viernes, 17 de noviembre de 2017

ÑATORE MAY POEMA DE MARÍA OLIMPIA DE OBALDÍA

Ñatore May , por
María Olimpia de Obaldía

"¿Comuniyó?" pregunto
a la india macilenta
que en pos de su hombre adusto
marcha con lento andar.

"Ñatore may" contesta
sin levantar los ojos:
-tan sólo mira el polvo,
remedo de su faz.

"Ñatore"... y la doblega
la mochila a la espalda
y la agobia la curva
de su misión fatal...
Y su hijo cuando nazca
acaso muera inerme,
que sólo puede darle
el jugo maternal;

su leche macerada
con golpes del marido;
caldeada por la piedra
en donde muele el pan:
mezclada con fermentos
de incógnitos rencores,
de anhelos subconscientes
inmensos como el mar...

¡"Ñatore"... y sus vestidos
son sucios, harapientos;
su hogar húmeda choza,
su lecho un pajonal...
"Ñatore"... y nunca supo
de mimos ni de besos...
Descanso jamás tuvo
su cuerpo de animal...!

¡Y la llaman "hermana"
los que siguen a Cristo
y "camarada" dicen
los que en vanguardia van,
pero ella no comprende
ni aquél ni el otro idioma,
ella tan sólo sabe
decir: "Ñatore may"...!

Prosigue con sus fardos
sin que el "hermano" diga:
"he de aliviar tu carga,
he de calmar tu mal";
sin que llegue tampoco
activo "camarada"
y logre en noble esfuerzo
su vida humanizar.

Continuará su marcha
doblada sobre el polvo
que pisaron caciques
del nativo solar,
diciendo a su Destino:
"Ñatore may, ñatore"
porque piensa que es éste
su círculo fatal...

Los cuatro siglos fueron
sobre su casta humilde
cuatro hojas desprendidas
del árbol secular;
las humanas reformas
no han rozado su vida,
en ella se hizo carne
todo el zumo ancestral.

Retornará a la tierra
sin saber que vinieron
hombres de gran espíritu
su raza a libertar:
¡Colón con sus navíos
Bolívar, con su espada,
y, sobre todo ellos,
Jesús con su verdad...!

Y al caer a la tumba
cual bestia fatigada,
gozará las caricias
de la madre eternal
y entonces, sólo entonces
será justa su frase
al decir resignada
a Dios: "Ñatore may"...!

jueves, 16 de noviembre de 2017

BALADA DEL SENO DESNUDO POEMA DE ROGELIO SINÁN

Balada del Seno Desnudo, por
Rogelio Sinán

¡Mangos!... ¡Mira!... ¡Tantos!...
¡Oh!... ¡Uno maduro!...
(¡Dio un salto... y salióse
su seno, desnudo!)

¡Yo salté del árbol!
¡Upa!... ¡Tan!... (¡Qué rudo!)
¡Por mirar de cerca
su seno desnudo!

¡Me miró asustada!
¡Cubrió... lo que pudo
y... huyó...! ¿Qué robaba?
¡Su seno desnudo!

Lejana..., lejana...
me envío su saludo.
(¡Yo seguía mirando
su seno desnudo!)

¡Perfume silvestre
de mangos maduros!,
¿por qué me recuerdas
su seno desnudo?...

Del libro: Onda. 1929

BELLA TIERRA MÍA POEMA DE JOSÉ GUILLERMO BATALLA

Bella Tierra Mía, por
José Guillermo Batalla

Tierra panameña. Tierra Prometida
que el Creador formara para bien del mundo.
Tierra prodigiosa y fértil que convida
al trabajo intenso y al amor fecundo.

Tierra de mi patria; la gentil princesa
de un cuento de hadas, que naciera un día
de un bullir de olas de color turquesa
y un rumor de músicas.... Bella tierra mía!

Tierra del ensueño; cálida sultana
tendida a la sombra de frescos plantíos;
donde es más amable la existencia humana,
donde están proscritos todos los hastíos;

donde las mujeres tienen el encanto
de una indefinible gracia seductora
que arranca la espina que nos hiere tanto
y en la herida ponen miel reparadora.

En la arena ardiente que tus playas borda
y que el mar –tu paje – sin descanso besa;
en la cantinela monótona y sorda
que el aura te brinda desde la maleza.

En el palio inmenso de tu claro cielo
donde el sol – tu novio – riega sus fulgores;
en la exuberancia de tu virgen suelo,
donde están fincados tus sinos mejores.

En las intocadas vetas de tus montes,
que han de ser un día tu mayor tesoro;
en la magia artística que a tus horizontes
le dan tus ocasos de púrpura y oro.

En el salmo eterno del rio que corre
levantando copos de blancas espumas;
en la voz del bronce desde la alta torre;
en tus alboradas vestidas de brumas.

En tu sol quemante que todo lo aviva;
en tu blanca luna como el casto anhelo;
en tu "mano" adusto y en tu chola esquiva
que baja los ojos presa de recelo.

En tus noches llenas de paz de arrullos,
de misterios hondos y silencios graves,
en que están de fiesta ranas y cocuyos
y duermen los niños y callan las aves.

En tus leves brisas cargadas de aroma;
en el mar de espigas de tus arrozales;
en tus verdes llanos y tus verdes lomas
donde el viento mece los cañaverales.

En toda la gama de los ricos dones
que la Providencia concederte quiso,
hay como un despliegue de palpitaciones
divinas que han hecho de ti un Paraíso.

Por eso, el que sabe de emoción y vida;
el que en ti concentra todos sus amores,
tiene que llevarte siempre florecida
en sus más ocultos huertos interiores.

Tierra panameña, donde no hay mezquino
sentimiento; tierra que de amor se entrega;
alcázar magnífico para el peregrino
que con pies cansados a tus puertas llega.

Tierra embrujada cuando el sol se apaga;
tierra cautivante cuando nace el día;
tierra cuyo amparo cariñoso halaga
todos los espíritus. Bella tierra mía!

Tierra que ofreciste tus propias entrañas
en gesta sublime de desprendimiento,
para beneficio de gentes extrañas
que muy poco saben de agradecimiento.

Tierra generosa; tierra hospitalaria;
Deja que en mi voto más sincero diga;
(y que sea este voto mi mejor plegaria)
"Que Dios desde el Cielo siempre te bendiga!"

Revista Lotería, Noviembre 1962, No. 84


miércoles, 15 de noviembre de 2017

BLASON POEMA DE RICARDO MIRÓ

Blason, por
Ricardo Miró

Apenas soy un pálido felibre,
y canto en claros versos lo que siento.
Ni cóndor, ni león: estoy contento
con saber que soy hombre y que soy libre.

Hasta mi torre de marfil, sagrada,
ni llega el cieno, ni salpica el lodo:
bajo el peldaño de mi torre, ¡todo!
Sobre el peldaño de mi torre, ¡nada!

Como el Jesús de los sagrados cuentos,
voy a cumplir sereno mi destino.
Como a El, los que erizan mi camino
mañana lamerán mis pies sangrientos.

Que alcancen otros la gloriosa palma
buscando sombras y siguiendo huellas,
porque yo, cuando quiero ver estrellas,
me asomo al infinito de mi alma.

Ni nunca el odio me dejó rencores,
ni el amor, con su halago, me domina,
pues sé que tras la flor está la espina
como tras de la espina están las flores.

Abierta el alma a toda primavera,
mi corazón, por dualidad gloriosa,
frente a frente al amor es una rosa,
y encarado al combate, una bandera.

Como nada a mi estirpe martiriza,
ni nada turba mi real decoro,
tengo, para el canalla, fusta de oro;
para el calumniador, una sonrisa.

En marcha imperturbable a un fijo oriente
desdeño el hombro de la muchedumbre,
porque aprendí hace tiempo que la cumbre
va conmigo a la altura de mi frente.

Así sé que al nacer a otros albores
y al disgregarme en átomos dispersos,
lo mismo que hoy de mi alma salen versos
saldrán mañana, de mi carne, flores.

SOBERANA PRESENCIA DE LA PATRIA DE DIANA MORÁN

Soberana Presencia de La Patria , por
Diana Morán

Es enero en las calles donde ruedan los gritos,
nueve o diez en la carne, en la súplica radial
de un arroyuelo rojo para soldar los nervios,
es la fecha de un pueblo que encontró su camino.
Escuchen lo que digo
con una brasa de odio
en el pájaro dulce que habitaba mi seno,
aunque la barba de Walt Whitman hable
de familias de hierba y moral manzanera.
La patria se fue, como siempre se ha ido,
con su camisa blanca
y la corbata azul de adolescencia,
con el civismo juvenil de su paso
y el fértil batallón de sus arterias
a enarbolar el vuelo allí donde cortaron
las alas tricolor de sus emblemas.
Escuchen lo que digo
con la capilla ardiente del rencor más viejo:
Mi patria, cántaro de amor en todo idioma,
que ofrece su agua buena al peregrino
ha arrastrado sesenta calendarios
sin derecho a la fruta, al árbol de su huerto,
saqueada en la bondad de su cintura.
Escuchen lo que digo:
En cada sitio de mi cuerpo hay un dolor de siemprevivas
para contar al mundo la parábola del buen vecino
que aplastó la luz recién nacida.
Muchachita de paz,
exigiste la fruta, el huerto, el asta de tu nombre
y el muro... el muro blanco... el muro rubio
-su carta fraternal... Punta del Este- deshilvanó tu esencia, derramó su cauce,
a la húmeda intemperie de gases lacrimógenos
gemías, Panamá, como un maizal en llamas.
¿Quién me pide cortinas
para azular la piel quemada de estas sienes
que jamás pensaron en tirar un jazmín a las alondras?
¿Quién reclama la sílaba final de un corderito
para ensayar un apretón de manos
aquí, donde quedó sin gasa el hospital
para cubrir la fuga de amapolas?
Quién, quién se atreve a rezar:
Tío Sam, Santa Claus, Cuerpo de Paz
-Arca de las Alianzas, Consuelo del Afliigido-
el corazón agujereado
cicatriza con verdes papelillos.
¿Quién me pide que sufra, que suframos de amnesia,
que le demos a Fleming tres medallas
y con Bogart bailemos tamborito
por la amistad del tiburón
y el anzuelo en las sardinas?
¡No! El sol no despierta para ustedes,
usureros del aire.
Ese disfraz de oveja, hermano lobo,
ya no engaña el candor de las violetas.
Ahora ¿cómo bautizarás esta maniobra?
¿Juegos de patos?
¿Operación amiga en Canal Zone?
¿Pildoritas Johnson para el subdesarrollo?
Estos brazos que buscan una forma de niña,
un latido de novio, una frente en los libros,
película no son para soldados morfinómanos.
La viudez de estos cuartos no se vende en coca cola.
El salitre escapado de la herida en desvelo
no es negocio de chicles o zapatos.
Este nueve de enero no es cera de museos,
no es moneda de cambio
ni tiene la firma de Bunau Varilla.
Yo tengo que gritar,
-Oh, prendida garganta de mis muertos- yo tengo que gritar
con su polen de incendio
en los cuatro puntos de la rosa del aire
donde soltó la UPI sus vampiros.
¿Qué palabra,
qué palabra por más sucia que sea
no resulta flor para escupir el rostro
de búfalo en conserva?
Qué adjetivo no es ángel para pintarte buitre,
si por cada paloma que la mano te ofrece
asesinas la mano, la sal y la paloma!
No hay lago, frontera, axila que no lleve
el tatuaje de tus colmillos roedores de luceros.
Malditos de ayer! Asesinos de hoy!
Herodes de siempre!
Los huesitos de Chapultepec...
los huesitos de Atitlán...
Los huesitos de Hiroshima...
La carne, los huesitos de mi patria
molidos con repiques de metralla.
Mi cielo violado, como una niña ciega,
en la torturada inocencia de su pubis,
las venas sacadas de su casa joven,
los hijos deshojados, lirios secos,
la última estrofa del Canto a la Bandera
en el frío ruiseñor de la mirada
y el llanto, el llanto maternal
-Oh vaso ardiente-
sangriento memorial de labio en labio.
Yo tengo que gritar:
Mis muertos son vivas sembraduras,
ataúdes que nutren la esperanza
con el ritmo ascendente de la lucha.
En las cuencas de Rosa revientan las espigas,
en la espalda de Ascanio se arman las legiones
los fémures de Alberto, Teófilo y Rogelio,
son astas invencibles otra vez en el muro.
Los ojos de Ricardo, los labios de Rodolfo,
las células de Víctor, los dedos de Carlos,
las piernas mordidas, sus núcleos morados,
sustancias nacionales, patrimonio se han vuelto.
La sangre de los hombres es historia viviente
savia que da la muerte se incorpora
soberana presencia de la patria.
El gorrión machacado en la lengua de un héroe
fertiliza el reposo de su hielo
y hace nido en la marcha su clarín de conciencia.
Escuchen lo que digo, hoy nueve de enero,
a ustedes tragalunas del mundo,
a ustedes que asesinan los dedos sembradores de olivo:
Del hijo acribillado retoñan muchos hijos,
del obrero en el polvo mil obreros regresan,
del semen inmolado toda cuna germina.
Las tumbas pregonan! Se desclavan las cruses!
De la cal del pueblo, el pueblo resucita!
Y tú, pequeña patria, gigante de esta fecha,
esculpida en la roca de tus muertos
para nacer definitivamente,
abrirás tus alas agredidas
en el dolido cofre de tus peces.
Hasta el último niño en presagio de mieles
ofrendará su pálpito de auroras
por la libre heredad de sus estrellas
Hoy! Mañana! Siempre!


martes, 14 de noviembre de 2017

QUISIERA PERO NO PUEDO MI MÁS RECIENTE POEMA

Imagen tomada de Internet

QUISIERA PERO NO PUEDO

Quisiera dejar de escribir
pero no puedo.

Quisiera dejar de soñar
pero no puedo.

Quisiera dejar de ser Yo
pero no puedo.

Quisiera ser diferente de lo que soy
pero no puedo.

Quisiera no ser un poeta
pero no puedo.

Quisiera acabar con todo
pero no puedo.

Son tantas cosas que quisiera hacer
pero No puedo.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Noviembre 2017

LIBERTAD Y PATRIA POEMA DE ENRIQUE GEENZIER

Libertad y Patria,
por Enrique Geenzier

                             LIBERTAD

Augusta Libertad, antorcha ardiente
cuyo esplendor el Universo alumbra!
tú guías al esclavo en la penumbra
mostrándole otra vida y otro oriente

Como un sol que se oculta en Occidente,
tinto en rojo, mi mente te vislumbra;
cometa indefinido que deslumbra
y deja por doquier su luz fulgente.

El hombre más cobarde, el más medroso,
si te pierde conviértese en atleta
y alegre lucha en la contienda horrible;

Pues tú alumbras cual faro esplendoroso
la inmensa multitud de este planeta
y en posible transformas lo imposible!

                             PATRIA

Soy de una patria donde altivo crece
el árbol Libertad con lozanía;
patria que tiene la razón por guía
que en su pecho de virgen resplandece.

Tendida entre dos mares se adormece
con la dulce y salvaje sinfonía
de las ondas; y una Venus se diría
surgiendo del abismo en que se mece.

Acariciada por las brisas, sueña,
bajo la glauca luz de sus montañas,
con un futuro resplandor de gloria;

Y, dando al aire fraternal enseña
desgarra, como madre, sus entrañas
y engalana con lauros nuestra Historia.

Quiero una patria cuyo nombre santo
repitan las lejanas potestades
y lleve a las dormidas soledades
de sus proezas el sonoro canto.

Quiero una patria que no inspire espanto
con infames oprobios y maldades;
una patria que aplaudan las edades
en la lengua del Manco de Lepanto.

Patria eternal cuyo baluarte sea
el verbo sacrosanto de la idea
que arrulla a las naciones con su beso;

Patria feliz por cuyas ricas venas
circule el gran torrente del progreso
y el triunfo evoque de la sabia Atenas!

Tal es la Patria que en mis sueños miro
fuente de luz que en mi dolor invoco;
patria por cuyo bien mi anhelo es poco
poca la gloria por quien yo suspiro.

Esa es la patria que en silencio admiro
y la contemplo hasta volverme loco;
porque es de América esplendente foco
de un futuro de paz con que deliro.

Por ella sigo en pos de la alta cumbre
do surge la visión de mis ensueños,
sin que me arredre la traidora muerte.

Porque quiero abrasarme en esa lumbre
que encendieron ilustres panameños
al darnos Patria libre y digna suerte.

Chitré, Mayo 11 de 1910.
Publicado en:
Nuevos Ritos, Nº 68 de 15 de junio de 1910.