miércoles, 30 de noviembre de 2016

ZORAIDA DÍAZ POETA Y ESCRITORA PANAMEÑA

OFRENDA A LA MEMORIA DE LOS HEROICOS BOMBEROS QUE CAYERON CON GLORIA EL 5 DE MAYO DE 1914,
por Zoraida Díaz

introducción
Yo quisiera tener para esta noche
palabras de dorada inspiración
frases que tradujeran lo que siento,
mi pena, mi dolor.
Pero ya que no tengo la elocuencia
que a otros mortales concediera Dios
me consuelo pensando que en mi pecho
late un buen corazón.

Mi corazón, es pues, el que a mi boca
se asomará transido de pesar
recordando una historia de heroísmo
que nuestra mente nunca olvidará.

No miréis si la forma no es hermosa
porque hermosa no puede ser jamás
y pensad solamente que es muy santa
la intención que me guía para hablar.

Y en fin... cuando al correr de mi discurso
llegue hasta fatigarse vuestra fe
acordaos de aquéllos que murieron
y no olvidéis que os habla una mujer.

No veis? qué hermoso paisaje
no columbra la pupila
en esta noche tranquila
ni una nube, ni un celaje.

La luna, clara y radiante
el campo quieto y dormido
y apenas se escucha el ruido
de la blanda brisa errante
que con su dulce rumor
en la media noche en calma
habla, al anhelo del alma
de dicha, de paz, de amor.

De pronto, vaga, lejana,
en la mudez de la noche,
rompe del silencio el broche
el clamor de una campana
y esa nota voladora
amarga como un lamento
pasa....diciendo en el viento
que hay alguien que sufre y llora.

Acaso será un anciano?
una mujer, que en su horror
mira buscando en redor
alguien que le dé la mano!
Tal vez será un tierno niño
que solo y abandonado
se encontró desamparado
sin padres y sin cariño!

Y al oír aquella voz
los valerosos bomberos
se precipitan ligeros
cual si los llamase Dios!

Ellos no saben de dónde
sale la voz que reclama
y que hace bullir la llama
que entre sus almas se esconde.

Y sin besar a la esposa,
a la madre, al tierno hijo,
van... el pensamiento fijo
tras la campana angustiosa.

Pero ay ! que la noche aquella
que convidaba al amor
esa noche, clara y bella
era noche de dolor!

Y la esquila sollozaba
con sollozo vago incierto
que en el viento se apagaba
y esa vez, su voz estaba
sin saber, llamando a muerto.

Quién sabe si hubo un momento,
en que cruzó por las mentes
de ese grupo de valientes
un negro presentimiento.
Mas, qué importaba a su intento
que el peligro los cercara,
si ellos miraron cien veces
a la muerte, cara, a cara?

Olvidados de sí mismos
con el peligro lucharon
e impasibles se asomaron
a las bocas del abismo....
Que ellos eran de esos hombres
que viendo hacia el porvenir,
sin glorias y sin renombres
nacen, para no morir.

De esos hombres que en su ser
dominan su propia suerte
y que llegan a aprender
que es más fuerte que la muerte
la consigna del Deber.

Hombres que hacen de sí
lo que su alma heroica quiere
y que saben que no muere
el hombre que muere así.

Se vio de pronto encendida
una llama extraordinaria!
llama que era necesaria
para extinguir tanta vida!
Y volaron en girones
por los campos esparcidos,
nobles pechos, que eran nidos
de abnegados corazones!
Y quizás los que cayeron
a los vívidos reflejos
de esa inmensa llamarada,
vieron, con cara asombrada
que allá distante... muy lejos!
se abrieron de par en par
las puertas de oro del cielo
para dejarlos pasar.

Pero a qué recordar cosas amargas
y el sueño de los justos perturbar
si en cada corazón que noble late
a su memoria se elevó un altar?

Recordemos su vida como ejemplo
de "Disciplina, Honor y Abnegación"
y pensemos, que un hombre nada vale
si no lleva en el pecho un corazón.

Hagamos de sus tumbas un santuario
adonde un pueblo acuda siempre fiel,
y en donde crezca, en profusión alegre
el orgulloso gajo del laurel.

Y no lloremos por la triste suerte
que el Destino fatal les deparó
porque el que muere cual murieron ellos
muere a la vida…, que a la Gloria no!

Del libro: Nieblas del Alma.

DEUS DEDIT. DEUS ABSTUTIS,
por Zoraida Díaz

Señor! él era justo y abnegado;
con su amor y mi amor, llenó su vida
y dio paz a cada alma dolorida
y fe y consuelo a cada descarriado.

Por defender tu nombre, fue soldado
y, en lucha desigual, enardecida,
cayó, por siempre, con la frente herida,
en un gesto de clásico cruzado.

Desde entonces, Señor! por las oscuras
pendientes, donde sola me dejaste,
consuelo mis amargas desventuras,

pensando: si era justo y Tú lo amaste,
habrá gloria mejor en tus alturas,
cuando de entre mis brazos, lo arrancaste!

Publicado en: Revista Lotería, Nº 122 –Enero de 1966.

Tres de noviembre de 1903,
por Zoraida Díaz

Tarde de luz tropical!
El pueblo en masa corría
porque en los pechos ardía
de amor patrio llama ideal!

Y en esa aparente calma
del mundo, cuando anochece,
más y más el pueblo crece,
con ansiedad dentro el alma.

Y a los últimos fulgores
del astro sol refulgente
redoblaron los tambores…

Y el grito de Libertad!...
se esparció en la inmensidad
como un perfume de flores!

Del libro: Nieblas del Alma.

Ave errante,
por Zoraida Díaz

Por la inmensa lejanía
de un horizonte sereno,
emprende un ave su vuelo
presa de cruel agonía.

Lanza un quejido doliente
que se pierde en lontananza…
cuando entre calma y bonanza
el sol oculta su frente.

Eres simbólica y bella
sedosa y blanca es tu pluma,
pareces copo de espuma
o jirón de blanca estrella.

Vuelas ansiosa en el día;
¿No encuentras al ser que adoras?
¿Por qué ese afán? ¿Porque lloras
con tanta melancolía?

Cuando la tarde agoniza
tornas al nido vacío.
¿Qué busca tu desvarío?
¿Qué pensar te martiriza?

¡Oh simbólica ave errante
de blanca y sedosa pluma
hecha de copos de espuma
detén tu vuelo un instante!

Quisiera tener dos alas
y acompañarte en tu vuelo
para llegar hasta el cielo
y perderme entre sus alas!

Del libro: Nieblas del Alma.

Zoraida Díaz
(1881-1948)


Nació en Las Tablas, provincia de Los Santos, el 20 de Marzo de 1881. Hija de Don Francisco Díaz Medina y de Doña Carolina Chamize de Díaz. Realizó sus estudios primarios en el centro escolar de su ciudad natal. Pasó, luego, a la Escuela Normal de Institutoras de la capital.

Inició su carrera de maestra en Las Tablas y desde el primer momento demostró gran sensibilidad social al crear un curso nocturno para analfabetos. Esa iniciativa, a solicitud de poderosos caciques y gamonales que veían en su labor docente amenazas a su autoridad, le costó el cargo.

El período inmediato a su boda con Don Eleazar Escobar Restrepo, maestro colombiano y entonces alcalde de la ciudad de Las Tablas quien murió en la agitada revolución de 1899, estuvo lleno de desgracias. A su temprana viudez le siguió la muerte de su segunda hija de dos años de edad. En esas horas de dolor y dificultades empezó a escribir poemas.

Volvió al magisterio y se la nombra directora de la Escuela de Chitré. Allí escribió la mayor parte de los versos que publicó. Regentó la Escuela de Las Tablas por varios años. Luego se le trasladó como maestra a la Escuela de Varones de la capital, la más popular y numerosa de la época.

En 1915 contrajo matrimonio con el comerciante español Don Pedro Ross y, días después, publicó en La Estrella de Panamá el poema Primavera, bella poesía escrita bajo el influjo de su nuevo amor.

Primavera
Bajo el encanto de este dulce amor;
hasta este sitio plácido y risueño,
el mar, como un antiguo trovador,
viene a arrullar con su canción mi sueño.

Y en medio de mi dicha me parece,
ver a la luz de un resplandor incierto,
que mi antiguo dolor se desvanece,
y a una vida de dichas me despierto.

Y cuando el mar me llama en esa hora,
en que la luz asoma en lontananza,
se me figura el arco de la aurora,
un plácido camino de esperanza!

Su dicha, sin embargo, no duró mucho. No había pasado un mes de su llegada a La Palma, provincia de Los Santos, cuando su esposo cae enfermo por una afección cerebral y muere camino a España, donde había sido enviado en busca de cura a su enfermedad. Este acontecimiento llenó de dolor su alma y la sumió en una profunda tristeza por algunos años, durante los cuales, su lira permaneció muda.

Trató de rehacer su vida y consiguió empleo en el Archivo Nacional, lugar donde trabajó hasta su jubilación. En 1918 celebró su tercer matrimonio con el ruso Mendel S. Schtronn, con quien estuvo casada hasta su muerte.

Reconocida como la primera mujer panameña que publicara un libro de versos: De los Talleres Gráficos de El Tiempo, sale en el año 1922, Nieblas del Alma, breve folleto donde la poetisa reúne casi toda su obra literaria; romántico, sentimental, lleno de melancolía, en el que se encuentra el Sonetillo titulado: 'Deseos'.

Deseos

En dónde estás, alma mía,
que no te puedo encontrar,
ni en el cielo, ni en el mar,
ni en mi constante agonía?

Quiero ser rosa... botón,
ser celaje, rosicler,
ser todo... menos mujer,
con memoria y corazón.

Ser ola muerta en la playa,
ser rosa que se desmaya
después de vivir un día.

Ser toda yo, pensamiento,
y disolverme en el viento
en busca tuya… alma mía.

Zoraida perteneció desde su fundación al Centro Feminista Renovación. En 1923 participó como delegada, destacándose como conferencista en el Primer Congreso Feminista. Ese mismo año se le eligió vicepresidenta de la primera directiva nacional del Partido Nacional Feminista, organización de la que fue miembro durante las dos largas décadas de su existencia. Participó también como delegada de la Asociación de Maestros de la República en el Congreso Interamericano de Mujeres de 1926.

Después de prolongado silencio, en 1937 público: Cuadros, colección de poemas cortos de carácter intimista, que implica loable esfuerzo de superación. Enseguida la poetisa retornó a su mutismo. Dedicó sus últimos poemas a su ciudad natal.

En 1946 sufrió un derrame cerebral que la dejó casi paralítica. Le repitió en 1947 dejándola casi ciega. Murió el 14 de junio de 1948, en la ciudad de Panamá.

FUENTE: PANAMÁ POESÍA