llegado ayer en la balandra del Ñopo Juan. Más grandes.
Más bonitas. Las estaba mirando desde su gruta de hojas.
No oía lo que decían. Se habían sentado. Una que otra palabra
le llegaba al oído desmenuzada. El viento las partía con sus
tijeras de éter. Así desgranaba él cada mazorca, por las mañanas,
cuando le daba el grano a los pollitos. Uno se había enfermado.
Debía echarle limón en el pico. Si estuviera más cerca
oiría claro. Pero el agua hacía bulla y el viento mugía. Una
tenía las piernas, desnudas, en horqueta, y él miraba un poqui-
to. Otra, con una rama, meneaba la corriente del río. La que
estaba de espaldas al tronco era mejor que las otras. Rumiaba
un mango verde. En la finca de Chago López habrían estado. O
en la hacienda de Doña Gumercinda. Allí era peligroso, por el
ganao. ¿Y si el toro venía? Ya las veía corriendo y dando gritos;
como cuando hubo el fuego, que todas las mujeres corrían
de un lado para otro chillando con los brazos al aire. Se iba a
calmar el viento. Se calmaba. Le llegaban ahora al oído palabras
claras. La que tenía la espalda apoyada al árbol decía —se
reía, movía las manos— “Su boca tenía gusto de tabaco y me
apretaba el seno... y me apretaba tanto...” El viento sopló fuerte.
Le llegaban trocitos de otras palabras y el pentagrama fresco
de las risas. Otra se levantó meneando el torso y tarareando
una rumba. Con ésta había bailado él una cumbia en la junta de
Alba. No quería. Reculaba. Goyo Gancho lo había hecho caer
a la rueda. Y había bailado largo. Un borracho lo echó a un
lado diciendo: “¡Fuera, chiquillo baboso!” Ahora ella se meneaba
como entonces y cantaba una rumba. Las otras comenzaron
a imitarla, cada una por su lado, con la blusita levantada.
Y él notaba cómo las blusas iban subiendo poco a poco. A la
madrina José María la había visto una noche desnuda. Había
entrado en el baño, sin saber, de golpe, y allí estaba la vieja
desnudita. “¡Muchachito del diablo, cierra la puerta!”
Tenía el alma en cuclillas por eso nuevo, bello y fuerte que
veía; porque de entre los círculos del ritmo habían ido saliendo
ellas —¡las tres!— desnudas. Por un instante su cabecita fue
una veleta sin norte. Se acomodó mejor entre las hojas. Se había
calmado el viento. Sentía calor. Goyo Gancho no iba a creer
la cosa. “¡Qué va, hombre!” Pero sería mejor no decírselo a
nadie. De pronto una muchacha cambió el motivo de su juego
y de un brinco quedó sobre la curva del árbol. Lo zarandeó un
poquito de abajo e hizo el gesto de echarse, pero no se atrevió
y bajó de nuevo. A él le venían ahora ganas inmensas de bañarse
con ellas; de mostrarles su montón de piruetas que sabía; por
ejemplo, tirarse del árbol dando dos vueltas en el aire o nadar
bajo el agua muchos metros. Nadando bajo el agua se había
topado una vez con algo blando. Una culebra acaso, un cocodrilo.
El agua estaba turbia. No se veía. Y había salido a tierra
despavorido. ¡Quién sabe qué animal era aquél! A poquito no
más y se lo come. “Ya ves, eso te pasa por travieso”, le había
dicho la tía Josefina.
Cogidas de las manos, las muchachas andaban dando vueltas.
Y sus cuerpos sudados brillaban bajo el sol. “Cojo una mano,
cojo la otra”. La noche de San Juan habían hecho en la plaza
del pueblo una rueda de treinta personas que giraban alrededor
de una gran fogata. Y daba miedo ver cómo brillaban, al resplandor,
las caras de los borrachos. Chicha fuerte y arroz a la
Juliana en casa de Rita Pacheco. Goyo Gancho se había llevado
en su caballo a Rosario Pinto...
Seguían ellas su juego, cantando... “sentadita en su huerta
limón”. Estaban allí brinca que te brinca y el bicho podía venir.
Bueno. Ya las veía él corriendo. Pero, de pronto, sin saber él
por qué, las tres muchachas detuvieron su juego y, por el árbol
—trampolín seguro— cayeron como frutas, una tras otra, al
agua. Como la orilla era alta, él las dejó de ver. Siguió sólo
escuchando el chapaleo y las voces. Podía él desnudarse ahora,
sin que lo vieran, y echarse al río de golpe. ¿Qué pasaría? De
vez en cuando subía una, se trepaba en el árbol y...
¡pumdubúm!... se echaba. Por el ruido que hacían al caer, él
notaba que lo hacían mal. Caían al agua de barriga. A él sí
tenían que verlo. Ni Goyo Gancho, ni el Culizo que tenían tanta
fama.
Como no seguía viéndolas, la impresión de los cuerpos se
diluyó en su mente. Y comenzó a pensar como chiquillo. Comenzó
nuevamente a ser muchacho. Y se le fue metiendo entre
las cejas un pequeño capricho. Ah, ¿si les escondiera las ropas?
El fulo José Manuel había tenido que irse por entre el
monte, desnudito, hasta la finca de Goyo. Todos lo habían sabi-
do en el pueblo. Por eso le decían Fulo Encuero. De veras, era
bueno esconderles la ropa. Le habían hecho espantar la paloma.
¡Con la bulla que hacían! Ya no salían afuera. Oía sus gritos y el
barullo del agua. El viento sacudía de vez en cuando las ramas.
Un remolino de hojas secas y polvo se elevó cerca de él. ¿Cómo
esconder la ropa? ¿De una sola carrera, aunque lo vieran, o arrastrándose
poco a poco para que no se dieran cuenta? Mejor así.
Pero... ¿y si el bicho venía de repente? Todavía no se había
movido, y ya se estaba viendo lleno de miedo en la actitud del
robo.
Le pasó, cerca, zumbando, la bala de una paloma. Miró el
tapón. Muerta ya su inquietud, estaba allí caído a sus pies como
una cosa inacabada e inútil. Mañana volvería. Había que preparar
mejor la trampa. ¿Qué horas serían? El zapatero estaría ya
en casa poniéndole las quejas a la madrina. Pero ella no le pegaba
duro. Cuando él llegara, ya estaría ella con el chicote en la
mano. “¡Ven acá, muchacho! ¿Dónde diablos has estado?” Tía
Josefina, siempre quejándose del reuma, saldría en su defensa.
“¡Déjalo estar, mujer, estaría por ahí!” Un rebencazo aquí y otro
allá, que ni siquiera lo tocaban de lleno, porque él sabía muy
bien defenderse, esquivando los golpes que casi siempre caían
sobre los muebles. Eso era todo. Lo demás eran gritos. De la
madrina, de él y de la tía. Los chillidos de la madrina José María
se oían hasta en la casa del señor cura. Y la tía Josefina la
cogía al fin con él, pues, en el ajetreo, los dolores del reuma le
volvían de fijo... Y si lo molestaba otra vez el Culizo con aquello
de “Ven-acá-muchacho” le iba a mandar su golpe. Ya lo tenía
cansado.
Un moscardón le zumbó en el oído. “Mosca el diablo”. Le
tiró un manotazo. Eso faltaba que una mosca viniera a picarlo.
De todos modos las ropas tenía que escondérselas. Le habían
hecho espantar la paloma. Aunque lo vieran. Eso no le importaba.
Y se arrastró un poquito, en cuatro patas, muy lentamente.
¡Mucho cuidado! Sus ojitos viajaban del río a la ropa y de la
ropa al río. Seguía oyendo los gritos de las muchachas. Pero no
las veía. Se habían dado a otro juego, seguramente, porque sólo
veía, de vez en cuando, algo como pelota que hacía arcos en el
aire. Oía claro las voces. “¡A mí, a mí!” Rumor de agua. Zumbidos
del viento. “No la tires tan fuerte”. Adivinaba a veces, a
través de las ramas, una cabeza rubia que pasaba y un chapaleo
confuso.
Se iba acercando lentamente a la ropa. Le palpitaba el alma.
¿Si lo veían? El viento levantó su remolino de polvo y hojas
secas. Cerró los ojos. ¿Si lo veían? ¡El las había mirado desnuditas!
¿Le tendría que confesar esto también al cura? “Acúseme
padre, que... ” Oía las voces. “¡Tira aquí, tira aquí!”... “he visto
a tres muchachas en cuero.” Le zumbó nuevamente el moscardón.
“Y eso cómo muchacho?” Era mejor no decirlo. Ni a Goyo
tampoco. Ni al Culizo. Chapaleo, chapaleo. Gritos y viento. Después
de todo... “¡oye, no tires fuerte!”. Una vez él no había confesado
un pecado. ¿Y si el toro venía? Ya las veía corriendo. Y
él se veía a sí mismo, en medio de ellas, allá arriba en el árbol.
Un chapaleo confuso entre las ramas. “¡Zambúllete a cogerla,
idiota; no la dejes perder!” Veinticuatro Avemarías y un credo
de penitencia. Y además... las blusitas estaban sudadas. Las aferró
en conjunto. Y, cuando iba a volverse atrás para esconderlas,
oyó de pronto el trote fuerte de la bestia que se acercaba. Era el
toro. Era el toro. En un zig-zag de espanto le pasó la gran bestia
por la mente. Enorme. Embravecida. Mugiente. Y el grito le
salió como trueno:
—¡El toooro! ¡El toroooo!!!
Soltó la ropa. Huyó por entre el monte. Bala perdida.
Cada estatua desgajó su lamento. Los lamentos se unieron
en mazo. Y el viento, por su cuenta, hizo del mazo un bloque de
alaridos. El chapaleo confuso, hecho de espanto, partió el agua
en telas hasta el árbol. Era el refugio próximo. Y cada una puso
en él su inquietud. Se subieron de un salto, sin percepción exacta
de lo que hacían. Se apretujaron, una al lado de la otra. Entre
las hojas verdes, los tres cuerpos desnudos se balancearon un
momento chorreando agua. Ahora sólo eran un racimito de miedos
y silencios.
Los pasos de la bestia se acercaban bebiendo suelo. Ni una
palabra. Ni un grito. Ni un lamento. El gran miedo había puesto
su cartel a la entrada del árbol, como en los cines. “No se habla”.
Sólo se oía la música del viento y el coro ruso del agua.
Los golpes de tambor de las pisadas se hacían siempre más claros.
Con los ojitos puestos en la pequeña boca del camino, las
tres estatuas se apretujaban cada vez más sobre el árbol. Ya la
idea era una sola, un punto: EL TORO. Ya estaba allí cerquita.
¡Iba ya a aparecer! ¡Ya estaba allí! ¡Oh!
No era el toro.
Era el cura del pueblo que venía caballero en su mulita.
¿Cómo doblar la risa en pedacitos para que no saliera? Ya
ellas lo conocían. Era severo. Si las veía desnudas, ¡Virgen Santa!
Era un santo señor. Cada domingo hacía un sermón larguísirno
sobre las buenas costumbres. Y ahora, ¿qué pasaría?
Se bajó de la mula. ¿A qué vendría? Era tan puritano. ¡No
vendría ciertamente a bañarse! La mulita se fue derecho al agua
y se puso a beber. El señor cura, en cambio... ¿A qué vendría?
Se estaba tan sabroso en el agua. Sacó de la mochila una gran
toalla blanca y un libro viejo. Los puso al pie del árbol. ¿Vendría
a bañarse? ¿Y eso de cuándo a dónde? ¡Era tan tímido!
Nunca miraba a nadie y andaba siempre con los ojos al suelo
como buscando el último pecado para ofrecerlo a Dios.
¡Sí, en efecto! El señor cura venía a bañarse. Miró a un lado
y a otro. Y, ya tranquilo, empezó a desabrocharse muy lentamente
la sotana. ¿Cómo amarrar la risa, con qué sogas, para que
no saltara desbocándose? ¡Avemaría y el cura de los infiernos!
Apareció primero una rarísima camiseta de lana, verde a rayas
y agujereada por todas partes. Después el pecho fuerte, lleno de
vellos. Y al fin un muy curioso pantaloncito de baño, tan pequeño,
que apenas le cubría lo necesario. Era también a rayas, pero
rojas sobre fondo amarillo. Las piernas eran flacas y peludas.
Demasiado peludas. ¿Cómo diablos amaniatar la risa?
Se sentó al pie del árbol y se puso a leer, tranquillo como si
nada, el libro que traía. Sin duda era la Biblia. De vez en cuando
miraba a la corriente, y volvía a sumergir, luego, sus ojos en las
páginas.
Pero el buen cura no podía concentrarse. El pensaba que
todo le iba mal. El había cometido algún pecado gravísimo, porque,
la noche antes, el demonio lo había vuelto a tentar. Carmela
era la causa. Pero, Señor, ¿qué culpa tenía la pobre muchachita
de tener buenas formas? Pero no eran sus formas solamente,
eran sus ojos verdes. ¿Por qué, cada mañana, cuando venía a
traerle el desayuno, se le quedaba ella mirando con esa sumisión
de cabra? Ese era su tormento. Cada noche lo tentaba el
demonio. Él habría cometido un gran pecado, porque el Señor le
había retirado su ayuda. Noche a noche sentía una desazón insostenible.
Y no lograba, ni conciliar el sueño, ni apartar de su mente
los ojos verdes de aquella criaturita. Pasaba sus vigilias noche a
noche empapado en un sudor frío y pegajoso que le brotaba como
la sangre al Cristo. Se había dicho: “Mañana me daré un baño en
el río.” Y había venido precisamente a esa hora en que el calor
hace estar en su casa a todo el mundo. Pero no estaba bien sumergirse
enseguida. Estaba sofocado y la emoción del frío podía
causarle mal. Había traído un libro, pero no conseguía concentrarse.
¿Cuál era aquel varón —Santo varón— de la Tebaida
que sucumbió a la tentación del demonio? Señor, no recordaba...
Padre Zózima no era. Padre Zózima era aquel que tenía su
historia muy entroncada con la de aquella otra gran Santa que
se llamó María Egipcíaca. Tampoco era el Santo Francisco de
Asís.Ni San Antonio tampoco. Definitivamente no recordaba, o
no sabía a ciencia cierta. Con perdón del Señor. Que todas estas
cosas las debería saber un buen siervo de Dios. Pero en alguna
parte había él leído aquella historia. En la “Leyenda Aurea” seguramente.
Tenía que repasarla. Y había también leído en algu-
na parte unos consejos contra las tentaciones del Maligno. Ayunos
y cilicios decían los padres de la Iglesia. Ay, Señor, cómo se
adivinaba que ellos no habían vivido en el Trópico. ¡Qué extraño!
Una inquietud lo dominaba casi inconscientemente. Tenía
abierto su libro y por más que hacía esfuerzos, no podía percibir
exactamente, no podía darse cuenta del texto. Sus miradas se le
iban siempre al agua. Algo tenían las ondas. ¿Acaso lo tentaba
nuevamente el demonio? Pensó en los ojos verdes. ¡Qué laxitud
de cabra tenía aquella bendita criatura del Señor! En sus últimas
noches, sus sueños habían sido una cruel geometría de líneas
dóciles, mórbidas, flexibles. Ancas, senos y piernas de mujeres.
Pero ahora no dormía, ¿Por que en las ondas veía también
reflejos de ancas, piernas y senos? Quería mirar de nuevo. Quería
cerciorarse. Pero no se atrevía. Sentía en la nuca la mismísima
garra del Maligno. “¡Ave gratia plena caminus tecum!” Sintió
valor. Hizo un esfuerzo duro, y posó la mirada, casi desfallecida,
sobre las ondas. ¡Oh Señor! ¡Sí, Señor! La geometría infernal
estaba allí, de nuevo, como en el sueño. ¡Exacta! Se movían
en las ondas, se cruzaban, las líneas dóciles. ¡Ancas, piernas y
senos de mujeres! “Satanás, vade retro’’. Se persignó angustiado.
Tiró el libro. Se alzó. Cogió su ropa. Y cuando iba a vestirse
—¡Alabado sea Dios!— oyó risas agudas, largas, estentóreas,
que caían de los árboles. ¡Oh, ya no pudo más! Todos los diablos
del infierno habían venido a tentarlo. Y huyó tal como estaba,
por el camino lleno de sol. Una nube de polvo y carcajadas,
lo seguía como un rabo, como una maldición...

Todos debemos recordar y preservar el legado de Rogelio Sinán por eso hoy y siempre FELICIDADES A TODOS LOS ESCRITORES PANAMEÑOS.

Fuentes
-Monografías.com (Se encuentra el Ensayo que escribí sobre Miró y Sinán).
-Wikipedia
-Panamá Poesía
-Encaribe.org
-Hablandoconlosfantasmas.com Blog.

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, bloguero, Presidente UMECEP Panamá, Embajador de la Paz, Gestor Cultural creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del Grupo en Facebook Amor por las Letras ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial ha publicado libros de: Cuentos, ensayos, poesías que se encuentran a la venta en www.lulu.com www.amazon.com y otros sitios ganador de varios reconocimientos y Miembro de varias organizaciones incluyendo Miembro Asociado de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna (USA), Miembro Correspondiente Academia de Artes, Ciencias y Letras de Iguaba Grande (Brasil).

domingo, 24 de abril de 2016

CUAUHTÉMOC LA DEFENSA DEL QUINTO SOL RESEÑA LITERARIA

CUAUHTÉMOC LA DEFENSA DEL QUINTO SOL

POR: ROBERT A. GOODRICH V.*

Me he encontrado con una novela histórica que describe magistralmente desde el punto de vista del autor porqué es dificil narrar la vida de un personaje que muchos no saben si en verdad existió y del cuál se han escrito diversas biografías todas diferentes a las demás y eso es lo positivo de las novelas que puedes combinar diversos elementos mezclar la ficción, con la realidad y lo histórico con lo irreal logrando como resultado una joya literaria como la conseguida por su autor: Pedro Ángel Palau autor de esta novela histórica titulada: Cuauhtémoc La defensa del quinto sol que rescata ese fragmento de la historia de México ese de nuestros primeros pobladres los que estabán antés de la llegada de los españoles a sus tierras y como un último hombre se atrevió a enfrentarlos y defender a su gente siendo descendiente de guerreros y de la realeza el autor nos narra la historia de Cuauhtémoc cerrando con esta una trilogía histórica que comenzó con con Morelos y Zapata aunque luego también publicó otra novela histórica Pobre patria mía.

El autor demuestra un amplio conocimiento narrativo e histórico se ve que estuvo bien documentado a la hora de escribir la misma detalle por detalle dando como resultado una novela difícil de dejar de leer y de soltar el lector queda atrapado en la historia narrada por un supuesto compañero de Cuauhtémoc quién sobrevivió a las duras batallas y transcribió la historia vivida por el mismo (claro esto es parte de la ficción de la novela).

Un trabajo fenomenal de las mejores novelas históricas de la historia de México que he leído altamente recomendable.

Pedro Ángel Palau demuestra que es un escritor de oficio que sabe lo que hace y que brinda a sus lectores trabajos de alta calidad literaria e investigativa.

Fuente: Cuauhtémoc La defensa del Quinto Sol-Pedro Ángel Palau, Editorial Planeta Mexicana 2008, 2014,  211 páginas, novela histórica.

*
Robert Allen Goodrich Valderrama (Panamá 1980): Poeta, escritor, ensayista, bloguero creador del Blog Mi Mundo www.robert-mimundo.blogspot.com del grupo Amor por las Letras, Presidente de UMECEP Panamá ha participado en más de 40 antologías a nivel mundial sus libros están a la venta en www.lulu.com www.amazon.com y otras plataformas.