martes, 29 de noviembre de 2016

MOISÉS CASTILLO POETA Y ESCRITOR PANAMEÑO

Idilio Campestre, por
Moisés Castillo

Hálito perfumado del bosque brota.
El arroyuelo vierte melancolía;
las avecillas brindan la alada nota,
que brota de sus cuellos, con alegría.

Al són de mejorana, ya vieja y rota,
el campesino entona, con nostalgia,
la canción con que cuenta su cuita ignota
a la núbil doncella que lo extasía.

Se encuentra ella a su lado__ bella zagala
que, como el bosque, grato perfume exhala_
y describe mil líneas con su albo pie.

Mientras el mozalbete canta su copla,
de pasión una ráfaga en ella sopla,
y hacia la tierra mira cuando él la ve!

Del libro: Poesías Líricas, Las Visiones del Sendero

Tempestad Animal, por
Moisés Castillo

El trueno que se aloja en su garganta
-catacumba, caverna de granito-
responde con firmeza al infinito,
en un retumbo que al desierto espanta.

Y su mirar, que todo lo abrillanta
-fascinación fugaz del aerolito-,
es relámpago azul, retazo ignito,
reflejo del furor que lo agiganta.

El rayo esconde su potente garra,
que todo lo destroza, lo desgarra,
cuando en la liza su valor atruena.

Es ciclón su carrera desbocada
y, en esa tempestad desenfrenada,
es torrente de lluvia su melena.

Chombo de Calidonia, por
Moisés Castillo

Chombo de Calidonia: good morning, buenos días...
Chombo bilingüe, a veces; siempre binacional:
panameño, si quieres comerte tu tamal;
extranjero, si buscas extrañas garantías.

En tu sonrisa blanca abres las alegrías
que estremecen los viejos rincones de arrabal.
Y no vas a Santana ni vas a Catedral
porque le son extrañas a tus algarabías.

Tú vas lleno de galas por las amplias aceras
-continente altanero y voces altaneras-
luciendo el regocijo estre tus blancos dientes...

Y, olvidado del Istmo y la lengua de España,
loas a luengas tierras en una lengua extraña,
cantando el patriotismo que en tus entrañas sientes.

Mi Pueblo, por
Moisés Castillo

Sobre la alcatifa de floridos prados,
con suaves escorzos, se extiende mi villa
cual una andaluza ciudad de enrejados
huertos de claveles ricos, perfumados
de parras alegres de vid y vainilla.
Mi árboles abren sus copas floridas
para perfumarla con suaves aromas;
y en las verdes ramas gimen compungidas
cándidas palomas.

Bordados de rico cristal veneciano
tejen los arroyos cantando mil arias,
locas en invierno, dulces en verano
(mientras que en las frondas, con tristes plegarias,
se reclina el viento, cual débil anciano)
y van recorriendo bosques florecidos
de verdes naranjos y esbeltas palmeras
y guabos robustos y mangos erguidos
y enanos cafetos y limos caídos
que cubren triunfantes las fértiles eras.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Bajo las preciosas lumbres vespertinas
hermoso es mi pueblo con su naranjal:
las palmeras tórnase llamas purpurinas
y se tornasolan las verdes colinas
y a lo lejo azulan las cumbres andinas
de la Cordillera Transcontinental.

Líricos de fila, de luz vesperal
sueñan los estanques de las cien lagunas
que bordan sus campos, un sueño eternal,
donde las palmípedas, en noches de luna,
nadan ledamente moviendo el juncal.

Las sabanas duermen taciturnamente
de la dulce fuente al suave blu-blú,
y lanzan los bueyes su mugir doliente
y retoza el potro de la sangre ardiente,
con los entusiasmos de la juventud.

Da encanto a mi pueblo la luz vespertina:
tras de cada casa musgosa, ancestral,
que el tiempo ha sellado con cruel patina,
asoma una palma, cual hada madrina,
mostrándonos una bella Palestina,
pues mi pueblo es una ciudad oriental.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Oh noches de luna que bañáis mi villa
con la maravilla de tenue esplendor!
¡Cuántos madrigales oyó mi chiquilla
sentada en la fresca sabana amarilla!
¡Cuántos madrigales henchidos de amor!

¡Oh noches de luna...!Suave poesía...
Amantes parejas se hacen el amor;
traviesos chiquillos forman gritería,
y con la ternura de una melodía
pulsa un tetracordio algún trovador.

¡Oh noches de luna, de bruñida plata!
Oh noches de luna, de la serenata
que junto a las rejas traduce el amor.
La guitarra gime lánguida sonata
y florece endechas algún trovador;
y las damiselas en sus tibios lechos
sienten de ternura florecer sus pechos
al oír las quejas de su ruiseñor.

Sueñan las callejas, largas, retorcidas,
un sueño de luna, de honda laxitud;
y todas las cosas encantan dormidas
y en tanto se alejan las notas perdidas
que brota debajo las parras dormidas
el alma bohemia del tierno laúd.

¡Oh, bellas las noches de Semana Santa!
¡Cuán bellas saudades traen al corazón!
Mientras que la orquesta litúrgica canta
y al son de sus marchas va la procesión,
en la muchedumbre hay algo que encanta:
¡los ojos que alumbran nuestro corazón!

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Después...! ¡Los fantasmas de los infernales
nubarrones grises de la tempestad;
el viento que entra por los ventanales
de las viejas casas medio coloniales,
batiendo sus locas alas infernales,
que son cual las alas de la inmensidad!

¡Tras de cada objeto vemos una sombra
como la silueta de un ser fantasmal,
y oír nos parece que una voz nos nombra,
una voz profunda, una voz que asombra,
porque imaginamos que es la misma sombra
que nos interroga con voz sepulcral!

Y el fragor del trueno y los garabatos
que los rayos trazan en la inmensidad,
y el río con ímpetus llenos de arrebatos,
los toros que mugen en coro en los hatos,
las ramas que crujen en sus garabatos,
son las recias voces de la tempestad.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Es bello mi pueblo: ya ría en las suaves
brisas perfumadas del verano en flor,
ya arrulle en las fuentes, ya trine en las aves,
ya gima en las frondas con susurros suaves,
ya impreque iracundo con las voces graves
de las tempestades llenas de fragor!

Del libro: Sendas Hermanas

MOISES CASTILLO
(1899-1974)


Nació en la Chorrera, población cercana a la capital, el 18 de diciembre de 1899. Hijo del educador Leopoldo Castillo. Hizo estudios primarios en la escuela de su villa natal y en la anexa del Instituto Nacional, donde siguió también los secundarios. Vivió en su pueblo la mayor parte de su vida, y en él era corresponsal de La Nación, de Panamá, en cuyo peródico publicaba poesías y prosas desde 1921.

Desempeñó, en su pueblo natal, cargos diversos de la administración pública. Fue, asimismo, miembro del Ayuntamiento Provincial de Panamá. Propietario del periódico literario Miscelánea, desde 1942. A él se debe el Premio Ricardo Miró, que tanto ha significado y estimulado la literatura de Panamá.

En 1937 se manifestó como un gran prosista de narraciones costumbristas. Años antes -en colaboración con su hermano Félix Ricaurte- había escrito libros como Fiestas escolares, que fue premiado con diploma de honor en un concurso en Cuba, en 1938. Su libro de poemas más significativo fue Romances de Mi Tierra (1939), que obtuvo el mismo galardón, en concurso de la Biblioteca Santiago Alvarez, de Matanzas, en 1940. En este mismo año, el Gobierno de Panamá premió su Himno de la paz en concurso convocado para cumplir acuerdo de la VIII Conferencia Panamericana de Lima. En 1950, Panamá le rindió un homenaje nacional. Murió el 22 de julio de 1974.

FUENTE: PANAMÁ POESÍA